Marie Signe Hammer, la científica que unió los continentes a través de los ácaros
Marie Signe Hammer (1907-2002) fue una figura revolucionaria en la zoología y la entomología danesa del siglo XX. Dedicó su vida al estudio de organismos diminutos y poco conocidos: los ácaros del musgo. Es reconocida por su capacidad para conectar descubrimientos microscópicos con teorías geológicas a escala planetaria.

Nacida como Marie Signe Jørgensen el 20 de marzo de 1907 en Copenhague, su infancia temprana estuvo marcada por la separación de sus padres. Se crio con su madre en una granja, donde el contacto con la naturaleza despertó su curiosidad científica. A pesar de que en aquella época era poco habitual que una mujer realizara estudios superiores en ciencias, Marie se matriculó en la Universidad de Copenhague en 1926 y obtuvo un máster en zoología en 1932.
Su interés por el mundo microscópico se despertó tras leer una publicación sobre la fauna del suelo forestal. Marie encontró su camino en el estudio de la microfauna del suelo, un campo emergente en aquel momento. Este interés la llevó desde muy joven a participar en expediciones científicas, iniciando así una trayectoria que combinaría investigación, viajes y una notable independencia intelectual.
Su carrera no siguió el modelo académico tradicional. Careció de una posición estable, lo que la obligó a trabajar con recursos limitados y a tener que financiar parte de sus investigaciones con fondos propios. Esta aparente desventaja fue también una oportunidad para desarrollar una forma de hacer ciencia más libre, muy basada en el trabajo de campo y la exploración.
Una odisea global por la deriva continental
Sus primeros pasos como investigadora de campo la llevaron a Islandia en 1931 y, de manera más notable, a Groenlandia en 1933, siendo la única científica que acompañó al célebre explorador Knud Rasmussen en su última expedición a Thule, una de las regiones más septentrionales del mundo. A partir de la década de 1940, Hammer se embarcó en una serie de expediciones épicas y a menudo solitarias que la llevaron a recorrer casi todos los rincones del mundo: desde Alaska y las Montañas Rocosas hasta las cumbres de los Andes en Bolivia y Perú, pasando por Nueva Zelanda, Pakistán, Indonesia y las islas del Pacífico. Estos viajes, a menudo realizados en condiciones difíciles y con presupuestos reducidos, reflejan una combinación poco común en la época: rigor científico y espíritu aventurero.
El objetivo de sus viajes era recolectar muestras de ácaros de musgo –pequeños animales de apenas 0,2-1 mm de tamaño–, que analizaba morfológicamente y acompañaba sus anotaciones de ilustraciones científicas realizadas por ella misma. La magnitud de su contribución fue inmensa: describió alrededor de 150 nuevos géneros y casi mil nuevas especies de ácaros.

Más allá del número de descubrimientos, su trabajo tuvo un impacto conceptual relevante, ya que, a través de su investigación, Hammer se convirtió en una de las principales defensoras de la teoría de la deriva continental formulada por Alfred Wegener en 1912, que en aquel momento era extremadamente controvertida. Su lógica para defender que las masas continentales se desplazaban unas respecto a otras fue fascinante: descubrió especies de ácaros idénticas en continentes separados por vastos océanos, como Escandinavia y Argentina. Dado que estos animales son extremadamente estacionarios y no pueden dispersarse fácilmente por aire, agua o a través de otros seres vivos, Hammer argumentó que la única explicación posible para su distribución era que los continentes habían estado unidos en el pasado en el supercontinente Pangea. La hipótesis de Wegener fue desplazada en la década de 1970 con el desarrollo de la tectónica de placas, cuando se pudo explicar de manera adecuada el movimiento de los continentes.
El legado de una investigadora incansable
A pesar de la relevancia de sus contribuciones científicas, la trayectoria profesional de Marie Hammer no fue sencilla. No ocupó un puesto de investigación permanente en ninguna universidad, por lo que tuvo que financiar sus viajes y estudios mediante becas y fondos externos. Su labor científica, que incluyó el análisis de unos 150 000 especímenes y la realización de aproximadamente 5000 dibujos detallados, se llevó a cabo en gran medida desde el hogar que compartía con su marido, el también zoólogo Ole Hammer, y sus cuatro hijos. Esta dualidad entre su papel como madre de familia numerosa y exploradora global no frenó su productividad; publicó más de 40 tratados científicos y culminó su obra teórica en 1979 con una tesis fundamental sobre la distribución mundial de los ácaros en relación con la deriva continental.

En 1982 recibió el premio literario Weekendavisen por su libro Forsker i fem verdensdele (Investigadora en cinco continentes), en el que describía sus viajes, su trabajo sobre los ácaros del musgo y las personas que conoció a lo largo de su carrera. A pesar de las dificultados que acompañaron su trayectoria, Hammer expresó una profunda satisfacción con su vida, destacando la libertad y la coherencia con las que había desarrollado su vocación.
Marie Signe Hammer vivió sus últimos años en una antigua granja cerca de Fredensborg, donde falleció el 25 de mayo de 2002, a los 95 años.
Su historia ha sido rescatada recientemente en la novela biográfica Kvinden der samlede verden (La mujer que unió el mundo) de Eva Tind, un título que refleja cómo los ácaros ayudaron a ensamblar la comprensión del planeta.
Referencias
- Marie Hammer, Dansk Kvindebiografisk Leksikon
- Scandinavian Women in Science from the 20th Century, Moving Science
- Marie Signe Hammer, Wikipedia
Sobre la autora
Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.