Teresa Torres (1941), autora chilena con extraordinarios estudios sobre bosques fósiles en la Antártida

Vidas científicas

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Teresa Torres (1941), autora chilena con extraordinarios estudios sobre bosques fósiles en la Antártida

El último continente descubierto, la Antártida (también llamada Antártica), ha sido descrito como el desierto más frío y más inhóspito de la Tierra. Masas de hielo acumuladas en millones de años, vientos de más de 300 km/hora, condiciones climáticas extremas con temperaturas medias anuales de –10 ° C a –55° C, contribuyen a que sea un lugar extremadamente inadecuado para albergar organismos vivos. Por todo ello, y debido a que solo el 2 % de su superficie está libre de hielo, la vida vegetal terrestre que puede detectarse allí es muy escasa.

Teresa Torres. Universidad de Chile.

Los datos geológicos y paleontológicos, sin embargo, permiten afirmar que el actual clima polar no existió siempre sobre la Antártida. Hecho que ha podido demostrarse, entre otras razones, por el descubrimiento de plantas fósiles, consideradas una fuente principal de información para elucidar el pasado de este misterioso continente. La destacada científica chilena Teresa Torres González, profesora e investigadora de la Universidad de Chile, ha sido y es una de las figuras más distinguidas en esta materia.

Ciertamente, la investigadora ha logrado extraordinarios hallazgos de huellas de hojas, madera, polen y esporas fósiles, admitidos por la comunidad especializada como fieles testimonios de la presencia de vegetación en diferentes períodos geológicos. El análisis y descripción de tan valioso material, ha convertido a Teresa Torres en una figura internacionalmente reconocida.

Inicios de una brillante carrera profesional

En el año 1941, nacía en Santiago de Chile una niña que desde pequeña mostró un notable interés por la naturaleza. Se llamaba Teresa Torres, y con el tiempo llegaría a ser una de las científicas más respetada de su país.

En la década 1960, finalizada su formación primaria y secundaria, tras barajar muchas opciones, optó por matricularse en la universidad pública para estudiar Física y Matemáticas. Una vez graduada, comenzó a trabajar en el Departamento de Ciencias Naturales de la entonces Facultad de Ciencias Agrarias, Veterinarias y Forestales, donde permaneció dos años hasta que obtuvo una beca para realizar un posgrado en Física en la Universidad de Rennes, Francia. Posteriormente, completó un doctorado en paleobotánica en la Universidad Claude Bernard de Lyon (Francia).

Durante su estancia europea se involucró en estudios sobre cristalografía, área que en Chile aún estaba poco investigada. Según ha explicado Torres en una entrevista publicada por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT), el tema de investigación «surgió en un momento en que todo el mundo estaba preocupado por los cristales, ya que se usaban en las telecomunicaciones, por ejemplo, en satélites […]. Fue en esa época cuando se me abrieron las puertas de la investigación».

A lo largo de la citada entrevista, la científica ha relatado que al regresar a Chile «me encontré con cambios en la estructura de la universidad [pues] se habían formado facultades y todas las ciencias básicas se trasladaron a Ciencias Forestales; ahí fue donde me instalaron, en un Departamento que se llamaba Tecnología de la Madera […]. Dado que yo era profesora de física (y nunca lo he dejado de ser), comencé a trabajar en los cristales presentes en las maderas actuales, [ya que] así podría aplicar lo que había aprendido en Francia».

Como especialista en la materia, Torres empezó a recibir en su centro de trabajo un creciente número de fragmentos de madera con distintas características, a los que debía analizar y determinar sus componentes. Entre las muestras recibidas, encontró un trozo de madera fósil, esto es petrificada, que despertó rápidamente su curiosidad.

Nos parece de interés abrir un breve paréntesis para comprender mejor el novedoso y complejo trabajo en el que se sumergió Teresa Torres al regresar a su país.

Cuando los árboles se convierten en piedra

Según explica Estera Mahmuten en la página web del foro Geologyscience, «la madera petrificada es una de las maravillas geológicas más fascinantes de la naturaleza; una reliquia de bosques antiguos donde los árboles se han convertido literalmente en piedra. Estos impresionantes fósiles proporcionan una enorme ventana [para el estudio del] pasado distante de la Tierra, preservando detalles intrincados de la vida vegetal antigua y mostrando al mismo tiempo los notables procesos de la mineralización».

La madera petrificada, continúa Mahmut, es un tipo de fósil que se forma cuando el material vegetal orgánico es reemplazado gradualmente por minerales, más comúnmente sílice (como el cuarzo), conservando la estructura original. Durante este proceso los minerales van llenando los espacios celulares de los tejidos, preservando sus detalles microscópicos con una claridad sorprendente. El resultado es una roca con apariencia de madera, pero con la dureza y durabilidad de la piedra. Algunos especímenes incluso conservan anillos de crecimiento, texturas de corteza y madrigueras de insectos de millones de años atrás.

La madera petrificada proporciona así una amplia y valiosa información científica; por ejemplo, permite demostrar las diferencias existentes entre árboles muy antiguos y los modernos; o bien, ayudar a reconstruir ecosistemas enteros de hace millones de años. Por ello, se ha descrito como «un momento congelado en la historia de la Tierra, donde la vida y la geología se entrelazan en un extraordinario proceso de preservación […]. Estos árboles de piedra nos ofrecen una conexión tangible con un mundo que ya no existe» (Wikipedia).

Teresa Torres. CONICYT.

La rama de la paleobotánica que estudia las maderas fósiles, o petrificadas, recibe el nombre de paleoxilología (paleo: antiguo, xilo: madera, logia: estudio). Su análisis se lleva a cabo empleando el microscopio óptico, remontándose a 1831 cuando se utilizaron por primera vez las técnicas de cortes delgados de madera.

Teresa Torres, admirada ante la madera petrificada

Al explicar cómo se fue especializando en su nuevo trabajo, Torres ha relatado que «siempre he sido un poco autodidacta; cuando llegué a Tecnología de la Madera y empecé a adentrarme en el tema, opté por aprender sobre la anatomía de las maderas en el laboratorio […]. Ya tenía el campo abierto, puesto que [durante la tesis doctoral] había aprendido a investigar». Al respecto, reflexiona que «en la naturaleza tú no vas a inventar nada, sino que vas a descubrir lo que ya está presente; entonces uno se entretiene descubriendo cosas, pero no inventando», ha manifestado en la mencionada entrevista publicada en el CONYCIT.

En referencia al original escenario de la cuestión, Torres ha señalado que «me despertó mucha curiosidad, decidí cortar la roca y estudiar los minerales que contenía y [analizar] cómo se había petrificado. Nunca imaginé que me iba a encontrar con la estructura de un árbol tal como si fuera una madera actual, pero transformada en piedra. Estaba perfectamente conservado, y aún mayor fue mi sorpresa, al descubrir que esa especie era una Araucaria fosilizada». Recordemos que las araucarias son coníferas propias del hemisferio sur, abundantes en Chile.

Entusiasmada por su hallazgo, la científica continúa relatando que «ese descubrimiento se transformaría en mi primera planta fósil […]. Cuando se admitió que pertenecía a una especie que había habitado en un lugar tan inhóspito en la actualidad, llamó la atención de numerosos botánicos y también de otras disciplinas de ciencias naturales». A partir de ese momento, ha revelado Torres, «empezó la línea de investigación que llevo hasta ahora, la paleoxilología».

Entre sus resultados, la experta ha descrito que «la erosión o los deshielos ha ido sacando a la luz fósiles que revelan la existencia de una vegetación exuberante hoy desaparecida en la Antártida, permitiéndonos descifrar el pasado de este gélido continente. Su estudio ha contribuido a comprender la evolución y la distribución de las plantas actuales. Muchos de los ancestros de los árboles que hoy encontramos en nuestros bosques pudieron originarse en la Antártica».

Consolidación de una inexplorada línea de trabajo

Gracias a su personalidad apasionada, intrépida y analítica, a partir de entonces Teresa Torres se convirtió en una de las primeras mujeres en dirigir proyectos con el fin de investigar y profundizar en los vínculos existentes entre la Patagonia y la Antártida. Fue en el año 1984 cuando puso por primera vez sus pies sobre el llamado continente blanco, aun escasamente explorado desde el punto de vista paleobotánico. Por esta senda, inició una intensa relación con ese exótico lugar al que dedicaría una intensa actividad investigadora.

Inicialmente, en sus campañas de investigación, Torres se incorporó a las bases militares instaladas en la Antártida, pero desde 1987, debido a que no le gustaba la rigidez de la rutina en los horarios, decidió que todas sus incursiones serían en campamentos, durmiendo en tiendas de campaña en contacto directo con la naturaleza. Primero, en compañía de una ayudante y posteriormente con su marido, como consta en la página web de la Universidad de Chile.

La interesante línea de investigación de nuestra protagonista despertó gran curiosidad en su entorno, tanto a nivel científico como popular. Así, por ejemplo, el 20 de enero de 2009, la Prensa Austral de Punta Arenas publicaba un artículo dedicado al equipo científico multidisciplinar que partía con destino a la Antártida. La información registraba que, «dirigido por la investigadora de la Universidad de Chile, Teresa Torres, el grupo incluye expertos en paleontología, geología, biología y medio ambiente, que tienen como finalidad demostrar en qué momento de la historia del mundo la Patagonia sudamericana y la Antártida constituían una masa terrestre conectada».

El artículo de la prensa generó un considerable interés popular, ya que Torres explicaba que «estamos tratando de recoger evidencias que muestren que la Patagonia y la Península Antártica, digamos hace unos 200 millones de años, estaban conectadas en una única masa continental; para demostrarlo necesitamos recolectar fósiles, rocas y otras posibles evidencias». Además, añadía la experta, «se trata de un proyecto claramente ambicioso, muy amplio, algo que no ha sido hecho hasta ahora y que es una pieza esencial para la paleontología internacional».

Esta expedición tuvo un éxito notable, con gran repercusión en los medios, lo cual facilitó conseguir subvenciones para nuevos viajes. Con enorme satisfacción, la investigadora comentaba al CONICYT, «he ido como veinte veces a la Antártica y lo que más me gusta es ir a campamentos, porque me encanta explorar y descubrir por mí misma. Cuando parto una roca y me encuentro con algo que no ha visto nadie y que ha permanecido ahí por millones de años, siento que es un enorme privilegio por el cual sólo me resta agradecer».

Al preguntarle su interlocutora por qué considera particularmente importante el desarrollo de investigaciones científicas en un lugar tan lejano y poco acogedor, Torres ha subrayado que «la Antártica es la actriz principal en el escenario del cambio climático, lo que ocurra en esta materia cambiará el panorama mundial. Si se derriten cantidades importantes de hielo antártico, se convertirá en agua dulce que entrará al mar y por ende cambiará su pH, lo que afectará a la fauna marina, y el clima se verá alterado por la variación de las corrientes del mar; por ello, lo que pase en la Antártica puede cambiar las condiciones de vida en el planeta entero».

Mujer exploradora y científica con capacidad de liderazgo

Teresa Torres González se define como una persona que no se deja abatir fácilmente; con un carácter a prueba de dificultades, ella asegura no haber tenido en cuenta los obstáculos añadidos por su género. Aunque reconoce que, «de todas formas, los hombres siempre creen que una por ser mujer no puede hacer muchas cosas». Añadiendo, en relación a sus valientes expediciones antárticas que, «no pocas veces he escuchado comentarios del tipo “¡cómo va a ir una mujer sola!”», y para allá partía, mochila al hombro a buscar sus fósiles. Con cierta ironía, también ha precisado que «a veces no iba sola, iba con una compañera, y ahí el comentario se transformaba en plural, “¡cómo van a ir solas!”».

Una faceta a destacar acerca de la personalidad de Teresa Torres es su capacidad de liderazgo; preguntada sobre el tema, ha respondido que «siempre he sido la jefa en las expediciones a la Antártica; por lo general, armábamos equipos de cuatro personas, a las que yo designaba elegidas entre colaboradores y estudiantes que estuvieran desarrollando sus tesis en la materia […]. Normalmente, durante mi experiencia en la investigación científica he trabajado más con mujeres que con hombres».

Un magnífico legado

Desintegración de Pangea.

A lo largo de una fructífera vida profesional de más de 50 años, Teresa Torres González ha reunido una valiosa colección paleobotánica. Consta de numerosas piezas de vegetación fosilizada, claras evidencias de que los continentes separados hoy por grandes océanos alguna vez habrían sido solo uno, el denominado Pangea.

Según la página web de la Universidad de Chile, «la citada colección constituye un “tesoro” […]. Piezas fósiles de lo que alguna vez fueron troncos, ramas y hojas de árboles, arbustos y plantas que habitaron la Tierra hace millones de años. En la actualidad, la enérgica experta, cuya última expedición tuvo lugar en 2013, continúa luchando para que su colección de fósiles vegetales sea valorizada y tenga un lugar importante en el acervo científico de la Universidad de Chile y de su país.

Los extraordinarios resultados del extenso trabajo de tan notable investigadora, han demostrado con creces la debilidad de los argumentos misóginos, evidenciando que incluso en los entornos más adversos, el vocacional deseo de ampliar conocimientos no tiene relación alguna con el género de la persona curiosa e interesada.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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