Innovadoras mujeres del siglo XIX escriben sobre botánica
En el cambio del siglo XVIII al XIX, un conjunto de mujeres interesadas en la botánica formaba parte de un creciente grupo de activas lectoras entendidas en el tema. Además, siguieron carreras de escritoras y divulgadoras dedicadas a los asuntos estrechamente relacionados con el mundo de las plantas. Sin dejarse avasallar ni paralizar en sus planes por los profesionales masculinos, que muy raramente les reconocían sus contribuciones académicas, ellas buscaron la forma de editar sus trabajos y compartirlos con un público interesado que cada vez era más numeroso.
Tal empuje colocó a la botánica como una de las «puntas de lanza» científicas al demostrar que el talento no tiene género y que el buen uso del método científico, no era consecuencia de incontestables designios divinos ni de la permisividad de élites y círculos apoltronados. El buen hacer de lo que aportaban en sus escritos y opiniones, iría quebrando progresivamente el artificio de las consideradas «verdades oficiales».
Veamos, como botón de muestra, a cuatro de esas científicas «libres» de amarres que abrieron frentes de prestigio femenino.
Priscilla Bell Wakefield (1751-1832), una erudita escritora
En el barrio londinense de Tottenham nació el 27 de enero de 1751 una niña, hija de Daniel y Catherine Bell, a la que llamaron Priscilla. Con posterioridad, sería muy conocida con el nombre de Priscila Bell Wakefield al casarse con Edward Wakefield (1759-1826), destacado comerciante de Londres, con quien tuvo dos hijos y una hija.

En su edad adulta se convirtió en una prolífica escritora sobre un amplio rango de temas. Adquirió notables conocimientos de botánica y de historia natural. Entre 1796 hasta su muerte en 1832, publicó numerosos libros, siendo uno de los más conocidos Introducción a la Botánica (Introduction to Botany, 1796), ilustrado con una serie de dibujos a página completa que mostraban con detalle las partes de la planta escogida, como ha descrito Patricia Fara.
En esta obra, Bell Wakefield adoptó el sistema de clasificación de Linneo, al tiempo que ponía el acento en los beneficios de la disciplina. Con tal fin apunta que «la botánica es una rama de la historia natural que tiene muchas ventajas; contribuye a la salud del cuerpo y a la alegría del temperamento, al presentar un incentivo para tomar aire y hacer ejercicio; es adecuada para la capacidad más elemental, y los objetos de su investigación se ofrecen sin gasto ni dificultad, por lo que está al alcance de todas las situaciones sociales».
En esta línea, Priscilla Bell Wakefield estimulaba a sus lectoras a «dejar la sala y caminar entre las plantas, examinar las muestras vivas con una lupa lo suficientemente pequeña como para llevarla en un bolsillo». Así, muchas de ellas se habituaron al andar por los jardines y por los bordes de los caminos, recolectando e identificando especímenes, al tiempo que los escrutaban con sus lupas. La Introducción a la botánica tuvo un éxito notable. Solo cinco años después de su publicación, en 1801, se tradujo al francés y en 1841 se habían agotado once ediciones, según ha rememorado la historiadora de la ciencia Londa Schiebinger.
Priscila Bell Wakefield fue asimismo una de las primeras escritoras inglesas que a finales del siglo dieciocho empezaba a demandar una vida «más amplia» para las mujeres. En 1798, publicó un libro sobre feminismo titulado Reflexiones sobre la condición actual del sexo femenino (Reflections on the Present Condition of the Female Sex). A pesar de que esta obra muestra su interés acerca de cómo las mujeres podrían volverse financieramente independientes, mantiene el pensamiento tradicional en cuanto al papel femenino en la sociedad. Wakelfield analiza las perspectivas de empleo para las mujeres en el mundo moderno a la luz de los escritos del economista y filósofo escocés, Adam Smith (1723-1790), y defiende para ellas una educación más profunda. Sin embargo, la escritora pensaba en que las mayores ventajas de una buena educación era convertirlas en mejores esposas y madres, no pensando a contracorriente en defender que el beneficio de la formación facilitaba un «espacio vital» autónomo propio para las mujeres.
Una faceta de Priscilla Bell Wakefield que le brindó gran popularidad fueron sus libros científicos dedicados al mundo de los niños. Fue la primera mujer en escribir sobre este tema y sus trabajos alcanzaron gran difusión. En el año 1832 falleció esta prolífica escritora, dejando un rico legado que influyó notablemente en sus sucesoras.
Jane Haldimand Marcet (1769-1858), divulgando la ciencia con pasión
Dentro de una acomodada e instruida familia londinense, vino al mundo en 1769 Jane Hadimand Marcet. Su padre fue un próspero banquero, Anthony F. Haldimand (1740/41-1817); de su madre, Jane, muy poco se conoce, salvo que falleció en 1785. Desde pequeña, la niña recibió una buena educación en la casa familiar bajo la enseñanza de tutores privados. Junto a sus hermanos, estudió latín, esencial para las ciencias en aquel tiempo, así como química, biología e historia; además, también fue instruida en los temas considerados necesarios para la formación de las jóvenes en la Inglaterra de aquel tiempo. Asimismo, durante un viaje a Italia realizado en 1796, tuvo la oportunidad de aprender nociones de arte, que más tarde le sirvieron para ilustrar sus libros. La botánica y la química fueron sus grandes pasiones, aunque también se interesó por las ciencias sociales (Wikipedia).

Cuando contaba 30 años de edad se casó con Alexander Marcet (1770-1822), un médico graduado en 1797 por la Universidad de Edimburgo. Tras la boda se instalaron en Londres, y en su casa organizaron una tertulia a la que acudían distinguidos miembros de los círculos literarios y científicos, junto a mujeres escritoras como Mary Somerville (1780-1872), Harriet Martineau (1802-1876), Maria Edgeworth (1768-1849) …, quienes con el tiempo, ha descrito Elizabeth Morse, se harían famosas por su defensa de los derechos de las mujeres.
Jane Haldimand Marcet es especialmente recordada porque sus libros populares de introducción a la ciencia alcanzaron un extraordinario éxito. Han sido considerados los primeros “manuales” con gran difusión entre el público interesado. En 1829 salía publicada por primera vez su obra titulada Conversaciones sobre Fisiología Vegetal (Conversations on Vegetable Physiology), compuesta por dos volúmenes. El primero era una guía para iniciar a sus alumnas en la botánica y sus aplicaciones a la agricultura; aquí Haldimand Marcet no hacía demasiadas referencias a la clasificación de las plantas, sino que centraba el foco de atención en la morfología de los vegetales y en sus aplicaciones prácticas. El volumen 2, trataba de las enfermedades de las plantas, de aquellas que tenían cualidades culinarias, del cultivo de los árboles y también de los efectos que tenía la actividad humana sobre la flora. Este trabajo recibió una gran acogida entre el público.
Jane Haldimand Marcet escribió sobre un amplio número de temas, y todos sus libros tenían la misma estructura; presentaba los hechos en forma de sencillas conversaciones entre una maestra, Mrs. B., y dos de sus alumnas. La influencia de los libros de esta autora alcanzaría unas dimensiones mucho mayores de las esperadas. Aunque estaban especialmente dirigidos a las estudiantes mujeres, con el fin de combatir la idea prevalente de que la ciencia era inapropiada para ellas, su lectura consiguió llegar a todo tipo de lectores interesados.
El 18 de junio de 1858, Jane Haldimand Marcet fallecía a los 89 años de edad en la casa de su hija en Londres (E. Morse, 2010).
Sarah Mary Fitton (1796-1874), creadora de populares escritos en torno a la botánica
En 1796 nació en Dublin Sarah Mary (o Margaret), hija del abogado Nicholas Fitton y de su esposa Jane Greene. Con el tiempo, se despertaría en la joven un considerable interés por la botánica, lo que la llevó a publicar en 1817 un valorado libro titulado Conversations on Botany, escrito con la ayuda de su hermana Elizabeth.

Como ha señalado la acreditada escritora Ann Shteir, la obra estaba centrada en las conversaciones mantenidas entre una madre que explica a su hijo los conceptos básicos de la botánica y el sistema de clasificación propuesto por Linneo. El objetivo principal era dar a conocer de manera sencilla y rigurosa la identificación y uso de las plantas en el ámbito doméstico.
Aunque las primeras ediciones de Conversations on Botany se publicaron anónimamente, pronto se mostró la autoría, por lo que Sarah Fitton gozó de gran popularidad; además, tuvo una gran influencia en potenciar la botánica como un campo de estudio científico para las mujeres.
En una fecha desconocida, se sabe que la botánica y escritora se trasladó a vivir a París donde trabajaría como institutriz. En 1865, salía a la luz otro libro de Sarah Fitton titulado The Four Seasons: A short account of the structure of plants, escrito para una audiencia muy diferente; en concreto, los miembros del Working Men’s Institute de París. Contenía cuatro lecciones sobre los principios y métodos usados por los profesores para facilitar el aprendizaje del alumnado.
Los escritos sobre botánica de Sarah Fitton fueron notablemente valorados, hasta el punto de que el botánico belga Eugène Coemans (1825-1871), en 1865, dio el nombre de Fittonia, en su honor, a un género nativo de las selvas tropicales de Sudamérica.
Tras una larga vida, el 30 de marzo de 1874 Sarah Fitton murió en París a la edad de 98 años.
Almira Hart Lincoln Phelps (1793-1884), gran científica autora de una obra diversa
Almira Hart dedicó gran parte de su larga y activa vida profesional a defender una educación igualitaria para las mujeres. Sus escritos sobre botánica influyeron profundamente en las diversas jóvenes estudiantes que optaron por dedicarse a esta disciplina.

Nacida en Connecticut, Almira Hart creció en una familia numerosa de estirpe intelectual donde se valoraba en gran medida el pensamiento independiente. La mayor parte de su educación la recibió por parte de tutores y también de forma autodidacta en casa, donde sus padres, hermanos y hermanas, debatían activamente sobre ciencia, literatura y política. Desde muy pequeña fue una ávida lectora, y a la temprana edad de 16 años empezó su carrera como maestra de escuela, aunque al mismo tiempo continuaría buceando en otros campos de su educación. Bajo la influencia del conocido naturalista Amos Eaton (1776-1842), que la ayudó a formarse prestándole gran apoyo, nació su gran interés por la botánica, como ha descrito en su detallada biografía Emma Lydia Bolzau. Almira Hart contrajo matrimonio dos veces, en 1817 con Simeon Lincoln, que murió en 1823; y en 1831 con John Phelps, de ahí sus apellidos.
En el blog History of American Women, se apunta que con el transcurso del tiempo las experiencias de la joven botánica le fueron mostrando la disparidad existente entre la educación disponible y aplicable para las mujeres y los hombres. Este hecho la impactó en gran medida, de tal forma que dedicó una parte importante de sus esfuerzos a luchar por más oportunidades educativas para las jóvenes.
En este contexto, Almira Hart tomó consciencia de la falta de un libro de texto adecuado de botánica, particularmente dirigido a las estudiantes femeninas que empezaban a ser significativas en número. En un intento por paliar tal situación, publicaba en 1829 el más famoso de sus libros, Familiar Lectures on Botany, que rápidamente alcanzó gran popularidad. Bellamente ilustrado y con algunas historias y poemas, treparía hasta las 28 impresiones. En 1833, publicaba un segundo libro de texto para un nivel más bajo de estudiantes, Botany for Beginners, que igualmente tuvo numerosas reimpresiones hasta 1891.
Con la publicación de un total de diez libros, la mayoría enfocados en la botánica y en la educación de las mujeres, Almira Hart Phelps logró crearse una gran reputación como escritora. Sus obras se extendieron principalmente por los Estados Unidos y Canadá, y fueron valoradas como valiosas herramientas para la educación de las y los estudiantes.
A diferencia de la mayor parte de sus contemporáneas, los libros de Hart Phelps no justificaban el estudio de la ciencia que se impartía en las academias convencionales de mujeres, cuyo único propósito era el de mejorar las tareas domésticas femeninas, como la cocina o la alimentación. Por el contrario, rebelando su marcada personalidad, Almira Hart Phelps enfatizaba su apoyo a una educación igualitaria para todos y todas. Se mostraba indulgente y colaboradora con aquellas mujeres jóvenes cuyas vidas discurrían por alternativos caminos frente al inevitable destino de casarse, una estación predeterminada en los planes concebidos social y familiarmente para las jóvenes.
En este contexto, uno de los objetivos de Hart Pehlps era impedir que sus estudiantes cayeran en la idealización de su tiempo de mujeres frágiles y dependientes; por ello estimulaba el enseñar a las jóvenes no solo en cursos tradicionalmente femeninos de música y arte, sino también historia, matemáticas y ciencias naturales, pese a que estos últimos ámbitos se consideraran reservados solo para los varones. Muchas de las que se graduaron bajo su influencia se convirtieron en maestras altamente cualificadas.
El prestigioso botánico Emmanuel Rudolph, detallaba en 1984 que los textos de botánica de Almira Hart Phelps «fueron muy educativos e innovadores». La autora tuvo la lucidez de comenzar describiendo la estructura de la flor usando para ello ejemplos comunes de plantas vivas que relacionaba con sus aspectos morfológicos y fisiológicos. Asimismo, continua Rudolph, usó el sistema de Linneo de clasificación haciendo referencia a los ejemplares descritos principalmente a partir de los manuales de Eaton.
A pesar de que en los últimos años los manuales de Hart Phelps «compitieron» con los exitosos libros del gran Asa Gray (considerado el mejor botánico estadounidense del siglo XIX), los de esta autora siguieron teniendo un amplio uso, y no perdieron su función de referente importante en la educación botánica.
Con el fin de contribuir a la divulgación de la ciencia, Almira Hart Phelps no solo recurrió a la escritura, sino que también impartió numerosas conferencias en diversos foros en los que alcanzó una notable popularidad. Apuntemos que, además de sus libros de botánica, esta emprendedora naturalista también escribió otros libros sobre otras disciplinas de ciencia que fueron muy populares.
En 1859, cuando tenía 66 años, se convirtió en la segunda mujer elegida por la prestigiosa American Association for the Advancement of Science ; la primera en recibir este honor fue la apreciada profesora de astronomía Maria Mitchell (1818-1889).
Diversas biógrafas y biógrafos han destacado que Almira Harts Phelps, pese a su inagotable lucha por una educación igualitaria para las mujeres, paradójicamente se opuso con firmeza al sufragio femenino. Incluso llegó a unirse a una asociación contraria al voto femenino (Women’s Anti-Suffrage Association) y escribió numerosos artículos donde se oponía a dicho voto con terminante vehemencia. No obstante, más tarde en su vida reflexionaría en profundidad sobre el tema y terminó por ampliar su lucha por la igualdad en la educación, sumándose también a la causa del sufragio femenino.
Almira Hart Phelps murió en Baltimore el día en que cumplió 91 años, el 15 de julio de 1884, dejando un legado de libros de texto de ciencia y un modelo para la educación de las jóvenes, hoy altamente valorado por la comunidad especializada.
El citado especialista Emmanuel Rudolph, ha subrayado que Almira Hart Phelps fue una persona que a través de sus escritos contribuyó a impulsar un clima favorable para el desarrollo de la botánica en América.
Referencias
- Almira Phelps. History of American Women
- Bolzau, Emma Lydia (1937). Almira Hart Lincoln Phelps: Her Life and Work. Lancaster: Science Press. Pp:534. Tomado de American Historical Review
- Fara, Patricia (2004). Pandora’s breeches: women, science and power in the Enlightenment. London: Pimlico. p. 205
- Morse, Elizabeth J. «Marcet, Jane Haldimand (1769–1858)«, Oxford Dictionary of National Biography, online ed.
- Rudolph, Emanuel D. (1982). Women in Nineteenth Century American Botany: A Generally Unrecognized Constituency. American Journal of Botany69 (8): 1346-1355
- Shteir, Ann B. (1996). Cultivating women, cultivating science : Flora’s daughters and botany in England, 1760-1860. Baltimore and London: Johns Hopkins University Press 89–93
- Tomé, César. Michael Faraday y Jane Marcet, la Asimov del XIX. Mujeres con ciencia, Vidas científicas, 19 agosto 2015
- Jane Marcet, Wikipedia
Sobre la autora
Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.