Rachel Holloway Lloyd, la química que estudiaba remolachas azucareras y que pasó a la historia en una cápsula del tiempo

Vidas científicas

Hay dos materias primas de las que se extrae principalmente el azúcar. La mayoría podríamos nombrar una de ellas inmediatamente, sin pensar: la caña de azúcar. Para la otra alguno que otro tendría que buscar la respuesta: la remolacha azucarera. Para ambos productos, el proceso a seguir es similar: se extrae el jugo y luego se purifica y cristaliza hasta obtener los pequeños cristales blancos que terminamos echándonos (con moderación) en el café que nos ayuda a arrancar la mañana. Se trata de un proceso optimizado a nivel industrial que genera cientos de miles de toneladas de azúcar al año.

Remolacha azucarera. Wikimedia Commons.

Pero para que una industria así pueda arrancar, hace falta un detallado conocimiento de qué posibilidades tiene una materia prima: ¿cuánto azúcar puede sacarse exactamente de una remolacha? La química estadounidense Rachel Holloway Lloyd, la primera mujer en obtener un doctorado en química en ese país, trabajó para responder a esa pregunta, determinando además qué variedades y en qué condiciones había que cultivar las remolachas para que su contenido en azúcar fuera más alto, dando pie así al desarrollo de la industria azucarera en el estado de Nebraska, donde vivía y trabajaba en la universidad.

Huérfana de niña, viuda de joven

Rachel Holloway nació el 26 de enero de 1839 en Ohio, en una familia cuáquera de la que ella fue la única de los cuatro hijos que sobrevivió a la infancia. Su madre murió cuando ella tenía cinco años, y su padre cuando tenía 12. A partir de ahí vivió con su madrastra, la mujer con la que su padre se había casado tras enviudar. A los 14 años la enviaron a estudiar en una escuela en Filadelfia, y tras graduarse comenzó a dar clases a otras estudiantes.

En 1859 se casó con Franklyn Lloyd, apellido que ella adoptó, entonces estudiante de química y trabajador en una compañía que producía compuestos químicos con distintos fines. Floyd contaría que su marido tenía un pequeño laboratorio de química en casa, y que así fue como ella empezó a interesarse por esta disciplina. Pero el matrimonio no duraría mucho porque Franklyn moriría seis años después, tras haber muerto también sus dos hijos.

Holloway pasaría los años siguientes en Europa, viajando, gracias a la herencia que recibió de su marido. Pero tras una década ausente, finalmente tuvo que regresar a Estados Unidos y se vio obligada a buscar un empleo para mantenerse. Encontró trabajo como profesora de química en un reputado colegio femenino, uno de los puestos mejor considerados y remunerados a los que una mujer con estudios podía aspirar. Floyd consiguió introducir dentro del currículum educativo del centro la práctica de experimentos en un laboratorio, algo que era muy poco común en los estudios para niñas y chicas adolescentes en la época.

El empeño en formarse como química siendo mujer

Además de poner en práctica lo aprendido de su marido, Floyd quiso completar y ampliar su formación científica por sí misma. En 1875 se matriculó en la escuela de verano de la Universidad de Harvard para aprender a llevar a cabo investigación química siguiendo las formalidades académicas. En ese momento Harvard no aceptaba a mujeres entre sus estudiantes. La escuela de verano era una oportunidad para el profesorado de mejorar su formación, pero no daba a cambio ningún título académico formal.

Rachel Lloyd. Wikimedia Commons.

Sin embargo, gracias a esas escuelas de verano, tuvo la oportunidad de trabajar bajo la dirección de Charles F. Mabery, director del programa de química. En 1881 ambos publicarían conjuntamente sus investigaciones en la revista American Chemical Journal, convirtiéndose así en la primera mujer que firmó una publicación en una de las principales revistas científicas de química.

Durante varios años siguió dando clases en centros de enseñanza para niñas y adolescentes, pero su ambición era ser profesora universitaria. Tras ser rechazada en varias ocasiones, a pesar de sus publicaciones, por no tener el título necesario, decidió buscar una universidad donde pudiera matricularse.

En Estados Unidos había un puñado de universidades que aceptasen a mujeres en los programas de doctorado, pero ninguna aún en el campo de la química. Para carreras y estudios científicos, la Universidad de Zúrich, en Suiza, era la que suponía mejores oportunidades para las mujeres. Lloyd se trasladó a Zúrich y se matriculó en su universidad.

En 1887 obtuvo su doctorado, lo que la convirtió en la primera americana, y la segunda mujer en todo el mundo, doctorada en química.

¿Cuánto azúcar tiene una remolacha?

Con su doctorado en la mano volvió a Estados Unidos. El jefe del departamento de Química de la Universidad de Nebraska ya le había enviado una oferta para incorporarse al profesorado allí. Llegó a Nebraska en 1887, un momento en el que la universidad estaba pasando por un proceso de actualización y modernización. Fue nombrada profesora asociada de Química Analítica, y además de sus clases era asistente de laboratorio en la Estación de Experimentación Agrícola de Nebraska.

Su investigación se centró en analizar las concentraciones de azúcar que se podían extraer de la remolacha azucarera, un cultivo que estaba popularizándose en Estados Unidos a finales del siglo XIX y con el que ella ya había trabajado durante sus estudios en Suiza. Gracias a sus conocimientos se pudo explorar la viabilidad y oportunidad económica de implementar este cultivo en Nebraska.

Durante 1888 hicieron un pequeño estudio con un cultivo piloto en la universidad, y tras obtener resultados positivos, Lloyd y su equipo enviaron semillas de remolacha a agricultores de todo el estado, para que les ayudasen a llevar a cabo un estudio a mayor escala. Tras cosecharlas, los granjeros les enviaron las remolachas para que allí las lavasen, pesasen y extrajesen una muestra del interior de la hortaliza para ser machacada y prensada para extraerle el jugo. A partir de ahí se determinaba el contenido en azúcares, que se purificaban y cristalizaban. Los investigadores anotaban la variedad de cada muestra, el tipo de suelo en que se había cultivado, el clima, la altura y otros detalles. En total se hicieron casi 700 análisis para determinar las condiciones idóneas de cultivo desde el punto de vista de la obtención de azúcar.

Publicaron sus primeros resultados en 1890 y eran tan prometedores que una empresa decidió construir una planta azucarera en la zona ese mismo año. La producción creció rápidamente en los siguientes años y se abrieron más fábricas. La universidad comenzó a impartir cursos para formar a los trabajadores que operaban en ellas.

“Viajera” en una cápsula del tiempo

En esta época, el jefe de su departamento viajó a Europa, y mientras tanto Lloyd ocupó su puesto, convirtiéndose así en la primera mujer jefa de departamento de su universidad. Durante años esto no había podido confirmarse, ya que aunque constaba así en algunos registros, su retrato no estaba entre los que sí cuelgan en la universidad de todos los demás jefes del departamento de Química. La confirmación fue por fin obtenida tras desenterrar en 2011 una cápsula del tiempo de 1961.

Captura de pantalla de «A Chemist’s Time Capsule». You Tube (canal de Mark Griep).

Una cápsula del tiempo es un recipiente o contenedor de cualquier tipo que se llena de objetos representativos de un momento (fotografías, periódicos, cualquier cosa que capte el momento presente) y se entierra o esconde para que sea hallado mucho tiempo después. Los objetos guardados en ella permiten al quien la encuentra asomarse al pasado.

En 2011 Mark Griep, profesor de química de la Universidad de Nebraska, obtuvo permiso para desenterrar una cápsula del tiempo enterrada 50 años antes. En ella encontró el retrato de Lloyd y referencias a ella como jefa del Departamento de Química de su universidad.

Mientras ocupaba ese cargo, sufrió lo que probablemente fue un ictus que afectó de manera permanente a su movilidad y a su salud. Por este motivo se retiró en 1894. Murió en 1900.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

1 comentario

  • Mujer inteligente resiliente luchadora , sabia. Con sus in vestigaciones contribuyó a que muchos se enriquecieron.No valorada en su tiempo por ser mujer!!

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