Pedagogía sensible a las cuestiones de género, no sólo en Etiopía

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Hay que procurar estar en silencio y hablar en susurros porque la profesora tiene a su bebé en la espalda y se ha quedado dormidito. Tigist Baye enseña Educación Cívica en noveno y décimo cursos. El pequeño duerme mientras los alumnos hacen los ejercicios en clase.

Esta manera de impartir docencia no es muy habitual en nuestro país, pero sí en muchas escuelas africanas, en concreto en ésta de Woretta, en la región de Amhara, en Etiopía. “Si Tigist trae a su bebé a las clases es porque no encontró a nadie para cuidarlo”, dice Tarekegn Degefu, el director de la escuela. Tarekegn participó en una formación de pedagogía y evaluación sensible a las cuestiones de género organizada en el marco de un proyecto de la UNESCO en Etiopía. Esta formación promueve la toma de conciencia sobre la perspectiva de género y trata de aplicar un enfoque sensible a estas cuestiones en las prácticas docentes. De forma más amplia aspira a una inclusión real de las niñas y adolescentes en toda su trayectoria académica.

La formación en igualdad cambió la mirada de Tarekegn sobre la equidad en cuanto a género. Desde entonces este director se planteó muchos cambios en su centro; entre otros, creó un club de radio con chicas valientes y un servicio de escuela infantil en el centro tanto para los profesores como para el resto del personal.

Después de su inauguración se inscribieron diez docentes que tienen hijos entre 0 y 4 años. “Me puse muy feliz cuando oí hablar del servicio de guardería. Ahora, puedo traer a mi hija aquí y estoy más tranquila porque la tengo cerca de mí”, afirmó Truaynet, una de las profesoras. Muchos docentes se han ofrecido como voluntarios para turnarse en el cuidado de los niños durante sus horas de descanso.

Tarekegn creció en la ciudad de Woretta y estudió en la escuela que dirige en la actualidad. Aunque trabaja desde hace diez años en el ámbito de la educación, con la formación en pedagogía sensible a las cuestiones de género adquirió un nuevo punto de vista y recursos para aplicar principios igualitarios de género no solo a la escuela, sino también en su vida personal. Ahora Tarekegn aspira a transmitir sus reflexiones sobre prejuicios a su escuela y su comunidad.

No obstante, cambiar la cultura y la inercia en el ámbito educativo requiere de un apoyo firme y de un trabajo continuo. Para transformar la comunidad escolar, Tarekegn tuvo que sensibilizar a los docentes y otros miembros del personal sobre las capacidades de las niñas en igualdad con sus compañeros; aprovechaba cualquier oportunidad para cambiar falsas creencias y formas de actuar estereotipadas.

Se implicó en un programa de estudios y convivencia equitativo motivador y seguro para que las niñas afianzaran su autocofianza y valoraran de forma positiva acabar sus etapas como estudiantes. en las innovaciones prácticas, planificó la instalación de servicios sanitarios separados para niñas y niños y consiguió más colchones y juguetes para la guardería.

La escuela secundaria de Woretta es una de las muchas que participaron en el proyecto de la UNESCO donde se diseñó el curso Pedagogía sensible a las cuestiones de género que ha beneficiado a los docentes, los delegados de clases y a las niñas de la escuela. En realidad, de los 200 docentes, de los cuales 61 son mujeres, 4 mujeres y 8 hombres recibieron una formación sensible a las cuestiones de género y participaron en los talleres de intercambio de experiencias. Los delegados de las clases de 11.º y 12.º curso, así como 50 chicas entre 15 y 18 años, que son miembros de clubes escolares, también descubrieron un enfoque sensible a las cuestiones de género.

El proyecto que se lleva a cabo en Etiopía tiene como objetivo mejorar la calidad y la pertinencia de la educación de las adolescentes, y garantizar que todas las chicas tengan acceso a un ciclo de educación completo y que puedan avanzar en sus estudios con éxito. Este programa ha sido implementado por la Oficina de enlace de la UNESCO en Etiopía, en el marco de la Alianza UNESCO-HNA para la educación de las niñas y las mujeres, desde 2015 hasta 2019. Dentro de este proyecto, el Instituto Internacional de la UNESCO para el refuerzo del sistema educativo en África proporciona un apoyo técnico a las capacidades institucionales para integrar las cuestiones relativas al género en la educación, la pedagogía sensible al género y la formación de los docentes.

Sus objetivos son:

  • Mejorar el acceso a todos los niveles de educación mediante políticas e intervenciones específicas, atendiendo sobre todo a las adolescentes
  • Mejorar la calidad y la pertinencia de la educación básica y secundaria para garantizar que las niñas, especialmente las adolescentes, no abandonen la escuela y cursen estudios satisfactorios, y completen todos los ciclos de enseñanza para que puedan acceder luego al mundo laboral
  • Lograr que los entornos de aprendizaje sean accesibles y seguros para todos los niños y eliminar la violencia de género en el ámbito escolar.

Este proyecto se centró en Etiopía y tuvo un complementario en Ghana.

En este último país se diseñó para apoyar la Unidad de Educación de las Niñas (GEU) del Servicio de Educación de Ghana y el objetivo fue aumentar la participación de las niñas en las disciplinas científicas mediante actividades de refuerzo de las capacidades del personal de la GEU y la organización de las llamadas Consultas de STEM, que consistían en eventos de un día de duración con el propósito de alentar a más de 1 500 niñas a estudiar cursos y carreras científicas (STEM). Para ello se desarrollaron actividades prácticas e interacciones con sus mentoras, mujeres del ámbito científico.

En Etiopía, ya hemos visto que se fomentan las nuevas perspectivas de género sin estereotipos. Para ello, el proyecto se dirigió a tres instituciones de enseñanza superior y doce escuelas de enseñanza secundaria, entre ellas la de Woretta; la finalidad era mejorar los conocimientos de las adolescentes en temas de igualdad e impulsar su pensamiento crítico sobre estereotipos culturales y de género. En el marco del proyecto, más de 5 000 docentes ampliaron sus estrategias para enseñar desde una nueva perspectiva atenta a la retención de las chicas en la escuela. Más de 7 000 niñas contribuyeron a promover la inclusión a través de los medios de comunicación modestos, como los clubes de radio de género que creó el director de nuestra escuela etíope.

Todas estas iniciativas y programas de la UNESCO nos dejan un sabor dulce y optimista en cuestiones de equidad de género en países en vías de desarrollo, pero por desgracia, un virus ha provocado la mayor interrupción de la educación de la historia. En el pico de la pandemia en abril de 2020, la educación de más de 1 500 millones de alumnos se frenó de golpe en más de 190 países.

Esta circunstancia puede hacer retroceder los avances conseguidos en la educación de las niñas en las últimas décadas. Las previsiones indican que once millones de niñas podrían no volver a la escuela. Las chicas de 12 a 17 años son las más vulnerables en cuanto al abandono de la escuela en los países de ingresos bajos y medios, mientras que los chicos tienen más probabilidades de hacerlo en los países con ingresos altos. Se prevé que los más marginados, especialmente las niñas con discapacidad, las que se encuentran en contextos de conflicto, las que viven en comunidades aisladas y rurales y las extremadamente empobrecidas, sean las más afectadas por los parones de estudios ocasionados por la COVID-19.

Antes de la pandemia, aún estábamos muy lejos de lograr la igualdad de género en la educación. La tasa de matriculación de las niñas en la educación primaria en los últimos 25 años sólo ha aumentado en diez puntos porcentuales, al pasar del 78 % al 88 %, lo que equivale a menos de medio punto por año. Si seguimos así, lograremos que todas las niñas cursen educación primaria en 2050.

Las tres cuartas partes de los niños en edad de estudiar Primaria que posiblemente nunca pondrán un pie en un aula son niñas (nueve millones). En el Chad, Guinea-Bissau y el Yemen, menos de 80 niñas por cada 100 niños completan la escuela primaria.

Entre los alumnos desfavorecidos hay inaceptables disparidades de género. En al menos veinte países, sobre todo de África Subsahariana, apenas hay mujeres jóvenes pobres de las zonas rurales que hayan terminado el segundo ciclo de secundaria.

Una de las razones más dolorosas que obligó a un porcentaje alto de niñas a abandonar la escuela en los últimos años fue la violencia física infligida dentro de la comunidad educativa. Nos cuesta admitir esta realidad y el hecho exige intervenciones fuertes de inspección, de protección y de formación para el entorno de estas niñas; retomaríamos cierto optimismo si los cursos diseñados para hacer una sociedad más justa tuvieran el impacto transformador que consiguió el que cambió la mirada de un director de centro en Etiopía. Sólo la Educación, junto a políticas realmente empáticas e implicadas con inversiones generosas, puede lograr que la Educación (con mayúsculas también) sea un derecho cumplido para todos los niños y para todas las niñas, sin perder a ninguno, a ninguna, por el camino.

Referencias

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

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