Marguerite Vogt, la viróloga que descubrió cómo ‘contar’ los virus

Durante el siglo XX la poliomielitis o polio era una de las enfermedades más temidas. No siempre era mortal pero sus efectos eran terribles: causaba parálisis a millones de personas cada año, muchos de ellos niños. Hoy casi nadie se acuerda de ella. La investigación sobre el virus que la causaba, y la posterior vacuna que consiguió vencerlo, han hecho que en casi todo el mundo haya dejado de ser una amenaza. En el desarrollo de una vacuna intervienen muchos investigadores y sus descubrimientos progresivos, cada uno apoyado en los siguientes. Uno de los nombres decisivos en esta conquista de la humanidad fue el de Marguerite Vogt.

Vogt nació en Alemania en 1913, hija de una pareja de eminentes neurocientíficos de su época, creció en un ambiente con fuerte influencia científica y tanto ella como su hermana siguieron ese camino. Pasó su infancia entre laboratorios y publicó su primera investigación a los 14 años, en la que describía una serie de mutaciones en la mosca de la fruta.

“No quería terminar saliendo con un nazi”

Marguerite y su hermana Marthe Louise Vogt.

Eran los años de ascenso de los nazis en Alemania, y sus padres habían sido expulsados del Instituto Kaiser Wilhem en Berlín (lo que hoy es el Max Planck), que su padre había llegado a dirigir. Años después contaría que “durante la época de Hitler, evitaba a todos los hombres. No quería terminar saliendo con un nazi, y en la Alemania de aquella época no podías estar segura de las ideas políticas de nadie”.

Abrieron su propio centro de investigación, donde acogieron a otras personas perseguidas por los nazis, y Vogt solía pasar mucho tiempo en los laboratorios con aquellas primeras investigaciones. Continúo investigando durante sus años de estudiante universitaria en Medicina, faltando a clases y compensando las lecciones perdidas a base de memorizar los libros de texto.

Una valiente ante el virus de la polio

Tras la guerra, Vogt emigró a Estados Unidos. Allí se matriculó primero en el Instituto de Tecnología de California y después en el Instituto Salk de Estudios Biológicos, poco después de su creación. Allí trabajó durante un tiempo en instalaciones provisionales y asfixiantes, bajo capuchas que apenas la protegían de los peligrosos patógenos con los que investigaba.

Uno de esos patógenos era precisamente el virus causante de la polio. Entre pipetas y placas de petri, incubando, centrifugando e incubando de nuevo, Vogt intentaba cultivar y aislar el virus sobre células de riñón de mono para estudiarlo, lo cual era muy valiente. En ese momento la mayoría de los científicos vacilaba ante la idea de estar tan cerca del microbio. Vogt no se lo contó a sus padres. Más adelante contó que su padre se habría enfadado mucho de saber con qué estaba trabajando.

Un método cuantitativo para estudiar los virus

Marguerite Vogt (1938).

Tras un año de insistencia, en 1954 Vogt consiguió lo que estaba intentando. Ella y Renato Dulbecco, un reputado virólogo italiano, publicaron el método que habían desarrollado para purificar el virus de la polio, lo que convirtió la virología de una ciencia meramente descriptiva a una ciencia también cuantitativa: así los virus, su reproducción y su capacidad de infección se podía contar y de alguna forma, comparar.

Esto fue inmediatamente adoptado por otros virólogos para estudiar distintas variantes del virus de la polio y también por el microbiólogo Albert Sabin que pudo así identificar y aislar cepas debilitadas del virus y a partir de ahí desarrollar la vacuna oral que se utilizó en las campañas masivas de inmunización que permitieron doblegar y prácticamente erradicar la enfermedad en los años siguientes.

Pero el trabajo de Vogt tuvo más recorrido tras la polio. Su método permitió a científicos de todo el mundo estudiar otros virus a nivel de su impacto en células individuales, dando pie a un campo conocido como virología molecular, y sigue siendo el método más utilizado para cultivar y purificar partículas víricas, incluso en las investigaciones que han rodeado al SARS-CoV-2, el virus causante de la COVID-19.

De los oncovirus a las causas genéticas de los tumores

Más adelante, Vogt y Dulbecco trabajaron también sobre otros virus, concretamente aquellos capaces de convertir las células sanas en células cancerígenas al modificar su ADN. Esto significó también un paso adelante en las investigaciones oncológicas, que pasaron de limitarse a clasificar la anatomía de los tumores a explorar las mutaciones genéticas que generan la enfermedad.

Dulbecco ganó el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1975 por sus estudios sobre los oncovirus, pero Vogt no fue reconocida de igual forma durante su trayectoria, aunque ella no se quejaba por ello. “Me alegro de no haber sido molestada de esa forma. Cuando te haces muy famoso ya no puedes trabajar”.

Vivió en Estados Unidos el resto de su vida y participó en protestas por los derechos civiles y en contra de la guerra de Vietnam. Siguió investigando hasta pasados los 80 años, cuando consideraba que la situación de la mujer en el entorno científico era mejor que en su juventud, pero aún había mucho que mejorar. “Tienen que ser muchas más, así no podrán ignorarnos”. Vogt murió el 6 de julio de 2007 en California, a los 94 años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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