Ellen Fetter, la programadora que ayudó a dibujar la mariposa que aletea en la teoría del caos

Ellen Fetter.

Que el aleteo de una mariposa puede causar un huracán al otro lado del mundo es una forma sencilla, poética y habitual de explicar en qué consiste la teoría del caos. Esta rama de las matemáticas y la física se dedica a estudiar sistemas complejos y dinámicos en los que una pequeña variación de las condiciones iniciales puede terminar provocando una enorme diferencia en el resultado. Las referencias culturales a esta idea son incontables, solo hay que recordar el papel del científico Ian Malcolm en Jurassic Park, por ejemplo.

Detrás de esta teoría se recuerda principalmente un nombre, el del meteorólogo Edward Norton Lorenz. Él fue quien en 1963, tratando de obtener predicciones meteorológicas utilizando un potente ordenador (de la época) en un despacho del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), desarrolló las llamadas ecuaciones de Lorenz. Lorenz comprobó que si cambiaba ligeramente los valores iniciales el resultado podía ser drásticamente distinto, dificultando enormemente hacer predicciones acertadas, pero que esas diferencias no eran aleatorias o impredecibles sino que seguían un orden determinado, especialmente evidente cuando se representaban de forma visual.

Cuando esta teoría se fue expandiendo por ambientes científicos, especialistas de otras áreas más allá de la meteorología descubrieron que también era útil para estudiar otros fenómenos aparentemente aleatorios que en realidad no lo eran, como la evolución de los anillos de Saturno o algunos parámetros medibles en encefalogramas y cardiogramas para el diagnóstico de algunas enfermedades. El nombre de Lorenz y sus ecuaciones se hizo muy conocido.

Un agradecimiento especial

Pero junto a él trabajaron otras personas y una de ellas fue tan importante como para que él mismo reconociese sus aportaciones en el paper fundacional de su teoría: “Un agradecimiento especial a la señorita Ellen Fetter por manejar las abundantes computaciones numéricas”.

Agradecimientos finales del artículo [Edward N. Lorenz, Deterministic Nonperiodic Flow,
Journal of the Atmospheric Sciences, 20 (2) (1963) 130–141].

Ellen Fetter nació en 1940 en Estados Unidos y se sabe poco sobre su biografía personal, pero sí que sabemos que estudió en una escuela suiza parte de la educación secundaria, que se graduó en 1957 en el New Trier High School, en Illinois y que luego se decantó por las matemáticas, estudios que cursó en el Mount Holyoke College, una institución educativa femenina de Massachusetts.

En 1961, Fetter acudió a una entrevista en el MIT recién graduada en matemáticas, en busca de un trabajo relacionado con este área y con ganas de aprender. Sería contratada por la que fue su predecesora en el proyecto de Lorenz, Margaret Hamilton, que más adelante seguiría su carrera como programadora y participaría en la misión Apolo que puso por primera vez a un hombre sobre la superficie de la Luna.

Una vez que Fetter ocupó su puesto, el meteorólogo le entregó un manual y unos cuantos problemas de programación para que aprendiese y practicase, y en poco tiempo ya se había puesto al día. Continuó con la labor de Hamilton y colaboró con Lorenz para continuar definiendo sus ecuaciones caóticas. Una de las cosas que hizo con él fue el desarrollo visual de algunas de las propiedades de estas fórmulas, que dio pie a su representación más conocida, la del punto que al moverse dibuja una línea que recuerda precisamente a las alas de una mariposa.

Diagrama del atractor extraño que posee el modelo de Lorenz para el tiempo atmosférico. Wikimedia Commons.

“Me dije: ‘Olvídalo’”

En 1963, Fetter se casó con John Gille, otro investigador del MIT especializado en geofísica, y se trasladaron a Florida, donde ella se dedicó a la programación unos cuantos años más en la Universidad Estatal de Florida y pasó algunos años sin trabajar cuidando de sus hijos. Avanzados los 70 cambió de empleó y se dedicó a la asesoría fiscal. “Tras ser rechazada en un par de entrevistas de trabajo me dije: ‘Olvídalo’. Prefirieron a chicos jóvenes y techies”.

Fetter, como Hamilton, formó parte de una primera generación de programadoras, en su gran mayoría mujeres, que fueron imprescindibles en muchos grandes avances técnicos y científicos pero cuyo trabajo a menudo se vio menospreciado por considerarse más mecánico que intelectual. Lorenz reconoció su aportación en sus publicaciones, pero eso no era lo habitual entonces. Era algo tan poco común que ella explicó años después que se sintió “aturdida” al verlo.

Sarah, la hija que Fetter y Gille tuvieron, siguió la senda científica de sus padres y estudió física en la Universidad de Yale.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.

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