Maude Delap y las primeras medusas criadas en cautividad

Maude Delap (1950). Wikimedia Commons.

La Isla de Valentia ha estado ligada a las ciencias en varias ocasiones. La ínsula, situada al oeste de Irlanda, fue seleccionada en 1858 para convertirse en la primera terminal del canal telegráfico transatlántico. El otro extremo de la tecnología comunicativa llegó hasta la Isla de Terranova, en Canadá. Los cables telegráficos se mantuvieron en funcionamiento ininterrumpidamente durante cien años.

Más de un siglo después, un estudiante de geología descubrió huellas fósiles de tetrápodos en una de las costas al norte de la Isla. La evidencia académica fue hallada en rocas preservadas desde el periodo Devónico y, según los expertos, constituyen las pruebas más antiguas de la existencia de vertebrados sobre la tierra.

La Isla de Valentia fue también el hogar de Maude Jane Delap. Llegó a ese territorio, procedente de un pequeño pueblo de Irlanda del Norte, cuando todavía era muy niña. Su padre fue nombrado gobernador del islote y se trasladó al sitio con su esposa y sus diez hijos.

A pesar de este abolengo político, la familia Delap no era especialmente rica. Al ser una familia tan numerosa, el privilegio de estudiar había quedado reservado para los hermanos varones.

Maude era la séptima hermana en nacer y destacaba por su interés hacia la naturaleza. Alexander Delap, su padre, la impulsó a estudiar desde casa algunas nociones de zoología y biología en general. Él mismo era un aficionado que consiguió publicar algunas de sus anotaciones en la revista Irish Naturalist.

Sin embargo, fue de la mano de Constance, otra de sus hermanas, que comenzó a recorrer las costas de Valentia. Ambas adolescentes iban en búsqueda de especies marinas curiosas. Conseguían capturarlas y las conservaban en acuarios caseros. Una vez ahí, se dedicaban a observar y documentar el comportamiento de las criaturas.

Chrysaora hysoscella. Natural History
Museum (Dublín). Wikimedia Commons.

En 1895, cuando Maude estaba por cumplir 30 años, llegó a la ínsula una comitiva de investigadores, dirigida por el científico Edward. T Browne. La expedición fue orquestada por la Real Academia de Irlanda. Los expertos tenían como misión el análisis de la flora y la fauna local.

Al poco de conocer a las hermanas Delap, Browne comenzó a colaborar con ellas. De hecho, muchos de los ejemplares que ya habían capturado previamente fueron enviados al Museo de Historia Natural de Dublín. Junto al equipo de investigadores, Maude y Constance continuaron recogiendo especímenes. Browne luego enviaba sus dibujos y descripciones a Dublín.

El interés de Maude siguió creciendo y, poco a poco, se convirtió en una verdadera bióloga marina, totalmente autodidacta. No obstante, una criatura pareció ganar un importante espacio entre las pasiones de Delap.

Centró sus estudios en varias especies de medusas. De hecho, fue la primera persona que consiguió criarlas en cautiverio con éxito. El logro fue alcanzado en el laboratorio casero que ella había montado en su hogar.

Maude se dedicó al cuidado de la Chrysaora isoscella y la Cyanea lamarckii. Los ejemplares, que crecieron en jarras de campana, fueron observados largamente por la científica amateur. Ella realizó extendidas anotaciones sobre los hábitos de comportamiento, alimentación  y reproducción de ambas especies.

Al ser un trabajo pionero, sus descripciones se convirtieron en la primera compilación que identificó las distintas etapas del ciclo de vida de las medusas. Esas pesquisas fueron publicadas en diversas revistas científicas gracias a la insistencia de Browne y otros colaboradores.

Al cumplir cuarenta años, Delap recibió una oferta de trabajo de parte de la Estación de Biología Marina de Plymouth. Sin embargo, los usos de su época impidieron que la investigadora consiguiera ocupar esa posición laboral. Su padre, de férreas concepciones políticas, aseguró que una hija suya solo podría abandonar el hogar familiar para casarse. Maude tuvo que declinar el puesto debido a la aireada reacción de su padre.

Varios dibujos de Cyaneas realizados por Maude Delap. Wikimedia Commons.

La científica siguió sus pesquisas desde el hogar paterno. En una de las instalaciones de la casa, montó un completo laboratorio. Su propio sobrino, Peter Delap, describió la habitación como “un revoltijo heroico de libros, especímenes y peceras, con un penetrante olor a marea baja”.

Maude nunca abandonó la Isla de Valentia. Asimismo, fue reconocida como miembro de la Sociedad Linneana de Londres, en la década de los años 30 del siglo XX. Hasta su fallecimiento, en 1953, continuó enviando sus dibujos e informes a las autoridades académicas en Dublín.

Referencias

Sobre la autora

Claudia Alemañy Castilla es periodista especializada en temas de ciencia y salud. Trabaja en la revista Juventud Técnica.

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