Kathrin Barboza Marquez, la cirujana de máscaras de los murciélagos, el tequila y los cavadores de tumbas

Kathrin Barboza Márquez. Bióloga boliviana. Imagen: Amonite – Universidad de Sevilla.

Algunos ahuyentan a los murciélagos, otros agradecen sus servicios ecológicos y les crean un tequila amigable. Entre ambos, la “batichica” que redescubrió una especie de “extinta existencia” en Bolivia y se volvió líder científica latinoamericana, desnuda el propósito vital de los míticos “aviadores nocturnos”. En frecuencia indómita por salvar lo que queda, insta a practicar el triple impacto –vida sostenible– para evitar cavar nuestra propia tumba. 

Hermanados por el riesgo

Nació en 1983 y creció en la región latinoamericana de Cochabamba, Bolivia. A temprana edad encontró la belleza inesperada en los murciélagos. Allí donde la naturaleza inhóspita es soberana, Kathrin se adentra en cuevas, camina en lagos y transita la oscuridad para realizar sus estudios de campo y defender la cruda verdad de su importancia ecológica vital.

La bióloga junto a sus colegas busca a los quirópteros. Imagen: Bolivianos que destacan Blog.

Aunque existen más de 1 200 especies identificadas, constituyen más de una quinta parte de todas las especies de mamíferos que habitan la Tierra y se los puede encontrar en casi todos los continentes –excepto en la Antártida–, sus poblaciones han disminuido tras ser impactadas por el crecimiento exponencial de urbanización no sustentable, la pérdida de hábitat natural, el cambio climático, el aumento de uso de insecticidas que reducen su capacidad alimenticia (el 70 % se alimenta de frutas, el 30 % de insectos y sólo tres especies –hematófagas– de sangre), el ser susceptibles a virus y hongos –como el síndrome de nariz blanca en Norteamérica que afecta a murciélagos que hibernan en cuevas– (murciélago de Indiana, Orejudo del norte, Tricolor, entre otros), y la posibilidad de colisionar con turbinas eólicas que no poseen tecnología segura para disuadir a las especies migratorias.

Una mano para alzar vuelo

A dos años de finalizar el colegio, conoció a una amiga que estudiaba Biología y le despertó el interés por la carrera al contarle siempre lo que hacía y de qué se trataba. Indudablemente la predisposición por las Ciencias Naturales no le era ajena y sabía que había algo. Tal vez sea el fuerte instinto de supervivencia, la forma en que han evolucionado y los servicios que prestan a la humanidad los quirópteros, lo que la llevó a adentrarse en su existencia y especializarse en su conservación.

Si bien no faltaron quienes le dijeron que “se iba a morir de hambre” por ser una “carrera sin futuro”, se inscribió en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) donde tuvo la oportunidad de participar como auxiliar ad honorem en el Centro de Biodiversidad y Genética desde la mitad de carrera. Hasta el día de hoy afirma “no me arrepiento de haber tomado esa decisión”. Y claro está, ya que también obtuvo una Maestría en Biología y Conservación de Áreas Tropicales en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). El programa de grado fue ofrecido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, pero las clases se completaron en Quito en un acuerdo de estudio cooperativo con la Universidad Central de Ecuador.

En el año 2003, Kathrin estudiaba Biología con un enfoque en conservación. El momento eurekiano llegaría como parte de un juego entre amigos. Tras perder una apuesta tuvo que asistir a una conferencia sobre murciélagos a cargo del Dr. Luis Aguirre –profesor invitado y experto en estos únicos mamíferos capaces de volar–.

“Conocí a Luis Aguirre, quien había terminado recién el doctorado y dio una charla sobre murciélagos. Sin pensarlo terminé escuchando su charla y me encantó todo lo que aprendí. Su sencillez y pasión por los murciélagos son las dos cosas más importantes que he aprendido de él”, rememoró.

Después de ese “castigo prenda” que resultó ser un “desnudo científico” –al clarificar: “Lucho me mostró una cara de los murciélagos totalmente desconocida. A pesar de que nunca los había visto de mala manera, no sabía que seres tan pequeñitos eran tan importantes y diversos”–, Kathrin Barboza alzó su vuelo académico en conservación, ya focalizando en los murciélagos.“Primero me gustaba la genética, pero cuando llevé a profundidad la materia me di cuenta que no era lo mío. Luego me gustaban mucho los monos, pero no había nadie que se dedique a eso para poder guiarme”, iluminó.

La batichica y el aviador de la oscuridad. Imagen: The Royal Society Facebook .

“Para mí fue una gran emoción verlo vivo, poder tocarlo, olerlo”, reveló Barboza a Deutsche Welle. Esa primera experiencia de contacto del mamífero alado con sus manos se originó en un curso de bioacústica –poco después de aquella charla reveladora– con quien fue una de sus principales mentoras: la científica tropical y ecóloga alemana Elisabeth Kalko (1962-2011).Aquello cambió mi vida. Kalko fue mi inspiración por mucho tiempo”, enfatizó al respecto; y prosiguió: “ella era una persona muy especial. Además de ser una gran científica, era una gran amiga. Lamentablemente ya no está con nosotros, pero ha dejado una huella inspiradora muy fuerte y profunda en todos los que fuimos sus estudiantes”. Si de inspiración se trata, faltaba alguien más, Peter Feinsinger: “otro biólogo que nos ha enseñado a ver la investigación desde otro punto de vista. Su manera tan peculiar y divertida de enseñar ha hecho que haya un antes y un después en la vida de todos lo que hemos tenido la oportunidad de hacer algún curso con él”, sentenció.

Tal fue su fascinación en aquel encuentro, que durante tres años la joven estudiante de Biología se implicó en un proyecto de investigación de murciélagos en un parque nacional. “Tuve la suerte de capturar muchos”, comentó. Y seguidamente detalló el minucioso mecanismo para atraparlos: “revisábamos las trampas con cuidado y los poníamos en una bolsita de tela –que llevábamos colgada para evitarles estrés–”. Lejos de sentirse impresionada, el contacto cada vez más estrecho le fascinaba. “Yo los tenía 24 horas”, agregó. En cuanto a esa rutina indicó que “durante el día les daba un poquito de agua, los medía y los tenía como máximo 10 minutos en las manos para que no se pusieran nerviosos”.

Olfato de hallazgo

La entusiasta Kathrin que preparaba su tesis sobre los patrones reproductivos de los murciélagos frugívoros, ni siquiera tenía un halo de sospecha sobre lo que le significaría embarcarse en una expedición de un año junto a su colega Aidée Vargas para localizar al Nariz de Espada. En cuanto al costo del viaje a nivel físico, mental y emocional, se acordó del instante preciso en el que la embargó la duda mientras estaba estacionada en cuevas cerca de la frontera de Bolivia con Brasil –dada su peligrosidad por el narcotráfico–: “fue la primera vez que me pregunté seriamente si todo esto valía la pena”.

Murciélago Nariz de Espada (Lonchorhina aurita).
Imagen: Kathrin Barboza M., PCMB, RELCOM.

¡Y todo eso valió más que la pena! Con tan solo veintitrés años, la científica Barboza –quien en la actualidad se dedica a la sostenibilidad ambiental y al conflicto humanos-vida silvestre– junto a Vargas co-redescubrió al murciélago boliviano Nariz de Espada (Lonchorhina aurita) que si bien es relativamente común en el neotrópico, se pensaba extinto en Bolivia desde hacía 74 años. “La sensación fue increíble y abrumadora”, expresó tras posar su mirada sobre la especie; y el anuncio también fue alucinante –sobre todo para la población allí residente–: “en agosto de 2006 confirmamos la presencia de Lonchorhina aurita habitando la cueva de “La Curicha” en el hito Bolivia–Brasil, a 7 km de la localidad de San Matías, Santa Cruz. El Murciélago de Espada dentro de esta cueva es una especie poco abundante, se contaron alrededor de cuatro a seis individuos aproximadamente, de los que se observó que la mayoría fueron machos”.

En el informe del Programa para la Conservación de los Murciélagos de Bolivia” (PCMB) se pueden apreciar los detalles y el valor del redescubrimiento. Además de las dos científicas en cuestión, en la investigación también participaron Juan Carlos Gutiérrez y Luis F. Aguirre. Según datos de registro, la especie fue vista por única vez en una cueva ubicada en la ecoregión del pantanal boliviano –en la localidad de San Matías– en el año 1932. Este mamífero es de tamaño mediano, con antebrazo entre 45 a 54 mm. Al parecer su nombre deriva del aspecto mórfico-nasal. “Se caracteriza por el enorme desarrollo de la hoja nasal en forma de espada, pudiendo esta ser más grande que el tamaño de sus orejas”, especifica el estudio. El pelaje es café (dorso) a café grisáceo (vientre). La cola muy larga está incluida en todo el uropatagio –también largo y sobrepasa el largo de las patas–, y sobresale al final en una pequeña punta. Se conoce poco sobre la época de reproducción de Lonchorhina aurita, aparentemente coincidiendo con la época seca. En cuanto a su alimentación, es una especie principalmente insectívora acechadora, aunque existen registros de individuos que consumieron frutos.  De acuerdo a su hábitat, se refugia en grupos grandes en cuevas, minas y túneles abandonados (aunque forma colonias pequeñas de entre 20-25 individuos). Por su ubicación geográfica, se encuentra ampliamente distribuida desde el sur de México hasta el sudeste de Brasil, Perú y Bolivia; sin embargo, debido a su preferencia de refugios en sitios cavernicolas o rocosos, puede considerarse rara. Dada su gran rareza en el país donde fue hallado, los criterios y lineamientos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo categorizaron como “Vulnerable”, al igual que el análisis de “Estado de Conservación de Murciélagos de Bolivia”.

Portada del “Plan de Acción” conservacionista. Imagen: Diego Rene Claure – SCRIBD.

Tras la reaparición, en noviembre de 2010 se elaboró el Plan de Manejo Inicial para la gestión del Santuario Ecológico Municipal “San Juan de Corralito” –ubicado en el Municipio de San Matías, que constituye la primera y única Sección de la Provincia Ángel Sandoval–. En dicha área –una superficie de 30 hectáreas– conviven dos especies de murciélagos enlistadas en el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Bolivia: el Nariz de Espada –en peligro– y el Mexicano Orejas de Embudo (Natalus macrourus. Sinonimizando a N. espiritosantensis) –vulnerable–. La funcionalidad del sitio se basa en la conservación, educación e investigación (preservación estricta de sus refugios, garantía de cumplimiento de los procesos ecológicos de reproducción y movimientos diarios para su conservación, protección de recursos hídricos, resguardo de los recursos genéticos del área). Con el correr del tiempo, se ha difundido la importancia de la conservación de Lonchorhina aurita especialmente a alumnos de colegios y ganaderos de San Matías.

Ubicación geográfica del Santuario Ecológico Municipal “San Juan de Corralito”. Imagen: RELCOM.

El hallazgo –empleando una red en la cueva– tuvo efecto expansivo. No sólo detonó la creación de ese primer santuario natural proteccionista de una especie de murciélago en Latinoamérica, y la aparición de la foto del murciélago en las estampillas de correos de Bolivia; también catapultó a su buscadora. En el año 2007 –conociendo su propósito investigativo y conservacionista–, una profesora le contó acerca de una beca para conducir una investigación en Panamá financiada por el Smithsonian Tropical Research Institute. Tras postularse, la indómita Kathrin se hizo acreedora de la misma y voló hacia la Isla Barro Colorado para liderar el proyecto enfocado en el bosque y los efectos de las fronteras insulares en el hábitat de la población de murciélagos insectívoros aéreos de la zona. Fue la segunda boliviana que estuvo trabajando allí.

Geografía de una chica en movimiento

El aire insular panameño hizo de las suyas. Concluida la investigación con un enfoque epistemológico exitoso, la especialista en quirópteros se recargó de energía vital y siguió obteniendo fondos, esta vez, aplicando a la convocatoria de la National Geographic Society que la consagró –en el año 2009– ganadora de la Beca “Young Explorers Grant”.

Gracias a esa subvención, nuevamente dirigió una investigación sobre la acústica de los murciélagos en la sabana del Beni –también conocida como Llanos de Mojos– situada al norte de Bolivia. La grabación de sus sonidos le significaron otro hito: la creación de una de las primeras bibliotecas de ecolocalización de frecuencias para murciélagos insectívoros en Bolivia. “Los murciélagos me han llevado a muchos países que nunca esperé conocer. Para mí lo más importante en la vida es estar en contacto con la naturaleza. Escucharlos es una emoción indescriptible, se trata de hacer audible algo que nadie puede oír”, remarcó.

Recolección de ectoparásitos en pelo, membrana y orejas del murciélago. Imagen: Octavio Jiménez Robles.

Tras posibilitar la preservación de ese acervo acústico, la bióloga amplió su campo de acción. Junto a otros científicos se enfocó en el estudio de parasitismo en la población de murciélagos de las llanuras. Supuso otro jaque a lo desconocido ya que dicho enfoque es único en su tipo. El trabajo de campo consistió en la utilización de redes de neblina para capturar y liberar a los murciélagos en distintos hábitats en un periodo de cinco meses entre los años 2009-2010 en el Refugio de Vida Silvestre Espíritu. Se colectaron todos los ectoparásitos visibles en el pelo, las membranas y orejas, y fueron fijados en alcohol al 70 %, para proceder a su posterior identificación. ¡Y sí que valió la pena! Hasta el momento se catalogaron 20 morfotipos pertenecientes a dos familias de dípteros, tres de ácaros y dos de hemípteros, donde se registraron tres nuevas familias para Bolivia. Aunque aún faltan identificar muestras restantes de ácaros y garrapatas, los resultados preliminares dan cuenta de un gran aporte al conocimiento de este grupo en general.

La culpa es de la inocencia

Aunque cueste creerlo, los murciélagos son muy parecidos a los humanos. Poseen alas que se asemejan a la anatomía humana y son ferozmente estigmatizados. “No es la primera vez que le echan la culpa a los murciélagos de enfermedades zoonóticas”, acaparó la bióloga. En la misma línea aclaró que “varios estudios han comprobado genéticamente y a nivel molecular que ellos no tienen nada que ver con la pandemia del Covid-19”. Y como fiel conocedora del conflicto humano-vida silvestre manifestó la cruda y molesta verdad: “el problema se produce cuando se saca a los animales silvestres de su hábitat y se los confina. Ahí pueden surgir virus letales y los más afectados somos nosotros”. Lo que sí está claro entre la comunidad científica, es que “este es el virus más inteligente de la historia de la humanidad”, puntualizó.

Un señalamiento similar vivió de cerca ella misma cada vez que uno de sus tíos le lanzaba un “¿por qué estás estudiando esa carrera de hombres?” al verla emprender travesía hacia el campo con mochila grande y botines.

En cuanto a su desarrollo como profesional y mujer de ciencia, Barboza Marquez visibilizó experiencias de machismo y menosprecio. “En algunos lugares aquí en el oriente boliviano, me tocaba liderar algunos proyectos, y a la gente le costaba mucho aceptar que era una mujer la que se hacía cargo”, destapó. Y con mirada de indulto se explayó: “después cambiaron y hasta me traían un caballo en el que yo no me podía ni subir y me decían que ese era el caballo de los jefes”.

La bióloga Cochabambina haciendo trabajo de campo con sus equipos. Imagen: Murciélagos de Bolivia.

Dos aeropuertos fuera de su país no fueron la excepción. El primer acto de discriminación sucedió en el año 2010 cuando viajó a dar un curso de murciélagos y llevaba algunos equipos: “cuando pasé por el control de equipaje llegaron a dudar de mí, me pidieron mi pasaporte y al revisarlo con mucho detalle me dijeron de una manera muy despectiva “¿tú viniste a dar un curso aquí?, ¡pero no tienes ni 30 años!”, llamaron a unas tres personas para que verifiquen mi pasaporte y todos tomaron la misma actitud”, explicó con lujo de detalles. El segundo se replicó en el año 2013: “me detuvieron porque veían que llevaba mucho equipo electrónico, me hicieron abrir la mochila y comenzaron a interrogarme. A pesar de que les mostré mi pasaporte, me pidieron alguna credencial que indique lo que estaba yendo a hacer y llamaron a otra persona para que revise el equipaje y me interrogue, al final terminé hablándoles de los murciélagos y sus beneficios y me dejaron tranquila, concluyó.

El destilado de la verdad

 “Sin abejas la agricultura y seguridad alimentaria están en grave peligro escribió Barboza Marquez en un artículo para la Natural Zone, haciendo referencia a su importancia ecológica vital. Al igual que las abejas, los murciélagos también son vectores fundamentales de polinización (nocturnos).

Desde el 2010 la joven científica conservacionista ha sumado millas para enseñar bioacústica, derribar mitos y concientizar sobre los efectos sustentables. Las dudas se disipan al evidenciar que la alimentación de sus amigos de dos garras determina sus servicios ambientales. En diversas culturas su excremento es considerado un excelente fertilizante por su alta concentración de nitrógeno y fósforo –nutrientes limitantes primarios de la mayoría de las plantas–”, inicia. Resulta común encontrar guano de murciélago en supermercados de Norteamérica, cuyo precio oscila entre 9 a 20 $ la bolsa de 3 a 5 libras.

Los insectívoros consumidores de mosquitos, moscas, polillas, escarabajos, saltamontes, entre otros coadyuvan al control biológico de la proliferación de los insectos que pueden convertirse en plagas agrícolas, forestales o en transmisores de enfermedades. “Un estudio realizado en EE. UU. calculó que la ingente colonia de murciélagos del país consume cada noche el equivalente al peso de 25 elefantes en polillas, causantes de problemas tremendos en cultivos de algodón y maíz”, grafica la bióloga Barboza.

Los datos hablan por sí mismos. La valoración económica realizada para el estado del sur de Texas, estimó que el valor del servicio de control de plagas efectuado por esta especie de murciélagos es de aproximadamente 74 $ por cada media hectárea. Realizando una extrapolación a todo Estados Unidos, el valor estimado es de 22,9 billones de dólares por año. Otro estudio realizado en México estimó que su función ecológica tiene un valor económico de 6,5 a 16,5 millones de dólares al año para cultivos de sorgo, maíz, cítricos y nuez.

Los frugívoros viven de frutos en zonas boscosas contribuyen en la regeneración natural de bosques. “Al volar defecan las semillas que han ingerido, sembrándolas en lugares que han sido completamente talados”, detalla.

Los nectarívoros se alimentan de néctar y polen son vitales en el proceso de polinización. “Muchas flores solo se abren de noche y dependen exclusivamente de los murciélagos para su reproducción”, explica. Más de 300 frutos dependen de esta función polinizadora incluyendo el plátano, el mango y la guayaba. En México, la planta Ágave Tequilana de la que se destila el tequila necesita de la especie nectarívora para ser polinizada. En el país azteca los agricultores son sus principales proteccionistas y crearon un tequila “bat friendly”. Pero nada es casual, allí la industria tequilera mueve millones de dólares. La especie nectarívora también es esencial en hábitats desérticos donde polinizan y dispersan las semillas de cactus.

Los carnívoros comen ranas, roedores y murciélagos más pequeños controlan el crecimiento excesivo de poblaciones. También hay una especie que consume peces y finalmente avizoramos a los más temidos: los hematófagos. “Solo tres dentro de las 1400 especies de murciélagos existentes se alimentan de sangre”, enfatiza Kathrin; e instintivamente agrega que “de esas tres, solo una ha causado la leyenda negra de los murciélagos vampiros. En lugares donde hay mucho ganado, si desaparece esa posibilidad, acuden a los humanos para buscar alimento. Pero no se agarran al cuello como cuenta la leyenda. Los incisivos están desarrollados como alfilercitos, hacen una mordida rápida y lamen”. Y sobre su función sanadora advierte que el murciélago vampiro común (Desmodus rotundus) “tiene un anticoagulante en su saliva gracias a una enzima, que la medicina moderna utiliza en tratamientos para contrarrestar enfermedades cerebrovasculares como la embolia”. La ventaja es que puede administrarse mucho después de que haya sucedido la embolia y todavía resulta eficaz.

Que no nos extrañe que lleguen a cotizar en bolsa. A raíz de su gran impacto en la salud y economía humana, la científica da cuenta de que “ya se están realizando estudios para calcular el valor económico de un murciélago por sus servicios ecosistémicos”.

El sonido triunfal de la hija única

Kathrin Barboza recibe su certificado de Beca UNESCO-L’ORÉAL
el 27 de marzo de 2012 en el Palais de la Découverte.
Imagen: Florida Museum.

Dada su contribución al progreso científico, en el año 2012 Kathrin Barboza Marquez se convirtió en la primera científica boliviana en ganar una de las quince Becas de la XIV edición de los Premios L’Oréal-UNESCO “For Women in Science” centrados en salud y medio ambiente. Tuvo la oportunidad de participar en la “Semana de la Mujer y la Ciencia en París” y presentar su proyecto de investigación a un público selecto en el Instituto Pasteur.

La hija única de Mario Pablo Barboza Céspedes y María Alcira Márquez Zurita, resignificaría su vocación y propósito de vida: “esto reforzó la importancia de defender a las niñas y las mujeres en la ciencia en mi país y en América Latina”. Y reviviendo el momento consagratorio soltó: “recuerdo haber llorado de alegría y orgullo por poder representar a Bolivia en un evento de esa magnitud porque sabemos que la ciencia en América Latina no se valora”. De primera mano y sin castración lingüística también afirmó que “en Bolivia a la ciencia le falta confianza, apoyo y credibilidad. Lamentablemente aquí muchas veces tienes que quitarte los títulos que con tanto esfuerzo y sacrificio ganaste, solo para poder conseguir un trabajo en el que tienes que conformarte con un sueldo que apenas te alcanza para vivir”. Y le guste a quien le guste, y pese a quien le pese, le sacó radiografía a su raíz latina: “creemos que por vivir en un país del tercer mundo sabemos o somos menos que otros, sin embargo esto es una total mentira”.

La especialista en bioacústica que “trata de compartir la información que le llega en el ámbito científico, en el que en muchos casos sus miembros son muy cerrados” y se define “responsable, sencilla y apasionada” congruente en su decir y hacer, utilizó los fondos de la beca L’Oréal-UNESCO para profundizar su estudio del espectro de ultrasonido de los murciélagos frecuencia mucho más alta que no está dentro del rango de audición humana.

Barboza Marquez celebra el reconocimiento internacional. Imagen: Diario Opinión.

Desde marzo de ese mismo año, la investigadora buscó el sonido de estos mamíferos crepusculares y nocturnos en las calles de Madrid. La investigación sobre bioacústica realizada en conjunto con el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) formó parte de su proyecto de doctorado en Ciencias Biológicas. Centrada en visualizar qué tipo de especies existen, conocer dónde se alimentan y profundizar en los servicios ambientales que prestan, Barboza dividió la Capital española en tres zonas urbanas antiguas, urbanas modernas y áreas verdes; y luego salió cinco veces a la semana a susurrarle a los murciélagos acompañada de un grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid. Mediante el registro de cada frecuencia sonora, datos geográficos, temperatura y humedad, pudo colaborar en el aumento de la fonoteca zoológica del Museo (donde estudia su Doctorado y cuyo primer año concluyó en su momento gracias a la beca “For Women in Science”) y detectar que “27 de las especies nativas en España son vulnerables”.

Tras ese intenso “periplo callejero epistemológico” y con más conocimiento en su haber, regresó a la tierra que la vio nacer Cochabamba para finalizar el trabajo de Doctorado y participar en el Programa para la Conservación de los Murciélagos de Bolivia y de la Red Latinoamericana para la Conservación de los Murciélagos.

Y eso no fue todo. Al año siguiente 2013 la cadena británica BBC la nombróuna de las diez científicas líderes de América Latina.

Junto a las contribuciones de esta bióloga cochabambina, se destaca la labor de Raquel Chan (bioquímica y Biotecnóloga vegetal argentina), Marcia Barbosa (física brasileña), María Teresa Ruiz (astrónoma chilena), Diana Bolaños (bióloga marina colombiana), María Amparo Pascual (bioestadística cubana), Eugenia del Pino (bióloga del desarrollo ecuatoriana), Susana López Charretón (viróloga – investigadora biomédica mexicana), Idelisa Bonelly (bióloga marina dominicana), Mayly Sánchez (física venezolana).

Las 10 líderes científicas latinoamericanas del año 2013. Imagen: BBC WORLD SERVICE.

“Creo que nos distingue la sensibilidad y la entrega cuando nos gusta algo. Considero que en muchos casos las mujeres nos apasionamos más por lo que nos gusta que los hombres”, expresó Barboza cuando le hicieron la pregunta “no tan científica” como diferenció el artículo sobre “lo mejor de ser mujer”.

En la variedad está el gusto

Reza el refrán. Y aunque Barboza Marquez defiende a todos los murciélagos por igual, siente predilección por el pescador (Noctilio leporinus) cuyas garras adaptadas le permiten atrapar a los peces. “Son hermosos”, lanzó cautivada. No resulta raro que tenga su favorito dado que ha decodificado los misterios del lenguaje oculto de estos mamíferos voladores y desandado geografía al impartir cursos de bioacústica en Bolivia, Brasil, Costa Rica, Perú, Uruguay y España. Si bien fue parte del equipo de seis profesores de Latinoamérica y Europa para el “Primer Curso Latinoamericano de acústica en murciélagos” llevado a cabo en Costa Rica dentro del marco del XVII Congreso Mundial de Murciélagos que contó con la participación de veinte estudiantes de doce países, no se encapsuló en el sonido. También impartió cursos sobre trabajo de campo, inventarios de florafauna y biodiversidad en Natural Zone startup de educación ambiental, e integró la Asociación Boliviana para la Investigación y Conservación de Ecosistemas Andino-Amazónicos (ACEAA-Conservación Amazónica). En la actualidad, continúa haciendo consultoría para la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), es Investigadora Asociada de Mastozoología estudio de mamíferos en el Museo de Historia Natural “Alcide d’Orbigny”, y Especialista Greening & Healthy en UNICEF Bolivia.

La especialista en bioacústica en su rol de divulgadora científica. Imagen: Museo de Historia Natural “Alcide d’Orbigny” Facebook.

En la lucha por la defensa de la conservación de la biodiversidad, los esfuerzos juegan a ser gerundios. No son, van siendo. Y Kathrin con el tiempo verbal a cuestas es lenguaje en acción. Tal es así, que en el otoño de 2019 los incendios devastaron más de 4,2 millones de hectáreas de tierra boliviana, incluido el Bosque Seco Chiquitano más grande del mundo donde la científica trabajó seis años; y desde su hogar en La Paz la conservacionista se implicó en la restauración de esta ecorregión única en su tipo, tarea que incluyó educar a la población sobre el impacto del fuego en la naturaleza y la vida silvestre de Bolivia. “Estamos recopilando información para poder publicar lo más que se pueda sobre el problema y concientizar a la gente para salvar lo que queda”, esclareció.

Y enfocada en el hacer, la dama del fino contrapunto que encuentra la belleza inesperada donde otros no pueden hacerlo también se lesionó. Al son de un “eureka accidental” destiló otra pasión además de la biología a la que le dedica entre cuatro y siete horas diarias instruyendo y entrenando. “Aprendí pilates por una lesión que tuve en la espalda por un accidente que sufrí en uno de mis viajes. Me gustó, me curé y comencé a tomar conciencia de la importancia de una buena postura. Me ayuda a aclarar mi mente”, reveló. Dicha práctica física viró de terapéutica a profesional, desarrollándose como Instructora de Pilates en el Centro Fisiosalud y antes como Miembro del Directorio de Mundo Pilates.

Con la sostenibilidad como estilo de vida, la líder científica latinoamericana que también sucumbe a los placeres culinarios de la repostería y en sus días libres se entretiene viendo una película en su casa, con crudeza prevé que de continuar así la humanidad “terminaremos cavando nuestra propia tumba”. En paralelo despunta moraleja: “quizás lo que nos ha dejado la pandemia es la posibilidad de reflexionar si queremos vivir más pandemias o no. Y como una guionista que reconoce que el final ya no le pertenece sólo a ella, lo deja abierto: “todo dependerá de los cambios que hagamos en nuestras vidas”.

Referencias

Sobre la autora

Jessica Brahin. Periodista, Internacionalista y escritora.

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