El color morado y la revolución de los colorantes sintéticos

Prendedor de la sufragista Emmeline Pankhurst con los
colores de la reivindicación (1909). Wikimedia Commons.

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de las Mujeres y las calles se teñirán de morado. Detrás de este color, símbolo de la lucha de las mujeres, hay mucha química; precisamente, el color morado fue el primer colorante sintético. Morado, violeta, malva, púrpura… son numerosos los nombres que se emplean para denominar colores muy similares. A pesar de que cada color tiene sus características, en este artículo nos referiremos en general al color morado.

¿Por qué es el morado el color de la igualdad de las mujeres y de los hombres? Hay varias hipótesis pero la más probable es que el movimiento de las sufragistas inglesas escogió el morado, junto al blanco y el verde, como los colores de la reivindicación en 1908. No obstante, solo se mantuvo el morado y se ha establecido como el color de la lucha de las mujeres.

El color morado: un descubrimiento inesperado

Hasta mediados del siglo XIX, los colorantes se obtenían de fuentes naturales, como plantas o animales. En la mayoría de los casos, los colorantes eran muy caros y la mayor parte de la sociedad no podía acceder a prendas con esos colores.

Uno de los colorantes más caros era el que proporcionaba el color morado. Hasta entonces dicho colorante se obtenía de ciertos caracoles marinos de la costa mediterránea. Para obtener una pequeña cantidad de colorante hacían falta cientos de caracoles marinos, lo que incrementaba su precio.

No obstante, esto cambiaría muy pronto cuando en 1856 William Henry Perkin realizó un descubrimiento que daría inicio a la revolución de los colorantes. Perkin era un joven con talento que con tan solo 15 años entró en el afamado Royal College of Chemistry.

En aquella época la quinina era el único tratamiento eficaz contra la malaria. Este compuesto solo se podía obtener de los árboles de la familia de la Cinchona que crecen en el Sur de América por lo que era una substancia muy cara. El prestigioso químico August Wilhelm von Hofmann, conocedor de la importancia de obtener la quinina de forma más barata, se propuso sintetizar el compuesto en el laboratorio. Esa fue precisamente la labor que le encomendó al joven Perkin que trabajaba como asistente en su laboratorio.

En las vacaciones de Semana Santa de 1856, aprovechando que Hofmann estaba fuera, Perkin intentó sintetizar quinina en el laboratorio que tenía en su casa. Para ello empleó anilina y trató de oxidarla añadiendo dicromato de potasio. En lugar de quinina, obtuvo un sólido negro y al intentar limpiarlo se dio cuenta de que la disolución resultante tenía un color morado. El éxito de la reacción radicó en la presencia de una impureza en la anilina: la toluidina. Dicho colorante recibió varios nombres como anilina morada, malva o púrpura de Perkin.

Votes for Women. Wikimedia Commons.

Después de realizar algunas reacciones adicionales, patentó ese mismo año el producto, cuando solo tenía 18 años. Junto a su padre y a sus hermanos fundó una fábrica para producir colorantes, el color morado se puso de moda y gracias a ello Perkin obtuvo grandes beneficios económicos.

De esta forma se dio inicio a la revolución de los colorantes sintéticos y se comenzaron a producir nuevos colores en Reino Unido, Alemania y Francia. En los siguientes cinco años había más de veintiocho empresas produciendo colorantes.

Cabe destacar que gracias a este colorante se hicieron avances también en el ámbito de la Medicina, por ejemplo Walther Flemming pudo teñir células y analizarlas en el microscopio.

Perkin se retiró con 36 años con el fin de seguir investigando en química puesto que con el trabajo en la fábrica no tenía tiempo para dedicarse a la investigación. En su nueva etapa sintetizó y lanzó al mercado nuevos colorantes. Además también desarrolló nuevas rutas sintéticas para la cumarina, compuesto que se emplea en perfumes, y para el ácido cinámico, que se emplea en la producción de ciertos medicamentos, el índigo sintético y en condimentos.

Agradecimientos

Las autoras quieren agradecer al profesor Juan José Iruin su ayuda y sus comentarios a este artículo.

Bibliografía

Sobre las autoras

Ainara Sangroniz y Leire Sangroniz son doctoras en Química e investigadoras del Departamento de Ciencia y Tecnología de Polímeros de la Facultad de Química de la UPV/EHU en el Instituto Polymat.

Deja un comentario

Obligatorio

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>