Katharine Blodgett Gebbie, la astrofísica que cambió el laboratorio por los despachos para hacer brillar a sus científicos

Katharine Blodgett Gebbie. Wikimedia Commons.

En los 15 años que van entre 1997 y 2012, cuatro científicos del Physics Laboratory del National Institute of Standars and Technology (NIST) y su sucesor el Physical Measurement Laboratory fueron galardonados con el Premio Nobel de Física. Es un logro notable para una institución científica. En esos quince años que resultaron en esos cuatro nóbeles, muchas cosas cambiaron pero una se mantuvo constante: la dirección de Katharine Blodgett Gebbie. Esta astrofísica lideró estas instituciones en tiempos de rápidos avances y experimentos novedosos, y si bien ella no ganó ninguno de esos premios, es innegable que su labor permitió a los científicos que dirigía brillar con parte de su luz.

Katharine nació en Cambridge, Massachusetts, en 1932. Heredó el nombre de su tía Katharine Burr Blodgett, la primera mujer que obtuvo un doctorado en Físicas en la Universidad de Cambridge. En una autobiografía que publicó años después, Gebbie recordaría cómo durante su infancia su tía llegaba a las reuniones familiares con el bolso lleno de “aparatos” con los que enseñaba a sus sobrinos a hacer experimentos diversos. También explicaría que su tía fue para ella un ejemplo a la hora de decantarse por una carrera científica. 

Efectivamente, comenzó siguiendo los pasos de su tía al matricularse en el Bryn Mawr College en 1951, donde estudió Física. Debido a la muerte de su padre, en 1954 volvió a vivir con su familia en Cambridge, Massachusetts, y continuó sus estudios en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Allí conoció al que sería su marido, un físico experimental escocés llamado Hugh Alastair Gebbie. Ella misma contó cómo empezó su relación. 

Supongo que todo empezó cuando conocí a un joven del MIT que por alguna razón quería casarse conmigo. Yo en ese momento dije ‘Pues no, la verdad es que tengo muchas otras cosas que quiero hacer aparte de casarme’ y él me dijo ‘¿Qué cosas?’ y yo respondí ‘Pues querría vivir en Londres y estudiar astronomía y doctorarme’ y él me dijo ‘Cásate conmigo y harás todas esas cosas’. Y lo hice.

Se casaron en 1957.

Una época dorada para la astrofísica

Tras graduarse en Físicas en 1957, Gebbie se matriculó en la University College de Londres, donde continuó estudiando física y astronomía. En 1964 obtuvo su ansiado doctorado bajo la dirección del profesor Michael J. Seaton, que dirigía un grupo de investigación que en ese momento lideraba los avances en física atómica teórica y también en astrofísica. Los conocimientos y la formación que Gebbie obtuvo en ambos campos en esa época marcarían el desarrollo de su carrera a partir de entonces.

Ambos campos obtuvieron mucha atención y recursos en esa época en Estados Unidos, debido al papel que necesariamente jugaba la comprensión y el conocimiento sobre la atmósfera y los elementos presentes en el espacio para la carrera armamentística y espacial que este país estaba corriendo contra la otra superpotencia mundial del momento, la Unión Soviética. 

Katharine Blodgett Gebbie. Captura de pantalla de Katharine Blodgett Gebbie: A Tribute, NIST.

En 1962 la Universidad de Colorado y lo que hoy es el National Institute of Standards and Technology pusieron en marcha de forma conjunta el Joint Institute for Laboratory Astrophysics (JILA). Aunque la astrofísica de laboratorio pueda sonar algo contradictorio, lo que se hacía, y aún se hace, en este centro era estudiar los procesos físicos básicos que intervienen y determinan las reacciones y el comportamiento de la materia en el espacio, así como realizar simulaciones teóricas y computacionales de esas reacciones. En ello por tanto interviene la física atómica, la molecular y la óptica.

Gebbie se incorporó al JILA en 1966 como investigadora asociada de la Universidad de Colorado y en 1968 se convirtió en miembro fijo de la División de Física Cuántica. Desde entonces y hasta los años 80 realizó investigaciones en diversas materias que incluyeron espectroscopía solar y estelar, transferencia de radiación en las atmósferas de las estrellas y sismología solar. Publicó decenas de papers y trabajó con los científicos más relevantes de la época.

De la ciencia a la gestión de la ciencia

En los años 80, Gebbie empezó a cambiar los laboratorios por los despachos, asumiendo puestos cada vez más relevantes en el área de la gestión científica y técnica. En 1983 comenzó a trabajar como analista de programas para el director del NIST, que en 1985 la nombró jefa de la División de Física Cuántica de la que ella había formado parte como investigadora durante años. En 1989 fue nombrada directora del nuevo Centro para la Física Atómica, Molecular y Óptica y un año después, al fusionarse este con el Centro para la Investigación de la Radiación, fue nombrada directora del resultante Laboratorio de Física (PL por sus siglas en inglés).

Ocupó ese cargo durante los siguientes 22 años, poniendo en marcha un nuevo estilo de liderazgo en la institución. Su primera gran tarea fue reorganizar recursos y personal de proyectos que iban perdiendo fondos y apoyo. Su estrategia fue reforzar las áreas más pujantes del centro, fusionando las divisiones de Metrología Cuántica y la de Física Atómica por un lado, y la de Física Molecular y Tecnología Óptica por otro. Esto dio buenos resultados: divisiones más fuertes y diversificadas que dieron pie a nuevas ideas y oportunidades científicas.

Una gestora con estilo

Pero además de por sus logros, Gebbie es recordada por su estilo de gestión, en el que ponía a los demás por delante de ella: redujo su presencia y visibilidad para aumentar la de los demás, con la filosofía de que los cargos directivos estaban para ayudar y servir al personal técnico y científico y no al revés, y pensaba en la gente del PL como en su familia: en vez de llenar su despacho de fotos de ella misma con personajes ilustres o de sus propios títulos o premios, colgó en las paredes fotos de sus científicos y sus premios. 

Katharine Blodgett Gebbie. Captura de pantalla de Katharine Blodgett Gebbie: A Tribute, NIST.

El Día Nacional del secretariado solía sufragar de su bolsillo una pequeña fiesta en reconocimiento al personal de secretaría que con su trabajo hacían funcionar el PL, y a cada uno de ellos les hacía un regalo que ella personalmente elegía. Solía organizar estos encuentros cada vez que alguien del centro obtenía un premio y un reconocimiento para celebrar sus logros y también para fomentar las relaciones personales entre los investigadores de distintos grupos.

Dedicarse a la gestión no borró su identidad y su forma de pensar los hábitos científicos, como por ejemplo el de seguir aprendiendo y mantenerse al día de cualquier novedad que afectase a los laboratorios del centro. Su lugar favorito seguía estando entre los científicos, hablando con ellos y visitando sus experimentos. Le gustaba asistir a congresos y entablar conversación con científicos de otros centros y países, aprendiendo de ellos y a la vez respondiendo a sus preguntas. Su filosofía era que si debía entender, motivar y liderar a investigadores, debía ser una de ellos. 

Cuatro nóbeles, y más allá

Y su filosofía dio buenos resultados, ya que como decíamos antes, en esos años el NIST ganó cuatro premios Nobel de Física. Cuando Bill Phillips ganó el primero de ellos en 1997 por sus aportaciones al campo de la refrigeración por láser, una técnica para mover y estudiar átomos en estado gaseoso, tanto el centro como sus científicos ganaron en visibilidad y eso contribuyó sin duda a los siguientes nóbeles. Gebbie, en cambio, siguió en un discreto segundo plano, apoyando a sus científicos y sus trabajos. De hecho, tras el premio se encargó de mejorar las condiciones de trabajo de Phillips, le dio más espacio y más recursos y mejoró las condiciones de todo su equipo, consiguiendo así que decidiese quedarse en el NIST a pesar de recibir ofertas mucho más lucrativas en otros sitios. 

Pero su trabajo no se mide solo en premios. Por un lado, su apoyo a grupos pioneros de investigación dio como resultado avances en campos decisivos para la astrofísica y la física de partículas en las últimas décadas, y también en otras áreas en principio inesperadas. Por ejemplo, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la posterior aparición de paquetes contaminados con  ántrax impulsó el trabajo de la División de Radiación Ionizante que terminó con que el jefe de esa división, Bert Coursey pasó a trabajar como experto para el Departamento de Seguridad Nacional mientras que el NIST desarrolló un amplio y completo programa de investigación en temas de seguridad nacional.

Pero no fueron solo avances científicos como tal lo que consiguió el PL bajo la dirección de Gebbie, sino también la calidad en la toma de medidas en los experimentos y la fijación de estándares de precisión en los mismos, que al final se reflejaban en la solidez de los resultados que se producían en sus laboratorios. Ella estaba especialmente orgullosa de cómo se había asimilado entre el personal la necesidad de fomentar y perfeccionar estas mediciones, de cómo incluso a los científicos que realizaban trabajos teóricos o fundamentales se les animaba a contribuir a la toma de medidas, el desarrollo de estándares de calidad y el calibrado de los instrumentos. 

Katharine Blodgett Gebbie. Captura de pantalla de Katharine Blodgett Gebbie: A Tribute, NIST.

Gebbie era sensible a que en los laboratorios del PL existía una evidente falta de diversidad, así que en 1993 puso en marcha el programa “Surfing the Physisc Laboratory”, unas becas veraniegas para proporcionar experiencia investigadora de primera mano a estudiantes pertenecientes a minorías infrarrepresentadas. La idea, que se le ocurrió a David King, científico senior del Laboratorio de Física Molecular, sigue activa a día de hoy.

En 2011, Gebbie fue nombrada directora del Physical Measurement Laboratory, un nuevo centro resultado de una nueva reorganización del NIST y que a día de hoy es el doble de grande que el PL y tiene una mayor variedad de programas científicos. En 2015 sufrió un accidente y complicaciones de una infección consecuencia de aquel accidente terminaron por causar su muerte en 2016. 

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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