Dorothea Klumpke, una astrónoma de récords

Dorothea Klumpke. Wikimedia Commons.

Dorothea Klumpke (1861-1942) se subió en un barco en Noruega para ver un eclipse, viajó en globo para observar las Leónidas, fue la primera mujer en obtener un doctorado en ciencias por la Sorbona, y junto a su marido, Isaac Roberts, también astrónomo, creó un atlas fotográfico de las 52 regiones nebulosas de Herschel. Parece no haber vida para tantos hitos. Esta astrónoma recuerda a la periodista Nelly Bly, que cuando se propuso dar la vuelta al mundo en 72 días –superando así a Phileas Fogg– dijo lo siguiente: “Siempre he creído que nada es imposible si uno aplica cierta cantidad de energía en la dirección adecuada”. En este caso, Klumpke apuntaba al cielo.

Dorothea nació en San Francisco, en 1861. Su familia era toda una rareza. En pleno siglo XIX, no era muy común que un matrimonio decidiera conceder las mismas oportunidades a sus hijas que a sus hijos. John Gerard Klumpke y Dorothea Mathilda Tolle tenían bastante claro que iban a criar en igualdad a sus cinco hijas e hijo (había nacido otro varón pero murió al poco de nacer). Todas ellas tuvieron la posibilidad de elegir estudios y dedicarse a aquello que más les gustaba. Ese sino también le correspondía a nuestra protagonista.

La mayor de todas, Anna, se convirtió en una artista de renombre pintando paisajes y retratos. Augusta fue médica especializada en neurología. Mathilda y Julia encontraron su talento en la música; la primera, al piano, la segunda como violinista y compositora. El único varón de los vástagos se convirtió en un hombre de negocios. En el caso de Dorothea, a pesar de tener dudas e iniciarse primeramente en la música, eligió la astronomía y se matriculó en la Universidad de París.

En 1886, obtuvo su licenciatura en ciencias. Se doctoró en 1893, fue la primera mujer en conseguir ese título –en Harvard, por ejemplo, la primera en hacerlo fue Cecilia Payne Gaposchkin, pero no lo hizo hasta mediados del siglo XX–. Según sus examinadores, entre los que se encontraban Jean Gaston Darboux, Félix Tisserand y Marie Henri Andoyer, fue una lectura de tesis brillante; una audiencia entregada escuchó sin pestañear su trabajo sobre los anillos de Saturno.

En 1887, aceptó un puesto en el Observatorio de París. Primero, trabajó junto con Guillaume Bigourdan y Léopold Schulhof y más tarde, con los astrofotógrafos Paul y Prosper Henry. Su tarea consistió en medir las posiciones de las estrellas y estudiar los espectros estelares y meteoritos.

Un atlas con todas las estrellas

En ese momento, el Observatorio de París estaba sumergido en un proyecto internacional propuesto por el astrónomo David Gill, que trataba de crear un atlas de todas las estrellas. El director de este observatorio estaba entusiasmado con la idea así que decidió participar. Este plan se dividía en dos grandes tareas: la Carte du Ciel (Mapa del Cielo) y el Astrographic Catalogue. Después de que el Congreso Internacional de Astrónomos aprobara el proyecto (1887), se pusieron manos a la obra; en total, participaron veinte observatorios. El primer objetivo, el más ambicioso, el de crear la Carte du Ciel, no se cumplió. En cuanto al segundo, consiguieron hacer el catálogo de posiciones y magnitudes (llegaron hasta la magnitud 11) y el programa se completó durante la primera parte del siglo XX.

Dorothea Klumpke observando placas fotográficas. Obsérvatoire de Paris.

En este gran proyecto, Klumpke se encargó de determinar las posiciones de las estrellas partiendo de placas fotográficas y también contribuyó a traducir varios documentos escritos en otras lenguas distintas al francés para los registros oficiales.

En plena faena, el Observatorio de París creó la Agencia de Medidas, que ella misma dirigió hasta 1901. La cantidad de trabajo era inmensa y absorbió el tiempo de Dorothea casi al completo. En 1889, su gran trabajo tuvo recompensa: la Sociedad Astronómica de Francia le otorgó el Prix des Dames, y en 1893, entró en la Academia de Ciencias de Francia. Ambos reconocimientos se otorgaron por primera vez a una mujer.

Las aventuras de Dorothea y un legado

En 1896, Dorothea salió rumbo a Noruega. Allí, se subió al Norse King para observar el eclipse solar del 9 de agosto. El plan no salió como esperaba porque el cielo estaba nublado, pero no fue un viaje del todo fallido porque allí mismo conoció al que sería su marido y compañero de proyectos: el Dr. Isaac Roberts, un empresario jubilado convertido en astrónomo, y que fue uno de los pioneros de la astrofotografía.

Dorothea Klumpke. Alchetron.

En 1899, Dorothea fue elegida para una gran expedición: debía observar, desde un globo (La Centaure), la lluvia de meteoros, las Leónidas. Ella aceptó y aunque no resultó del todo exitosa –solo vieron treinta meteoros de los cuales solo la mitad eran Leónidas–, se convirtió en la primera mujer en hacer observaciones astronómicas desde un globo.

En 1901, se casó con Roberts y dejó su trabajo para trasladarse con él a Sussex, Inglaterra. Su marido había construido un observatorio en casa y en ese momento estaba trabajando en un proyecto que buscaba fotografiar las 52 “Áreas de Nebulosidad” de Herschel. Tras la muerte de su marido en 1904, ella se encargó de terminarlo antes de regresar de nuevo a París. Una vez allí, volvió a su trabajo en el observatorio y durante 25 años, procesó las placas y las notas que había dejado. En 1929, publicó The Isaac Roberts Atlas of 52 Regions, a Guide to William Herschel’s Fields of Nebulosity. En 1932, recibió el Premio Hèléne-Paul Helbronner de la Academia de Ciencias de Francia por esta publicación.

Asimismo, se creó el Premio Dorothea Klumpke-Roberts de la Sociedad Astronómica del Pacífico. Este premio se entregó por primera vez en 1931 y se sigue otorgando en la actualidad. En 1934, fue elegida Dama de la Legión de Honor, y tras recibir el premio, se mudó junto con su hermana Anna a San Francisco, donde pasó sus últimos años.

Los asteroides (339) Dorothea y (1040) Klumpkea, bautizados en su honor, son la prueba fehaciente de que el trabajo de la estadounidense fue muy importante en la astronomía.

Ella, Dorothea Klumpke, que de tanto mirar el cielo, terminó en él.

Bibliografía

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

1 Comentario

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walter ureñawalter ureña

Es doloroso que se haya ignorado y velado el aporte femenino a las ciencias. Desde la matemática griega Hipatia de Alejandrina, hasta el momento actual. Eso debe revertirse, es injusto marginar grandes genios y perder el aporte del 50% de los cerebros.

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