Sylvia Earle, nuestra esperanza marina

Las profundidades del océano son, sin duda, una de las mayores reliquias del planeta. En esa gran masa de agua existen las ciudades mágicas llenas de color, donde los corales son edificios y los peces sus habitantes. Pero la ignorancia y el egoísmo del ser humano están destruyéndolo todo. Sylvia Earle, la bióloga marina y exploradora, ya nos ha advertido de las consecuencias que tendrán lugar en pocos años si seguimos maltratando los océanos del planeta azul.

Sylvia Earle en el punto de esperanza de Palmyra.

Sylvia Earle nació en Gibbstown, Nueva Jersey, el 30 de agosto de 1935 pero su familia se mudó a la costa oeste de Florida cuando Sylvia era una niña. No le resultó difícil relacionarse con la naturaleza allí, sobre todo porque sus padres, Lewis Reade y Alice Freas Earle, impulsaron este contacto.

En cuanto a la educación, recibió un grado asociado por la escuela profesional St. Petersburg Jr. College en 1952. Dos años más tarde obtuvo el título de grado bachelor of science por la Florida State University. Y después de cursar el máster en ciencias en 1955 empezó el doctorado en ficología, es decir, la ciencia que estudia las algas, en Duke University. Al principio de su doctorado conoció al zoólogo Jack Taylor con el que se casó posteriormente. Ambos amaban la naturaleza y viajaron por muchos parques nacionales. En 1960 Sylvia dio a luz a su hija Elizabeth y dos años más tarde nació su hijo John. En 1964, tomó la difícil decisión de separarse de su familia durante seis semanas para participar en una expedición en el Océano Índico. Confesó en el periódico New Yorker, que al principio le dio bastante respeto, sobre todo porque conocía a algunas mujeres que habían participado en expediciones con grupos completamente masculinos y el acoso, desgraciadamente, era el pan de cada día. A pesar del estrés que suponía estar separada de sus dos hijos, de que era su primera expedición fuera de Estados Unidos y del miedo a ser acosada, su pasión por el mar era tal, que no pudo resistirse a una experiencia así.  “¡Extra, extra!” Una mujer científica en una expedición, ¿cómo era posible? (nótese la ironía). Al mundo le sorprendía ver a una mujer científica, y los titulares de los periódicos no se centraban precisamente en la ciencia: “Sylvia sale a navegar con 70 hombres – Pero no espera ningún problema”.

Después de doctorarse en 1966, pasó un año como investigadora en Harvard y posteriormente volvió a Florida como directora residente del Cape Haze Marine Laboratory. En 1969, solicitó formar parte de proyecto Tektite, para poder seguir sus investigaciones bajo el mar. Tektite fue una instalación a poco más de 15 metros bajo el mar situado en la costa de las Islas Virginia. Allí los científicos podían estar sumergidos en su área de estudio hasta dos semanas. Sin embargo, aunque Sylvia Earle ya había estado investigando más de mil horas sumergida en el mundo submarino, fue rechazada del programa Tektite I. Además, tuvo que soportar comentarios machistas por parte del jefe del proyecto tales como “la mitad de los peces son hembras, podemos aguantar a algunas de ellas“. Pero, claramente, no se dio por vencida y siguió con su investigación. De hecho, al año siguiente fue seleccionada para liderar el proyecto Tektite II, que fue el primer grupo completamente femenino de submarinistas. Sylvia estuvo dos semanas enteras viviendo literalmente bajo del mar en la base submarina de Islas Vírgenes.

En 1979, Sylvia consiguió el récord femenino en profundidad oceánica. Se sumergió hasta una profundidad de 381 metros con un traje especial llamado JIM suit que, como característica principal, tiene la de mantener la presión interna en 1 atm, independientemente de la presión externa. En esta inmersión llegó en pleno océano abierto hasta el suelo oceánico cerca de Oahu (Hawái). En el momento en el que llegó a las profundidades marinas apagó las luces del traje para poder observar la oscuridad marina. Pero no fue así. Lo que vio fueron luces de colores que provenían de todo tipo de seres submarinos. ¿Os lo imagináis? Ella vio la bioluminiscencia en estado puro, fluyendo en las más oscuras profundidades submarinas.

Bioluminiscencia en el fondo del mar. Wikimedia Commons.

La década de los 80, fue una década llena de proyectos y cargos para Sylvia. Por ejemplo, de 1980 a 1984 fue parte del National Advisory Committee on Oceans and Atmosphere. Está claro que le apasionaba la biología marina, pero en esta década empezó a desarrollar su carrera en otros ámbitos como la ingeniería. Probablemente vio la necesidad de desarrollar nuevas tecnologías para llegar a todos los oscuros rincones marinos. Por eso, junto con su último marido Graham Hawkes, que era ingeniero y diseñador de submarinos, fundó el grupo Deep Ocean Engineering para diseñar y dirigir sistemas bajo el mar robóticos y pilotados. En 1985 Deep Ocean Engineering diseñó y construyó el submarino de investigación Deep Rover, que se sumergió a 1000 metros. El año siguiente, el Deep Rover se probó exitosamente. Ese mismo año también empezó a ejercer como supervisora de ficología en la Academia de Ciencias de California hasta 1986.

Submarino Deep Rover en las profundidades marinas (Deep Ocean Engineering).

Durante los dos primeros años de la década de los 90 Earle aceptó el puesto como Líder científico, en la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration), siendo la primera mujer en tomar esta posición. En 1992, fundó DOER Marine (Deep Ocean Exploration and Research – DOER Marine) para mejorar la ingeniería marina. Actualmente, esta compañía se mantiene activa gracias a su hija Elizabeth, y consta de un amplio personal de diseñadores y constructores para diseñar todo tipo de equipos adecuados para investigar las profundidades oceánicas.

Sylvia ha sido líder de varios programas oceánicos, como por ejemplo el Sustainable Seas Expedition patrocinado por la National Geographic Society en el que entre 1998 y 2002 se estudió el Refugio Marino Nacional de los Estados Unidos (United States National Marine Sanctuary). También ha participado en programas para determinar el daño medioambiental causado por los vertidos de petróleo y aceite.

En el año 2000 proporcionó el submarino DeepWorker 2000 para la cuantificación de especies de peces así como los recursos especiales utilizados en el Stellwagen Bank National Marine Sanctuary.

Esta mujer se ha convertido en una figura a seguir por su trabajo, su lucha y su pasión por el mar. Ha inspirado a miles de personas con sus seminarios, como por ejemplo el que ofreció a unos 3 500 delegados y embajadores de las Naciones Unidas en el congreso “The Hague International Model United Nations Conference”.

En julio de 2012 lideró una expedición en el laboratorio submarino Aquarius (NOAA‘s Aquarius underwater laboratory) situado en Cayo Largo, Florida. En esta expedición se investigaron los arrecifes de coral y la salud oceánica, mostrando una vez más como a pesar de sus 77 años le seguía apasionando la biología marina y el bienestar de los océanos.

Sylvia Earle a 18 metros bajo el mar en el laboratorio submarino en Cayo Largo (Florida), NOAA’s Aquarius underwater laboratory.

Peces de basura

Por desgracia hoy en día los océanos se han convertido, literalmente, en un mar de basura. Sylvia asegura que el Golfo de México es una zona muerta y que hasta en la más profunda inmersión (unos 5 km) ha visto basura. No es de extrañar que la vida bajo el mar se esté muriendo.

Durante la Guerra Fría se realizaban continuamente ensayos nucleares en la mitad de los océanos. El océano se ha usado como basurero sin ningún tipo de control, y lo peor de todo es que se sigue usando. Actualmente existen varias islas de plástico que rápidamente se están convirtiendo en los nuevos continentes.

Evidencias de contaminación marina. Arriba, blanqueamiento de algas en la gran barrera de coral de Australia (coral sano, izquierda; coral muerto, derecha) (Imagen 1). Abajo, montaña de ruedas en el fondo del mar (Imagen 2).

Mientras Sylvia trabajaba en el Pacífico Sudoriental, durante su tesis creó una colección de algas marinas que luego donó al Instituto Smithsoniano, y asegura que las algas “son el ancla” para mantener la biosfera y las estamos matando con nuestra contaminación. El 50 % de los corales aproximadamente han desaparecido a nivel mundial. Y es nuestra culpa.

La experta botánica marina no solo nos advierte sobre el peligro que tienen los residuos. Cuando estuvo por primera vez en las Islas Galápago, observó que había muchos tiburones, pero no eran el verdadero peligro. Los humanos eran el verdadero peligro, que al considerar a los tiburones “malos” los mataban y se siguen exterminando hoy en día. Existen cosechas de aleta de tiburón, que aparte de ser objeto de coleccionista, en China se utilizan para hacer sopa. La pesca se convierte en un problema cuando se practica de manera masiva y sin control. Por ejemplo, el sábalo, es un pescado muy abundante y económico por lo que se pesca de manera masiva, pero juega un papel importante en los ecosistemas marinos: limpia el océano del exceso de fitoplancton, y por lo tanto es muy importante para varias especies marinas.

Además, el océano regula la temperatura de la Tierra, moviendo el calor por todo el globo mediante las corrientes oceánicas. El cambio climático, está aumentando per se la temperatura de la Tierra, los polos se derriten y esto supone que una gran cantidad de agua dulce se está mezclando con el agua salada y puede traer graves consecuencias en las corrientes.

Pero… la basura, los ensayos nucleares, los vertidos de petróleo, el cambio climático y la pesca masiva no son el mayor problema. Según Sylvia “Nuestra ignorancia es el mayor problema” ya que hemos estado usando el mar como nos ha dado la gana sin ni siquiera pensar que podría traer graves consecuencias.

Tenemos que pensar cómo usar el mar sin dañarlo.

La misión de Sylvia Earle: Mission Blue

Earle fundó Mission Blue (También conocida como Sylvia Earle Alliance, Deep Search Foundation and Deep Search), una fundación no lucrativa para proteger y explorar el océano de la Tierra. Además, sirve en diferentes juntas incluyendo Marine Conservation Institute.

Su misión básicamente es proteger los océanos. Así como en la tierra hay zonas protegidas para conservar diferentes ecosistemas, Sylvia decidió hacer lo mismo con los mares. Ha creado diferentes “puntos de esperanza” no solo para reconocerlos como lugares preciosos, sino que también son puntos críticos para la salud oceanográfica. Actualmente hay 116 “Hope Spots” o puntos de esperanza.

Hope Spots. Zonas marinas protegidas.

Por ejemplo, el parque marino de la gran barrera de coral está protegido. Australia, que tiene un alto porcentaje de toda la diversidad marina, es líder en preservar sus océanos. Pero aun así cuando Sylvia y su equipo se sumergieron en solo observaron verdaderas ruinas de blanqueamiento de coral.

Sylvia asegura que es ahora cuando hay que actuar, porque entendemos lo que no sabíamos hace 50 años. Según esta pionera “nuestras decisiones y acciones de ahora darán forma a todo lo que vendrá”. Es ahora cuando hay que salvar al océano. Sylvia sigue luchando, ¿y tú a qué esperas?

Referencias

Sobre la autora

Arantza Muguruza Montero es estudiante de último año de Biotecnología en la UPV/EHU y alumna interna en un grupo de investigación del Instituto Biofisika.

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