Marjorie Courtenay-Latimer (1907-2004) y el descubrimiento del “fósil viviente”

En 1938, se encontró en Sudáfrica, concretamente en el río Chalumna, a unos 60 metros de profundidad, un pez que se creía extinto desde la época de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Se trataba de un pez óseo de cuatro aletas carnosas. Un pez que puede llegar a medir dos metros de longitud y pesar más de 90 kg. En definitiva, un pez muy raro que no tenía que haber aparecido en aquella captura del pesquero Nerine, y que por consiguiente, la curadora del Museo de Historia Natural East London, Marjorie Courtenay-Latimer, no tenía que haber visto.

Marjorie Courtenay-Latimer y el colecanto que descubrió. Wikimedia Commons.

Sin embargo, ocurrió. Esta cadena de cosas que no debían de haber pasado se rompió cuando se determinó que aquel espécimen se trataba ni más ni menos de un celacanto. En ese momento, ella no sabía que estaba viendo un “fósil viviente” pero intuía que aquello tenía forma de algo histórico.

Tras la captura, Marjorie fue alertada de que se había encontrado un pez extraño. Así pues, se acercó inmediatamente al embarcadero. Tras quitar las capas de lodo que los cubría, se detuvo en uno “con un pálido azulino con flecos blanquecinos; como plata iridiscente-azul-verde por todas partes. Y cubierto de escamas duras, y como cuatro piernas tipo aletas y una extraña cola de perro”. Rápidamente lo llevó al museo y consultó los libros especializados, pero no dio con ninguna descripción que le sirviera.

De esta manera, decidió hacer un dibujo y enviárselo a J.L. B. Smith, un experto en la materia de la Universidad de Rhodes, para que le ayudara a identificarlo. Sin embargo, en esos momento él se encontraba de vacaciones por lo que Marjorie mandó el pez a un taxidermista para poder conservarlo. Cuando Smith volvió de sus vacaciones, dos meses después de dicho acontecimiento, y lo tuvo enfrente de sus narices, lo reconoció de inmediato: “Es un celacanto, no hay sombra de duda”. El descubrimiento se anunció oficialmente en una carta a Nature junto con una fotografía y un posible nombre científico que hiciera honor a su compañera: Latimeria chalumnae.

Latimeria chalumnae. Wikimedia Commons.

En 1952, catorce años después, se encontró el segundo espécimen en las Islas Comores, entre Tanzania y Madagascar. En esta ocasión Smith consiguió el ejemplar intacto y pudo estudiarlo con más detenimiento.

El encanto de la historia natural

Marjorie nació en East London (Sudáfrica), en 1907. Su nacimiento fue prematuro y su niñez, difícil por todas las enfermedades que padeció, entre ellas, la difteria, que casi le causa la muerte. Aun así, fue una niña muy inquieta a la que le encantaba jugar y explorar todo lo que le rodeaba. En esas aventuras, observaba la naturaleza, recolectaba flores y escribía diarios. En una ocasión visitó con sus padres la Isla Pájaro donde aprendió mucho sobre la naturaleza.

Marjorie Courtenay-Latimer.

Se preparó para ser enfermera en King William’s Town pero antes de acabar salió una vacante en el museo local de East London. No tenía ninguna formación pero impresionó tanto a sus entrevistadores que a sus 24 años empezó a trabajar en el museo y no se marchó hasta su jubilación, hasta el año 1973. Sus tareas consistían en gestionar las exhibiciones y dioramas que se presentaban.

Courtenay-Latimer es conocida por su descubrimiento del celacanto, pero es cierto que su interés por la historia natural iba más allá. De hecho, cuando se jubiló, escribió un libro sobre flores silvestres. En 1971, recibió un doctorado honorario de la Universidad de Rhodes y en 1998 fue invitada de honor cuando el gobierno sudafricano acuñó una moneda de oro para conmemorar su descubrimiento.

Me gusta pensar que esta historia no hubiese existido, y en consecuencia no la estaría relatando ahora mismo, si Marjorie no hubiese conocido a Smith en sus comienzos difíciles en el museo y este la hubiera ayudado, y si, además, ese 22 de diciembre de 1938, no se hubiera acercado al muelle a desearle una feliz navidad al capitán del pesquero Nerine. Ella tiene el honor de ser la descubridora del celacanto. Como los exploradores de El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle, debió sentir la emoción de ver un vestigio del pasado que sigue vivo. Un descubrimiento que, por se casual, es incluso más apasionante.

Bibliografía

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

Deja un comentario

Obligatorio

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>