Sara Little Turnbull, la periodista y diseñadora que inventó la antecesora de la mascarilla N95 a partir de la copa de un sujetador

Sara Little Turnbull. Center for Design Institute.

El nombre de Sara Little Turnbull quizá no le suene de nada, querido lector, pero es probable que en los meses de la pandemia de COVID-19 haya utilizado un invento suyo (aunque ella siempre decía que no había inventado nada, solo mejorado) y lo haya llevado sobre la cara, porque ella fue la inventora de la antecesora de las mascarillas FFP2 o N95, según la nomenclatura americana, que son las mascarillas autofiltrantes consideradas equipos de protección individual que se han popularizado como protección ante la enfermedad. Y lo hizo, tras probar con hombreras y otras piezas de ropa, a partir de la copa de un sujetador.

Little es conocida por su trabajo como diseñadora industrial: creó y ayudó a mejorar decenas de productos cotidianos impulsando una filosofía de producto que ponía a los consumidores y usuarios en el centro de esos diseños. Fue una de las primeras mujeres diseñadoras industriales y una de las pocas que se hizo un exitoso hueco en un sector dominado por los hombres tras la Segunda Guerra Mundial.

Para ello viajó todo el mundo y aprendió, desde un enfoque antropológico, cómo ciudadanos de distintas culturas daban solución a distintos problemas. Estudiando a las geishas convenció a varias marcas de cosméticos de que comercializasen maquillaje con acabados mate. A veces la inspiración le llegaba de la naturaleza: analizando cómo los guepardos atrapan a sus presas se le ocurrió un diseño para el asa de una olla que se escurriese menos y causase menos quemaduras.

Una pequeña gran diseñadora

Turnbull nació como Sara Finkelstein en 1917 en Brooklyn, Nueva York. Hija de inmigrantes rusos, su madre le enseñó desde pequeña a manejar y combinar formas y colores al arreglar cuencos de frutas como decoración de su casa. Desde pequeña se interesó por el diseño, primero textil, de lo que ganó un premio en el instituto. Después estudió en la Escuela de Diseño Parsons becada por la Liga de Escuelas de Arte de la Ciudad de Nueva York y por el Consejo de Mujeres Judías, donde se graduó en 1939 en Diseño Publicitario.

Debido a su baja estatura en esta época recibió y adoptó el apodo de Little Sara (pequeña Sara), que después cambió de orden y convirtió en su nombre profesional, siendo conocida como Sara Little.

Durante sus años de estudiante trabajó en lo que hoy son las famosas galerías comerciales Macy’s como asistente del director de arte, ocupándose de las ilustraciones, los empaquetados y la decoración. De ahí pasó a directora de arte en una agencia de publicidad. Tras graduarse comenzó a trabajar como asistente editorial en una revista de decoración, primero como columnista y después como editora de decoración, puesto que ocupó durante 20 años.

El rediseño de las mascarillas que utilizamos hoy

En 1965 dejó el periodismo y fundó una pequeña empresa consultora de diseño. En esa época publicó un artículo en una revista del sector de la compraventa en el que denunciaba que la mayoría de las empresas creaban sus productos pensando en el representante de los almacenes donde se iban a vender, y no en el consumidor final, que realmente era quien iba a utilizarlos. Con ello llamó la atención de varias empresas manufactureras, que terminaron contratándola como consultora para ayudarles a diseñar productos, mejorarlos y publicitarlos.

Mascarilla N95 marca 3M modelo 8210. Wikipedia.

Fue para una de estas compañías, 3M, para quien diseñó las mascarillas en principio destinadas a determinados profesionales pero que la pandemia ha democratizado. Nos referimos a las mascarillas FFP2 o N95, las que están formadas por varias capas filtrantes y tienen forma de cazoleta para adaptarse completamente a la forma de la cara alrededor de la boca y la nariz. Tratando de resolver el problema que tenían los profesionales médicos para ajustarse las mascarillas que utilizaban entonces, su primer intento fue utilizando una hombrera.

Pero por entonces M3 hacía pruebas con un nuevo material transpirable y poroso que ella, con una obvia perspectiva de género, identificó inmediatamente como perfecto para hacer copas de sujetador que fuesen cómodas pero al final diesen el soporte que las mujeres buscaban. Los directivos de la compañía compraron su idea, pero ella aportó muchas más utilidades para el nuevo material, entre ellos, la de fabricar mascarillas más cómodas y ligeras que las que utilizaban por entonces los profesionales médicos. En 1961, 3M patentó una primera versión de una mascarilla anticontaminación que utilizaba el material poroso y cintas elásticas en vez de las cuerdas utilizadas hasta entonces que resultaban mucho más lentas e incómodas de ajustar. Primero tuvo uso industrial y años después, médico.

El consumidor en el centro del proceso de rediseño

Durante sus 70 años de carrera como diseñadora trabajó sobre todo en la parte estratégica del diseño de productos para el gran consumo. Fue una de las primeras profesionales de su campo que promovió la metodología de diseño centrada en las personas que iban a utilizar los productos (los consumidores) y con ello puso en marcha un cambio cultural en compañías como Procter&Gamble, Cocacola, Macys, Ford, Pfizer, Revlon o Motorola, entre otras. Colaboró con ellas en el desarrollo de productos de todo tipo, como menaje doméstico, sistemas de almacenaje, cacharros para cocinar en el microondas, cosméticos, muebles, juguetes, cintas adhesivas, interior de coches o trajes espaciales.

Su enfoque para diseñar objetos nuevos o solucionar problemas de diseño de los ya existentes se basaba en la investigación, ya fuese en libros o acudiendo a distintos lugares del mundo para aprender cómo en otras culturas, o incluso algunos animales, solucionaban esos mismos problemas. “Todo empieza con una curiosidad fundamental. Cuando no encuentro la respuesta en un libro, salgo fuera a buscarla”. En un caso representativo, comenzó el proceso para diseñar una cerradura industrial entrevistando a personas que estaban encarceladas.

Investigación y docencia: el “por qué” antes que el “cómo”

En 1988 Little fundó el Laboratorio de Innovación y diseño: Proceso de Cambio, en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, un centro de investigación en la que se seguían las nuevas tendencias en más de 375 áreas de la vida cotidiana, incluyendo educación, sanidad, envejecimiento, sexualidad, alimentación y nutrición, vivienda, política y cultura. Ella aprovechaba la información que extraía de este trabajo para sus diseños comerciales.

Sara Little Turnbull. Center for Design Institute.

Allí también daba clases, en las que insistía a sus alumnos en la necesidad de profundizar primero en el “por qué” de un producto antes de pasar al “cómo” para evitar dando pie a un producto que solo solucionase la parte superficial de un problema y no la necesidad básica subyacente. “El diseño requiere una base de estudio y conocimiento, si no, es simplemente un truco visual”, decía Little.

Además de en Stanford, dio clases como profesora invitada en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), en la Universidad de Harvard y en la de Washington entre muchas otras. Como reconocimiento a su trabajo recibió decenas de premios y honores y varias becas para estudiantes en escuelas de arte y diseño llevan su nombre. Falleció en su casa de Seattle en 2015, a los 97 años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío P. Benavente (@galatea128) es periodista.

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