De camareras del Titanic al puente de mando

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El 15 de abril de 1912 Violet Jessop subió a un bote salvavidas y, con un bebé que le entregó una madre angustiada apretado contra su chaleco de corcho, salvó su vida del naufragio más recordado de la historia. No era una pasajera del desafortunado Titanic sino una de las 23 mujeres de la tripulación. Este fue el segundo de los tres desastres marítimos de los que salió ilesa. Violet era hija de inmigrantes irlandeses que llegaron a Argentina a finales del siglo XIX. Nació el 2 de octubre de 1887 cerca de Bahía Blanca, donde su padre trabajaba como pastor de ovejas. Era la mayor de seis hermanos y al morir su padre por una grave enfermedad, su madre decidió trasladarse con sus hijos a Inglaterra. Allí sacó adelante a su familia como camarera en la naviera Royal Mail Line. Cuando comenzó a tener problemas de salud, Violet, con 21 años, consiguió un puesto similar al de su madre en la misma empresa.

RMS Titanic (1912). Imagen: Wikimedia Commons.

Sin embargo, su destino serían los buques estrella de la White Star Line para la que comenzó a trabajar en 1908. Las naves eran parte de la flota más grande, moderna y lujosa de la época: el Olympic, el Titanic y el Britannic. El RMS Olympic fue inaugurado en mayo de 1911 por todo lo alto como el barco más grande de su época. Violet estaba contenta con su trabajo como camarera incluso cediendo al consejo un tanto humillante de no maquillarse para no provocar envidias entre las damas de primera clase. En 1911 el barco chocó contra el buque de guerra HMS Hawke frente a las costas de Inglaterra, y el casco y una hélice quedaron destrozados. No hubo heridos y el Olympic pudo volver al puerto de Southampton. El capitán del transatlántico era un hombre llamado Edward John Smith, que se haría famoso al año siguiente por ser el capitán del barco que llegó para eclipsar al Olympic: el admirado RMS Titanic, aún más grande y lujoso que su hermano mayor.

Los amigos y familiares de Violet la convencieron para que solicitara trabajo como camarera en la embarcación con más glamour del momento. Consiguió el trabajo y durante la travesía, en una apacible noche, ocurrió el fatídico desastre. Violet cuenta en su diario (Jessop 2012) cómo consiguió sobrevivir al naufragio más famoso de la historia marítima.

Violet Jessop como enfermera durante la I Guerra Mundial (1915).
Imagen: Wikimedia Commons.

Después de la tragedia, continuó como camarera en la misma empresa trabajando en el Britannic, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Este crucero nunca llegó a atravesar el Atlántico. El gobierno británico lo requisó y lo convirtió en buque hospital. Violet se unió a la tripulación como enfermera. En 1916 el barco navegaba por el mar Egeo, frente a las islas griegas, cuando se produjo un estallido en el barco; quizá fuera alcanzado por torpedos alemanes o quizá chocara contra una mina, la cuestión es que se hundió en 55 minutos, tres veces más rápido que el Titanic. Esta vez Violet logró salvarse lanzándose al mar. Un golpe en la cabeza la dejó sin sentido, pero afortunadamente la rescataron, tirando de su larga melena de color castaño.

Después de la guerra volvió a trabajar en el Olympic como camarera, ya que tras el primer incidente este barco no volvió a sufrir problemas graves y fue el único de los tres hermanos que no terminó bajo el mar. Violet se retiró en 1950 después de 42 años en contacto con el mar. Vivió hasta el final de sus días en una casa de campo en Suffolk, un condado en el este de Inglaterra y murió en 1971, con 84 años, por una insuficiencia cardíaca.

Así fue la vida un tanto anecdótica de una mujer contratada como camarera por una compañía naviera y lo llamativo es que hasta hace sólo unas décadas, solicitar el puesto de Violet era el único modo de unirse a la tripulación de un barco. Las carreras profesionales relacionadas con el mar de muchas mujeres avanzan muy lentamente y son escasas (IMO 2019).

Son muy pocas las que se dedican al mar a bordo de embarcaciones de bajura, altura o gran altura y no por cuestiones de conciliación, de normativas específicas de riesgos laborales o por dificultades estructurales sino por falta de oportunidades. Existe una jerarquía marcada entre los componentes de una tripulación, como mano de obra, comunicaciones, sala de máquinas, puente de mando, etc. además de diferentes especialidades: pesca, prospecciones, mercancías, observación, pasajeros… Muchas de estas profesiones quizá sean el objetivo de jóvenes con el sueño de embarcar y para muchas de ellas contar con referentes femeninos que hayan llegado a lo más alto sea una motivación para emprender una carrera profesional en el mar.

El ejemplo de las capitanas de crucero pone de manifiesto que hay todavía un gran camino por recorrer. Actualmente hay menos de una docena de capitanas entre los 314 grandes barcos de pasajeros en el mundo. Kate McCue, la capitana del Celebrity Edge (2 900 pasajeros), describe divertida la escena con un pasajero que le preguntó en una playa donde atracaron si viajaba a bordo; ella le invitó a adivinar su papel y el pasajero respondió con seguridad que probablemente sería la esposa del capitán. La sorpresa del hombre al revelarle su verdadero cargo acabó en una sincera felicitación por parte de éste. Ella cuenta que cada vez existe un mayor respaldo en promover estas carreras profesionales pero aún son muchos los que piensan que es imposible que una mujer pueda llevar el timón de un gran barco con eficacia.

Celebrity Edge. Imagen: Wikimedia Commons.

Durante siglos se ha creído en la superstición de que la presencia de las mujeres a bordo traía mala suerte y la única que la tripulación admitía era la del mascarón de proa. Es cierto que nunca sabremos cuántas mujeres se han embarcado vestidas de hombres. Los únicos casos documentados son los de las mujeres cuyo verdadero sexo fue descubierto. Según el historiador británico David Cordingly (2003), experto en historia marítima, lo sorprendente es que las mujeres marineras pudieran engañar a los hombres de a bordo durante semanas, meses y, a veces, incluso durante varios años.

Sin la intención de pasar inadvertidas ha habido mujeres piratas y entre ellas las famosas, temibles y apasionadas Anne Bonny y Mary Read, documentadas por el capitán Charles Johnson en su A General History of the Robberiers & Murders of the Most Notorius Pyrates (originalmente publicado en 1724, reeditado en 2010). Estas piratas llegaron a conocerse e incluso acabaron en el mismo barco; además, fueron detenidas y juzgadas al mismo tiempo. Ambas alegaron al tribunal que estaban esperando un bebé y suplicaron que se retrasara la ejecución del proceso. La pena de muerte a la que fueron condenadas se aplazó por su embarazo pero Mary Read contrajo unas fiebres después del juicio y falleció en prisión sin dar a luz. De Anne Bonny no se sabe nada, aunque algunas fuentes señalan que falleció en Carolina del Sur a los 82 años.

De cualquier modo, envidiar estas trayectorias tan truculentas no nos parece una buena opción como carrera profesional más allá del cine y la literatura. También ha habido mujeres viajeras y exploradoras: aunque los viajes por mar fueron una práctica fundamentalmente masculina, algunas mujeres han sido protagonistas de viajes tan interesantes como el de Egeria que vivió en el siglo IV y realizó un largo viaje desde su tierra natal, Gallaecia, la actual Galicia, hasta Tierra Santa. El itinerario de Egeria, descubierto en el siglo XIX, está considerado el primer documento geotopográfico de Palestina, Mesopotamia y Egipto.

La tradición oral maorí cuenta que la exploradora Ui-te-Rangiora llegó en su embarcación hasta la Antártida, en el siglo VII. Louise Seguin fue la primera mujer occidental en navegar las aguas antárticas a bordo del Roland en 1770. Jeanne Baret fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo en 1776 y Ann Davidson atravesó el Atlántico en solitario en 1952.

Marinera de la Royal Navy traza el rumbo en una carta náutica.
Imagen: Wikimedia Commons.

En el ámbito militar, en 1595 Isabel Barreto asumió el mando de la expedición que había partido de Perú en busca de las islas Salomón. Fue la primera almirante de la Marina española. Tenía un carácter fuerte y autoritario, indómita, imponía su voluntad despótica a todos cuantos estaban a su cargo.

La escritora estadounidense Suzanne J. Stark ha investigado los relatos de veinte mujeres que, supuestamente, sirvieron en la armada británica entre 1650 y 1815. Según los cuadernos de bitácora de los capitanes, la carrera naval más impresionante fue la de William Brown, una mujer negra que pasó doce años en buques de guerra británicos y, la mayor parte del tiempo, como capitana de cofa. Los capitanes de cofa tenían que tener mucha fuerza y un especial talento puesto que su labor consistía en subir por los palos para enrollar o extender las gavias y los juanetes, las velas más altas. En 1816 Brown fue ascendida a capitán del castillo de proa y no se tienen datos sobre los años posteriores de su carrera porque los libros de registros desaparecieron.

La primera mujer infante de Marina de España fue Ana María de Soto, quien disfrazada de hombre pudo alistarse como Antonio María de Soto en el Undécimo Batallón de la Sexta Compañía a los 16 años y está documentado que en 1794 entró en combate por primera vez en la defensa de Rosas a bordo de la Mercedes, una fragata dotada con 34 cañones. Durante cinco años pasó desapercibida entre camaradas y aventuras marineras, pero un reconocimiento médico a causa de unas fiebres desveló su condición de mujer. Sin embargo, Carlos IV le otorgó por decreto real el rango de sargento mayor y una pensión vitalicia de 2 reales diarios en reconocimiento a su coraje. Tuvo que abandonar su carrera aunque fue expresamente autorizada a emplear los colores de los batallones de marina y las divisas de sargento en sus ropas de mujer.

Si nos acercamos a la situación actual de las mujeres marineras constatamos que hasta 1975 las escuelas marítimas de Grecia, Noruega, Italia y Gran Bretaña (tradicionales centros académicos de futuros oficiales) no admitían mujeres. En España tuvieron que esperar hasta la constitución de 1978, que establecía la igualdad ante la ley de hombres y mujeres. Durante el curso 1979-80, las mujeres por primera vez se pudieron matricular en las carreras náuticas en las escuelas superiores de la Marina Civil. Cinco años después, en 1984, obtenía su título la primera oficial (piloto de segunda) de la Marina Mercante, María Ángeles Rodríguez Bernabéu. Después de ella otras pioneras consiguieron sus títulos como marinos.

¿Marino? Son muchos los puestos y los cargos dentro de la tripulación y tradicionalmente la nomenclatura para ellos ha sido en masculino. Así, seguiríamos utilizando la capitán, la jefe de Máquinas o la oficial de puente, como aparece en los títulos oficiales. La polémica en estos temas va creciendo desde varias perspectivas y nos hace reflexionar sobre oficiala o pilota. Mercedes Marrero, la primera capitana de la marina mercante opina que ella siempre se refiere a la capitán y demás cargos en masculino porque aparecen así en los documentos oficiales de la Marina.

La Armada permitió estudiar a las mujeres en sus escuelas a partir de 1988. En la actualidad únicamente tres mujeres han llegado a ser oficiales con mando. En 2005 Esther Yáñez González-Irún, fue la primera mujer comandante de un buque de guerra. Como teniente de navío tuvo el mando del patrullero Laya, encargado de misiones de vigilancia marítima y en 2010, como capitán de corbeta, fue comandante de buque de apoyo logístico Mar Caribe. Es especialista en Comunicaciones, tiene las aptitudes de controladora de helicópteros en la mar, Seguridad de Vuelo y oficial de Táctica (Villa Caro 2020).

Alejándonos del ámbito militar sabemos que la posición de las mujeres en una embarcación está cambiando y hoy representan entre el 18 % y el 20 % de la mano de obra en los cruceros, en su mayoría ocupando puestos similares al de Violet, y entre el 5 % y el 22 % de los barcos cuenta con oficiales femeninas (WISTA 2019). Este porcentaje es muy parecido al de la industria aeronáutica donde el 3 % de los comandantes y segundos a bordo son mujeres.

Ally Cedeno es la fundadora de Women Offshore, organización que promueve la igualdad en la industria naviera y dice que no sólo es importante promover el acceso en condiciones de igualdad a los estudios de carreras marítimas sino fomentar su empleabilidad, estabilidad y oportunidades de ascenso en sus puestos de trabajo.

Para todas las mujeres que deciden apostar por formar parte de la tripulación y llegar a capitanear un barco, los requisitos básicos para ello son:

  • Tener el título universitario oficial de licenciada en náutica y transporte marítimo o conseguir los correspondientes grado y máster en dicho ámbito.
  • Obtener el título profesional de piloto de primera o de piloto de segunda de la marina mercante.
  • Acreditar un período de embarque no inferior a 36 meses como oficial de puente. Este tiempo se puede reducir si se certifica el ejercicio profesional de primer oficial de puente durante al menos 12 meses.
  • Pasar con éxito el reconocimiento médico realizado por el Instituto Social de la Marina en el momento de la solicitud del título.
Mujeres que visten el uniforme de la Armada frente al machismo. Imagen: Diario de Pontevedra.

Hay multitud de especialidades que se pueden elegir en los estudios de la marina mercante, otras tantas ramas y exigencias en la Armada y se necesitarán acreditaciones con algún examen más, experiencia acumulada y un tesón a prueba de zozobras para llegar al puesto de mayor responsabilidad.

Ya hemos dicho que todavía no son muchas las mujeres matriculadas en estos estudios y como en tantas carreras profesionales capitaneadas tradicionalmente por hombres, es fundamental estar atentos a prejuicios para evitar desalientos injustificados en vocaciones tempranas, es bueno mostrarles referentes femeninos y es conveniente detectar paternalismos que puedan aplastar sin intención su estima. Es un gran paso olvidar estereotipos y presentar a futuras marineras la oportunidad de seguir estudios con posibilidades de avanzar en su carrera profesional. Pueden, si es lo que desean, embarcar, navegar y crecer en sus trayectorias  marítimas; no podemos perder a parte de la tripulación, incluido un eficaz puente de mando, si solo les contamos historias de sirenas.

Referencias

  • Cordingly D (2003). Mujeres en el Mar. EDHASA
  • Jessop V (2012). Titanic Survivor. Sheridan House Inc
  • IMO (2019). Women in Maritime. Recuperado el 10 de junio de 2020
  • Johnson C (2010). A General History of the Robberiers & Murders of the Most Notorius Pyrates. Lyons Press
  • Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA)
  • Stark SJ (2017). Female Tars. Naval Institute Press
  • Villa Caro, R (2020). Las primeras mujeres con mando en nuestra marina mercante y en la Armada. Revista General de Marina 278, abril 2020
  • Women’s International Shipping & Trading Association (WISTA)
  • Women Offshore

Sobre la autora

Marta Bueno Saz es licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Actualmente investiga en el ámbito de las neurociencias.

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