Etheldred Benett, la primera dama geóloga

La Sociedad Imperial de Historia Natural de Moscú aceptó, en 1836, como nuevo miembro a un inglés experto en fósiles. El Zar Nicolás I, después de recibir, para el Museo de San Petersburgo, una extraordinaria colección de fósiles del caballero, promovió al recién llegado al título de Doctor Honoris Causa en Derecho Civil por la Universidad de San Petersburgo. Todo el proceso casi terminó en un problema de política internacional cuando se descubrió que el nuevo miembro de la Sociedad y Doctor Honoris Causa era una mujer.

Acuarela de un meteorito que cayó en el condado de Limerick
en septiembre de 1813 (encontrado por Etheldred Benett).
Imagen: Wikimedia Commons.

La experta en fósiles era Etheldred Benett y su nombre, con una pequeña variante, era habitual para hombres como Ethelred y, por una “d”, a menudo era tomada por un hombre en una época en que las comunicaciones no eran fáciles. La misma Benett comentó que “los científicos, en general, tienen una opinión muy baja de las habilidades de mi sexo”.

Vivía en el campo, lejos de Londres, donde vivían, se conocían y reunían los geólogos más prestigiosos e influyentes de aquellos años. Vivían en las calles de un mismo barrio y cerca de las instituciones científicas como la Sociedad Geológica o la Royal Society.

Los oficiales del Zar se equivocaron, aunque escribieron bien su nombre, y la tomaron por un hombre. Además, muy pocas mujeres hacían ciencia y, las que lo hacían, eran poco conocidas. Por la confusión del Zar, Etheldred Benett fue Doctora universitaria en una época en que las mujeres no podían acceder a la universidad.

Sin embargo, muchos de sus colegas geólogos británicos, en su correspondencia, la nombraban Miss Benett. Por tanto, sabían de su sexo. Sin embargo, los que no la conocían personalmente la consideraban un hombre. Como ejemplo sirve que, tras 30 años de correspondencia con Gideon Mantell, uno de los grandes paleontólogos británicos del siglo XIX, Benett, en 1842, le tenía que recordar que su nombre era Etheldred y no Ethelred.

Medida de los diferentes lechos de
piedra en Chicksgrove Quarry en la
parroquia de Tisbury, Wiltshire, por
Etheldred Benett (1815). Imagen:
Wikimedia Commons.

Incluso, como cuenta Susan Pickford, algunos escribieron que, a principios del siglo XIX, los muestreos de campo en geología llevaban a visitar “lugares solitarios y desiertos, hoyos y canteras, trincheras de ferrocarril y minas, donde solo hombres, y no siempre hombres educados, estaban trabajando”. En conclusión, no era un hobby adecuado para mujeres. Por entonces, según Mary y Thomas Creese, de la Universidad de Kansas en Lawrence, “el trabajo independiente de las mujeres en la geología del siglo XIX probablemente comienza con Etheldred Benett”, que ha sido descrita como “la más distinguida de las primeras mujeres que trabajaron en geología” de Gran Bretaña.

Etheldred Benett nació en 1775 o 1776, los biógrafos no se ponen de acuerdo, pero para todos fue el 22 de julio; el día de su cumpleaños no está en debate. Fue en Pyt House, Tisbury, en el condado de Wiltshire. Pertenecía a una buena familia de la típica burguesía rural de la Inglaterra del siglo XVIII, hija mayor de Thomas Benett, y con una buena fortuna. Nunca se casó y vivió la mayor parte de su vida en el hogar familiar en el condado de Wiltshire.

Estuvo enferma durante muchos años, los últimos veinte años de su vida. Además, se tuvo que centrar en asuntos familiares pero, a pesar de todo, tuvo tiempo para dedicarse a los fósiles. Cuando no podía hacerlo personalmente, pagaba a recolectores locales. Escribió Deborah Cadbury, en su libro “The Dinosaur Hunters”, que trataba sobre la rivalidad de Gideon Mantell y Richard Owen sobre el descubrimiento y estudio de fósiles de dinosaurios, que era habitual encontrar el carruaje de Benett cerca de los mejores yacimientos de fósiles del Wiltshire.

El hermanastro de su cuñada, Aylmer Bourke Lambert, conocido geólogo y botánico, animó a Etheldred y a su hermana Anna a interesarse por la ciencia y, en concreto, por los fósiles y las plantas. Etheldred se dedicó a los fósiles y Anna eligió las plantas. Estudió geología a la vez que recogía y clasificaba fósiles de los estratos geológicos de Wiltshire. Para 1809 ya tenía una buena colección de fósiles. Ese año se trasladó a la casa familiar Norton House, en Norton Bavant, Wiltshire, donde comenzó a organizar y aumentar su colección.

Su colección de fósiles era interesante para los expertos de la época y todavía se cita para el conocimiento de la evolución de muchos grupos de invertebrados. Como ella misma escribió, “no siento placer en recolectar para mí sola”. Algunos de los fósiles que recogió eran muy raros y muchos de ellos están inusualmente bien conservados. Uno de los fósiles de moluscos recolectados es de los primeros en que habían fosilizado sus partes blandas.

Le ocurrió, con algunos geólogos importantes, que tuvo que esperar hasta 15 años para que le ayudaran con la descripción de algunos de sus fósiles. Decidió hacerlo ella misma tan bien como le fuera posible. Por ello, en 1831, en pocos meses, publicó dos versiones del catálogo de su colección. La primera versión estaba incluida en un texto mayor sobre la historia del condado de Wiltshire, escrito por Sir Richard Colt Hoare. Era raro que, en geología, publicaran las mujeres. No fue una escritura prolífica y solo publicó sus dos versiones del catálogo de sus fósiles.

Fue en 1824 cuando Maria Graham consiguió publicar un artículo en la revista de la Sociedad Geológica con la descripción de los efectos de un terremoto que había presenciado en Chile. Era la primera mujer que lo conseguía.

Ahora se afirma que Etheldred Benett fue la primera dama de la geología británica. Ya en 1911, H.B. Woodward, en su Historia de la Geología, escribió que era “la primera dama geóloga, que dedicó su tiempo y sus talentos al estudio sistemático de la ciencia”.

El catálogo no se distribuyó en librerías y fue la propia Benett quien lo envió a colegas e instituciones. Se produjo, como era de esperar en aquella época, una amnesia colectiva sobre la autoría de muchos hallazgos que llevó a Benett a debates que duraron años.

Dibujos de esponjas fósiles, tomadas de: ”Sketches of
fossil Alcyonia from the Green Sand Formation at
Warminster Common and the immediate vicinity of
Warminster in Wiltshire”, de Etheldred Benett (1816).
Imagen: Wikimedia Commons.

Al año siguiente, en 1832, fue citada en el discurso del presidente de la Sociedad de Geología, Murchison, “por la devoción dedicada a su estudio”, en una época en que a las mujeres no se les permitía exponer sus trabajos en las reuniones de la Sociedad. Las mujeres no fueron admitidas hasta 1919, en una Sociedad fundada en 1807.

Fue una de las promotoras de la caracterización de estratos geológicos por los fósiles que contenía cada uno de ellos. Es la llamada estratigrafía y sirvió para establecer la relación entre diferentes formaciones geológicas del sur de Inglaterra. Dibujó un mapa con los estratos y su orden de Wiltshire que, más adelante, fue utilizado y citado por otros geólogos aunque, también ocurrió, como era propio de la ciencia hasta hace bien poco, que algunos no citaron la autoría de Benett.

Cuando Benett murió, su colección de fósiles de dispersó en museos británicos, en Londres, Leeds, Bristol y otros. Algunos llegaron al Museo de San Petersburgo, en la Rusia zarista, y el resto, la mayor parte de la colección, acabó en la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia, en Estados Unidos, comprada y depositada allí por un magnate norteamericano.

Procedente de una familia próspera de la burguesía rural del condado de Wiltshire, Etheldred Benett no siguió la convención habitual para las mujeres de su tiempo. No buscó una buena boda en una rectoría confortable de su entorno rural cercano. Siempre se sintió libre de ataduras. Dedicó su vida a los fósiles, a la recogida de muestras, a su colección y, en último término, a la geología y a la ciencia y así se ganó una fama firme entre los geólogos, la mayoría hombres, de su tiempo.

Referencias

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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