Nadie conocerá la “tos de los 100 días” gracias a la bacterióloga Pearl Kendrick

En la década de 1920, en Estados Unidos reinaba la desesperación. Cada año morían 6.000 niñas y niños a causa de la tosferina y el 95 % de estas muertes eran menores de cinco años. Parecía que la “tos de los 100 días” golpeaba más fuerte que la difteria, la escarlatina y el sarampión. Se sucedían los años de desdicha, la cura no llegaba, los niños caían enfermos, y morían. No obstante, esta afección, imparable y devastadora, no era totalmente desconocida ya que la bacteria que la causaba, de nombre Bordetella pertussis, ya había sido identificada en 1906 por los investigadores Jules Bordet y Octave Gengou.

Pearl Kendrick (1942). Imagen: Grand Rapids, MI.

El problema era que, hasta ese momento, no existía una vacuna efectiva. Tras la identificación del bacilo, se llevaron a cabo muchas pruebas e investigaciones, varios científicos alrededor del mundo diseñaron algunas para tratar y prevenir dicha enfermedad, pero ninguna de ellas dio resultado. Los esfuerzos parecían caer en saco roto, la enfermedad continuaba siendo mortal. Hasta que en la década de 1930, dos investigadoras, Pearl Kendrick (1890-1980) y su colega Grace Eldering, junto a la química Loney Gordon, aunaron sus fuerzas y codesarrollaron la primera vacuna contra la tosferina. Tanto Kendrick como Eldering, que habían superado la enfermedad cuando eran niñas, se encargaron de liderar el proyecto; desarrollaron un programa de investigación, realizaron pruebas y prepararon el tratamiento necesario para salvar miles de vidas.

Una relación de tú a tú

Kendrick comenzó el pregrado en ciencias en Greenville College y terminó sus estudios en la Universidad de Syracuse. Sus profesores decían de ella que era “una estudiante de primera clase, minuciosa, precisa y rápida”. Antes de lograr su doctorado de bacteriología en 1934 por la Universidad Johns Hopkins, ya había empezado su carrera como científica; trabajó durante dos años en los laboratorios del Departamento de Salud de Nueva York, y más tarde, en el de Michigan.

Allí, Grace Eldering fue su compañera (y amiga) de laboratorio. Ambas trabajaron con total libertad para desarrollar sus investigaciones innovadoras; disponían de las instalaciones y fondos que necesitaban. En esos laboriosos días, las dos científicas mejoraron métodos para cultivar la bacteria de la tosferina, inactivarla y crear una vacuna segura. Fueron pioneras ya que dirigieron el primer ensayo clínico controlado a gran escala. Todo esto fue posible gracias a la red que crearon a su alrededor; muchos centros de salud pública locales y estatales aseguraron un suministro constante de placas que contenían muestras de la B. Pertussis.

Cada paso que daban, más les acercaba a desenmascarar esta misteriosa bacteria y la enfermedad que producía. Las placas de rápido crecimiento permitieron determinar que durante las primeras tres semanas de infección la tos de un niño contenía suficientes bacterias B. Pertussis activas para infectar a sus compañeros; que la mayoría de los niños no eran infecciosos en la semana cuatro; y que después de cinco semanas, el 90 % de los niños no representaban ningún riesgo para los demás. También se encargaron de informar a la sociedad sobre la tosferina; ordenaron colocar pancartas de advertencia en cada hogar.

En esta maratón sin descanso, el siguiente paso consistió en crear vacunas autógenas para que los médicos locales las utilizaran como tratamiento y prevención. Pero Kendrick necesitaba hacer algo más. Así pues, solicitó permiso para desarrollar una vacuna general y no hubo ni dudas ni obstáculos al respecto: aprobaron su petición. Kendrick y Eldering realizaron estudios de vacunas en animales y llevaron a cabo las pruebas de esterilidad y seguridad (incluida la inyección de la vacuna en sus propios brazos para evaluar su seguridad). Empezaron a distribuirlas en hospitales y centros locales. La prueba de campo que se hizo entre 1934 y 1935 involucró a 1.592 niñas y niños, de los que 712 fueron vacunados. En su informe de 1935 a la Asociación de Salud Pública de América (American Public Health Association – APHA), Kendrick señaló que solo cuatro de los 712 niños vacunados tenían tosferina, y estos eran casos leves.

Grace Eldering (tercera desde la derecha) y Loney Clinton Gordon (primera por la izquierda);
trabajaron con Pearl Kendrick. Imagen: Grand Rapids, MI.

De todas formas, hay que señalar que las condiciones de las investigadoras no eran del todo favorecedoras. El presupuesto del que disponían era muy reducido. Recibieron más atención y ayuda cuando parecía que la vacuna era efectiva. Pero no fue suficiente, ya que para principios de 1936 los fondos del proyecto se habían agotado. Fue entonces cuando Kendrick invitó a Eleanor Roosevelt a visitar su laboratorio. Al final, tras la visita, Roosevelt ayudó a asegurar los fondos necesarios.

En 1938, el tratamiento cambió; los niños recibieron dosis más pequeñas de la vacuna administradas en tres inyecciones. Kendrick aseguró que este procedimiento era igual de efectivo que las cuatro inyecciones del estudio original. En 1943, la Academia Estadounidense de Pediatría aprobó la vacuna para uso rutinario y un año más tarde, la Asociación Médica Estadounidense recomendó su uso. La incidencia de la tosferina y las tasas de mortalidad cayeron en picado. Más tarde, Kendrick y Eldering combinaron exitosamente las inyecciones para la difteria, tosferina y tétanos en una única vacuna, la DPT, que sigue vigente actualmente.

La abanderada de la causa

El trabajo de Kendrick no se detuvo aquí. En los años 50, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Comité de Inmunización contra la Tos Ferina del Medical Research Council (MRC) le financiaron un viaje a Inglaterra para que supervisara los ensayos de campo de la vacuna. Además, Kendrick y Eldering aportaron mucha información al mundo científico, no solo publicando artículos en revistas como American Journal of Public Health o Journal of Infectious Diseases, sino compartiendo las placas, los cultivos e investigaciones con los que también querían estudiar dicha enfermedad.

Kendrick viajó por el mundo, a menudo como consultora de la OMS, ayudando a establecer programas de vacunas en México, Europa Oriental, América Central y América del Sur. En 1962, formó parte de una delegación de intercambio de inmunología en la Unión Soviética. Kendrick se retiró del Departamento de Salud Pública de Michigan en 1951 para unirse al equipo de la facultad del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Michigan, donde enseñó y realizó investigaciones básicas hasta retirarse definitivamente en 1960.

Referencias

Sobre la autora

Uxue Razkin es periodista y colaboradora del blog de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU Zientzia Kaiera.

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