Anna Atkins, creativa científica del siglo XIX que vinculó la botánica y la fotografía

Anna Atkins (1861). Imagen: Wikimedia Commons.

El 16 de marzo de 1799 nacía en Tonbridge, Kent, Reino Unido, una niña llamada Anna Children, posteriormente conocida como Anna Atkins, quien hoy es considerada como la primera botánica que transformó las algas en un objeto artístico. Mediante un innovador uso de las nuevas tecnologías de su tiempo, esta creativa mujer puso de relieve el excepcional potencial de la fotografía en los libros de ciencia.

En 1800, poco después del nacimiento de Anna, fallecía su madre, Hester A. Children. Como consta en el Consejo Parroquial de Halsted (Halsted Parish Council), la pequeña fue criada solo por su padre, John George Children, un respetado científico, secretario de la Royal Society desde 1807 y bibliotecario asociado al British Museum entre 1816 y 1840.

Andrea Hart, gestora de la Biblioteca de Colecciones Especiales del Museo de Historia Natural de Londres, ha relatado que Anna Children creció muy unida a su padre. Gracias precisamente a este estrecho vínculo, desde su primera infancia la niña recibió una esmerada educación científica, algo poco usual para las mujeres en una época en la que los roles de género estaban profundamente arraigados.

En este sentido, Alina Cohen, escritora de Artsy (una plataforma dedicada a coleccionar y descubrir arte), refiere que John Children quiso educar a su hija de una manera diferente. Era un hombre adelantado a su tiempo, ya que creía en la educación para todos, niños y niñas, despertando en la joven Anna una auténtica pasión por la ciencia. Cuando tenía poco más de veinte años, describen los editores de la Enciclopedia Británica, Anna Children era ya una diestra dibujante, lo que ha quedado reflejado en los detallados grabados de conchas hechos por ella para ilustrar la traducción de su padre del libro de Jean-Baptiste de Monet Lamarck, Genera of Shells, 1823.

Cianotipo de alga de Anna Atkins. Dictyota
dichotonoma. Imagen: Wikimedia Commons.

En 1825, Anna Children contrajo matrimonio con el comerciante John Pelly Atkins, trasladándose a Halstead, en Kent, donde se dedicó con notable entusiasmo al tema que más le interesaba: la botánica. Recolectó, secó y almacenó gran diversidad de plantas, elaborando valiosos herbarios; incluso proporcionó algunos de sus ejemplares al museo de Kew Gardens. En 1839, fue elegida miembra de la Sociedad Botánica de Londres (London Botanical Society), una de las pocas instituciones científicas que en aquellos tiempos admitía mujeres (Halsted Parish Council, 2010).

En el mes de febrero de ese mismo año de 1839, el botánico y filósofo William Henry Fox Talbot, presentaba en la Royal Society un interesante invento: la creación de «fotogramas» (un fotograma es una imagen fotográfica hecha sin cámara). Se trataba de una novedosa técnica que básicamente consistía en colocar un objeto sobre un folio de papel sensible a la luz y exponerlo al sol para producir un dibujo.

Talbot, sin embargo, no era el único británico que experimentaba con la fotografía. Como apunta Alina Cohen, en el círculo de la Royal Society también estaba incluido el destacado astrónomo y químico Sir John Frederick William Herschel. En 1842, este apreciado científico inventó un proceso fotográfico llamado cianotipia, que mejoraba la técnica inicial de Talbot. Tras exponer su trabajo al público, Herschel envió a John Children una copia del artículo donde describía su perfeccionamiento del método de Talbot.

Tan pronto como Anna Atkins conoció los inventos de Talbot y posteriormente los de Herschel, sintió un profundo interés por la nueva técnica. El crítico de arte Jason Farago, ha relatado al respecto que la joven comprendió enseguida que la fotografía podría permitir un mayor rigor científico en la ilustración botánica, hasta aquel momento únicamente basada en la impresión tipográfica de dibujos hechos a mano.

Cianotipo de alga de Anna Atkins. Himanthalia
lorea. Imagen: Wikimedia Commons.

Por esas fechas, concretamente en 1841, el botánico inglés especialista en algas William Henry Harvey había publicado un libro titulado A Manual of the British marine Algae (Manual de las algas marinas británicas). En esta obra Harvey proporcionaba un listado y descripción de numerosos especímenes nuevos de algas que él mismo había recolectado, lo que resultó clave en el ámbito de la botánica marina porque establecía los métodos para identificar diferentes especies.

Anna Atkins leyó el manual con suma atención e interés y detectó un fallo: el tratado era visualmente insuficiente porque no ofrecía ninguna ilustración. Según describe Alina Cohen, ante esta carencia la imaginativa botánica decidió elaborar su propia versión ilustrada de las algas británicas con el fin de favorecer la identificación de los especímenes descritos por Harvey.

Durante años, Anna Atkins había ido recolectando una amplia colección de algas procedentes de la costa del sudeste de Inglaterra y de los lagos de alrededor de Kent; a partir de la década de 1840 decidió que había llegado el momento de generar imágenes fotográficas de esas algas. En sus propias palabras, reveladas por la New York Public Library, «la dificultad para realizar dibujos de objetos tan pequeños como muchas algas me ha inducido a utilizar el precioso proceso de cianotipia creado por Sir John Herschel, y obtener así copias de estos vegetales».

Jason Farago relata con cierto detalle los diversos pasos de la técnica seguida por Atkins. En primer lugar, untaba abundantemente una hoja de papel con una solución de sales de hierro y la dejaba secar. A continuación, colocaba un alga sobre el papel, lo comprimía bajo un rectángulo de vidrio y situaba el conjunto bajo la luz del sol durante alrededor de 15 minutos. Seguidamente, lavaba el folio expuesto con agua y entonces la parte descubierta del papel adquiría un color azul intenso. El resto de la página, ocupada por el alga, proporcionaba un dibujo en negativo de color blanco crema, algo parecido a lo que ocurre con los rayos X.

Cianotipo de alga de Anna Atkins. Laminaria
digitata. Imagen: Wikimedia Commons.

Las imágenes obtenidas por Atkins, continúa Jason Farago, eran mucho más que el resultado de una científica aficionada. Muestran que la autora había dispuesto las plantas en el papel formando una cuidadosa composición, a menudo buscando la simetría. Algunos especímenes estaban colocados por pares como si fueran mitades idénticas, mientras que las algas más voluminosas parecían madejas abstractas. Incluso los pies de fotos escritos por ella a mano mostraban una gran inventiva.

A título de ejemplo, detalla Farago, «la especie Dictyota dichotoma revelaba un manojo de rizomas gruesos y entremezclados, y Furcellaria fastigiata aparecía compuesta de finas y delicadas bandas semejantes a terminaciones nerviosas. Algunos especímenes de las algas marinas tenían la densidad de un hongo champiñón, mientras que otros se asemejaban a una mezcla de plumas caídas».

Valga recordar aquí que durante el verano de 2017 se celebró en el Rijksmuseum, de Ámsterdam, una importante exposición retrospectiva de la fotografía del siglo XIX (New Realities. Photography in the Nineteenth Century). En ella, el libro de Anna Atkins fue el principal atractivo. Con este motivo, la periodista de The Guardian, Joanna Moorhead, entrevistó al conservador de fotografía del citado museo, Dr. Hans Rooseboom.

Al referirse a la técnica seguida por la botánica y fotógrafa inglesa, este especialista apuntaba: «Podemos afirmar que Atkins era muy meticulosa, y también muy competente. Usaba un papel de alta calidad, que explica porqué las imágenes han llegado en tan excelente condición hasta hoy […]. Era una experta para establecer el tiempo en que el papel debía permanecer expuesto a la luz del sol, de forma que las imágenes resultaran lo más nítidas posible. Tengamos presente que ya han transcurrido 170 años y muchas de sus impresiones todavía se mantienen claras».

Cianotipo de alga de Anna Atkins. Polysiphonia
violacea. Imagen: Wikimedia Commons.

Ciertamente, la obra de Anna Atkins empezó a publicarse en 1843 bajo el título de British Algae: Cyanotype Impressions (Algas británicas: impresiones cianotipos). Como era usual en aquellos años, según informan la Enciclopedia Británica y otras fuentes, el trabajo se llevó a cabo en una serie de fascículos que iban saliendo a la luz periódicamente. De esta manera, a lo largo diez años Atkins fue proporcionando sus fotogramas hasta un total de 389. Dado que los cianotipos no se hacen a partir de un negativo, cada fotograma era único, por lo que realizó varias copias de cada uno. Todo ello hizo que Britsh Algae fuese un arduo y extenso proyecto. Entre la comunidad de especialistas existe hoy consenso en que el libro generado fue realmente magnífico. Por fortuna, se han conservado alrededor de una docena de copias, probablemente todas las producidas, algunas de las cuales están en muy buen estado.

Anna Atkins, además, realizó notables esfuerzos para dar a conocer su trabajo, tanto entre eminentes botánicos como entre fotógrafos pioneros. Según señala la citada escritora Alina Cohen, «Atkins se dio cuenta de lo que miles de medios sociales saben hoy, que las imágenes sirven para compartir. Bajo esta pauta elaboró el primer libro que contenía fotografías, abriendo el camino al poder de las fotos para conectar a la gente». Además, continúa Cohen, «con su monografía, Atkins demostraba que un medio nuevo y creativo podía también tener importancia práctica para disciplinas no artísticas».

En junio de 1844, ocho meses más tarde de la publicación inicial de Britsh Algae, salía a la luz el primer fascículo de un libro escrito por William H. Talbot, The Pencil of Nature (El lápiz de la naturaleza). Una obra considerada «el primer libro fotográficamente ilustrado que se publicó comercialmente». En este punto se diferencia del de Atkins, pues el de ella era una autopublicación, razón por la cual The New York Public Library, y otros medios, la consideran «la primera persona en imprimir y publicar su propio libro íntegramente ilustrado con fotografías».

En esta misma senda, el libro The Focal Encyclopedia of Photography, editado en 2007 por Michael Peres, sostiene que British Algae, pese a su limitado número de copias y a que el texto estaba escrito a mano, fue el primer libro ilustrado con imágenes fotográficas. Asimismo, Jason Farago afirma que «en la actualidad [2018], British Algae tiene su lugar en la historia de la fotografía y en la publicación de libros ilustrados». Sin embargo, no debemos olvidar, y así se expresa en The New York Public Library, que se trata de una obra importante que ha permanecido infravalorada hasta hace muy poco en la historia de la ilustración científica.

Trabajos posteriores a British Algae

De Cyanotypes of British and Foreign Ferns.
Imagen: Wikimedia Commons.

En 1852, poco después de que Anna Atkins acabara el proyecto sobre las algas, fallecía John Children. Ella decidió entonces dedicar un tiempo a escribir su biografía. Con posterioridad, retomó su trabajo elaborando muchas más ilustraciones cianotipo, que incluiría en otros libros. Según relatan diversos autores y autoras, parte de este trabajo lo realizó en colaboración con su amiga de toda la vida, Anne Dixon (1799-1864).

Anne Dixon, de nacimiento llamada Anne Austen pues era prima segunda de la gran escritora Jane Austen, también mostraba un destacado interés por la botánica y los cianotipos; en su juventud había recibido formación por parte de John Children junto a Atkins, a quien consideraba «como una hermana».

En 1853 salió a la luz un álbum titulado Cyanotypes of British and Foreign Ferns (Cianotipos de helechos británicos y extranjeros); posteriormente, en 1854 se publicaba una ampliación bajo el nombre Cyanotypes of British and Foreign Flowering Plants and Ferns (Cianotipos de plantas con flores y helechos británicos y extranjeros ), firmados por Anna Atkins y en algunas ediciones también por Anne Dixon. Estas obras son de gran belleza y han sido altamente valoradas, ya que una vez más demostraban que la fotografía podía ser científicamente útil, tanto como estéticamente atractiva.

Anna Atkins conservó sus herbarios hasta 1865, fecha en que los donó al Museo Británico. Seis años más tarde, en 1871, moría en Halsted Place a la edad de 72 años.

Historia de un olvido y posterior reconocimiento

Cuando Atkins murió, su nombre se desvaneció casi por completo dentro y fuera de la historia. No obstante, hubo algunas personalidades influyentes contemporáneas que reconocieron sus logros y evitaron que se perdiera su memoria, tal como se desprende del relato de Joshua Chuang, conservador de la Biblioteca Pública de Nueva York (New York Public Library).

Cianotipo de alga de Anna Atkins. Sargassum
bacciferum. Imagen: Wikimedia Commons.

En octubre de 2018, Chuang montó dos exposiciones dedicadas a Anna Atkins con motivo del 175 aniversario de la primera publicación de su libro British Algae. La escritora Alina Cohen consiguió entrevistarlo y ha hecho público un interesante relato acerca de cómo tuvo lugar el reconocimiento de Anna Atkins.

Chuang narra que en 1864, el foto-historiador escocés y coleccionista de libros William Lang Jr. (1846-1913) leyó un artículo que mencionaba el trabajo de Atkins pero no su nombre. «Lang estaba tan fascinado que pensó, “tengo que encontrar una copia”», apunta Chuang; «después de varios años de búsqueda, logró identificar a un librero en Londres que poseía el manuscrito. En 1888 lo compró». A continuación, continua relatando Chuang a la escritora Alina Cohen, «el coleccionista Lang escribió un artículo sobre el libro en el volumen 1889-90 de Proceedings of the Philosophical Society de Glasgow».

Sin embargo, Lang aún no estaba seguro de quien había elaborado el libro; Atkins había firmado su trabajo como «AA», lo que le llevó a concluir que las iniciales correspondían a «Amateur Anonymous». Unas semanas después de que Lang publicara su trabajo, un conservador del Museo de Historia Natural de Londres (London’s Natural History Museum) escribió al editor de la revista y le dijo que él también poseía una copia del libro en cuestión, y sabía que la autora era Mrs. Atkins.

Lang entonces se convirtió en el principal defensor de la botánica y fotógrafa, embarcándose en una serie de exposiciones públicas y conferencias que fueron, como ha expresado Chuang, «algo parecido a un espectáculo ambulante sobre Anna Atkins». No obstante, tras la muerte de Lang y hasta la década de 1970 el nombre de la británica apenas fue recordado.

Finalmente, un historiador llamado Larry Schaff, trabajando en la Universidad de Texas, Austin, descubrió el trabajo de Atkins y, como expresa Chuang, «básicamente la puso en el mapa no solo como una pionera de la fotografía, sino también como la primera persona que publicó un libro ilustrado fotográficamente». En 1985, Schaaf ayudó a republicar el trabajo de Atkins en Sun Gardens: Victorian Photograms. (Alina Cohen, 2018).

Desde entonces, especialistas contemporáneos de diversos ámbitos han respaldado la reputación de Atkins. Valga citar, a título de ejemplos, que en 2004 The Drawing Center in New York y The Yale Center for British Art organizaron una exhibición sobre la fotografía botánica del siglo XIX, titulada Ocean Flowers: Impressions from Nature in the Victorian Era, que incluía los fotogramas de Atkins, junto a los de Talbot y Herschel.

Doodle: 216 aniversario del nacimiento de Anna Atkins.

Otra destacada exposición fue la realizada en 2010-2011 en el Museum of Modern Art, titulada Pictures by Women: A History of Modern Photography, conteniendo los cianotipos de Atkins junto al trabajo de otras mujeres fotógrafas pioneras. Más recientemente, el 16 de marzo de 2015, Google conmemoró el 216 aniversario de Atkins con una imagen blanquecina de una hoja sobre un fondo oscuro para representar su trabajo.

La reciente recuperación de la notable figura de Anna Atkins llena de orgullo a la comunidad de especialistas, tanto en botánica como en el arte de la fotografía. La historia de ambas materias se ha enriquecido considerablemente con su valiosa estela presencial.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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