Gabriela González, la astrofísica que espió a las ondas gravitacionales hasta cazarlas

Durante cinco meses a finales de 2015, Gabriela González tuvo que guardar el secreto más grande del universo. Quizá “el más grande del universo” sea una exageración, pero permítanme la hipérbole. Esta astrofísica argentina lideraba el equipo que creía haber captado por primera vez la señal que confirmaría la existencia de las ondas gravitacionales, pero había que verificar todos los datos antes de anunciarlo públicamente. Equipos diseminados por todo el mundo trabajaban para hacerlo y mientras tanto, todo eran rumores y ninguna confirmación.

Gabriela González (2018). Imagen: Wikimedia Commons.

Cuando por fin el 11 de febrero de 2016 los portavoces de la colaboración científica LIGO, que agrupa a más de mil científicos en dieciocho países, anunciaron que sí, que los rumores eran ciertos y que Einstein había acertado una vez más, González era la única mujer en el estrado junto a otros tres astrofísicos: David Reitze, Rainer Weiss y Kip Thorne.

González nació en Córdoba, Argentina, en 1965. Hija de una profesora de Matemáticas y un profesor de Economía, estudió en su ciudad natal siempre con muy buenas notas. Cuentan que era tan rápida resolviendo ecuaciones que solía aplicarse a sus ejercicios y, cuando terminaba, a los de sus compañeros. Se licenció en la Universidad de Córdoba en 1988 y después se trasladó a Siracusa, Estados Unidos, para doctorarse. Asegura que se interesó por la Física pensando que le daría la respuesta a todas las preguntas, pero una vez metida en la materia se dio cuenta de que más que respuestas, la física servía para plantearse aun más preguntas.

Einstein se equivocó en algo…

En esos años González se casó con el también astrofísico Jorge Pullin, en lo que ella considera un ejemplo de que Einstein sí se equivocó en algunas cosas. “Einstein decía que no se puede culpar a la gravedad de que la gente caiga en los brazos del amor. Pero eso es exactamente lo que nos pasó a nosotros. Nos conocimos porque ambos estudiamos la gravedad”.

Durante su carrera, González ha mostrado talentos aplicables a distintas áreas de la investigación. Durante sus primeros años de actividad, la mayoría de los físicos deciden si su trabajo discurrirá en el área de la teoría o de la experimentación. Pero ella empezó sus trabajos como científica teórica y después se pasó al lado experimental.

Por eso dentro del proyecto LIGO se ha encargado “un poco de todo”, asegura. Durante una temporada se encargó de la tarea crucial de evaluar el rendimiento de los interferómetros para asegurarse de que alcanzaban la delicadísima sensibilidad necesaria para captar las ondas gravitacionales (comparable a medir una diferencia del ancho del ADN en el equivalente a la órbita de Saturno, según lo describía este artículo en la revista Nature). También ayudó a liderar los equipos que analizaron los datos obtenidos, y jugó un papel fundamental a la hora de convencer a docenas de científicos expertos en ondas gravitacionales, y a sus colegas de áreas relacionadas, de que firmasen pactos de cooperación.

Hay que estar muy seguros antes de anunciarlo

El momento del anuncio fue crucial. Las ondas gravitacionales, perturbaciones gravitatorias que se esparcen por el espacio-tiempo, fueron predichas y descritas por Einstein como parte de su teoría de a relatividad general cien años antes de ser por fin encontradas. Ni él mismo pensó que pudiesen llegarse a detectar alguna vez, posiblemente por la dificultad de imaginar un siglo antes lo que la tecnología lograría avanzar hasta el día de hoy.

LIGO Hanford Observatory. Imagen: Wikimedia Commons.

El Observatorio LIGO, compuesto por dos interferómetros de cuatro kilómetros de largo cada uno, resulta impresionante de imaginar y complejo de entender aun hoy. En resumen, el equipamiento que contienen es capaz de medir cambios minúsculos, de hasta 10-19 metros, en la longitud de sus brazos, causados precisamente por la llegada de esas ondas gravitacionales, formadas por eventos astronómicos a miles de kilómetros de distancia.

Las mediciones hechas en 2015 que hacían pensar que por fin las tenían llegaron muy pronto: “Cuando llegó la señal, al principio no nos lo creíamos. Los detectores estaban todavía en pruebas, ni siquiera habíamos empezado a tomar datos oficialmente. Lo que siguió fue un periodo de trabajo intensísimo para comprobar todo una y otra vez”. Porque anuncios previos hechos con premura habían terminado en un chasco, así que no se podía levantar la liebre hasta que el hallazgo estuviese confirmado. “Todos sabíamos lo que nos jugábamos si anunciábamos un hallazgo que resultaba ser falso”, contó después en una entrevista para la Agencia Sinc.

Unos pocos días antes del anuncio los rumores comenzaron a extenderse y los periodistas empezaron a llamar para preguntar. González aguantó la presión y mantuvo el ritmo del análisis y las comprobaciones. Rainer Weiss, uno de sus colegas, ha asegurado después que fue ella la que mantuvo a todo el equipo centrado en aquellos momentos.

Por fin llegó el 11 de febrero de 2016, las ondas hicieron vibrar titulares de todo el mundo y González se hizo famosa. Muchos de aquellos titulares coincidían en señalar que esto abría una nueva era para la astrofísica, y González también lo cree. En una entrevista publicada en El País en verano de 2018 decía: “Piensa en esto: estamos viendo agujeros negros por primera vez. Yo prefiero decir que los escuchamos, porque no observamos las ondas electromagnéticas, lo que llamamos luz, sino que recibimos ondas gravitacionales” y hablaba con pasión del camino que esto abría por delante: “Estamos mirando el lado oscuro del universo. […] vamos a tener un laboratorio de física nuclear en el espacio del que vamos a aprender muchísimo sobre los elementos más pesados”. Hablaba con pasión de ese interés por encontrar lo desconocido algo que, decía, “sé que va a pasar”.

“Einstein o Sheldon Cooper no son modelos para las niñas”

Ella misma ha contado que fue después de aquel anuncio cuando se dio cuenta de su nuevo papel como modelo relevante a seguir por partida doble: mujer y latina. No se le escapó tampoco que el anunció coincidió, por casualidad, con el día dedicado a celebrar a las mujeres y las niñas en la ciencia.

Gabriela González (2018). Imagen: Wikimedia Commons.

González ha hablado en varias ocasiones del desequilibrio de género que hay en algunas ramas científicas, entre ellas la suya, la física, algo que atribuye al menos en parte al estereotipo del genio brillante y raro que a menudo se asocia con esta disciplina: “Me parece que los niños y las niñas […] cuando piensan en físicos se imaginan a Einstein, a Doc Brown de Regreso al futuro, a Sheldon Cooper de The Big Bang Theory, y eso no son modelos. Tal vez lo sean para los niños, pero no para las niñas.”

Por eso viaja y da conferencias, para demostrar que se puede ser una física relevante y a la vez una persona “normal”, y así atraer a la ciencia más mujeres y a personas pertenecientes a otras minorías: “En toda la ciencia, pero sobre todo en física, los problemas son difíciles y necesitan imaginación. Hace falta gente que traiga opiniones distintas”.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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