Sara Rietti: de la química nuclear al activismo de la ciencia política

Contaba Sara Rietti, nacida Sara Bartfeld el 3 de diciembre de 1930, que a ella le habría gustado estudiar Filosofía, Historia o Ciencias Políticas, pero que a su padre, un inmigrante ucraniano en Argentina, aquello le daba igual. Para su hija, habilidosa con el cálculo, no había una opción que no fuese una carrera de ciencias exactas. Al final estudió Química, igual que una prima mayor. “En la familia tenía prestigio, así que no me quedó mucha opción”.

Sara Rietti. Imagen: Universidad de Buenos Aires.

Así que al terminar secundaria, se matriculó en Químicas en la Universidad de Buenos Aires. Cuando en 1953 fue a hacer el último examen de la carrera, la facultad estaba intervenida y no había mesas a las que sentarse para escribir. Tuvo que ir a examinarse a Bariloche, a la Comisión Nacional de Energía Atómica. Así fue como, casi por casualidad, se convirtió en la primera mujer química nuclear de su país.

Modelo de barras y esferas del borano.
Imagen: Wikimedia Commons.

Una vez obtenido su título, comenzó a trabajar en su tesis doctoral, dedicada a lo que ella llamaba “sus boranos”, unos compuestos llamados hidruros de boro que se utilizan en la industria aeroespacial y que deben conservarse siempre en unas condiciones muy concretas: en frío y sin que les dé el aire ni estén en contacto con la humedad. Así que Barfeld (ya Rietti tras casarse con el también químico Víctor Rietti) pasaba por el laboratorio todos los días, fines de semana incluidos, a veces llevando consigo a alguno de sus hijos, para controlar las condiciones de “sus boranos”.

Contaba que cuidar de ellos, de sus hijos y de sus boranos, suponía jornadas agotadoras que empezaban con zafarranchos de desayuno y terminaban dando clases en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, y que podía llevarlas a cabo porque él la ayudaba. “Mi esposo siempre cocinó”.

Activista por convicción y porque no le quedó más remedio

Carrera científica y familia no fueron las únicas ramas de su vida que Sara Rietti tuvo que compaginar. Tenía una viva conciencia política en una época de convulsiones sociales políticas en Argentina, lo que le llevó a ejercer un activismo que también ocupaba gran parte de su tiempo y de su talento intelectual.

El 26 de junio de 1966, el teniente general Juan Carlos Oganía había derrocado al gobierno democrático y había instaurado una dictadura militar autodenominada Revolución Argentina. Antes de ese momento, las universidades públicas del país se organizaban según unos principios que establecían la autonomía universitaria y que el gobierno de la institución acordaba entre docentes, estudiantes y graduados.

El nuevo gobierno militar acabó con todo ello y decidió intervenir las universidades el 29 de julio, al mismo tiempo que los científicos, profesores y estudiantes estaban atrincherados dentro de las facultades a modo de protesta. La Policía Federal Argentina, intervenida por el ejército, tenía orden de reprimir violentamente esa oposición. Es lo que se llamó la Noche de los Bastones Largos, en referencia a las porras con las que los agentes golpearon a todos los participantes en la protesta. La violencia fue especialmente intensa en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales (donde se encontraba Rietti) y en la de Filosofía y Letras.

Noche de los Bastones Largos. Imagen: Wikimedia Commons.

Años después, Rietti contaba que los militares le tenían un odio feroz a la Facultad de Ciencias Exactas “porque creían que allí había un nido de subversivos o algo semejante. Y lo que en realidad había era un grupo de científicos brillantes, que no eran meros bichos de laboratorio, sino que estaban preocupados por conectar la ciencia y la tecnología con un modelo de desarrollo de país.”

En aquel momento ella era todavía una estudiante de Química con una viva conciencia política encendida en ella por un primo, ocho años mayor, ingeniero y troskista, que fue quien le ayudó a ir formando su biblioteca de juventud. “Él me enseñó a comprometerme con lo que hacía”. Aquella noche de julio de 1966 ella era una de las estudiantes encerradas en la facultad con el decano, el vicedecano y otros profesores. Salieron cuando entraron las fuerzas policiales a sacarlos, después de derribar al decano a golpes en la cabeza.

Científicos al exilio y de vuelta

Rietti pensó en aquel momento que sería más productivo continuar con la oposición de otra forma, en otro sitio. Se pasó la noche, junto con su marido, sacando a otros científicos y compañeros de las celdas de las comisarías, y desde aquel momento convirtió el salón de su casa en un centro de gestión para enviar a sus compañeros al exilio. Ella y su marido se encargaban de contactar con científicos en el exterior que pudiesen acogerles, y así les ayudaron a llegar a Venezuela, Brasil o Chile.

Ella misma deshizo después aquel trabajo. Tras la vuelta de la democracia en 1973, Manuel Sadosky, que era el vicedecano aquella noche fatídica, volvió al país y fue nombrado Secretario de Ciencia y Tecnología del Gobierno. Él llamó a Rietti y la nombró su jefa de gabinete, cargo que ocupó entre 1983 y 1989. Uno de sus encargos fue reconectar con todos aquellos científicos exiliados y traerlos de vuelta al país.

Porque otra cosa que hizo Rietti, y esto entronca con su faceta de investigadora, de mujer científica en una época donde de eso había poco y de activista política, fue analizar los entornos en los que se encontraba y, a partir de ahí, tejer redes personales, científicas e institucionales que sirvieran para ir más allá del paso inmediato evidente.

Ciencia al servicio de la democracia y por el progreso

Fue compañera y amiga de los científicos argentinos más relevantes del siglo XX, y colaboró con muchos de ellos en distintos empeños. Fue jefa de gabinete de Sadosky (matemático y científico de la computación), fundó el Centro de Estudios de Ciencias junto con José Babini (historiador de la ciencia e ingeniero) y Gregorio Klimovsky (filósofo y matemático) y fue miembro asociado del Centro de Planificación Matemática de Óscar Varsavsky, uno de los primeros científicos que aplicó modelos matemáticos a la investigación sociológica.

Sara Rietti (2012). Captura de pantalla
de ‘Mujeres de ciencia: Química nuclear‘.

Todas estas relaciones ayudaron a modelar las ideas de Rietti, que defendía la relación entre ciencia, desarrollo y democracia. Rietti creía en una ciencia autónoma pero interconectada que se saliese de los protocolos estrictos e inflexibles, que veía como una forma de promover patrones individualistas y la sujeción de los científicos a otros poderes. Defendía tender puentes entre disciplinas, especialmente entre las consideradas “ciencias duras” y “ciencias blandas”, dando a la producción científica un carácter social e histórico que sirviese realmente al pueblo y a la democracia para desarrollarse y avanzar en igualdad.

También creía y defendía activamente la necesidad de democratizar el conocimiento científico a través de la educación. En su opinión, los ciudadanos debían contar con el saber científico suficiente para participar en la toma de decisiones referentes a temas científicos y técnicos, sin necesidad de dejarlas en manos de unos pocos expertos que podían tener intereses concretos al margen del bien común.

No fue ajena al debate del género en el mundo de la ciencia. Fue integrante activa del Foro Nacional Interdisciplinario Mujeres en Ciencia, Tecnología y Sociedad y cuestionó críticamente la supuesta objetividad y neutralidad de un modelo de ciencia y giraba en torno al hombre como sujeto estudiante y estudiado. En su opinión, incorporar a las mujeres al entorno científico y académico y aceptar las diferencias entre todos los participantes tendría un enorme potencial para mejorar sus resultados y con ello mejorar la calidad de vida de la sociedad.

Sara Rietti falleció el 28 de mayo de 2017 a los 86 años en Buenos Aires.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

1 Comentario

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CesarCesar

Excelente historia de esta quimica nuclear, mujeres que aportan a la historia de una nacion soberana.

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