Mercedes Richards, la detective de las estrellas

Mercedes Richards. © Penn State University.

Mercedes Tharam Davis, o Mercedes Richards (su apellido de casada y como era más conocida), nació en Kingston, capital de Jamaica, en 1955. Muy pronto aprendió de sus padres dos habilidades que le serían muy útiles en su carrera de astrofísica: de su madre, contable, aprendió a ser precisa y minuciosa en su recogida de datos y extracción de conclusiones; de su padre, policía, aprendió a ser una atenta observadora y a deducir más allá de lo que está a simple vista.

Era muy pequeña, aun estaba en sexto curso del colegio, cuando decidió que su ambición en la vida sería convertirse en astrónoma. “Las estrellas en Jamaica son muy, muy bonitas. Mi padre y yo nos sentábamos fuera a hablar de la vida y la filosofía bajo el cielo, y más que nada en el mundo yo quería entender qué era lo que allí pasaba: ¿por qué brillan las estrellas?”, recordaba la propia científica años después.

Mercedes acudió al colegio y al instituto en su ciudad natal, este segundo con las aulas segregadas por género. Tener solo profesoras durante esa edad fue una fuente de inspiración para ella, porque le parecían modelos a seguir. De ahí pasó a la universidad, y en 1977 se licenció en Física en la Universidad de las Antillas. Después se trasladó a Toronto​ donde, dos años más tarde obtuvo el Máster en Astronomía en la Universidad de York y en 1986 el Doctorado en Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Toronto.

“Lo que hacemos es un trabajo de detective”

En todo ese tiempo no olvidó aquellas charlas con su padre ni los paseos que daban juntos al amanecer por el jardín botánico local observando y distinguiendo los colores de las hojas y las plantas. “Lo que hacemos en definitiva es un trabajo de detective. Los astrónomos queremos saber lo que ha ocurrido, así que buscamos evidencias. Lo que hacemos es encajarlas todas, como si fuésemos los científicos forenses del cielo”.

En concreto, Mercedes Richards se especializó en el estudio de sistemas binarios, en el que dos estrellas orbitan en torno a un centro común. Los sistemas binarios son interesantes en astronomía porque sus órbitas, determinadas por la gravedad del objeto que las vincula, supone una herramienta directa y sencilla para calcular la masa de esas estrellas. Pero además, son fascinantes porque suele haber también cuerpos rivales, opuestos con los que interactúan de alguna forma y con los que pueden llegar a eventos cataclísmicos. “Algunas de las cosas más emocionantes que ocurren en el cielo ocurren en los sistemas binarios”.

Mercedes Richards.

Claro que esto no se percibe a simple vista. Millones de kilómetros separan a los astrónomos de estos sistemas y sus potenciales alteraciones, así que utilizan un proceso llamado análisis espectral: igual que un prisma divide la luz del sol en todos sus componentes, o espectro, un espectrómetro divide la radiación que generan estos eventos espaciales en sus patrones característicos.

Bien, pues Mercedes se dedicaba a estudiar estos patrones como si fuesen huellas dactilares, determinando así la composición de las estrellas analizadas y su movimiento respecto a la Tierra. Esto le recordaba, contó en una ocasión, a momentos de su infancia en los que se quedaba absorta mirando la luz formar colores al atravesar los cristales de una lámpara de araña.

Hacerle un TAC a las estrellas

A lo largo de su carrera participó en estudios relacionados con la astrofísica computacional, la astrofísica estelar, los exoplanetas y las enanas marrones. Y sin embargo, su avance más reconocido fue el de ser pionera en emplear una técnica médica para el análisis de estas estrellas binarias.

Para analizar cómo el gas fluye de una estrella a otra o hacia otro cuerpo al iniciarse el evento cataclísmico, Mercedes ideó la astrotomografía. “Es como hacerle un TAC (tomografía axial computarizada) a una estrella: hacemos muchas observaciones espectrales a nuestro paciente, el sistema binario en este caso, desde distintas perspectivas a medida que se va moviendo respecto a nosotros, y luego las combinamos. El resultado es una imagen combinada en la que vemos cómo se mueve el gas de una estrella a otra”. De esta forma no solo pudo confirmar su propio modelo previo, sino que además demostró que la fuerza de la gravedad entre ambos componentes de este sistema se comporta tal y como las leyes de la física predicen.

Otro de sus hitos profesionales tuvo mucho más calado entre el público general: cuando en 2006 la Unión Astronómica Internacional rebajó a Plutón de su estatus de planeta al de planeta enano, Mercedes formaba parte del equipo que tomó la decisión, y votó a favor. El criterio científico era que, comparándolo con los demás planetas del sistema solar y con los cada vez más exoplanetas descubiertos más allá de sus límites, Plutón claramente correspondía a otra categoría planetaria, pero esa lógica no hizo que la decisión decepcionase menos a miles de personas en todo el mundo que sienten predilección por ese pequeño, oscuro y frío peñasco de órbita extraña.

‘Infectar’ de pasión al alumnado

Mercedes Richards.

Mercedes fue profesora e investigadora de la Universidad de Charlottesville, en Virginia, pero la mayor parte de su carrera se desarrolló en la Universidad Estatal de Pensilvania donde ocupó el cargo de profesora de Astronomía y Astrofísica. Un cargo que fue para ella tan importante como el de investigadora. “Creo que me perdería algo muy importante si estuviese encerrada solamente investigando y no enseñando”, dijo en alguna ocasión.

Le encantaba inspirar a su alumnado, infectarlo, como ella decía, con la pasión por la ciencia. “Siento que es una misión. Es muy importante que transmitamos nuestro conocimiento y apreciación por la ciencia, porque estos estudiantes un día dirigirán nuestro gobierno y nuestras universidades. Quiero que dentro de diez años piensen: ‘Vaya, qué bien me lo pasé en aquella clase, ¡la ciencia es divertida!'”.

Como reconocimiento a su enorme avance científico, en 2008 recibió la Medalla Musgrave, concedida cada año por el Instituto de Jamaica a los jamaicanos que han hecho grandes aportaciones en los campos del arte, la literatura o la ciencia. En su discurso de aceptación, volvió a incidir en la necesidad de acercar a los jóvenes a la ciencia: “En Jamaica, la cultura –Bob Marley, el baile, la historia– se ve como algo más cercano a la vida de la gente que la ciencia. La ciencia se ve como algo que hace gente rara. Yo espero que los niños aprendan a ver la ciencia como algo natural y positivo”.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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