Anna J. Harrison: La ciencia no es solo ciencia

Anna J. Harrison. Imagen Wikimedia Commons.

Recordamos a Anna Jane Harrison por su excelente carrera como química y divulgadora, por ser la primera mujer en presidir la American Chemical Society (ACS), pero sobre todo por ser una gran inspiración para todas las mujeres que, gracias a ella, tuvieron el valor de tomar una carrera de ciencias. Nacida en 1912, su pasión por la ciencia se fraguó desde el colegio y la acompañó toda la vida, sin embargo, podría decirse que su gran pasión fue la educación, de la cual nos ha dejado su mayor legado y de donde, en parte, nacen la mayor parte de sus éxitos. Se graduó en química y también en educación y consiguió doctorarse en 1940 de la primera.

Tras doctorarse comenzó a dar clases colegio para mujeres de la Universidad de Tulane, pero tuvo que dejarlas para dedicarse a investigaciones militares durante la Segunda Guerra Mundial. Acabada la guerra, volvió en su empeño de educadora y profesora, yéndose a trabajar en el Mount Holyoke College; su decisión probablemente se vio alimentada por el deseo de trabajar con Emma Perry Carr, una reconocida especialista en la técnica de la espectroscopía. Fue en esta facultad, fundada hacía ya más de cien años por la pionera en educación Mary Lyon, donde se quedó el resto de su carrera como investigadora, hasta 1979 cuando se jubiló. En 1950 se ganó el puesto de profesora titular y diez años más tarde el de jefa de su departamento.

Las mayores contribuciones científicas de Harrison, aunque no las únicas, surgieron del dominio de la técnica de espectroscopía de ultravioleta: con ella pudo describir la estructura química de muchas moléculas orgánicas. Esto se consigue sometiendo la sustancia que se quiere estudiar a radiación UV; el patrón de luz que se obtiene de esto se debe a la interacción de la molécula con la luz, que es propia de la estructura química. Por el mismo principio, cada material presenta distintos colores, y al verlos distinguimos qué son.

Además de desarrollar una excepcional carrera científica, Anna se esforzó por visibilizar la ciencia. Ella sostenía que las responsabilidades de los científicos no abarcaban únicamente la investigación y la docencia, sino que su profesión era fundamental para la educación científica de la sociedad y, por tanto, son responsables de su bienestar. Sus ideales la condujeron a dirigir la división de divulgación de la ACS. Gracias al discurso de la concienciación pública de la ciencia obtuvo un sitio en la National Science Board de EE. UU., que se dedica a aconsejar al presidente y al congreso en cuestiones científicas.

Abandonó sus responsabilidades en el consejo de investigación para asumir la presidencia de la American Chemical Society en 1978, desde donde promulgó la divulgación entre sus colegas. De esta forma se convirtió en la primera mujer en presidir esta institución.

Anna Harrison será recordada por sus colegas como una voz fuerte y clara para la educación de la química y, como nuestra primera presidenta, una persona que demostró que el liderazgo y la dedicación no entienden de género.

Joan E. Shields
De izquierda a derecha: Kathleen Zier, Anna Jane Harrison, Mary Sherrill y Marie Mercury. Imagen Wikimedia Commons.

Se jubiló de sus responsabilidades científicas al año siguiente pero mantuvo su actividad por la concienciación científica. Escribió en diferentes revistas y divulgó aprovechando que fue nombrada presidenta de la American Association for the Advancement of Science, y viajó en múltiples ocasiones a Europa y Asia representando a esta y otras instituciones en nombre de la comunicación de la ciencia. Finalmente, junto a varios de sus colegas escribió su obra más conocida: Chemistry: A Search to Understand, descrita por B. F. Walker como una obra ‘poco convencional y posiblemente única, destinada a estudiantes intelectualmente curiosos’.

Sus esfuerzos para que la ciencia tuviese más protagonismo y peso en la sociedad, y su lucha por la integración de la mujer en la ciencia fueron ampliamente premiados. Por ello recibió el James Flack Norris Award por su ‘logro excepcional de la enseñanza de la química’ en 1977, y el Award in Chemical Education de la American Chemical Society en 1982, entre otros. Sin embargo, el mayor premio, probablemente sea el impacto que tuvieron sus ideales.

Su mayor orgullo reside seguramente en los cientos de vidas de mujeres que tocó y en la diferencia que estas mujeres han generado en su amada química y al mundo a través de la química.

Paul H. L. Walter

Bibliografía

Sobre el autor

Manuel San Martín Fernández de Heredia (@Cieniciencia) es microbiologo y divulgador.

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