Williamina Fleming, la astrónoma accidental que descubrió más de 300 estrellas

Williamina Fleming (hacia 1890). ©Wikipedia.

En 1879, Williamina Paton Stevens Fleming tenía 23 años y estaba embarazada y sola en Boston, lejos de su Escocia natal y abandonada por su marido tan solo dos años después de casarse. Las cosas no pintaban nada bien para ella: no tenía un sitio donde vivir, no tenía dinero y se enfrentaba a la perspectiva de ser madre soltera en un país extranjero para ella.

Así que se afanó en buscar trabajo, y lo encontró. Se presentó para un puesto de sirvienta y ama de llaves en el Harvard College Observatory. Probablemente aquello supuso un golpe para su orgullo: Williamina llevaba años trabajando como profesora, y pasar de ahí a limpiar el polvo no debió ser fácil. Pero la necesidad apremiaba y ella necesitaba un sueldo.

Lo que Williamina no sabía entonces es que este fue el primer paso de una exitosa carrera como astrónoma que la llevaría a catalogar más de 10.000 estrellas y a descubrir otras 300 además de novas, nebulosas, enanas blancas y otros tipos de cuerpos celestes. Cuando el telescopio espacial Hubble nos mostró por primera vez imágenes de la peculiar Nebulosa de Cabeza de Caballo, hubo que reconocer que Williamina ya la había descrito al detalle décadas antes.

Pero en 1879 nada de todo esto estaba en la mente de esta inmigrante escocesa. En ese año, entrar a trabajar en el observatorio fue un acto de necesidad. Por entonces, el director del observatorio, Edward Pickering, tenía a un equipo de “computadoras humanas” que se dedicaban a analizar imágenes rudimentarias captadas con los telescopios de Harvard y de otros centros para calcular el brillo de las estrellas y tratar de calcular su posición.

El trabajo era realizado principalmente por hombres mal pagados, y Pickering dijo en alguna ocasión que las tareas eran tan rudimentarias y sencillas que hasta su “sirvienta escocesa” podría hacerlo. Quizá lo dijo porque intuía el potencial de Williamina. En cualquier caso, en 1889, con 33 años, ella terminó al mando de las contrataciones, favoreciendo que más mujeres accediesen a estos puestos y con ello dando forma a lo que se conocería como el harén de Pickering. Una de estas mujeres sería Henrietta Swan Leavitt, que más adelante descubriría un método para medir el tamaño del universo.

Al principio la mayoría eran mujeres sin formación astronómica concreta, como la propia Williamina, de la que no se esperaba un ingenio o brillantez especial. Solo tenían que aplicar el método de cálculo para analizar las fotografías e imágenes de las estrellas. Y sin embargo, era un trabajo más estimulante que el de limpiar o el de una fábrica. A él llegaron mujeres formadas de las universidades femeninas de la zona, y el equipo empezó a destacar por su eficacia y sagacidad.

A los pocos años de asumir el liderazgo, Williamina publicó dos artículos en The Astrophysical Journal sobre dos estrellas variables y posteriormente participó en el Catálogo Draper, en el que se recogía la clasificación de 10.000 estrellas descubiertas y catalogadas por ella y por algunas de sus discípulas y clasificadas en diecisiete categorías diferentes.

Williamina Fleming trabajando. ©Harvard University Archives.

Quizá su trabajo más reconocido es el que tiene que ver con la Placa 2312, captada el 6 de febrero de 1888 y que retrata la zona del cinturón de Orión y la nebulosa de Orión. Allí, Williamina describió “una nebulosidad con forma de semicírculo, intensa y bien delimitada”. Estaba hablando de la Nebulosa de Cabeza de Caballo, reconocible y famosa por su peculiar forma de la que el telescopio espacial Hubble nos traería imágenes muchos años después.

Además de esta, Williamina descubrió durante toda su carrera otras 58 nebulosas gaseosas, 310 estrellas variables, 10 novas y las propiedades de los espectros de las enanas blancas, estrellas muy densas y muy calientes. También estableció los primeros estándares fotográficos de magnitud, utilizados para medir el brillo de algunas estrellas.

En 1899 el trabajo de Williamina fue reconocido públicamente por la Harvard Corporation, que le concedió el puesto de Curator of Astronomical Photographs. Fue la primera mujer que ocupó ese cargo. Le siguieron otros honores, pero la carrera de esta astrónoma por casualidad estuvo también lastrada por el machismo de la época: el nombre de su jefe figuró como autor de varios de sus descubrimientos, incluso cuando él mismo explicaba en el texto que los avances se debían al trabajo de ella, y solo en ediciones posteriores el error fue subsanado y la auténtica autora fue reconocida.

En su diario, Williamina recoge algunas reflexiones que no nos suenan en absoluto antiguas a día de hoy: “A veces me siento tentada de abandonar y dejar que contrate a un hombre para hacer mi trabajo, de modo que se dé cuenta de lo que obtiene por mil quinientos dólares al año conmigo comparado con los dos mil quinientos de otros asistentes. ¿Piensa él alguna vez que tengo una casa y una familia a la que atender igual que los hombres? Pero supongo que una mujer no tiene derecho a semejantes comodidades. ¡Y esta se considera una época ilustrada…!”.

Tanto en su diario como en los escritos de sus discípulas, Williamina aparece no solo como una astrónoma perspicaz y concienzuda, también como una mujer animada, extrovertida y llena de intereses también fuera del laboratorio.

Nunca estaba demasiado cansada para dar la bienvenida a sus amigos en casa o en el observatorio, con esa cualidad de simpatía humana que a menudo le falta a las mujeres involucradas en proyectos científicos. Su cara brillante, sus modales atractivos y su saludo alegre con ese encantador acento escocés serán recordados incluso por los visitantes más casuales del Harvard College Observatory.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

1 Comentario

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Jose PedroJose Pedro

Leí que el astronomo jefe de observatorio de Harvard Edward Pickering tuvo una riña con un ayudante que habia contratado para catalogar estrellas y le dijo “¡hasta una criada haría mejor ese trabajo que Vd!” y lo despidió. Para confirmar que esa afirmacion era cierta, pidió a la “criada” de su casa que fuese al observatorio astronomico para hacer el mismo trabajo que el ayudante despedido, y fue un exito, Williamina Fleming era extremadamente habilidosa calculando la situacion de miles de estrellas y clasificandolas (con un prisma veian una serie de rayas en la luz de la estrella lo que permitia medir la proporcion de helio y de acuerdo con ello las clasificaban). Dado el exito y dado que se estaba haciendo un gran catalogo de estrellas, se decidió contratar para esta tarea de situar y clasificar estrellas a un equipo de mujeres a las ordenes de Williamina Fleming en vez de hombres ya que las mujeres eran mas habiles en trabajos minuciosos y en aquella época se encontraba normal pagar la mitad de sueldo a las mujeres que a los hombres con lo que el observatorio podia tener el doble de “clasificadores de estrellas” por el mismo dinero. Williamina Fleming habia estudiado magisterio en Escocia, se caso y ella y su marido emigraron a USA. Una vez en ese pais y tras quedar embarazada fue abandonada por el marido por lo que tuvo que buscar trabajo como sirvienta, casualmente en casa del astronomo jefe de Harvard

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