Martha Jane Hunt Coston (1826-1904)

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Martha Coston.

Inventora y empresaria estadounidense. Nacida en Baltimore (Maryland) como Martha Jane Hunt, perdió a su padre muy pronto, por lo que debió trasladarse a Filadelfia (Pensilvania) con el resto de su familia ya en la década de 1830. En 1840, con solo 14 años edad, se hizo novia de Benjamin F. Coston (1821-1848), un joven cinco años mayor que ella y prometedor inventor que había desarrollado un prototipo funcional de submarino capaz de navegar ocho horas bajo el agua. En 1842, Benjamin fue contratado para dirigir el laboratorio pirotécnico del Astillero de la Armada de los Estados Unidos en Washington (D.C.), lo que motivó que la pareja se casara en secreto y Martha se fugara con su marido a la capital federal.

Publicidad del generador de gas sylvic
inventado por Benjamin Coston.

En el astillero, Benjamin fue decisivo en el perfeccionamiento del cohete explosivo inventado en 1844 por el británico William Hale (1797-1870) con vistas a su utilización por el ejército estadounidense durante la guerra contra México (1846-1848). Asimismo, Benjamin creó un nuevo tipo de cebador (cápsula fulminante de percusión) para piezas de artillería y diseñó un sistema de bengalas de señales codificado por colores para la comunicación entre barcos, algo que entonces se hacía usando banderas durante el día y linternas en la oscuridad.

En 1847, Benjamin dejaba su puesto en Washington a causa de unas desavenencias salariales relacionadas con el cebador y aceptaba la dirección de la Boston Gas Company, donde puso en práctica una patente (no. 5210) que se le concedió ese mismo año a favor de un aparato para la fabricación del “sylvic”, un gas basado en colofonia (una resina de coníferas) y empleado con mucho éxito en la iluminación comercial y doméstica (hoteles, faros, barcos de vapor, cabañas, factorías o iglesias). Sin embargo, la continua exposición a humos tóxicos, tanto en el astillero como en la empresa de gas, provocó que Benjamin cayese gravemente enfermo y muriera, dejando una viuda empobrecida y cuatro hijos de corta edad (dos de los cuales también fallecerían en los dos años siguientes).

Patente estadounidense n 5210 (Benjamin Coston). Imagen USPTO.

Consciente de la importancia de las señales navales concebidas por su marido, Martha Coston decidió acabar unas investigaciones que no habían ido más allá de una serie de fórmulas químicas y de unos planos donde se mostraba que cada señal iba asociada a un número y una letra. La idea a plasmar era una bengala que al explotar diseminara llamaradas de varios colores en una determinada combinación que expresara un código de comunicación.

Puesto que Martha carecía de formación técnica o científica, se vio obligada a tratar con expertos en química y pirotecnia, en ocasiones haciéndose pasar por hombre para que confiaran en ella y, además, sufriendo no pocos fraudes. Pero las bengalas resultantes (probadas en el astillero de Washington) no funcionaban del todo bien, debido a que eran difíciles de hacer y usar, las luces no duraban lo suficiente para ser detectadas de barco a barco o desde tierra, ni era sencilla la mezcla de compuestos químicos para generar colores ni las carcasas resistían las condiciones del mar.

Para diferenciar los mensajes, Martha Coston consiguió recrear dos colores, el blanco y un rojo vivo, pero le faltaba un tercero. Optó primeramente por el azul, a fin de que la combinación reflejara el cromatismo de la bandera estadounidense, pero no pudo lograr que la llamarada tuviese la intensidad apropiada para ser vista desde grandes distancias. Sin embargo, en 1858, encontró el azul deseado durante una exhibición de fuegos artificiales que se celebró en Nueva York con motivo del término de los trabajos del cable telegráfico trasatlántico. Así que contactó con fabricantes neoyorquinos de pirotecnia para que le produjeran ese mismo color. El azul acabó descartado al ser caro de producir, pero Coston encontró al fabricante Gustavus A. Lilliendahl, que hacía un fuego artificial de color verde muy intenso, lo que finalmente la convenció, decidiéndose a establecer su propia empresa, Coston Manufacturing Company (CMC), con sede en Nueva York, y más adelante denominada Coston Signal Company (hasta 1927) y Coston Supply Company (hasta 1985).

Empleo de las señales Coston en un salvamento marítimo sucedido en 1905 en Cabo Cod (Mass.).

En abril de 1859, como administradora testamentaria de su marido, Coston registraba la patente no. 23536 para un sistema de señales pirotécnicas nocturnas. El diferente material pirotécnico iba dentro de una docena de carcasas de cartón cerradas con una cinta y una tapa, impermeabilizadas mediante barniz y de tres tamaños distintos, según se tratara de producir una sola señal de corta duración, una sucesión de dos o una de tres. Para encender una señal, simplemente había que quitar la cinta, abrir la tapa y a continuación prender la bengala con una cerilla. Si lo que se deseaba era expresar un mensaje compuesto de una combinación de varias señales, entonces debían dispararse una detrás de la otra en una sucesión lo bastante rápida para luego dejar pasar un intervalo de aproximadamente un minuto antes de prender la siguiente señal.

El código de comunicación era un “alfabeto” formado por diez números (del 0 al 9) y dos letras (P y A), signos que se encontraban impresos en las tapas de los recipientes que albergaban el diverso material pirotécnico.  Así, por ejemplo, para significar los números uno, dos y tres se encendían respectivamente las bengalas blanca, roja y verde (todas de corta duración) que estaban contenidas en las carcasas numeradas con tales dígitos. Los contenedores con los números del cuatro al nueve llevaban bengalas que producían llamaradas con combinaciones sucesivas de dos colores: blanco-rojo (4), blanco-verde (5), rojo-blanco (6), rojo-verde (7), verde-blanco (8) y verde-rojo (9). El cero se expresaba con una sucesión de tres fuegos: blanco-rojo-verde. La letra P indicaba bengalas de luz blanca prolongada cuyo significado era que se estaba preparado para iniciar la comunicación, mientras que la letra A expresaba el asentimiento a la señal antes mencionada a través de un fuego rojo también duradero.

Patente estadounidense no. 23529 (sistema de señales de Martha Coston). Imagen USPTO.

Al mismo tiempo que Coston depositaba su patente, Lilliendhal registraba otra con el no. 23529, pero cuyos derechos se los había cedido a ella a cambio de tener licencia para fabricar las señales. Esta patente recogía la aplicación del fuego de color verde desarrollada por Lilliendhal y, asimismo, buscaba solventar algunos otros déficits del sistema de Coston como la lentitud en la apertura de las carcasas, el exceso de humo en la combustión o contaminaciones entre los componentes pirotécnicos. Las mejoras introducidas por Lilliendhal concernían al diseño de los recipientes, todos de la misma longitud y provistos de un casquillo en el que colocar un mango para un manejo mejor, así como a la compresión dentro de los mismos de las mezclas pirotécnicas, dispuestas en tres capas explosivas más una incombustible, separadas por láminas delgadas de papel o de estaño.

Patente estadounidense no. 23529 (instrucciones de uso de las bengalas). Imagen USPTO.

Previamente a ser patentado, a principios de 1859, el sistema de señales nocturnas se puso a prueba en el astillero de Washington ante una junta de examinadores navales presidida por Isaac Toucey (1792-1869), el Secretario de Marina (1857-1861). El resultado fue tan favorable que la junta recomendó a la Armada adoptar el sistema de Coston al considerarlo el mejor de los existentes e indispensable para una conducción eficiente de la flota, gracias a su buena inteligibilidad, gran precisión, sencillez de uso y bajo coste. Las luces podían verse a una distancia de unos 40 kilómetros.

Por todo ello, la administración quiso adquirir la patente, aunque de manera poco honorable mediante tácticas dilatorias o de bloqueo, llevando la cuestión al Congreso para su debate y aprobación. En cualquier caso, en marzo de aquel año, el Departamento de Marina encargó a Coston un primer pedido de trescientos juegos de señales (3600 bengalas) con un precio de seis mil dólares (a cuatro dólares las pequeñas y a siete las más grandes). Las señales fueron preparadas en forma de cartuchos (a su vez coloreados de acuerdo al código) que podían dispararse a través de una pistola de percusión fabricada al efecto.

Acuciada económicamente ante el retraso que suponía la tramitación política de la venta de los derechos de su invento, Coston decidió patentarlo en otros países (Gran Bretaña, Francia, Holanda, Austria, Dinamarca, Italia y Suecia) y en agosto de 1859 partió hacia Europa con la intención de negociar contratos con los gobiernos británico y francés, por lo que estuvo residiendo entre Londres y París hasta 1861.

Ese mismo año, el estallido de la Guerra Civil en su país precipitó su vuelta a Washington. Coston presentó ante el Congreso el proyecto de ley de venta de su patente, que finalmente fue aprobado en agosto de 1861, no sin antes encontrarse con la dura oposición de congresistas muy poderosos, contrarios a que el gobierno comprara en tiempo de guerra derechos de propiedad sobre invenciones. Los 40 000 dólares demandados al principio por Coston fueron rebajados a 30 000 por la Cámara de Representantes y el precio quedó finalmente establecido en 20 000 por el Senado.

Equipo de señales Coston (1864).

Mientras tanto, CMC había estado abasteciendo de bengalas a seiscientos buques de la flota nordista. Durante toda la guerra (1861-1865), llegaron a fabricarse unos cien mil equipos de señales (1 200 000 cartuchos), también por la empresa de Lilliendhal, aunque siempre a precio de costo, lo que significaba vender a pérdidas y, por tanto, una actividad ruinosa. Si bien el gobierno prometió a Coston resarcirla económicamente, acabó ofreciéndola años después (en 1875) tan solo 15 000 de los 120 000 dólares que la debían haber correspondido.

El agravio y la injusticia del gobierno fueron aún más hirientes, pues el sistema de señales demostró unas prestaciones magníficas en operaciones bélicas llevadas a cabo por la armada nordista, destacando sobre todo durante las acciones de bloqueo en el Golfo de México (1864) o en la batalla de Fort Fisher (1865). Al término de la guerra, el Servicio de Salvamento de los EE. UU. adoptó también las señales, al igual que numerosas armadas extranjeras, compañías navieras y clubs privados de yates, llegando a ser premiado el invento en las Exposiciones Universales de Filadelfia (1876), París (1878) y Chicago (1893).

En 1871, Coston obtuvo otra patente (no. 115935), esta vez en su propio nombre, a favor de mejoras en su sistema de señales nocturnas, ahora adjetivado también como “telegráfico” (sin duda en referencia al código Morse de comunicación). El invento constituía una configuración completamente distinta de las bengalas. En esta ocasión, el material pirotécnico se encontraba dentro de un estuche de autoencendido que estaba hecho en madera gruesa y compuesto de dos carcasas, una exterior y otra interior. Al girar manualmente la primera gracias a un mecanismo de rosca, se producía entonces una fricción sobre una cerilla de ignición rápida que prendía las sustancias inflamables ubicadas en la carcasa interna, cuya adecuada fijación quedaba garantizada por un resorte metálico.

Patentes estadounidenses no. 115935 (Martha Coston) y 197339 (Henry Coston). Imagen USPTO.

Los dos hijos de Martha Coston que llegaron a la edad adulta colaboraron con su madre y ellos mismos aportaron sus propias patentes de invención relacionadas con las bengalas nocturnas desarrolladas por su progenitora. En 1877, Henry H. Coston (1844-1896), que llegó a ser capitán del Cuerpo de Marines, obtuvo una patente (no. 197399) para un cartucho de señales que se disparaba desde armas de fuego.  Por su parte, William F. Coston (1847-1901) recibió dos patentes (no. 658498 y no. 674400). La primera, de 1900, a favor de una caja compartimento para guardar bengalas, mientras que la otra, de 1901, era para un disparador de cartuchos de señalización a través de un mecanismo percutor. Ese mismo año, William fallecía trágicamente a consecuencia de una explosión sucedida en su laboratorio de West Brighton (un barrio del distrito neoyorquino de State Island). Su madre moriría cuatro años después. En 2006, Martha Coston ingresaba en el Salón de la Fama de los Inventores Nacionales.

Patentes de William Coston: no. 658498 (izquierda) y no. 674400. Imagen USPTO.

Bibliografía

Coston, Martha J. A Signal Success. The Life and Travels of Mrs. Martha J. Coston; Lippincott Co., Filadelfia, 1886

Publicidad de las señales Coston (1913).

Enlaces

Sobre el artículo original

Museo Virtual de la Propiedad Industrial.

Un especial agradecimiento al Equipo de Investigación sobre Propiedad Industrial. Convenio de Colaboración OEPM-UAM por permitir su reproducción en Mujeres con ciencia.

Sobre la autora

Raquel Pintado Heredia. Editado el OEPM por Luis Fernando Blázquez Morales. Equipo de Investigación sobre Propiedad Industrial. Convenio de Colaboración OEPM-UAM.

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