Daisy Roulland-Dussoix: científica a incluir en la génesis de la ingeniería genética

Vidas científicas

Daisy Roulland-Dussoix.

Daisy Dussoix nació en Suiza en 1936. Estudió Química y Biología en la Universidad de Ginebra, graduándose en estas dos especialidades a los 22 años de edad. Era el año 1958, y la joven decidió hacer su tesis doctoral en microbiología bacteriana en la misma universidad.

A finales de la década de 1950, los biólogos, en colaboración con numerosos físicos estaban inmersos en un nuevo y prometedor ámbito de trabajo: el estudio de los virus (llamados bacteriófagos o simplemente fagos) que infectan a las bacterias, y los mecanismos desplegados por éstas como respuesta ante tales asaltos.

En aquellos años, el Instituto de Física de la Universidad de Ginebra contaba con un equipo de expertos en genética bacteriana trabajando intensamente sobre fagos y bacterias. En este centro destacaba la brillante investigadora Grete Kellenberger-Gujer, quien había demostrado que el ADN del fago puede ser degradado, o sea, fragmentado por la célula infectada, impidiendo así la contaminación.

En el mismo Instituto, otro microbiólogo también suizo, Werner Arber, en su tesis doctoral dirigida por Grete Kellenberger había conseguido ampliar los resultados de la científica. Tras una estancia post doctoral en los Estados Unidos, Arber regresó a Ginebra y formó su propio equipo de investigación, cuya principal finalidad era continuar con sus prometedores resultados sobre bacterias y bacteriófagos. A este equipo se incorporó como doctoranda la joven Daisy Dussoix, quien leería su tesis doctoral en 1964.

Las enzimas de restricción son proteínas que
actúan como tijeras moleculares cortando ADN.

Werner Arber y Daisy Dussoix lograron demostrar lo que Grete Kellenberger había intuido: al infectar a una bacteria, el ADN del fago es degradado bajo la acción de unas proteínas de naturaleza enzimática; una especie de «tijeras» moleculares capaces de cortar el material genético por sitios específicos. Se trata de las llamadas enzimas de restricción. Asimismo, Arber y Dussoix evidenciaron que las bacterias modifican químicamente a su ADN (añaden grupos metilo, CH3) para protegerlo. De esta manera explicaron porqué las «tijeras» bacterianas eran capaces de cortar el ADN del fago, pero no hacían lo mismo con el ADN de la propia bacteria.

Juntos, Arber y Dussoix expusieron sus hallazgos ante la comunidad científica en el Primer Congreso Internacional de Biofísica, celebrado en Estocolmo 1961. Un año más tarde, el trabajo salió publicado en dos artículos firmados por ambos investigadores. Además, Werner Arber también presentó la investigación en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Ginebra, lo que le valió el prestigioso premio Plantamour-Prevost.

El descubrimiento de las enzimas de restricción tuvo una enorme trascendencia. De hecho, los investigadores las han usado como herramientas para estudiar la función de los genes de todo tipo de organismos, logrando aplicaciones en la resolución de problemas de medicina, industriales y agrícolas. El mayor y mejor conocimiento de las enzimas de restricción ha contribuido al nacimiento de una de las tecnologías más influyentes de la segunda mitad del siglo XX: la ingeniería genética.

En 1978, Werner Arber recibió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina, que compartió con Hamilton Smith y Daniel Nathans, por el descubrimiento de las enzimas de restricción y sus múltiples aplicaciones en el ámbito de la genética molecular.

Perspectiva de género y el premio Nobel de Werner Arber

La mayor parte de los autores de libros de texto o manuales se limitan a señalar que en las décadas de 1950 y 1960 el microbiólogo suizo Werner Arber descubrió unas herramientas moleculares llamadas enzimas de restricción, capaces de fragmentar el ADN cortándolo por sitios específicos. Apuntan asimismo que las bacterias utilizan estos enzimas para destruir a los fagos que las infectan.

La descripción de este descubrimiento, como hemos apuntado, fue publicada en 1962 en dos artículos firmados ambos por Werner Arber y Daisy Dussoix como únicos autores. En la bibliografía posterior, sin embargo, se ha «olvidado» hacer mención a la importante participación de Daisy Dussoix, pese a que fue considerada como un miembro destacado del equipo de Arber.

Cartas de Daisy Dussoix (enviadas a su
hermano, 1978, primera página de 14),
en ellas expresa su frustación porque la
influencia de su trabajo no fue reconocida
por Werner Arber al recibir el Nobel.

En la autobiografía con motivo del Nobel, Werner Arber sólo hace una breve referencia a que el «trabajo [fue] presentado por primera vez por mí mismo y Dasy Dussoix a la comunidad científica durante el Primer Congreso Internacional de Biofísica celebrado en Estocolmo el verano de 1961».

A Daisy Dussoix esta corta reseña le pareció demasiado insignificante, pues no reflejaba el respeto que su participación merecía. En unas cartas escritas desde los Estados Unidos a su hermano en 1978, afirmaba: «estoy muy furiosa, porque aparentemente él [apenas] ha mencionado mi nombre, y he hecho la mitad del trabajo por el que ha recibido el premio Nobel».

En el mismo sentido, la científica escribía: «He trabajado con Werner desde 1959 hasta 1963; en esta fecha me vi obligada a cambiar el proyecto de mi tesis doctoral supuestamente porque yo no podía usar el trabajo hecho con Werner. Pero en realidad fue debido a que Werner, después de regresar de Estados Unidos, necesitaba conseguir una paga decente y tenía que encargarse él mismo de la investigación sobre radiación, para la cual en aquella época había más dinero. Debido a que él no estaba para nada interesado en realizar la investigación por la que se le pagaba, alguien tenía que hacerla, y ese alguien fui yo. Es por esto por lo que durante más de un año antes de mi partida a los Estados Unidos, no pude trabajar en la restricción, y esto no contaría para mi tesis. En cualquier caso, pienso que el premio Nobel fue concedido por los dos artículos publicados en el 62».

Provechosa estancia en los Estados Unidos y retorno a Europa

Daisy Dussoix, tras defender su tesis doctoral en 1964, consiguió una beca para disfrutar de una estancia posdoctoral en los Estados Unidos. En este país realizó una fructífera estancia colaborando con varios de los científicos que contribuyeron a sentar las bases de la poderosa tecnología del ADN recombinante.

Inicialmente, la joven investigadora suiza se incorporó al Departamento de Bioquímica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford (Department of Biochemistry at the Stanford University School of Medicine), donde formó parte del equipo de investigación del reconocido bioquímico Robert Lehman.

ADN ligasa reparando cromosoma dañado.

Por esas fechas, Lehman estaba investigando las enzimas implicadas en la replicación, recombinación y reparación del ADN. Uno de los hallazgos más destacados realizado en el laboratorio de Stanford fue el aislamiento de una enzima de la bacteria Escherichia coli, llamada ADN ligasa, la cual era capaz de soldar fragmentos de material genético entre sí. La importante enzima terminaría jugando un papel clave en el desarrollo de la tecnología del ADN recombinante.

Posteriormente, en 1968, Daisy Dussoix trabajó como profesora ayudante residente en el departamento de Microbiología de la Universidad de California, San Francisco. Aquí continuó sus investigaciones sobre las enzimas de restricción, esta vez junto al acreditado Herbert W. Boyer. Como parte de este equipo de investigación, Dussoix publicó varios artículos en revistas de alto impacto relacionados con estudios sobre la restricción y modificación del ADN de E. coli.

Entre los logros más destacados de Boyer sobresale sin lugar a dudas que fue de los primeros en descubrir que los genes de una bacteria pueden combinarse con genes eucariotas, es decir, procedentes de organismos como las plantas o los animales. Tras este espectacular hallazgo, Boyer, junto a Stanley N. Cohen y Paul Berg, contribuyeron a dar un poderoso impulso a la tecnología del ADN recombinante. En 1978, lograron integrar el gen que lleva la información para la síntesis de la insulina humana en el material genético de E. coli. Consiguieron así obtener bacterias genéticamente modificadas, algo que marcaría el gran salto hacia delante de la ingeniería genética.

Retomando el recorrido americano de Daisy Dussoix, cabe señalar que en los últimos años de su estancia también trabajó en el laboratorio de Harold Varmus, quien estaba investigando los mecanismos por los cuales los retrovirus (virus cuyo material genético es el ARN en vez del ADN) se replican, causan cánceres en animales y producen cambios semejantes a los cancerosos en células cultivadas en el laboratorio. Por sus extraordinarios logros, Harold Varmus (junto a su colega J. Michael Bishop) recibió en 1989 el Premio Nobel en Fisiología o Medicina.

Formando parte del respetado equipo de investigación de Varmus y Bishop, Dussoix participó en la publicación de artículos relacionados con el papel de los retrovirus en la inducción de células cancerosas cultivadas en el laboratorio.

A comienzos de 1980, Daissy Dussoix y su marido, Daniel Roulland, con quien se había casado en 1964 en San Francisco, retornó a Europa para trabajar en el Instituto Pasteur en París. A lo largo de más diez años colaboró en diversos proyectos de investigación que se concretaron en numerosos trabajos de notable trascendencia.

Desafortunadamente, en 1996 contrajo malaria y como consecuencia sufrió problemas neurológicos por largo tiempo. Tras la muerte de su marido, retornó a Ginebra en 2006, donde falleció en 2014.

La participación de Daisy Dussoix en un ámbito de trabajo que literalmente revolucionó la biología de finales del siglo XX, solo se ha empezado a valorar y a difundir en los últimos años; hasta entonces había permanecido en un lamentable olvido. Por ello, hoy resulta justa su inclusión en el listado de científicas ilustres.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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