Mujeres y primatología (I). Una mirada novedosa a la otra mitad de los primates: las hembras

¿Quién ha erigido al hombre como único juez si la mujer comparte con él el don de la razón?

Mary Wollstonecraft

Breve introducción

La primatología es una disciplina relativamente joven dedicada al estudio de diversos aspectos del comportamiento de los primates, un grupo de animales pertenecientes a la clase de los mamíferos y que comprende en torno a 300 especies, entre las que se encuentra la nuestra, Homo sapiens. Los expertos en biología evolutiva sostienen hoy que todas las especies de primates evolucionaron a partir de un antepasado común, de ahí que compartamos muchos atributos físicos y de comportamiento.

Los primatólogos proceden del mundo de la biología, antropología, sociología o psicología, y trabajan en los laboratorios, principalmente diseñando experimentos para explorar la inteligencia y conducta de los primates en cautividad, o bien investigan en el campo, estudiando el comportamiento natural de los primates salvajes. Hay que advertir sobre este último tipo de pesquisas, que esa tarea requiere de una buena dosis de arrojo y entrega por parte de los investigadores que las realizan, ya que convivir con animales salvajes en su ambiente puede ser arriesgado. Además, el trabajo de campo en sí mismo está plagado de numerosos peligros, incluso con incidentes de tipo político y diplomático. Pues bien, entre las primeras personas que se dedicaron a estos estudios destacan unas cuantas mujeres dotadas de gran valor y enorme determinación.

La irrupción de las primatólogas

A partir de la década de 1960 la célebre científica británica Jane Goodall empezó una extraordinaria labor de campo con el fin de observar a los chimpancés en su hábitat natural. Pocos años después, Dian Fossey, estudiando a los gorilas, y Birute Galdikas, a los orangutanes, siguieron su ejemplo.

Jane Goodall, Dian Fossey y Birute Galdikas
Jane Goodall, Dian Fossey y Birute Galdikas

Sus excelentes resultados, no sólo abrieron nuevos caminos a los estudios sobre el comportamiento de los primates, sino que su metodología propició el auge que la primatología disfruta hoy. Como ha apuntado la primatóloga y divulgadora científica Carole Jahme, los casos de Jane Goodall, Dian Fossey y Birute Galdikas representan los arquetipos de las primatólogas originales. Por eso, a «ellas se las sitúa en los vértices del triángulo que ocupa hoy un lugar central en la Primatología.»

Cabe subrayar que, desde aquellas investigaciones pioneras, las mujeres primatólogas se han convertido en un colectivo con notable influencia, incluso en los potentes medios de comunicación. Tan es así que el asunto sobre la participación femenina en este área ha alimentado un intenso y vibrante debate. Pero, nos interesa hacer unas puntualizaciones. Ciertas expertas opinan que el número de mujeres en primatología no es más elevado que el de hombres, si bien argumentan que «¡quizás la percepción errónea de que las mujeres son mayoría en este campo sólo se debía a que, (¡sorpresa!) finalmente hemos alcanzado la igualdad presencial! La igualdad podría entonces simplemente significar que las mujeres se perciben mucho más.» Irónicamente, esta visión es más óptica que justiciera.

También se ha alegado, para justificar la notoria presencia femenina en la exploración del comportamiento primate, que las mujeres podrían ser «naturalmente» más sensibles y receptivas ante estos otros animales objetos de observación. La prestigiosa primatóloga Allison Jolly ha señalado que «podría haber algo de cierto en esto, pero creo que más bien sería debido al modo en que hemos sido educados. La paciencia para observar la naturaleza […] ha sido durante mucho tiempo considerada como una virtud más femenina que masculina.» Por otro lado, continúa la científica, «un punto de vista totalmente opuesto, igualmente importante y racional, sostiene que lejos de ser gentil y paciente, el tipo de mujer que es capaz de lanzarse al campo para hacer ciencia sin necesidad de verse sometida a la controladora atmósfera de un grupo jerárquico de laboratorio revela su autonomía.» Sin embargo, en esta cuestión otras científicas han afirmado que «el gusto por el trabajo de campo no es un rasgo propio de los hombres ni de las mujeres; es un rasgo de los naturalistas.»

Con todo, hay que recordar que numerosas primatólogas se oponen fervientemente al reconocimiento del predominio femenino en su área de investigación porque temen que si su disciplina llega a ser conocida como una «vocación femenina» su trabajo será subestimado dentro del mundo científico. Y, como es sabido, ese amplio mundo continúa siendo dominado por hombres.

Mary y Louis Leakey
Mary y Louis Leakey

En cualquier caso, en el cambio de siglo la primatología se ha convertido en una disciplina pujante, multifacética y pluridisciplinar. Esta situación, hay que subrayarlo, es en parte el fruto de una gran deuda con el famoso antropólogo Louis Leakey. Los primeros pasos de Jane Goodall, Dian Fossey y Birute Galdikas fueron, al menos en sus inicios, dirigidos y potenciados por este prestigioso científico. Actualmente, son numerosas las expertas que han subrayado con sincero agradecimiento el interés indiscutible de Louis Leakey y su poderosa influencia en los inicios de la primatología.

Pero igualmente han sacado a la luz el revelador papel que tuvo la acreditada antropóloga Mary Leakey, esposa del científico, al potenciar y estimular que las mujeres pudiesen llevar a cabo novedosos estudios de campo. Se trata de un argumento que ha tenido mucha incidencia en los éxitos de las científicas. Disponer de colegas que son ejemplos por las virtudes de sus proyectos y la pasión y lucha que han volcado, retroalimentan en las nuevas participantes sus estimulantes referencias.

La primatología se estableció como área de investigación en sí misma a principios de la década de los sesenta; con anterioridad, los primates sólo habían sido estudiados de forma intermitente y por científicos mayoritariamente del sexo masculino. Estos trabajos, que precedieron a las investigaciones de Jane Goodall, nos mostraban las hembras como sujetos pasivos dominados por machos de gran agresividad. Sin embargo, gracias a la influencia de mujeres primatólogas, tales creencias empezaron a resquebrajarse a finales de los sesenta y finalmente cayeron destronadas en los setenta. Como ha apuntado la citada escritora C. Jahme: «las primatólogas descorrieron el velo y nos dieron a conocer a las hembras primates.»

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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