Margaret S. Collins, la entomóloga que quiso averiguar por qué hay termitas en todas partes

Las termitas no le gustan a nadie, o a casi nadie. Para mucha gente son simplemente una plaga capaz de destruir vigas y muebles de madera que conviene mantener lejos de casa. Sin embargo, desde el punto de vista de la entomología, que estudia los insectos, las termitas son muy interesantes: forman sociedades complejas, desempeñan un papel importante en los ecosistemas y han desarrollado estrategias para sobrevivir en ambientes muy diferentes, desde los bosques tropicales más húmedos hasta regiones donde el agua escasea.
Comprender cómo se han adaptado a condiciones tan diversas fue una de las grandes preguntas a las que dedicó su carrera Margaret S. Collins, una entomóloga estadounidense que llegó a convertirse en una autoridad en el estudio de estos insectos. A pesar de su incuestionable autoridad científica, como mujer negra en Estados Unidos durante buena parte del siglo XX, Collins tuvo que enfrentarse a barreras raciales y de género que limitaron sus oportunidades profesionales. Esto la llevó a participar activamente en el movimiento por los derechos civiles.
Una niña que leyó muy pronto
Margaret James nació el 4 de septiembre de 1922 en Institute, Virginia Occidental, en una familia en la que la educación y el conocimiento ocupaban un lugar central. Sus padres tenían formación universitaria y su padre, Rollins James, era profesor de agricultura en la Universidad Estatal de Virginia Occidental. Creció en una comunidad intelectual afroamericana en la que su curiosidad encontraba estímulos tanto en los libros como en la naturaleza que la rodeaba.
Desde pequeña mostró una capacidad extraordinaria para la lectura. A los seis años recibió permiso para utilizar la biblioteca universitaria y su rendimiento escolar hizo que avanzase dos cursos, de manera que terminó la secundaria con solo catorce años. A esa edad ingresó en la universidad donde su padre era profesor, graduándose unos pocos años después en biología y con estudios en física y alemán.
En 1943 comenzó sus estudios de posgrado en la Universidad de Chicago, donde tuvo que compaginar su formación con un trabajo nocturno en una fábrica de rodamientos para poder mantenerse. Allí conoció a Alfred Emerson, un destacado especialista en termitas que contaba con una de las colecciones más importantes de estos insectos. Emerson le ofreció un puesto de ayudante y aquella oportunidad terminó orientando definitivamente su carrera científica.
Una cuestión de agua y supervivencia
Bajo la dirección de Emerson, Collins comenzó a estudiar una cuestión central para la supervivencia y expansión de esta especie: cómo consiguen las diferentes especies de termitas resistir la pérdida de agua, ya que algunas variedades podían sobrevivir en ambientes relativamente secos, mientras que otras necesitaban condiciones de humedad mucho mayores. Collins estudió las diferencias fisiológicas que podían explicar esas capacidades, incluyendo el papel de la capa externa de su cuerpo en la pérdida de agua.
Su investigación doctoral comparó la tolerancia a la desecación de distintas especies del género Reticulitermes y dio lugar a un artículo publicado en 1950 en la revista científica Ecology, que fue el comienzo de una línea de investigación que mantendría durante décadas. Con el tiempo amplió sus estudios a la tolerancia a las altas temperaturas, la ecología, la distribución geográfica y los mecanismos de defensa de distintas variedades de termitas.

Collins se convirtió además en la primera mujer afroamericana en obtener un doctorado especializado en entomología y una de las primeras zoólogas negras con esa titulación en Estados Unidos. Sin embargo, ni siquiera contar con una formación tan excepcional bastaba para eliminar los prejuicios de la época. Su mentor, que había desempeñado un papel fundamental en su formación, se negó a permitir que participara en una expedición científica a las islas Marshall porque consideraba que ese tipo de trabajo no era apropiado para una mujer.
Investigar termitas y defender derechos
Collins había comenzado a trabajar como docente en la Universidad Howard en 1947 y, tras completar su doctorado, fue ascendida a profesora ayudante. Sin embargo, las dificultades para progresar profesionalmente la llevaron a aceptar un puesto en la Universidad A&M de Florida en 1951. En 1953 pasó a dirigir el Departamento de Biología. Durante esos años continuó investigando la relación entre las termitas y su entorno, organizando expediciones y recogiendo ejemplares en distintas regiones de Florida.
En esos años se involucró activamente en la lucha y las protestas por los derechos civiles. En 1956 participó en el boicot a los autobuses de la ciudad contra la segregación racial en el transporte público. Collins colaboró trasladando en su coche a personas que habían dejado de utilizar los autobuses como forma de protesta, una actividad que podía tener consecuencias legales y que la expuso a la persecución policial.
Su compromiso le acarreó amenazas e intimidaciones. En una ocasión, cuando estaba previsto que impartiese una conferencia científica en la Universidad Estatal de Florida, el edificio donde iba a hablar recibió una amenaza de bomba relacionada con su condición de mujer negra. La amenaza no llegó a materializarse, pero obligó a modificar las condiciones de la conferencia. Toda su familia sufrió amenazas racistas en su propia vivienda, y la científica llegó a poner en marcha medidas para preservar documentos de una organización de derechos civiles ante la posibilidad de que la policía entrase e incautase ese material.
Del laboratorio a las selvas tropicales
En 1964 regresó a Washington, donde volvió a enseñar en la Universidad Howard y desarrolló también su actividad académica en el Federal City College. Durante las décadas siguientes amplió sus investigaciones sobre las termitas y participó en numerosas expediciones científicas por Estados Unidos, México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe.
Para Collins, el trabajo de campo era una parte esencial de la investigación. No bastaba con estudiar los ejemplares conservados en las colecciones: era necesario observarlos en sus hábitats naturales, registrar sus condiciones ambientales y analizar cómo se comportaban en ellos.
Sus investigaciones se extendieron a cuestiones como la tolerancia al calor de las termitas del desierto de Sonora y los mecanismos químicos de defensa de algunas especies tropicales, que expulsaban sustancias pegajosas mediante orificios en sus cabezas para protegerse de posibles amenazas. Collins estudió, junto al bioquímico Glenn Prestwich, la composición de esas secreciones y su relación con la evolución de distintos grupos de termitas.
A finales de los años setenta comenzó también su vinculación como investigadora asociada al Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, donde participó en el estudio, conservación y ampliación de sus colecciones entomológicas. Parte de los ejemplares que reunió durante sus expediciones siguen formando parte hoy de los fondos de la institución, que conserva también algunos de sus cuadernos de campo.
En 1979 impulsó la reconstrucción de una estación de investigación en Kartabo, Guyana, vinculada anteriormente a su mentor Alfred Emerson. Ese mismo año organizó un simposio para la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia sobre la ciencia y la cuestión de la igualdad humana, manteniendo así una actividad que combinaba investigación científica y reflexión sobre las desigualdades sociales.
Su carrera incluyó también la descripción, junto al entomólogo David Nickle, de una nueva especie de termita, Neotermes luykxi, y la publicación de más de cuarenta trabajos científicos dedicados a distintos aspectos de la biología de estos insectos.
Científica de campo hasta el final
Durante una expedición a Guyana en 1983-1984, Collins contrajo dengue, una enfermedad que la obligó a interrumpir temporalmente sus investigaciones de campo. Durante ese periodo concentró parte de sus esfuerzos en el trabajo con las colecciones del Smithsonian, revisando, organizando y conservando ejemplares que podían resultar útiles para otros investigadores.
No abandonó, sin embargo, su interés por las expediciones. En 1994 regresó a Guyana para continuar recogiendo y estudiando termitas. Dos años después, en abril de 1996, falleció mientras realizaba trabajo de campo en las islas Caimán.

En 1995, una especie de termita del Caribe recibió el nombre de Parvitermes collinsae en su honor.
Referencias
- Susan Milius, This ‘hidden figure’ of entomology fought for civil rights, Science News, 27 noviembre 2024
- Lisa Fthenakis, Margaret Collins: Scholar, Civil Rights Activist, and Mentor, Smithsonian Institution Archives, 27 marzo 2018
- Elizabeth Harmon, Margaret S. Collins: A Legend in Termite Field Biology, Smithsonian Institution Archives, 2 marzo 2021
- Collins, Margaret, Smithsonian Institution Archives
- Margaret Collins, Belize field notes, 1981, Smithsonian Transcription Center
- Vernard R. Lewis, Child Prodigy, Pioneer Scientist, and Women and Civil Rights Advocate: Dr. Margaret James Strickland Collins (1922–1996), Florida Entomologist 99(2) (2016) 334-336
Sobre la autora
Rocío Benavente (@galatea128) es periodista.