Elisabeth Wollman, una científica jamás remunerada

Vidas científicas

6 min

Elisabeth Wollman, una científica jamás remunerada

Elisabeth Wollman (1888‑1943) fue una microbióloga judía cuyas investigaciones sobre bacteriófagos ayudaron a sentar las bases de la genética molecular moderna. A pesar de sus importantes contribuciones a la comprensión de las infecciones virales, su trabajo científico jamás fue remunerado. Las vidas de Elisabeth y su marido Eugène se vieron truncadas cuando fueron arrestados, trasladados y asesinados en el campo de concentración de Auschwitz en 1943.

Élisabeth y Eugène Wollman. Fuente: Institut Pasteur/Musée Pasteur.

Elisabeth Michelis nació el 15 de agosto de 1888 en Minsk, entonces perteneciente al Imperio ruso, en el seno de una familia judía de clase media que valoraba la educación. Era muy buena estudiante y quiso trasladarse a Bélgica para formarse en ciencias en la Universidad de Lieja, donde se graduó en Física y Matemáticas en 1909. Fue allí donde conoció a Eugène Wollman, un estudiante de doctorado en Medicina, hijo de unos amigos de la familia, que pronto se convertiría en su compañero de vida y profesión.

Instituto Pasteur

Tras casarse en 1910, la pareja se mudó a París, donde Eugène había obtenido una beca para trabajar en el Instituto Pasteur bajo la tutela del premio Nobel Iliá Méchnikov. Elisabeth continuó estudiando en la Universidad Sorbona para especializarse en química. A pesar de su deseo de trabajar en el Instituto Pasteur, las normas sociales de la época le impidieron conseguir un empleo remunerado; era mujer y, además, la esposa de un investigador que ya mantenía a su familia.

Alternativamente, le ofrecieron colaborar de forma voluntaria en el laboratorio del químico Jacques Duclaux, cuyas investigaciones se centraban en los coloides. En paralelo, Elisabeth participaba silenciosamente en la labor que se desarrollaba en el laboratorio de su marido, todo ello al tiempo que ella criaba a los tres hijos de la pareja: Alice, Élie y Nadine. A pesar de las limitaciones y las dificultades, aquella década (1910-1920) fue crucial para Elisabeth, ya que le permitió adquirir el rigor experimental que más tarde aplicaría a sus investigaciones más conocidas.

Pioneros de la genética molecular

En 1923, Elisabeth se unió al laboratorio de su marido en el Instituto Pasteur, donde trabajaría de forma gratuita durante veinte años más. Aunque oficialmente figuraba como colaboradora o asistente voluntaria, lo cierto es que Elisabeth proponía hipótesis científicas, participaba activamente en la planificación de experimentos y los ejecutaba de forma meticulosa. Los Wollman se convirtieron en figuras prominentes en el instituto, llegando incluso a dirigir un centro de investigación en Santiago de Chile entre 1929 y 1932.

Su trabajo se centró principalmente en los bacteriófagos –virus capaces de infectar y destruir bacterias–, agentes que por aquel entonces eran desconcertantes para la comunidad científica. Aunque se sabía que podían destruir bacterias, se desconocía cómo se reproducían, cómo se relacionaban con sus huéspedes o sus características. Elisabeth y Eugène dedicaron buena parte de su trabajo a estudiar estas cuestiones.

El ciclo de vida de los virus

Los Wollman fueron de los primeros en proponer que los bacteriófagos no eran enzimas, sino entidades biológicas con un ciclo de vida complejo que denominaron «paraherencia», un concepto revolucionario que sugería que los rasgos virales podían transmitirse a través del medio de cultivo.

Sus investigaciones se centraron especialmente en la conversión lisogénica, un fenómeno por el que un bacteriófago puede permanecer asociado a una bacteria sin provocar inmediatamente su destrucción. A través de años de experimentación, Elisabeth y Eugène sugirieron que este proceso era posible gracias a una fase latente o no infecciosa del ciclo de vida del bacteriófago. En una época en la que todavía no se comprendía el papel del ADN como soporte de la información genética, los Wollman propusieron que el virus se incorporaba de alguna manera a la «trama» de la bacteria, comportándose como un factor hereditario. Esta idea, que hoy conocemos como la integración del ADN viral en el genoma del huésped, fue la piedra angular que décadas más tarde permitiría desentrañar el control genético de los virus.

El Holocausto

El estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi de Francia en 1940 marcaron el inicio del fin para el matrimonio judío. Decidieron quedarse en París para proteger al Instituto Pasteur y, durante tres años, mantuvieron las apariencias investigando en secreto, aunque las leyes raciales les prohibían publicar sus hallazgos bajo sus propios nombres.

El 4 de diciembre de 1943, Elisabeth fue arrestada en su domicilio junto a su hija Nadine. Eugène fue detenido pocos días después. Tras un breve internamiento en un campo de de Drancy, Elisabeth y Eugène fueron deportados a Auschwitz el 17 de diciembre de 1943. Se cree que ambos fueron asesinados en las cámaras de gas el día 22 de ese mismo mes.

Tras la guerra, algunos colegas –entre ellos, Élie, hijo de la pareja– continuaron la labor de los Wollman. André Lwoff, discípulo de Elisabeth y Eugène en el Instituto Pasteur, se propuso demostrar la importancia de sus hallazgos, y para ello retomó el trabajo donde ellos lo habían dejado. Gracias a nuevos equipos especializados de los que los Wollman no habían dispuesto, Lwoff logró observar procesos que ellos habían planteado como hipótesis. Formuló una hipótesis fundamental para comprender los virus, así como la relación entre los virus y el cáncer. En 1965 fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por este trabajo. En su discurso de aceptación, Lwoff reconoció repetidamente que su éxito era una continuación directa del trabajo pionero de Elisabeth y Eugène, sugiriendo que, de haber sobrevivido, ellos habrían compartido el honor en Estocolmo.

El Instituto Pasteur custodia un archivo de Elisabeth Wollman que incluye correspondencia personal y registros administrativos, así como un cuaderno de notas científicas.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.