Charlotte Elizabeth Webb: no más secretos (sobre Bletchley Park)
Bletchley Park es el nombre del centro de inteligencia británico donde se descifraron los códigos enemigos durante la Segunda Guerra Mundial. Muchas personas asocian esta instalación al matemático Alan Turing y a las máquinas capaces de romper el código Enigma, pero lo cierto es que detrás de aquella gigantesca operación trabajaron miles de personas, la mayoría –en torno al 75%– mujeres jóvenes. Matemáticas, ingenieras y operadoras de máquinas, entre otras, se dedicaron durante años a interceptar y descifrar mensajes codificados, y contribuyeron así al desarrollo de la criptografía moderna.
Charlotte Elizabeth Webb (1923-2025), conocida por muchos como Betty Webb, no era matemática ni ingeniera, pero su dominio lingüístico, su disciplina y su rapidez mental la convirtieron en una pieza clave dentro del complejo engranaje de Bletchley Park.

Nacida como Charlotte Elizabeth Vine-Stevens el 13 de mayo de 1923, Webb disfrutó de una infancia que ella misma describía como “idílica”. Fue educada en casa por su madre, lingüista y música, que le inculcó un dominio temprano del alemán. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Betty estudiaba Economía Doméstica cerca de Shrewsbury, pero aprender sobre labores y gestión del hogar le resultaba aburridísimo, así que decidió formar parte del esfuerzo bélico británico.
En mayo de 1941, nada más cumplir los dieciocho años, Betty se alistó en el Servicio Territorial Auxiliar, la unidad femenina del Ejército Británico. Lo hizo con el firme propósito de «hacer algo más por el país que hornear rollitos de salchicha», una frase que reflejaba el deseo de muchas mujeres de desempeñar funciones más allá de las tareas tradicionalmente asignadas a ellas. Tras superar una entrevista que puso a prueba sus conocimientos de alemán, Webb fue destinada a Bletchley Park, una instalación militar de la que jamás había oído hablar.
Bletchey Park y la guerra secreta
A su llegada a la mansión situada al norte de Londres, un oficial de inteligencia con una pistola sobre su escritorio le hizo leer y firmar la Ley de Secretos Oficiales. Aquel documento era taxativo: no podía discutir su trabajo con nadie ajeno a su departamento durante los siguientes treinta años, bajo pena de graves castigos, un compromiso que Betty cumplió de manera inquebrantable.
Webb fue asignada al departamento que supervisaba la sección de la policía alemana. Su labor comenzó siendo puramente administrativa, encargándose de indexar los miles de mensajes de radio alemanes que las estaciones de escucha británicas interceptaban a diario. Aunque al principio le pareció una tarea rutinaria sin importancia, pronto se dio cuenta de que catalogar los mensajes de forma meticulosa era crítico para que los matemáticos pudieran identificar los patrones del cifrado enemigo con mayor facilidad. Gracias a su disciplina y a sus conocimientos de alemán, poco a poco fue asumiendo tareas de mayor responsabilidad, hasta incorporarse al llamado “Bloque F”, donde también trabajó con comunicaciones japonesas interceptadas en operaciones militares en Asia y el Pacífico.
En el Bloque F, su trabajo se volvió mucho más creativo y complejo. Cuando los criptógrafos británicos conseguían romper códigos enemigos, el contenido de los mensajes debía transmitirse rápidamente a los mandos aliados. Pero existía un riesgo evidente: si Alemania o Japón descubrían que sus códigos habían sido vulnerados, cambiarían inmediatamente sus sistemas de cifrado. Por ello, en el Bloque F se reescribían los mensajes utilizando otras expresiones y estructuras, de modo que parecieran obtenidos mediante espionaje convencional. Esta labor de «engaño» fue crucial para el éxito de muchas operaciones militares.

Pentágono y silencio de posguerra
El desempeño de Betty Webb fue tal que, cuando la guerra se acercaba a su final, fue seleccionada para una misión de gran prestigio: trabajar en el recién construido Pentágono para apoyar el esfuerzo bélico estadounidense contra Japón. Fue la única integrante del Servicio Territorial Auxiliar destinada allí en ese momento, una muestra de la confianza que sus superiores depositaban en ella.
Concluida la guerra, volvió a su país, pero el regreso a la vida civil no fue sencillo. La labor desarrollada en Bletchley Park permaneció clasificado durante décadas, y quienes habían participado en aquellas operaciones tenían prohibido hablar de ello. Como otras tantas mujeres de Bletchley Park, Betty Webb guardó silencio hasta que las restricciones se levantaron parcialmente en la década de 1970.
En su vida posterior estuvo vinculada a organizaciones militares y se implicó en la defensa de una mayor presencia femenina dentro del ejército británico. Su experiencia durante la guerra le había demostrado que las mujeres podían desempeñar trabajos técnicos, estratégicos e intelectuales de máxima responsabilidad, incluso en contextos extremadamente complejos.
Reconocimiento tardío a una generación olvidada
A finales de la década de 1970 comenzaron a desclasificarse los documentos relacionados con Bletchley Park, y con ellos salieron a la luz la importancia de las operaciones criptográficas británicas y el papel decisivo que miles de mujeres habían desempeñado en ellas. Betty Webb se convirtió entonces en una embajadora incansable de la memoria histórica del lugar. Participó en entrevistas, proyectos educativos y actividades del museo de Bletchley Park destinadas a explicar cómo funcionaba el centro de inteligencia durante la guerra. También escribió sobre sus experiencias y defendió la necesidad de reconocer públicamente el trabajo de las mujeres que habían sido invisibilizadas durante décadas.

Los reconocimientos llegaron en sus últimos años de vida. En 2015 fue nombrada miembro de la Orden del Imperio Británico y en 2021 recibió la Orden Nacional de la Legión de Honor francesa por su contribución a la liberación de Europa. Sus memorias fueron publicadas en 2023, año en que cumplió 100 años. Celebró su centenario en el salón de baile de Bletchley Park.
Charlotte Elizabeth Webb falleció el 31 de marzo de 2025, a los 101 años. Es recordada como una de las últimas supervivientes de un grupo de mujeres maravillosas cuya labor fue fundamental para el desarrollo de la criptografía moderna.
Referencias
- Roff Smith, Betty Webb, British intelligence: ‘I wanted to do something more for the war effort than bake sausage rolls’, National Geographic, 2020
- Tessa Dunlop, Betty Webb obituary, The Guardian, 2025
- Betty Webb, Being a Bletchley Park codebreaker was the best time of my life, Telegraph, 2024
- Aida Fofana, Bletchley code breaker Betty Webb dies aged 101, BBC, 2025
- Jeff Wells, Walk Among Heroes Podcast: Episode 12 – Betty Webb (Code-Breaker at Bletchley Park), Walk Among Heroes, 2020
- Women in Bletchley Park, Wikipedia
- Betty Webb, Wikipedia
Sobre la autora
Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.