La arandela ‘salvavidas’ de Beatrice Shilling
El ingenio de la joven ingeniera Beatrice Shilling salvó la vida de innumerables pilotos y fue clave para el triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial. Desafiando las barreras de un entorno entonces dominado por hombres, esta británica que desde niña sentía fascinación por la mecánica, solucionó un problema de los motores Rolls-Royce Merlin, utilizados por numerosos aviones de guerra con un sencillo pero eficaz invento, acabando así con un ‘talón de Aquiles’ que hacía perder muchas vidas. Se trataba de una arandela. Fue el comienzo de su brillante carrera.

Pero ¿cómo llegó la hija de un comerciante de carne y pescado a ser una reconocida técnica en aviones de combate? Su historia comienza un 8 de marzo de 1909, en Waterlooville de Hampshire (Inglaterra). Nacida en una familia de clase media, desde muy cría sintió una curiosidad inusual en desarmar relojes y cuánto aparato caía en sus manos, una atracción que sus padres alentaban con sus regalos: cajas de herramientas que ella incrementaba con nuevas piezas gracias a su paga semanal. A los 14 años ya había ahorrado lo suficiente para comprarse su primera motocicleta, una Royal Enfield con motor de dos tiempos. Si en 1923 ya era raro ver a una mujer conduciendo un vehículo motorizado, que una adolescente fuera en moto era algo inaudito.
Beatrice, a la que todos conocerían más tarde como Tilly, no sólo la utilizaba para ir a toda velocidad por la campiña inglesa. Como más disfrutaba era desarmando y volviendo a armar su motor para intentar que cada vez fuera más rápido. Estaba claro que su destino estaba en la ingeniería, pese a ser una profesión donde no había mujeres; de hecho, más de un siglo después, hoy siguen siendo una minoría en ese campo de la mecánica, aunque su número va en aumento.
Afortunadamente, Tilly tenía el apoyo de su familia y al acabar la escuela secundaria, en 1926, su madre descubrió la existencia de la Women’s Engineering Society (WES) (Sociedad de Mujeres Ingenieras), una organización clave fundada en el Reino Unido tras la Primera Guerra Mundial, cuando las mujeres que habían sustituido en las fábricas a los hombres alistados, y habían desempeñado funciones de técnicas e ingenieras, fueron expulsadas cuando éstos volvieron, siendo de nuevo confinadas a los hogares. Indignadas por este retroceso, siete mujeres influyentes, procedentes del movimiento sufragista, crearon la WES para reivindicar la igualdad en el trabajo.
La red de mujeres, funcionó
Para la joven, que era feliz entre cables y tornillos, la red fue su salvación porque le consiguieron un puesto como aprendiz en una empresa de ingeniería eléctrica, donde pasó tres años instalando cableado y generadores en casas rurales. Margaret Partridge, una de las fundadoras de WES, enseguida vio el talento de Beatrice y le abrió la puerta a seguir estudiando, facilitándole préstamos sin intereses de la asociación que le permitieron matricularse en la Universidad de Manchester. Allí se licenció en Ingeniería en 1932, a los 23 años, siendo una de las dos únicas mujeres que lograron ese título.
Y no se detuvo ahí. Al terminar, siguió estudiando hasta obtener una maestría en ingeniería mecánica, especializándose en motores de combustión interna.
Este crecimiento profesional fue paralelo al que tuvo en las carreras de motos en esa década, y no como aficionada, sino en competiciones al más alto nivel para las que modificaba sus máquinas. Con frecuencia vencía a los pilotos profesionales masculinos. La moto insignia de Beatrice era una Norton M30 de 500cc. a la que, en el garaje de su casa, instaló un sobrealimentador, diseñado por ella misma, que aumentaba la fuerza de su motor. Aún se recuerda lo rápida que era y el estruendoso rugido que delataba que había sido manipulada por una mente brillante.

Antes de la guerra, el escenario principal de sus triunfos fue el mítico circuito de Brooklands (Surrey), la primera pista de carreras construida en el mundo. Allí, en 1934 hizo historia al ser la segunda mujer en obtener la prestigiosa Gold Star (Estrella de Oro) otorgada por el British Motorcycle Racing Club. La primera, pocos meses antes, había sido para Florence Blenkiron, quien luego cruzaría el Sáhara en moto. En esa carrera, Beatrice alcanzó los 171 kms/h. Fue en ese circuito donde conoció a su marido, el también ingeniero George Naylor, otro amante de las carreras. Se cuenta que no quiso casarse con él hasta que no ganó su propia Gold Star, lo que logró en 1938.
Más difícil que correr le era encontrar un trabajo en plena Gran Depresión, así que durante un tiempo trabajó como asistente de investigación para el profesor G. F. Mucklow en la Universidad de Birmingham. Pronto, su expediente y su nombre comenzaron a ser conocidos y, finalmente, en 1936 fue reclutada como oficial científica por el Royal Aircraft Establishment (RAE), la agencia de investigación y desarrollo de la Real Fuerza Aérea (RAF) británica. Su primer puesto era como autora técnica en el departamento de publicaciones técnicas del Ministerio del Aire, pero se le permitía trabajar con motores de aeronaves, que era lo que quería. El 1 de noviembre de 1939 fue ascendida a oficial técnica a cargo de la investigación y el desarrollo de carburadores y más tarde a oficial técnica principal.
Ese año 1939, ya en plena Segunda Guerra Mundial, los pilotos de la RAF comenzaron a informar de que los motores Rolls-Royce Merlin de los cazas Spitfire y Hurricane se apagaban bruscamente durante combates aéreos al lanzarse en picado, causando muchas víctimas, y el problema recayó en su departamento. Shilling descubrió que al hacer esos picados la gravedad empujaba un exceso de combustible hacia el motor, inundándolo y ahogándolo por completo. Inspirada por su moto de carreras, en la que seguía ‘trasteando’ para mejorar su rendimiento, buscó una solución sencilla, puramente mecánica: utilizó un pequeño disco de latón plano, como una arandela, que se soldaba e insertaba en la línea de suministro de combustible del carburador, permitiendo el paso exacto de la gasolina necesaria para que el motor funcionara con potencia, pero frenando su caudal. Nada que ver con las sofisticadas y costosas soluciones que buscaban sus colegas ingenieros. El orificio de Miss Shilling, como pasó a denominarse, no sin cierta picardía, además era económico y fácil de colocar en los aeródromos, sin necesidad de desmontar los aviones.
Para 1941, era habitual ver a Tilly llegando en su moto a las bases aéreas de la RAF para instalar un artilugio que salvó muchas vidas durante dos años, al menos hasta que en 1943 Roll-Royce creó motores con un nuevo carburador. Historiadores y técnicos de la aviación militar aún coinciden en que esa pequeña modificación no solo fue una mejora técnica, sino también una ayuda psicológica para pilotos que se sentían ‘vendidos’ por su inferioridad frente al enemigo nazi. Y no fue su única aportación: también mejoro la mira de un bombardero para que sus disparos fueran más precisos.
Adiós al ‘aquaplaning’ de aeronaves
Al término del conflicto, Beatrice siguió trabajando en la RAE en nuevos proyectos. Uno de los más conocidos fue el desarrollo del misil balístico Blue Streak, para el que aportó a la propulsión de cohetes sus conocimientos en termodinámica y motores. También, ya en la década de 1950, fue una pionera en la investigación del aquaplaning, siendo líder en el estudio del impacto de las pistas de aterrizaje mojadas en el frenado de los aviones. Su colaboración en el rediseño de los neumáticos y de los componentes de esas pistas fue fundamental para evitar accidentes. Otro curioso invento suyo fue un trineo, llamado bobsled, para que el equipo oficial de la Real Fuerza Aérea pudiera participar en las Olimpiadas de 1952, en Oslo, un modelo que fue considerado en su momento una genialidad.
Era tal su capacidad creativa que incluso se convirtió en asesora de la Fórmula 1 en la temporada de 1967, cuando el piloto Dan Gurney recurrió a ella para que solucionara el problema de recalentamiento que tenía en su motor; y lo logró, dejando boquiabiertos a los mecánicos de estas famosas carreras de coches.
Finalamente, Tilly se jubiló en 1969 de la RAE, cuando tenía 60 años. En realidad, allí nunca tuvo el reconocimiento que mecería. Es más, la jerarquía institucional de la época le comunicó explícitamente que los puestos directivos superiores estaban reservados exclusivamente para hombres. Si que recibió la Orden del Imperio Británico (1949), un doctorado Honoris Causa en la Universidad de Surrey (1969) o la categoría de Miembro de Honor de la Women’s Engineering Society (1983).
Los últimos, hasta que falleció el 18 de noviembre de 1990, a los 81 años, los pasó con su esposo en una casa de campo en Surrey, donde ambos siguieron, mientras se lo permitió la salud, reparando, modificando y poniendo a punto desde coches hasta electrodomésticos caseros, siempre en busca de la máxima eficiencia. El día que murió, sin embargo, pocos recordaban la importancia que esta ingeniera tuvo para salvar vidas.
Referencias
- The Tilly Shilling, Wheterspoon
- Beatrice Shilling: Pioneering engineer’s genius ‘helped win World War Two’, BBC, 23 junio 2017
- Beatrice Shilling Naylor, solentaviatrix
- Beatrice Shilling, Wikipedia
- La Revista de Motos, Esta motociclista resolvió un problema que salvó la vida de cientos de pilotos: Beatrice Shilling, YouTube
Sobre la autora
Rosa M. Tristán es periodista especializada en la divulgación científica y ambiental desde hace más de 20 años. Colabora de forma habitual en diferentes medios de prensa y radio de difusión nacional.