Lois Hattery Tiffany, una sabia «dama entre hongos»
En las praderas de Iowa, que forman parte del denominado granero central de los Estados Unidos, una gran micóloga llamada Lois Hattery Tiffany (1924-2009) estudió los hongos con tanto entusiasmo y éxito que fue conocida como la «dama de los hongos de Iowa». Se trata de una original científica que impartió clases por más de 50 años en la universidad, Iowa State University (ISU). Por sus valiosas investigaciones fue seleccionada por la Sociedad Micológica de Estadounidense (Mycological Society of America); reconocida institución que reúne a especialistas de Estados Unidos y de Canadá, siendo también la primera mujer presidenta de la Iowa Academy of Science en 1977-1978.

Los primeros pasos de una larga vida
Lois Hattery Tiffany nació en el estado de Iowa 8 de marzo de 1924, hija de Emma Blanche Brown y Charles Raymond Hattery. Pasó los años de su infancia en una granja situada en las cercanías de un pequeño pueblo llamado Collins. Sus padres eran claramente partidarios de la formación femenina y estimularon sus estudios desde niña, al tiempo que impulsaron en ella el desarrollo de un espíritu independiente y luchador.
Tras cursar el bachillerato optó por matricularse en la Universidad de Iowa para estudiar ciencia, objetivo que logró al graduarse en botánica en 1945. Ese mismo año se casó con Fremont Henry Tiffany, con quien tendría tres hijos.
Decidida a continuar con su formación, se matriculó en un programa avanzado del Departamento de Botánica y Patología Vegetal. Bajo la tutela del respetado profesor experto en hongos, Joseph C. Gilman (1890-1966), la joven Lois se especializó en micología y obtuvo un master en 1947, seguido de un doctorado en 1950, todos ellos en la Universidad de Iowa, como figura en los archivos de esta institución.
Con motivo de un acto en honor a Lois Hattery Tiffany realizado en 1996, un grupo de alumnos y alumnas graduadas escribió en la página web de la universidad un recordatorio sobre su querida profesora y amiga, del que hemos extraído algunos interesantes detalles. Rememoran, por ejemplo, que los comienzos académicos de la científica fueron difíciles, «marcaron una oscura época debido al descarado sexismo de algunos miembros de la universidad, incluido el personal no docente, que como una plaga obstaculizaron los primeros 20 años de su carrera». A título de muestra, citan que un profesor le dio la nota «B» en un curso de grado, diciéndole claramente que «había logrado un A pues su calificación fue la más alta, pero en su curso no era apropiado que una mujer recibiese un A».
Circunstancias como esta no eran una excepción; en muchos casos constituyeron la norma y Hattery Tiffany se veía obligada a tener que asumir el trabajar más duro, ser más brillante, aceptar una carga docente mayor, y soportarlo todo sin permitir que tan continuada injusticia rompiera su espíritu, como relatara en ciertas ocasiones a sus estudiantes.
Una exitosa carrera científica
Lois Hattery Tiffany obtuvo su primer cargo docente, el de instructora universitaria en el Departamento de Botánica y Patología Vegetal, en 1950. Una nueva discriminación surgió entonces, pues inicialmente la institución decidió que no se le pagaría nada ya que su marido tenía un trabajo asalariado. Ante tal abuso, la joven se rebeló contrariada y consiguió que al menos se le pagara el mínimo, esto es, a nivel de alumna ayudante, aunque ella ya era profesora ayudante.
Con notable determinación, relatan sus estudiantes, logró ir sorteando dificultades y ascendiendo en su carrera. Perseveró con gran valentía, y a lo largo de los años pasó de ser una «exótica» a los ojos de la mayoría, a convertirse en una de los docentes, fueran hombres o mujeres, más respetadas y reconocidas de su universidad y de la comunidad especializada.
La carrera de investigación de Hattery Tiffany comenzó de manera prometedora antes de graduarse, con un exitoso trabajo realizado sobre el hongo Colletotrichum truncatum, en el que descubrió la existencia de ciertas características no publicadas previamente. Su tutor rápidamente detectó la importancia del hallazgo, e insistió para que publicase un artículo siendo ella la única autora; así se hizo, y el trabajo salió a la luz en 1950. Mucho después, tal como puede leerse en los archivos de su universidad, en 1983 el eminente micólogo Everett S. Luttrell (1916-1988) recordaría en la American Mycological Society el significado de este artículo fundacional, publicado por una joven y muy perspicaz estudiante graduada ¡33 años antes!
A lo largo de su carrera profesional, Lois Hattery Tiffany estuvo particularmente interesada en los hongos de la pradera de Iowa y sus relaciones con los cambios ambientales. Por ejemplo, los causados por los incendios o por la actividad humana. Una tarea que combinó con su preocupación por detectar y analizar sus enfermedades.
La científica y su equipo de investigación, principalmente compuesto por sus alumnas y alumnos de doctorado, llevaron a cabo diversos estudios de larga duración, entre los que destaca el realizado sobre los hongos del Big Bend National Park, situado próximo a la frontera con México, y que constituye una de las áreas protegidas más extensas de los Estados Unidos. Gracias a sus resultados, ha subrayado la profesora de la Universidad de Florida Rosanne Ann Healy, este parque se convirtió en uno de los pocos que cuentan con un amplio estudio micológico.
Tanto este ambicioso proyecto, como muchos otros emprendidos por el equipo de Lois Hattery Tiffany, hoy se consideran entre los pioneros que tuvieron en cuenta importantes aspectos ecológicos. Sus originales trabajos dieron lugar a la publicación de un elevado número de valiosos artículos. El prestigio de esta investigadora llegó a todo su país.
La constante lucha por la igualdad de género
Hattery Tiffany se empeñó con diligencia y tenacidad en la lucha por la igualdad de oportunidades entre el alumnado, insistiendo en que las mujeres debían ser aceptadas completamente y con total normalidad en el campo de la ciencia. Asimismo, aunque fue tutora de muchos alumnos varones, se esforzó por serlo también de alumnas, estimulándolas incluso con su propio recorrido profesional e incluyéndolas en novedosos proyectos como el Program for Women in Science and Engineering (WiSE), fundado en 1986 en la Universidad de Iowa y que tenía como fin, y lo sigue teniendo, asegurar una educación accesible para todas y todos, ha relatado Rosanne Ann Healy.
La combativa micóloga continuó empleando su capacidad de liderazgo y determinación para conseguir la incorporación de las mujeres al ámbito de la ciencia. Esta lucha constituyó una faceta muy significativa e importante a lo largo de sus más de cincuenta años en la universidad. Hubo momentos en los que confesaba a sus alumnos cuánto le costaba soportar ser testigo de discriminaciones por parte de profesores sexistas que esgrimían insensatos argumentos; ella procuraba intervenir planteando razonamientos rigurosos, lo cual le permitía volver a su trabajo doblemente motivada. Es particularmente significativo subrayar en este aspecto que 21 de sus 34 estudiantes de posgrado fueron mujeres.
Entre los numerosos reconocimientos que esta original profesora recibió, uno de los que más orgullosa se sintió, ha confesado públicamente, fue el de su inclusión en el Iowa Women’s Hall of Fame en 1991. Se trata de una institución creada en 1972 con la finalidad de reconocer los logros de las mujeres del Estado de Iowa.
Reflejando su sentido del humor, Hattery Tiffany ha relatado en diversas ocasiones una anécdota ilustradora de los prejuicios sexistas existentes. Apunta que una mañana estaba trabajando en su despacho y notó que un hombre pasó varias veces por la puerta, mirando al interior. Después de verlo tres veces, se levantó, fue a la entrada y le preguntó si podía ayudarlo, a lo que él respondió que buscaba a Hattery Tiffany. Cuando ella le dijo que ya la había encontrado, el visitante enarcó las cejas y preguntó «¿Está segura?».
Vocacional interés por la docencia y la divulgación
A Lois Hattery Tiffany le encantaba la enseñanza a todos los niveles de la formación académica, lo que ha quedado reflejado en las numerosas clases que impartió a estudiantes no graduados, posgraduados y de doctorado. De hecho, una parte destacada de los múltiples premios y medallas que recibió muestran su intensa y vocacional dedicación a la docencia. Quienes estudiaron con ella han valorado con entusiasmo los vastos conocimientos de micología y botánica de la admirada profesora que tantas vocaciones supo despertar.
La experta micóloga fue responsable de un riguroso curso de micología para graduados que alcanzó gran prestigio y se convirtió en el mejor de su país en esta especialidad. Rosanne Healy y colaboradores han relatado que ella abarcaba de una forma minuciosa y atractiva a todo el reino de los hongos, lo que le granjeó un extenso alumnado apasionado ante sus vastos conocimientos especializados y sobre botánica general. El curso terminó siendo su inconfundible «sello personal».
Es de interés resaltar que dicho curso contenía una parte práctica de botánica de campo, que era el tema favorito de la brillante profesora. Antes de que ella empezara a impartirlo, esas clases luchaban por sobrevivir, y la facultad incluso se planteó abandonarlas. Cuando Hattery Tiffany supo esto, voluntariamente decidió responsabilizarse de ellas, pese a que ya tenía la mayor carga docente de su departamento. El éxito, según sus antiguos alumnos, fue indiscutible. Alcanzó más de veinte secciones y, cada año académico, «se completaba hasta rebosar».

Las y los citados estudiantes han dejado escrito que «muchos de nosotros cuando estábamos en la mitad de nuestras propias carreras investigadoras, valoramos el tiempo que ella dedicaba a formarnos y hacernos comprender la importancia que tenía realizar una investigación de calidad». Y más adelante, continúan recordando, que «a diferencia de la mayoría de los profesores de las grandes universidades, que exigen o esperan que sus estudiantes trabajen en los temas que interesan al profesor, Hattery Tiffany nos daba libertad para elegir aquello que más nos interesara». Unánimemente concluyen que «aprender a investigar en el laboratorio de esta profesora fue una experiencia única».
Y por si esto fuera poco, la original científica no solo enseñaba a los estudiantes universitarios, sino a un gran abanico de personas aficionadas. Creía que el placer por descubrir algo se manifestaba al explicárselo a la sociedad. Organizó y dirigió excursiones de campo, con largas caminatas en busca de hongos que incluía, junto a sus alumnos, a numerosos aficionados y aficionadas.
Según Rosanne Ann Healy y colaboradores, «poseía una habilidad maravillosa para sintetizar temas complejos en explicaciones que el público en general podía comprender y apreciar, lo cual aumentó considerablemente la estima que despertaba». Algunas de las personas que aprendieron botánica con ella se convirtieron en activas defensoras en la conservación de los espacios naturales de Iowa. Los inestimables esfuerzos de compromiso con la comunidad hicieron que la profesora fuera conocida como la «dama de los hongos de Iowa».
Reconocimientos más que merecidos
El brillante trabajo académico y el comportamiento altruista de Lois Hattery Tiffany la hicieron merecedora de numerosos honores, premios y medallas. Sus méritos han sido calificados de «monumentales» y, según consta en los archivos de la Universidad de Iowa, cuando se jubiló el Departamento de Botánica reconocía en un largo escrito sus logros, acentuando que:
La doctora Lois Hattery Tiffany es una persona tenaz y sabia […]. Su carrera ha inspirado a centenares de estudiantes […] y sus esfuerzos de investigación han alcanzado de muchas maneras a toda Iowa […], logrando un reconocimiento a nivel nacional.
Por otra parte, sus colegas no olvidaron condenar «la oscura época de desvergonzado sexismo por parte de algunos miembros de la universidad, que entorpecieron los primeros veinte años de su carrera». En este punto, han subrayado que «su determinación y tranquila competitividad convencieron a muchos de que las mujeres tienen un bien merecido lugar en los salones de la ciencia. Su legado a las científicas es el camino más claro a través de la jungla académica, y garantía de que las mujeres pueden hacer ciencia de primera clase y deben ser reconocidas por ello».
Afectuosamente, colegas y estudiantes coincidieron en llamarla «mujer del renacimiento en la investigación micológica», y reivindicaron sus contribuciones eruditas en cada uno de los principales grupos del reino de los hongos. Detallaron, además, que sus méritos han sido merecedores de varios «primeros» como, por ejemplo, ser la primera mujer presidenta de la Iowa Academy of Science (1977). Igualmente lo fue en ganar la Governor’s Science Medal for Teaching (1982). Asimismo, sería la primera persona en recibir el Mycological Society of America William Weston award for teaching (1980), e igualmente la primera científica del College of Liberal Arts and Sciences premiada con el título de Distinguished Professor (1994).
Un grupo de antiguos estudiantes rindió honores a su querida profesora en 1994 con una gran placa de piedra colocada a la entrada del Carrie Chapman Catt Center for Women and Politics, un centro universitario fundado en 1992. Dicha placa llevaba la siguiente inscripción:
Eminente micóloga, extraordinaria profesora y tutora: sus alumnos graduados rinden honores a una mujer pionera cuya dedicación, tenacidad, espíritu docente, determinación e independencia de pensamiento ha inspirado a micólogos, a sus pares académicos y a estudiantes.
Valga recordar que el currículo de esta científica culminó con la autoría o coautoría de más de 80 artículos en una gran variedad de temas sobre micología. Además, fue coautora de la segunda edición del influyente y valorado libro Mushrooms and Other Fungi of the Mid-Continental United States (2008).
La carrera universitaria en el Departamento de Botánica de Lois Hattery Tiffany culminó con su retiro en 1996. No obstante, después de jubilarse mantuvo un pequeño laboratorio en la universidad donde continuaría trabajando hasta el día antes de ser hospitalizada tras una caída el 27 de agosto. Murió diez días más tarde, el 6 de septiembre de 2009, dejando un imborrable recuerdo entre sus colegas, estudiantes y exalumnos, además del considerable grupo de gente de Iowa que tanto la apreció y respetó.
Referencias
- «Lois Hattery Tiffany, a Tribute». A Small Fox in a Big World
- «Lois Hattery Tiffany». Iowa State University website
- Healy, R.A., et al. «Lois Hattery Tiffany, 1924–2009». Mycologia 102 (2010) Issue 4
- «L. H. (Lois Hattery) Tiffany papers, 1940-2010, undated». Iowa State University Library, University Archives Collections
- Martínez Pulido, Carolina (2025). Las llamadas «plantas sin flores». Editorial Círculo Rojo. Madrid
- Prairie dedication to honor former Iowa State professor. Cherokee Chronicle Times, 12 septiembre 2013
- Wikipedia: «Lois Hattery Tiffany»
Sobre la autora
Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.