Candace Pert, la neurocientífica que se atrevió a pensar diferente

Vidas científicas

La neurocientífica y farmacóloga estadounidense Candace Pert (1946-2013) fue una figura clave en el descubrimiento de receptores opioides en el cerebro. Sus investigaciones sobre bioquímica cerebral contribuyeron a una comprensión radicalmente nueva de la mente y el cuerpo humano. Es considerada una de las pioneras de la psiconeuroinmunología.

Candance Pert.

Candace Beebe (más tarde Pert, por su apellido de casada) nació en Nueva York, EE.UU., el 26 de junio de 1946. Su padre, Robert, era artista, y su madre, Mildred, trabajaba en los tribunales como mecanógrafa. Tuvo una hermana, Deane.

Se graduó en biología en 1970 por la universidad para mujeres Bryn Mawr College, en Pensilvania. Aquel mismo año comenzó su doctorado en farmacología en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, que completaría en 1974.

Descubrimiento de los receptores opioides

Las similitudes entre las estructuras químicas de los compuestos opioides, que pueden ser bien producidos por el propio organismo, como las endorfinas, o bien administrados externamente, como los fármacos opioides y ciertas drogas ilegales, sugería a la comunidad científica de la época la posibilidad de que las membranas del cerebro y otros tejidos corporales poseyeran configuraciones químicas específicas que se unieran selectivamente a dichos compuestos.

Siendo todavía estudiante de doctorado, Candace formó parte del equipo de investigación que demostró, por primera vez, la existencia de receptores opioides en el cerebro. Dichos receptores son proteínas especializadas ubicadas en la superficie de las células del sistema nervioso central y periférico de los grandes mamíferos, así como en otros tejidos del cuerpo humano, y resultan fundamentales para la modulación del dolor, el estado de ánimo, la función gastrointestinal y la respuesta del cuerpo a las drogas opioides.

El grupo de investigación dirigido por el neurocientífico Solomon H. Snyder no sólo identificó este sistema de receptores, sino que también desarrolló técnicas precisas para localizarlos y luego trazó un mapa de su distribución regional en el cerebro.

El hallazgo de los receptores opioides representó un antes y un después en la historia de la neurofarmacología, y la polémica surgida tras él simbolizó un paso al frente en la lucha contra las desigualdades e injusticias para con las mujeres en ciencia.

Disputa por la autoría del hallazgo

Candace Pert había diseñado el ensayo de fijación que permitió el descubrimiento de los receptores opioides. Su contribución al estudio quedó reflejada en el artículo científico que publicó en 1973 junto con su director de tesis, Solomon H. Snyder, en la prestigiosa revista Science. Pert figura como primera autora del trabajo.

En 1978, el descubrimiento de los receptores opioides valió a Snyder el codiciado premio Albert Lasker, el equivalente estadounidense al Nobel en Fisiología o Medicina. Ni Pert ni ninguna de las demás personas que formaban parte del laboratorio fueron galardonadas.

Principio del artículo «Lasker Award Stirs Controversy» de Jean L. Marx en Science (1979).

Desafortunadamente, este tipo de situación (i.e. mujer protagonista es eclipsada por su superior varón) es y, aunque en menor medida, sigue siendo usual en el entorno científico. Pert, sin embargo, reaccionó de manera inusual en su época: protestó públicamente y envió una carta al comité de evaluación de la fundación que otorga el premio, indicando que había “desempeñado un papel clave en el inicio y seguimiento de la investigación” y manifestando que estaba “enojada y molesta por la exclusión”.

Su escrito tuvo gran repercusión en el campo, aunque solo unos pocos fueron capaces de reconocer en su exclusión los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en las carreras científicas.

En un artículo de 1979 en el Washington Post, Snyder argumentó que “así es como se juega el juego”, añadiendo que los estudiantes de posgrado de hoy serán jefes de laboratorio mañana, y que “cuando tengan estudiantes, actuarán de la misma manera”.

Péptidos… y más péptidos

La Dra. Pert continuó su carrera en el Instituto Nacional de Salud Mental (EE.UU), donde siguió realizando investigaciones pioneras sobre los receptores y los neuropéptidos que les corresponden. A partir de mediados de la década de 1980, el deseo de comprender y tratar fenómenos como la inflamación inducida por el dolor la llevó a investigar el papel de los péptidos y sus receptores en el sistema inmunitario.

En equipo con su segundo marido, el inmunólogo Michael Ruff, caracterizó por primera vez las interacciones de los péptidos con las células tumorales y publicó varios artículos en Science sobre las acciones de los péptidos y otras moléculas neuroactivas en las células cancerosas. Aquello los llevó a preguntarse si los péptidos que interactúan con el receptor del VIH en las superficies celulares podrían ser útiles terapéuticamente.

Candace Pert.

En 1987, Candace dejó el Instituto Nacional de Salud Mental para formar una empresa llamada Peptide Design e investigar el péptido T, un tipo de proteína antirretroviral empleada para el tratamiento por infección del VIH. Pert y Ruff esperaban que la proteína fuera capaz de bloquear la entrada del virus a las células y así poder combatir la enfermedad. Si bien el fármaco se mostró prometedor en la fase de laboratorio y ensayos clínicos, no dio lugar a un tratamiento exitoso.

Posteriormente, el matrimonio fundó otra empresa, Rapid Pharmaceuticals, para desarrollar medicamentos basados en péptidos que tratan la inflamación que subyace a muchas afecciones médicas crónicas, como el Alzheimer, las enfermedades cardiovasculares y otras.

Candace Pert llegó a publicar más de 250 artículos científicos sobre péptidos, y registró varias patentes sobre el uso de péptidos modificados para el tratamiento de enfermedades diversas como la psoriasis o el síndrome de fatiga crónica.

Defensora de la unidad entre cuerpo y mente

Poco a poco, Candace fue orientando sus intereses y enfoque intelectual hacia la medicina alternativa. Se convirtió en una destacada defensora de la unicidad entre cuerpo y mente, sosteniendo que las emociones juegan un importante papel en la salud. En su opinión, las emociones, en gran medida ignoradas dentro de los límites tradicionales de la ciencia y la medicina, son en realidad la clave para comprender cómo el cuerpo y la mente se afectan mutuamente.

La inteligencia se encuentra localizada no sólo en el cerebro, sino en células distribuidas por todo el cuerpo […] La separación tradicional entre los procesos mentales (incluyendo las emociones) y el cuerpo ha dejado de ser válida.

En su libro más conocido, Molecules of Emotion: The Science Behind Mind-Body Medicine, publicado en 1997, Pert abogó por un enfoque más holístico de la salud:

“He llegado a creer que prácticamente todas las enfermedades tienen, si no una base psicosomática, un componente psicosomático definido”, escribió. El tema central del libro de Pert es que los péptidos que inundan nuestro cuerpo son, de hecho, las “moléculas de la emoción”. Estas moléculas, argumentó, “controlan todos los sistemas de nuestro cuerpo”, creando una “inteligencia del cuerpo y la mente” que es “lo suficientemente sabia como para buscar el bienestar” sin demasiada intervención médica de alta tecnología. Por ejemplo, según ella, es a través de los péptidos moduladores de las emociones que un pensamiento incómodo puede hacer que los vasos sanguíneos se dilaten y enrojezcan la cara. De la misma manera, las moléculas de la emoción pueden movilizar células inmunes para destruir un tumor incipiente. Técnicas como la meditación o la visualización también pueden actuar como fuerzas para poner esas moléculas en acción.

Si bien es cierto que su amplio conocimiento farmacológico sobre ligandos (péptidos) y cómo estos funcionan a través de los receptores del cuerpo subyace en todo su trabajo, para muchas personas puede resultar curioso que una científica con la trayectoria de la Dra. Pert se adentrara en el mundo de la medicina alternativa.

Candace Beebe Pert murió en Potomac, EE.UU., el 12 de septiembre de 2013, a consecuencia de un fallo cardíaco. Tenía 67 años.

Referencias

Sobre la autora

Edurne Gaston Estanga es doctora en ciencia y tecnología de los alimentos. Actualmente se dedica a la gestión de proyectos en organizaciones que fomentan la difusión del conocimiento de la ciencia y la tecnología.

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