Los ataques cardíacos son diferentes en mujeres y en hombres, y la atención médica debe asumirlo

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Glen Pyle, University of Guelph

Emily Frost / Shutterstock.

Una noche cualquiera enciende la tele y se dispone a ver su serie favorita sobre médicos. La calma de la trama se rompe de forma súbita cuando un paciente se agarra con fuerza el pecho y cae desplomado al suelo. Es entonces cuando entra en escena un equipo de doctores increíblemente atractivos que trabajan de manera frenética para salvar a la víctima del ataque al corazón que está sufriendo.

Seguro que tenía en mente la escena a medida que leía el párrafo anterior. ¿La víctima del infarto era un hombre o una mujer?

La mayoría de las personas asocia los ataques al corazón con los hombres, pero lo cierto es que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en ambos sexos en todo el mundo. Es más, fallecen más mujeres que hombres por este motivo.

Un ataque al corazón puede pasar desapercibido en el caso de algunas mujeres, ya que pueden no sufrir dolor y no presentar los síntomas característicos de un cuadro cardíaco, a pesar de lo cual las indicaciones que se deben seguir llegado el caso están basadas en estudios realizados mayoritariamente con hombres.

El sexismo latente en la investigación de la salud cardiovascular no solo significa que a menudo los infartos no sean detectados en mujeres, sino que tienen menos probabilidad de ser sometidas a los tratamientos e intervenciones adecuados, así como a la rehabilitación correspondiente.

Mueren más mujeres por problemas cardíacos

Una de las enfermedades cardiovasculares más comunes, la cardiopatía isquémica, puede ocasionar un ataque al corazón. Este tiene lugar cuando se bloquean los vasos sanguíneos que van al corazón, causando la muerte del músculo. Un motivo frecuente por el que se produce este bloqueo es por la arterioesclerosis, que no es otra cosa que el depósito de placas de grasa en las arterias coronarias.

Sin embargo, más de la mitad de las mujeres que padecen una cardiopatía isquémica no sufren el bloqueo de estas arterias. El estudio Evaluación del Síndrome Isquémico en las Mujeres (WISE, por sus siglas en inglés) descubrió que la cardiopatía isquémica en las mujeres aparece cuando los vasos sanguíneos más pequeños, los que conforman la microcirculación, sufren daños que provocan su cierre.

Hasta que no se rompa el techo de cristal provocado por el sexismo en la investigación cardiovascular,
las mujeres seguirán sufriendo las consecuencias. (Unsplash/Rawpixel), CC BY.

A pesar de los avances que han reducido la mortalidad por ataques al corazón, las mujeres siguen copando las estadísticas en comparación con los hombres.

¿Cuál es la razón por la que la misma enfermedad acaba con la vida de más mujeres que hombres?

Ataques al corazón indoloros

La mayoría de los ataques al corazón no son sucesos repentinos y dolorosos que hacen que la víctima se desvanezca. El dolor aparece de manera gradual y a menudo se confunde con una indigestión o un simple dolor muscular.

Aunque el dolor de pecho es el síntoma más común en ambos sexos, existen otros menos característicos que se manifiestan más en mujeres que en hombres: fatiga, malestar en la espalda, mandíbula o cuello o, simplemente, ausencia de dolor. Si se presentan este tipo de síntomas y no se hace un diagnóstico preciso a tiempo, el tratamiento puede verse retrasado y provocar un mayor daño al corazón.

Desde hace tiempo existe la creencia de que en las mujeres se retrasa la demanda de atención médica, demora que les llevaría a sufrir mayores daños. Una revisión de las investigaciones realizadas sobre el tema entre 1960 y 2008 cita 11 estudios que sostienen esa afirmación, mientras que otros siete no encontraron diferencia alguna entre ambos sexos. Si bien la mayoría de los estudios ratifican que las mujeres tardan más que los hombres en recibir atención médica al sufrir un infarto, en realidad las diferencias son relativamente pequeñas.

El protocolo sanitario establece controles, pruebas y tratamientos que, a menudo, dejan a las mujeres en un segundo plano. La Heart and Stroke Foundation of Canada, organización que vela por la salud cardiovascular de la población canadiense, determinó que en los 10 minutos posteriores a la llegada a urgencias las mujeres eran sometidas con menos frecuencia que los hombres a un electrocardiograma, prueba que detecta los ataques al corazón.

Los diagnósticos más precisos, en desuso

El nivel en sangre de troponinas, las proteínas liberadas cuando el corazón sufre un daño, es el biomarcador estándar más valioso para diagnosticar un ataque al corazón. Sin embargo, el criterio que se siguió para establecer los niveles de dicha proteína fue estudiado principalmente en hombres, cuyo nivel de circulación de troponina es 2,4 veces mayor que el de las mujeres.

Por lo tanto, el aumento de troponinas producido por un infarto de miocardio en una mujer puede no superar el umbral diagnóstico establecido. Más del 20% de los ataques sufridos por mujeres no son identificados al atender a este umbral como único elemento diagnóstico.

Las angiografías, por su parte, identifican el bloqueo de las arterias coronarias durante un infarto, pero no registran la obstrucción en la microcirculación, afección que se produce generalmente en mujeres.

Los diagnósticos por imagen, como la tomografía por emisión de positrones (PET) o la tomografía computarizada de emisión monofotónica (SPECT), son técnicas sumamente precisas para detectar ataques al corazón en mujeres. Desgraciadamente, estas herramientas no suelen utilizarse, por lo que las mujeres corren el riesgo de no obtener un diagnóstico completo.

Pocas mujeres reciben rehabilitación cardíaca

Las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres de recibir una terapia adecuada tras sufrir un infarto.

Intervenciones como el cateterismo cardíaco o la implantación de un baipás coronario son menos habituales en mujeres.

Al obtener el alta, las recetas son distribuidas de manera desigual entre hombres y mujeres, viéndose perjudicadas a pesar de que la reducción de la mortalidad al seguir los tratamientos farmacológicos ha sido ampliamente demostrada.

Ha de llevarse a cabo una investigación exhaustiva sobre las enfermedades cardiovasculares
para comprender las diferencias entre hombres y mujeres. Shutterstock.

El tratamiento a largo plazo para pacientes que han sufrido un infarto incluye la rehabilitación cardíaca. Si bien esta terapia es infrautilizada en general, las mujeres disfrutan de sus beneficios en menor cantidad que los hombres.

La probabilidad de que una mujer sea derivada a rehabilitación cardiaca por su médico es menor que la de un hombre, y cuando lo es, es más probable que abandone el programa antes de completarlo.

La discriminación por sexo en los estudios cardiovasculares

Los tratamientos son elaborados a partir de datos recopilados en hombres, mayoritariamente. Un informe científico publicado en 2016 por la Asociación Estadounidense del Corazón señala que las terapias tras sufrir un infarto suponen un gran beneficio para las mujeres, pero se desconoce la eficacia de los tratamientos atendiendo a la diferencia entre sexos.

Es fundamental aumentar la inversión económica en la investigación de las diferencias en salud y enfermedad entre sexos. De esta manera se podrían desarrollar terapias específicas para cada sexo. Asimismo, la inclusión de las mujeres en los ensayos clínicos supondría un paso de gigante. Las agencias de investigación están trabajando en este último punto, pero hasta el momento no se han producidos avances que supongan una mejora de la salud de las mujeres.

La conclusión que se puede sacar es que hasta que no se rompa el techo de cristal, las mujeres seguirán sufriendo las consecuencias de la falta de igualdad en la investigación cardiovascular.


Campaña del Colegio de Médicos de Bizkaia.
Campaña “Somos diferentes ante el infarto de miocardio” del Colegio de Médicos de Bizkaia.


Artículo traducido gracias a la colaboración de Fundación Lilly.The Conversation


Sobre el autor

Glen Pyle, Professor, University of Guelph.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Ir al artículo original.

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