Demasiada felicidad

Muchas personas que no han estudiado matemáticas las confunden con la aritmética y las consideran una ciencia seca y árida. Lo cierto es que esta ciencia requiere mucha imaginación.

Sofia Kovalevskaya

Esta cita abre el último de los diez relatos –el que da nombre al libro– de Demasiada felicidad (2009), una antología de cuentos de la Premio Nobel de Literatura 2013, Alice Munro (1931).

La autora comenta en los agradecimientos finales del libro que descubrió a Sofia Kovalevskaya cuando realizaba una búsqueda en la Encyclopaedia Britannica. Sofia la sedujo por su doble faceta de matemática y de novelista. Gracias a la lectura de la biografia Little Sparrow: A Portrait of Sofia Kovalevsky de Don Kennedy, y del contacto personal con el autor y su esposa Nina, Alice Munro tuvo acceso a documentos personales de Sofía, que le ayudaron a construir su relato.

Demasiada felicidad es una historia novelada de Sofia Kovalevskaya (1850-1891), una historia que comienza en 1891. Comentamos debajo el argumento, introduciendo algunas citas tomadas de la traducción de Flora Casas, para la edición de 2010 de Demasiada felicidad en la editorial Lumen.

Sofia y su amado Maksim Maksimovich Kovalevsky –un primo lejano de Vladimir, el marido fallecido de Sofia– caminan por un cementerio.

Sofía y Maksim conocieron en 1888, en Estocolmo, e inmediatamente congeniaron: les unían su idioma, su apellido y sus costumbres. En ese momento, Sofia estaba preparando su memoria sobre el movimiento de los cuerpos rígidos para presentarla al Premio Bordin de la Academia de las Ciencias de París.

Tras la concesión del premio a Sofia, Maksim se siente relegado. Acuerdan casarse –ella se siente feliz– aunque Maksim no deja de bromear sobre el tema; incluso llega a decir abiertamente a Sofia en alguna carta que no la quiere. Ella le ama, él juega con ella, la ilusiona, la traiciona, la engatusa, la decepciona.

A pesar de haber ganado el Premio Bordin, Sofia no consigue trabajo:

Ni se les ocurría contratarla, como jamás habrían contratado a un chimpancé amaestrado.

Sofia recuerda su matrimonio blanco con Vladimir para poder salir de Rusia y estudiar. Recuerda también a su hermana Aniuta y a su marido Jaclard –que nunca había querido a su esposa–, y sus vivencias durante el corto gobierno de la Comuna de París.

En una visita a su sobrino Urey –el hijo de su hermana fallecida– él, furioso con su vida, ataca a su tía hablando de las matemáticas de esta manera:

 Lo que no es necesario son las matemáticas, o eso me parece a mí. […] No sentiría respeto por mí mismo siendo profesor de matemáticas. […] Ganar premios y un montón de dinero por cosas que nadie entiende y que no le importan a nadie y que no sirven para nada.

En Demasiada felicidad se citan en diferentes momentos al mentor de Sofia, Karl Weierstrass –que la apoya, la respeta como científica y le profesa un profundo afecto–, Gösta Mittag-Leffler y Jules Henri Poincaré –matemáticos ‘rivales’–. Incomprendida  por los hombres de ciencia e incomprendida por “las esposas” de esos hombres, Sofia recuerda el momento en el que conoció a Weierstrass, la manera en la que él quiso ‘desanimarla’, y el asombro y admiración de su mentor al descubrirla:

Lo que sí puedo hacer en su caso es plantearle una serie de problemas y pedirle que los resuelva y me los traiga dentro de una semana a  partir de hoy. […] Si me satisface el resultado, volveremos a hablar. […] Llevaba toda la vida […] esperando a que un alumno entrase así en su habitación. […] Riguroso, meticuloso, así hay que ser, aunque así también ha de ser el gran poeta.

Sofia viaja en un tren hacia Copenhague, enferma, para impartir una conferencia. Reflexiona sobre la verdadera importancia del descubrimiento, sin importar los premios, las publicaciones o los  reconocimientos:

Esos descubrimientos eran posibles. Las matemáticas eran un don natural, como la aurora boreal.

Tras su conferencia, la enfermedad de Sofía se agrava y fallece, cuidada por su pequeño círculo de amistades. La última vez que ve a su hija, poco antes de fallecer, Sofía susurra: Demasiada felicidad.

La autopsia demostró que la neumonía le había destrozado por completo los pulmones y que el corazón presentaba una dolencia que arrastraba desde hacía varios años. Como todo el mundo se esperaba, el cerebro tenía un gran tamaño.

Demasiada felicidad evoca la lucha de Sofia a través de sus recuerdos más personales, el desamor, la pasión por el estudio, sus logros científicos, sus problemas para ser aceptada como una igual por sus colegas científicos, sus alegrías y sus desengaños. El libro finaliza con esta frase:

Hay un cráter en la luna que lleva el nombre de Sofia.

Por cierto, este último dato, ya lo conocíamos gracias al ensayo Las mujeres de la Luna. Historias de amor, dolor y valor

Nota

Adaptado a partir de: Marta Macho Stadler, Demasiada felicidad, de Alice Munro, DivulgaMAT, Literatura y matemáticas, octubre 2013

Sobre la autora

Marta Macho Stadler es doctora en matemáticas, profesora del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaboradora en ::ZTFNews y la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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