María Blasco, una científica implicada en la lucha por la igualdad y el compartir conocimiento

Espero que el siglo XXI nos traiga la diversidad en todos los sentidos, entre gentes de diversos países, de sexos o de orientación sexual.

María Blasco

El CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas), uno de los centros de investigación de mayor relevancia de España, está dirigido por la doctora en bioquímica y biología molecular María Blasco. Esta acreditada científica especializada en el cáncer y en el envejecimiento, de ninguna manera es ajena a la situación de las mujeres en la ciencia. Por tratarse de una investigadora altamente cualificada testigo directa de las vivencias de una mujer ocupando un alto cargo, nos parece de interés traer a colación su pensamiento y juicios acerca de sus experiencias.

En una entrevista realizada por la revista digital Jot Down en 2013, María Blasco hacía referencia a su condición personal de mujer científica y responsable de gestionar un centro en el que investigan cerca de quinientos especialistas: «Yo ya pertenezco a una generación [nació en 1965] en la que no era raro ver a mujeres estudiando carreras científicas o trabajando en los laboratorios. No he vivido en este sentido el mundo de la ciencia sin mujeres».

Subrayando este hecho, continúa: «Todo lo contrario. Las dos directoras que he tenido han sido mujeres. Y no fue porque lo eligiera así por algún motivo; simplemente, en el caso de Margarita [Margarita Salas fue su directora de tesis doctoral], era uno de los mejores laboratorios de investigación de España para aprender biología molecular y bioquímica y, en el caso de Carol Greider [bióloga Premio Nobel con quien trabajó durante cuatro años en los Estados Unidos], me encantaba la investigación que hacía, era biología molecular y tenía el potencial de ser importante tanto para el cáncer como para el envejecimiento».

No obstante, en la misma entrevista también relata cómo el tiempo inexorablemente ha ido cambiando su perspectiva sobre las mujeres científicas: «Durante mi carrera profesional siempre pensé que en la ciencia no había actitudes machistas. Sin embargo, desde que ocupo un puesto directivo importante, afirmo que sí existe. Hay un tipo de machismo que da la cara cuando una mujer alcanza una posición de poder. El motivo es simple: es entonces cuando algunos egos se revuelven ante la idea de que una mujer esté por encima de ellos en la toma de decisiones. A las estructuras viejas les cuesta mucho ceder poder».

La escasa presencia femenina en los entornos jerárquicamente más altos, ha llevado a María Blasco a sostener con convicción que «hoy el machismo en la ciencia sigue siendo un problema. Las esferas de decisión están copadas por hombres». No se trata de una declaración basada en el vacío o que sólo la sostengan unas pocas investigadoras. Por el contrario, es un serio problema que afecta a la ciencia en prácticamente todos los países del mundo, desde los Estados Unidos y Europa hasta Japón o China.

La relevancia del tema y su significación es tal, que el 7 de marzo de 2013 la respetada revista Nature publicaba un número especial justamente dedicado a la situación de las mujeres en la ciencia. Compuesto por numerosos artículos, a cual más interesante, la editorial del prestigioso medio denunciaba: «La ciencia sigue siendo institucionalmente sexista. Pese a que ha habido algún progreso, las mujeres científicas aún están peor pagadas, se las promueve con menor frecuencia, consiguen menos becas o proyectos y tienen más probabilidades de abandonar la carrera investigadora que los hombres con una cualificación semejante».

En la revista se explicita: «Este número especial de Nature lanza una dura mirada al brecha de género, desde las poyatas a las salas de juntas, e indaga qué se está haciendo para acabar con la segregación femenina». Las conclusiones, sin embargo, son muy poco estimulantes: «A muchas mujeres se las desalienta en sus intentos por seguir una carrera científica al nivel más elevado. Hay que hacer mucho más de lo hecho hasta ahora para abordar las razones que yacen tras este potencial desperdicio de talento humano».

Haciéndose eco de esta publicación, María Blasco escribía dos meses después en el Huffington Post: «El último número de la revista Nature está dedicado al estancamiento o incluso retroceso de la situación de las mujeres en la ciencia. Las científicas tienen una clara desventaja para escalar a los puestos de máxima responsabilidad en la carrera investigadora, mientras que los colegas varones tienen más probabilidades de llegar los cargos más altos». La denuncia feminista, en la voz de Blasco, alcanzaba así una mayor difusión entre los lectores de habla hispana.

Pero la investigadora no se queda ahí. Durante una larga conversación mantenida con el periodista José Luis Barbería, publicada por El País Semanal el 13 de octubre de 2016, declaraba: «En nuestro centro [CNIO], en el que las investigadoras somos mayoría, únicamente el 30% de los puestos de jefatura están en manos de mujeres. Nuestros problemas no son diferentes a los de las mujeres de EE. UU. u otros países de Europa. Las esferas de decisión están copadas por hombres que a la hora de planificar y organizar la actividad no tienen en cuenta las necesidades específicas de las mujeres».

En la entrevista de Jot Down, la científica también ha insistido en sus denuncias ante tan injusta situación: «Pese a que el número de mujeres graduadas y doctoradas en las universidades sigue siendo igual o ligeramente superior al de los hombres, la discriminación femenina en los altos cargos apenas se ha modificado durante los últimos treinta años». Este hecho, afirma Blasco, demuestra «que no es solo una cuestión de dejar pasar el tiempo. Ya en los años setenta había el mismo número de mujeres que de hombres en muchas carreras y, sin embargo, no ha cambiado casi nada desde entonces con relación a los puestos de más alto nivel y el número de mujeres en los mismos.»

Más adelante continúa: «Hay una discriminación subliminal, discriminación persistente, que hace que las mujeres siempre tengan más problemas, sean peor valoradas, peor apoyadas». Al igual que otras expertas, María Blasco sostiene que al ser muy mayoritarios los directivos hombres, «pueden favorecer más, por la relación que tienen entre ellos, por sus afinidades e intereses comunes, a otros varones en detrimento de colegas femeninas». Aquí podría encontrarse una de las razones por la que «para las mujeres siempre va a ser más difícil llegar a determinados puestos».

Notablemente disconforme por la frecuente marginación femenina de la que ella misma ha sido testigo, desde el Huffington Post acusaba: «Las mujeres son invitadas con menor frecuencia a formar parte de consejos asesores de instituciones académicas o de compañías privadas, y todavía es un hecho muy excepcional que haya un igual número de ponentes hombres y de ponentes mujeres en un congreso científico».

Desde su perspectiva de directora de un gran centro de investigación, la experta sostiene que, ante el hecho indiscutible de que en los altos cargos predominan los hombres, «es necesario hacer algo que facilite la presencia de un número mayor de mujeres en esos puestos de dirección». Según su criterio, «lo más efectivo para luchar contra la desigualdad de género es que haya cuotas, paridad en los tribunales, en las comisiones donde se decide qué personas estarán en esos determinados puestos, como una manera de compensar la desigualdad de entrada.»

Es conocido que la existencia de cuotas, cupos o simplemente discriminación positiva ha generado numerosas controversias y abundantes críticas. No obstante, la directora del CNIO manifiesta en su defensa un argumento altamente convincente: «Se obliga a cumplir con un cupo porque hay una discriminación de facto. Las mujeres están discriminadas. No porque sean más tontas o sepan menos que los hombres. Es porque no se las apoya ni se las valora igual que a los colegas masculinos». Se trata de una verdad tan evidente como molesta para quienes aún se mantienen atrincherados en viejos prejuicios sexistas.

No extraña que las cuestiones de desigualdad, en este caso entre mujeres y hombres, susciten tanto interés y pasión. Está en juego cuál es la calidad de vida que en forma de oportunidades, condiciones de partida y posibilidades de ejercer los méritos acredita una sociedad. Una complejidad que se entiende mucho mejor si se mira y analiza desde diferentes ángulos disciplinares. En este contexto, puede resultar de interés la lectura del informe Científicas en cifras 2013, que pone de manifiesto la necesidad de mejorar estilos de convivencia y completar los esfuerzos para reducir desigualdades.

Por su parte, Blasco escribía en el Huffington Post en agosto de 2013: «En nuestro país, el mes pasado se celebró el décimo aniversario de actividad de la Comisión de Mujer y Ciencia del CSIC, que en una década ha conseguido disminuir las diferencias de género en los niveles más altos de la carrera investigadora, gracias a la implantación de políticas de paridad». Los datos, apunta con sobrada razón, demuestran que «las políticas de paridad y las cuotas han dado excelentes resultados cuando se han aplicado. El problema es que estas medidas no siempre se aplican, y España ofrece un claro ejemplo de retroceso».

Las actitudes machistas también se reflejan en ciertas observaciones que suenan a rancio. Como relata Blasco: «en los casos excepcionales donde hay un balance de género, es frecuente que esto sea motivo de comentarios jocosos. Apostillas del tipo: “Claro, es que yo no llevo faldas” en boca de colegas varones que han perdido una promoción a favor de una mujer no son raras». Indignada ante comportamientos de este estilo, la investigadora sostiene con energía: «Estas actitudes sexistas no deberían tener cabida en ninguna institución pública ni privada, ya que denotan la falta de respeto por las políticas de igualdad. Y además son una manera más de menoscabar a las mujeres». Sin embargo, continúa más adelante, «los comentarios sexistas y el machismo encubierto, a veces incluso desinhibido, como el ejemplo que he mencionado antes, forman parte del día a día de la mujer científica y, en general, de las mujeres profesionales».

María Blasco (Fotografía: CNIO).

La minusvaloración, consciente o inconsciente de las mujeres científicas, opina Blasco «parece ser el gran problema de fondo que ha provocado que los avances en la igualdad de género estén parados. Persiste un machismo que opera de manera subconsciente y del que no están libres a menudo las propias mujeres». Un valiente y decidido comentario que invita a la reflexión.

Por la misma senda, en El País de abril de 2015, María Blasco volvía a denunciar con arrojo el mal funcionamiento de la política de paridad en los altos niveles de las instituciones científicas. «En el terreno del machismo, por ejemplo, España ha estado y aún está muy atrasada. La política de paridad es un desastre».

Un año más tarde, en 2016, afirmaba en El Español: «En los rankings internacionales de igualdad de género –que se fijan en los cargos políticos y administrativos– se ve que España ha perdido muchas posiciones. No hay igualdad real entre hombres y mujeres, aunque esto es algo que pasa en todos los países. Se trata de una lucha internacional que tenemos que estar abanderando mujeres y hombres, porque yo creo que interesa a todo el mundo».

Insistimos en que las conclusiones de María Blasco no están aisladas ni tienen un carácter puramente nacional o personal, aunque es cierto y evidente estadísticamente que en los últimos años y al calor del contexto de la crisis la situación en España ha empeorado. Los razonamientos de esta científica de vanguardia están basados en multitud de datos, entre ellos, por ejemplo, los publicados a finales de 2012 por el Fondo Económico Mundial en el que se revelaba que España ha caído catorce posiciones en el ranking mundial de políticas de igualdad de género. Hecho que el Fondo considera fundamentalmente debido a la disminución dramática de mujeres en los altos cargos de la Administración.

Ante quienes censuran la discriminación positiva, la directora del CNIO replica con lucidez: «La paridad y las cuotas tienen muchos detractores. Basan sus argumentos en que este tipo de medidas terminarán provocando la promoción de mujeres mediocres y, por lo tanto, aumentará la mediocridad en los puestos más altos». Sin embargo, razona la científica, «dado que tanto hombres como mujeres están igualmente capacitados para todos estos cargos, el argumento no se sostiene. De hecho, la situación actual, con muchos más hombres que mujeres en los puestos altos, indica que es bastante más probable que haya un hombre mediocre que una mujer mediocre en esos puestos».

Asimismo, nos recuerda que «el Programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea (H2020) tiene entre sus objetivos llegar a un 40% de representación de mujeres en los comités de selección». En su Ficha informativa sobre Igualdad de Género del 10 de enero de 2014, el H2020 especifica: «Las cuestiones relativas a la igualdad de género en investigación e innovación tienen especial importancia en el nuevo Programa Marco». Asimismo, se detalla que «debe tenerse en cuenta la inclusión de los aspectos y análisis de género o sexo en las temáticas de investigación e innovación cuando sea apropiado, y en la propia gestión del programa, aplicándose la igualdad de género en la selección de evaluadores, por ejemplo».

María Blasco, en línea con su activo interés por mejorar las cosas propone, además de la paridad, otra medida muy interesante contra la desigualdad de género: «facilitar el networking [trabajo en red] entre mujeres». Se trata de una actividad, explicita la investigadora, que «numerosas asociaciones de profesionales con perspectiva de género están fomentando en otros países y que también se debe estimular aquí».

En este sentido pone de manifiesto que «científicas con una brillante carrera han generado fundaciones para ayudar a las investigadoras, entre ellas por ejemplo, la Fundación Rita Levi-Montalcini [Premio Nobel de Medicina 1986], que apoya a mujeres de África que quieren ser científicas; o la Fundación de Christiane Nusslein Volhard [Premio Nobel de Medicina 1995], que ayuda a mujeres científicas con hijos».

M. Blasco no se limita a ejemplos de otros países, pues añade con satisfacción: «En el CNIO, el centro que dirijo, hemos creado la oficina WISE CNIO (Women In SciencE at CNIO), que cuenta con el trabajo voluntario de científicas del centro para promover la carrera investigadora de las mujeres que trabajan aquí».

Coherente con su preocupación por defender la perspectiva de género en múltiples ámbitos, la investigadora no olvida recomendar «la lectura del Manifiesto por la Igualdad en la Cultura, del 1 de marzo de 2013, que han elaborado varias asociaciones de mujeres profesionales del mundo de la ciencia y la cultura: AMIT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas); CIMA (Mujeres Cineastas y de los Medios Audiovisuales); Clásicas y Modernas: Asociación por la Igualdad de Género en la Cultura; y MAV (Mujeres en las Artes Visuales)».

La importancia de la divulgación científica

María Blasco se ha mostrado en múltiples ocasiones altamente interesada por la divulgación científica. Además de su generosa participación en diversos medios de comunicación, ha colaborado en distintos libros que dan oportunidades para incluir conocimientos de interés público a un nivel accesible. Ella ha confesado su convicción: «la primera tarea es conseguir que la sociedad sepa qué es lo que hacemos aquí [en el CNIO]».

En 2011, María Blasco y el demógrafo y doctor en sociología Julio Pérez Díaz, publicaron un texto editado por el CSIC titulado Envejecimiento, donde analizan conjuntamente el tema desde una original perspectiva: con un planteamiento microscópico procedente de la biología celular, junto a otro macroscópico procedente de la demografía.

Posteriormente, en 2012, salió a la luz otro texto, Desarmando al cáncer, escrito en colaboración con la periodista especializada en salud y ciencia Mónica G. Salomone. Redactado en un lenguaje comprensible por todos los públicos, comienza con unas palabras de la directora: «Nuestras investigaciones, van dirigidas a mejorar cómo se previene, se diagnostica y trata el cáncer». Seguidamente, explica las aportaciones del CNIO en este campo y la situación actual de los estudios sobre la enfermedad.

Hace un año, en 2016, María Blasco y Mónica G. Salomone escribieron conjuntamente un nuevo libro: Morir joven, a los 140, que contiene importantes reflexiones sobre la edad, la duración de la vida y la muerte. Es una obra divulgativa, muy didáctica, en la que Blasco apunta, por ejemplo, que «la esperanza de vida al nacer aumenta cada década y lo hace a una velocidad que no ha disminuido, ni parece que tienda a disminuir en un futuro inmediato». Asimismo, la experta despliega sus argumentos sobre las causas que conducen al envejecimiento celular. Sostiene que: «Conforme vayamos entendiendo cómo se producen las enfermedades, en parte gracias a entender por qué envejecemos, estoy segura de que tendremos mejores maneras de prevenirlas y tratarlas».

Considerado un ensayo novedoso sobre el envejecimiento, este libro está  logrando comentarios muy positivos por parte de los especialistas, alcanzando gran aceptación del público en general. El interés que ha despertado, junto a los apasionados debates generados, evidencian que María Blasco no sólo es una científica de vanguardia y una eficaz directora de un centro de considerable categoría internacional, sino que también se preocupa y logra que la ciencia llegue a todos aquellos ciudadanos curiosos e interesados en conocer qué dicen los expertos del siglo XXI ante la eterna pregunta: ¿Por qué envejecemos?

Facetas como las expuestas en este artículo, donde se refleja el compromiso protagonista de las mujeres por hacer ciencia, y con esa otra ´misión de hacerle llegar a la ciudadanía las ventajas y esperanzas que ello reporta en lo individual y en lo colectivo, confirman la ejemplaridad que define a la doctora María Blasco.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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