Livia Lustig nos habla de su madre: “Me llevaba de vez en cuando al laboratorio”

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Eugenia Sacerdote de Lustig.

En Argentina, es mayor el número de mujeres que hacen ciencia que el de hombres.

Livia Lustig

Eugenia Sacerdote de Lustig fue una médica de gran prestigio que nació en 1910 en Turín (Italia) en el seno de una familia judía. Ingresó en la Facultad de Medicina en 1929 junto con su prima Rita Levi Montalcini. A pesar de tener que soportar las burlas y la discriminación de parte de todos sus compañeros, ya que estudiaron en una época en la que solo estudiaban varones, ambas finalizaron sus estudios en 1936, con las mejores notas. Durante su carrera ambas formaron parte de un pequeño grupo de alumnos aventajados dirigidos por el Profesor Giuseppe Levi, investigador brillante de la Cátedra de Histología de la Universidad de Turín, donde iniciaron sus primeras investigaciones. Estudiaron el desarrollo de las fibras nerviosas y aprendieron algunos aspectos del cultivo de tejidos, técnica totalmente novedosa para la época.

Eugenia tuvo que abandonar Italia por las leyes raciales que dictó el fascismo. En 1939 emigró con su marido y su hija, Livia, a Argentina. Después de unos años en los cuales se conectó con investigadores en el área de la biología celular, comenzó a trabajar primero en la Cátedra de Histología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires y luego en el Instituto de Oncología “Ángel A. Roffo”. Allí montó una sección de cultivo de tejidos, a efectos de utilizar dicha metodología para el estudio de las células cancerosas.

Cultivos celulares. Fotografía de Arantza Muguruza.

Dada la necesidad del cultivo de células para el diagnóstico de ciertas enfermedades virales, fue llamada a integrar el grupo de Virología del Instituto Nacional de Microbiología “A. Malbrán”.  Continuó trabajando en los dos Institutos, aplicando los cultivos celulares en cáncer y en virología.

Durante la grave epidemia de poliomielitis que afectó Argentina en la mitad de la década de 1950, Eugenia fue enviada a los Estados Unidos a efectos de actualizarse sobre el desarrollo de la vacuna antipoliomielítica ideada por Jonas Salk, y sobre los resultados obtenidos a nivel experimental y clínico. Una vez que regresó a Argentina, vacunó a sus hijos, y consiguió convencer a las autoridades sanitarias de los enormes beneficios de la vacuna, la cual, efectivamente, comenzó a aplicarse.

A lo largo de los años, el cultivo de tejidos se transformó en una herramienta indispensable para casi todos los campos de la biología. Eugenia trabajó intensamente hasta los 80 años, cuando la ceguera se lo impidió; dirigió varias Tesis de Doctorado y formó un grupo de investigación numeroso. Difundió la técnica del cultivo de tejidos a través de cursos de postgrado, dictados anualmente con sus colaboradores, desde hace muchos años. Publicó más de ciento cincuenta trabajos científicos, contribuyendo significativamente al conocimiento de la biología de la célula cancerosa y a la formación de metástasis. En los últimos años inició una nueva línea de investigación, la búsqueda de marcadores periféricos en la enfermedad de Alzheimer.

A pesar de escollos de distinta índole, Eugenia Sacerdote de Lustig, tuvo una carrera llena de logros. Fue profesora de Biología Celular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Profesora emérita de la Universidad de Buenos Aires, investigadora superior del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas) y jefa de Virología del Instituto Malbrán. Falleció en 2011, a los 101 años, habiendo recibido numerosos premios como, por ejemplo, el Premio Cherny (1971),  el Premio “Mujer del Año de Ciencias” (1967), el Premio Alicia Moreau de Justo (1991); el Premio “Hipócrates 1991” de la Academia Nacional de Medicina y la Medalla Conmemorativa del Bicentenario de la Revolución de Mayo (2011), unos días antes de morir.

Eugenia Sacerdote de Lustig en el Instituto Roffo (1953). Trabaja en la técnica de cultivo de tejidos que ella
desarrolló en el país. En ese momento aun no existían los equipos de flujo laminar y había que trabajar
en condiciones de asepsia más rigurosas que en la actualidad. Fotografía y comentario de Livia Lustig.

Hemos tenido la suerte de poder contactar con Livia Lustig, hija de esta gran científica. Hoy en día, la Dra. Livia Lustig es investigadora principal del CONICET y trabaja en la línea de reproducción llamada “Patología y Inmunopatología Testicular”.

Arantza Muguruza (AM) ¿Cómo describiría a su madre?

Livia Lustig (LL) Creo que la curiosidad, la curiosidad científica, ha sido un motor importante en su tarea de investigación. Ese rasgo estuvo presente siempre, hasta el final. Tenía la capacidad, la inteligencia de proponer hipótesis o caminos novedosos que no necesariamente seguían lo previsible. Su trabajo la apasionaba.

(AM) ¿Durante cuánto tiempo estuvo su madre en Estados Unidos? ¿Se fue con ella o se quedaste en Argentina? ¿Cómo recuerda esos años?

(LL) Fueron alrededor de tres meses. Me quedé con mi padre y mis hermanos (menores) y la familia de mis tíos (las dos familias vivían juntas desde el momento de la emigración desde Italia, de manera que todo estaba muy controlado).  Me pareció que era importante que realizara ese entrenamiento afuera.

(AM) ¿Por qué le interesaba tanto utilizar una vacuna contra la poliomielitis que estaba siendo muy recientemente utilizada en Estados Unidos?

(LL) Porque, durante le epidemia de poliomielitis, veía llegar todos los días numerosas muestras de nuevos pacientes con infección viral (ella realizaba el diagnóstico de la infección en cultivo de tejidos). La vacuna era la única arma terapéutica eficaz para la prevención.

(AM) Por culpa de la ceguera, su madre no pudo investigar más, ¿cómo se tomó este hecho?

(LL) Sufrió mucho no sólo por no poder trabajar más, sino por no poder reconocer la cara de los nuevos bisnietos. De todas maneras, se fue adaptando y lo que la ayudó enormemente fue la lectura (de amigas o voluntarias que iban a leerle a la casa) y escuchar a través de un grabador cientos de cintas y luego CDs de libros de ficción y ensayos que recibía gratuitamente de bibliotecas para ciegos, de Buenos Aires y de dos bibliotecas italianas (que enviaban cada quince días nuevo material, por correo).

(AM) Al ser su madre una mujer muy ocupada y al estar tan volcada en su trabajo como científica, ¿cómo la veías usted cuando era una niña?

(LL) He tenido mucha suerte. Ya que en realidad tenía casi dos mamás.  Como dije antes, vivíamos en la misma casa con la hermana de mi padre y su familia (marido y dos hijos). De manera que mi tía se ocupaba mucho de la organización de la casa mientras mi madre estaba en el trabajo.

(AM) ¿Durante su infancia su madre le hablaba de ciencia?

(LL) Me llevaba de vez en cuando al laboratorio, por lo cual el ambiente, los animales de experimentación y los elementos propios de un laboratorio me resultaban muy familiares.

(AM) ¿Cree que ha sido su madre la que la animó a dedicarse a la ciencia?

(LL) Sin duda, influyó mucho.

(AM) ¿A qué se has dedicado durante su carrera científica? ¿La línea científica tiene que ver con lo que investigó su madre?

(LL) Inicialmente, si, ya que como estudiante de la carrera de medicina, comencé a trabajar en su laboratorio, en sus líneas de trabajo. Luego, una vez recibida, me inicié en la docencia e investigación en la Universidad de Buenos Aires bajo la dirección del Dr. Roberto Mancini, y más tarde hice una estadía como becaria,  en el Departamento de Patología de la Universidad de Colorado (EE. UU.). El Dr. Mancini estaba muy interesado en temas de reproducción, y creó el Centro de Investigaciones en Reproducción cuyas publicaciones, con sus numerosos colaboradores, tuvieron repercusión internacional. Dado mi interés por la inmunología, el aspecto que más me interesó de la reproducción fue, y lo sigue siendo, la causas inmunológicas (la existencia de inflamación, de anticuerpos o de cuadros autoinmunes) que pueden producir infertilidad. Publiqué numerosos trabajos sobre el tema con los colaboradores que he formado, y actualmente sigo realizando tareas de investigación y docencia como Profesora Consulta en el Departamento de Biología Celular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y soy miembro del CONICET.

(AM) ¿Qué dificultades tuvo que pasar su madre durante su carrera científica por el hecho de ser mujer?

(LL) Mi madre tuvo dificultades primero para convencer a su familia que quería estudiar Medicina. Después de superar este escollo, ella con su prima, debieron ponerse al día, a lo largo de un año de estudio fuerte, en todas las materias científicas para poder ingresar a la Universidad dado que las mujeres cursaban un secundario humanístico y no científico, que no les permitía el ingreso a carreras científicas.

Una vez llegada a Argentina no le reconocieron ningún estudio realizado en Italia, por lo cual era imposible obtener un cargo formal en una Institución del Estado. Fue en la época en la cual el Dr. Risieri Frondizi fue rector de la Universidad de Buenos Aires (1957-1962) en la que le reconocieron todos sus diplomas obtenidos en Italia.  Poco después fue nombrada Profesora Titular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. A este cargo renunció en 1966 cuando varias facultades de la Universidad fueron intervenidas por el régimen militar liderado por Juan Carlos Onganía.

(AM) ¿Cuál es la situación de las mujeres científicas en Argentina? ¿Podría hacer alguna comparación de la situación al llegar a Argentina en 1939, a hoy en día? ¿Actualmente existe la igualdad de género en la comunidad científica?

Creo que se puede decir que, en general, no hay discriminación de la mujer, en el ambiente científico, de hecho, es mayor el número de mujeres que hacen ciencia que el de hombres. Sin embargo, en los cargos más altos de las Instituciones de Ciencia, predominan los hombres. Y esto probablemente responde a distintas causas, inicialmente la actividad científica en el país estuvo liderada por hombres; por otra parte, la mayoría de las mujeres interrumpen o reducen la actividad científica en el período de la maternidad, y esto es una desventaja con respecto a la carrera de los hombres (de todas maneras, en los últimos años se ha tenido más en cuenta este factor, en las evaluaciones de las mujeres).

(AM) A pesar de toda la mejoría de la situación de las mujeres en ciencia, todavía queda mucho por hacer. Esperemos que la situación se normalice en poco tiempo. Me ha gustado mucho hablar con usted y me ha resultado muy interesante conocer la vida de Eugenia Sacerdote de Lustig desde el punto de vista de usted, su hija. Muchas gracias por su tiempo, Livia.

Sobre la autora

Arantza Muguruza Montero es estudiante de último año de Biotecnología en la UPV/EHU y alumna interna en un grupo de investigación del Instituto Biofisika.

2 Comentarios

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MARIA MENOYO BONILLAMARIA MENOYO BONILLA

Muy interesante la entrevista Arantza. Tengo ya ganas de volver a leerte. Mucha suerte!

ArantzaArantza

¡Muchísimas gracias Maria! Intentaré que el siguiente artículo también te interese.

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