La arqueóloga Mina Weinstein-Evron y el hallazgo de Miss Lia en Monte Carmelo

La doctora en arqueología por la Universidad de Tel Aviv y catedrática en la Universidad de Haifa, Mina Weinstein-Evron, relataba el 7 de agosto de 2020 al periodista científico y editor James Mitchell Crow de la revista Nature, el hallazgo de «exquisitos» restos fósiles en uno de los yacimientos más antiguos del mundo: las cuevas de Monte Carmelo, ubicadas en un enclave arqueológico en el noroeste de Israel*.

Mina Evron (2002). Wikimedia Commons.

«Situadas en un abrupto acantilado, mirando a lo lejos las llanuras costeras del mar Mediterráneo, las cuevas están en lugar único y espléndido», señalaba la científica, añadiendo con entusiasmo, «durante más de medio millón de años han sido testigos de la evolución humana y hoy contienen restos de los enterramientos rituales más antiguos conocidos […]. El acantilado en que se encuentran las cuevas es un lugar natural muy relevante. Cuando los primeros humanos modernos lo vieron, hace en torno a unos 200 000 años, debieron sentirse deslumbrados. No hay manera de quedarse indiferente ante este entorno. Es fácil imaginar cómo sería el paisaje en tiempos lejanos, con pantanos, praderas y dunas de arena», afirma la arqueóloga confesando sentirse muy vinculada al lugar.

Valga recordar que las excavaciones en esta región de Oriente Próximo comenzaron en 1928 gracias principalmente al trabajo de una singular arqueóloga británica: Dorothy Garrod (1892-1968), cuyos hallazgos fueron de gran importancia pese a que, como ha sucedido con tantas otras figuras femeninas, su nombre no ha sido recordado en la dimensión que merece.

Dorothy Garrod, al frente de un bien entrenado equipo de trabajo básicamente formado por mujeres, realizó importantes excavaciones en Monte Carmelo donde lograría localizar centenares de herramientas de piedra y numerosos restos de esqueletos humanos. La relevancia de estos descubrimientos asombraron al mundo académico, como hemos relatado en una anterior entrada de este blog.

En la actualidad, Mina Weinstein-Evron forma parte de un destacado equipo de investigación que también ha realizado fascinantes descubrimientos en las cuevas de Monte Carmelo; concretamente, en la cueva de Misliya, la más elevada de la región situada a 90 metros por encima del nivel del mar, y la última en ser excavada. Señalemos, además, que el yacimiento de Misliya fue declarado en 2012 patrimonio de la humanidad por la UNESCO debido a la notable concentración de restos prehistóricos que alberga.

Entrada de la cueva Misliya en el Monte Carmelo. Wikimedia Commons.

Junto al profesor del Departamento de Anatomía y Antropología de la Facultad de Medicina en la Universidad de Tel Aviv, Israel Hershkovitz, Mina Weinstein-Evron es codirectora del Proyecto Cueva de Misliya (Misliya Cave Project), que ha proporcionado extraordinarios resultados acerca de los primeros humanos anatómicamente modernos que salieron de África.

A modo de introducción al proyecto, en el fórum Nature Ecology & Evolution, abril de 2018, Hershkovitz apuntaba que «la búsqueda de nuevas fronteras es probablemente la fuerza más importante que impulsa a los humanos. Hoy miramos hacia la Luna o hacia Marte como lugares potenciales para su colonización; medio millón de años atrás, era aventurarse el emigrar fuera de África y colonizar todo el mundo, tanto el antiguo como el nuevo».

Las diversas cuevas de la vertiente occidental de Monte Carmelo, han conservado en su interior valiosos testimonios de su glorioso pasado como refugio fronterizo, y desde hace décadas disfrutan de fama mundial. Recientemente, la cueva Misliya se ha hecho conocida gracias a su importante papel como territorio clave en los inicios de la dispersión de nuestra especie por el mundo.

Los descubrimientos realizados en Misliya no solo han arrojado luz sobre la cultura y la supervivencia de los primeros miembros de nuestra especie, sino que también confirman que los humanos modernos estuvieron presentes en el Levante mediterráneo hace al menos 200 000 años. Una antigüedad sorprendente para Homo sapiens, ya que retrotrae en casi 100 000 años lo admitido hasta ahora, basado en los restos de homininos de las cuevas próximas de Skhul y Qafzeh, que tienen entre 90 000 y 120 000 años (ver entrada de Dorothy Garrod).

¿Qué restos albergaba la cueva Misliya?

El profesor Israel Hershkovitz señaló en su momento que «actualmente la cueva es casi un refugio de piedra, pero hace 200 000 años era una enorme caverna que había estado habitada durante miles de años». Unos 160 000 años atrás, continua el profesor, «el techo se derrumbó y sirvió de protección para numerosos fósiles de animales y para las herramientas líticas allí presentes, por lo que todo quedó enterrado entre los sedimentos».

En el año 2002, el equipo de investigación codirigido por Mina Weinstein-Evron e Israel Hershkovitz, que además incluía especialistas internacionales de diversas disciplinas, hallaron en la cueva Misliya el fósil de Homo sapiens más antiguo conocido fuera de África. Como hemos apuntado en un post anterior, se trataba de medio maxilar con la dentición casi completa. Su edad, calculada entre 177 000 y 194 000 años, cambiaría por completo el modelo sobre la dispersión humana hasta ahora asumido. El trabajo salió publicado el 26 de enero de 2018  en la prestigiosa revista Science.

Ese mismo mes, la periodista científica Amanda Borschel-Dan, editora de The Times of Israel, daba a conocer en la sección de Arqueología que la edad de la mandíbula hallada en la cueva Misliya resultaba tan insólita que hace necesario reescribir la historia de la evolución de los humanos modernos. En palabras del codirector del proyecto, Israel Hershkovitz, «la narrativa completa de la evolución de Homo sapiens debe retrasarse en al menos 100 000 a 200 000 años». En la misma línea, la codirectora Mina Weinstein-Evron explicaba que la mandíbula se había hallado en un estrato anterior al asentamiento de los primeros humanos modernos en la zona, lo que era coherente con su mayor antigüedad. Asimismo, la científica comentaba que, aunque no hay manera de afirmar el género del fósil, decidió bautizarlo como Miss Lia, en homenaje de referencia al nombre de la cueva.

Mandíbula encontrada en Misliya. Imagen: Israel Hershkovitz.

En su conversación en enero de 2018 con The Times, Weinstein-Evron recordaba que cuando ella y Hershkovitz empezaron a planificar en 2001 los comienzos de la excavación conjunta, entre sus objetivos más acariciados estaba encontrar información sobre los orígenes de los Homo sapiens modernos. El hallazgo de Miss Lia en Monte Carmelo generó una enorme satisfacción, ya que «nos mostró con claridad que teníamos algo muy sorprendente».

Por su parte, Israel Hershkovitz ha detallado a la periodista Amanda Borschel-Dan, la metodología seguida para estudiar el valioso fósil. Una interesante descripción que creemos merece resumirse aquí. En primer lugar, narra el experto, la mandíbula fósil se descubrió en un «suelo petrificado» y se extrajo de la cueva como un bloque completo que fue transportado al laboratorio. Allí, se eliminaron los sedimentos mediante «un desesperante proceso que requiere mucho tiempo, porque debe hacerse paso a paso para no dañar al fósil. Llevó en torno a un año solo limpiarlo y prepararlo para su estudio».

El paso siguiente fue comenzar la datación del fósil. «Este es un asunto crítico, porque hay que estar absolutamente seguros. Requiere años, trabajando día a día con el espécimen». El equipo, continua Hershkovitz, desconocía la edad del fósil, aunque debido a los estratos de los que se extrajo «estábamos seguros que era más antiguo de 120 000 años», la fecha más lejana conocida hasta aquel momento para un fósil de Homo sapiens fuera de África.

Una vez completada la datación, sigue informando el científico, «teníamos que demostrar que el espécimen pertenecía a nuestra especie, Homo sapiens»; con tal fin, el hueso fue escaneado siguiendo un método de análisis por rayos X (llamado microtomografía computarizada, Micro-CT), que representa la imagen interna y externa de un objeto que a su vez permite elaborar modelos virtuales en 3D.

En esta faceta del trabajo, participó la experta doctora en medicina dental, Rachel Sarig, profesora del Departamento de Anatomía y Antropología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv. «Con el espécimen de Misliya usamos los métodos más avanzados que nos permitieron indagar en el diente, pelando virtualmente las capas más externas para observar la capa de dentina de su interior. Los resultados permitieron afirmar que «el espécimen mostraba estructuras modernas, más similares a las poblaciones actuales que a otras poblaciones de mayor antigüedad, como por ejemplo los neandertales», ha explicado Rachel Sarig.

La participación del equipo español de Atapuerca

Conscientes de que sus conclusiones debían ser contrastadas por más especialistas, el equipo tomó la decisión de que Israel Hershkovitz viajase a España con el fin de consultar la opinión de las y los investigadores del yacimiento de la sierra de Atapuerca. El científico se desplazó a Burgos transportando consigo el valioso fragmento del maxilar hallado en la cueva Misliya.

El doctor en biología José María Bermúdez de Castro, en la actualidad coordinador del Programa de Investigación: Paleobiología de Homininos, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), ha precisado al respecto que «en la investigación del fósil de Misliya hemos participado la mayoría de los paleoantropólogos del proyecto Atapuerca». Entre ellos, destaca la doctora en medicina especializada en evolución humana, María Martinón-Torres, actualmente directora del CENIEH.

Asimismo, han colaborado en el estudio de la mandíbula fósil los investigadores del  Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad Burgos, y también miembros del equipo de Atapuerca, como el doctor en biología José Miguel Carretero, director de este laboratorio; la doctora en Paleontología y profesora de la Universidad de Burgos, Rebeca García-González, y la doctora en Paleontología, Laura Rodríguez-García.

En Burgos, expertos y expertas llevaron a cabo un cuidado análisis antropológico del fósil israelí. Como resultado, pudieron constatar que la mandíbula había pertenecido a un individuo adulto, ya que tenía tres muelas definitivas emergidas, y como no estaban muy gastadas, probablemente correspondían a un adulto joven, quizá entre los 25 y los 30 años. En la misma línea, el investigador del Instituto Catalán de Paleoecología (IPHES) y profesor de la Universidad Rovira i Virgili (URV), Carlos Lorenzo, que figura entre los firmantes del artículo publicado en Science, también examinó la mandíbula cuando fue trasladada a España, confirmando que por las características de los dientes era un individuo adulto; y  suponía que, dado su poco desgaste, tendría una edad entre 20 y 30 años.

Las citadas investigadoras Rebeca García-González y Laura Rodríguez-García, publicaron en marzo de 2018, junto al profesor José M. Carretero, un interesante artículo donde señalaban que habían realizado una reconstrucción virtual del maxilar completo, creando la imagen especular del lado derecho a partir de la región conservada que correspondía al lado izquierdo. Las investigadoras describen la obtención de «varias réplicas físicas en una impresora 3D de alta resolución disponible en la Universidad de Burgos con las que era más fácil discutir las observaciones». Los modelos virtuales permitieron comparar el fósil israelí con otros procedentes de África, Europa y Asia.

Los resultados de este minucioso trabajo revelaron, explican las expertas, rasgos que solo eran compatibles con nuestra especie. Pero, como ellas mismas advertían, «eran necesarias aún más pruebas, más comparaciones, más medidas, más datos y mejores dataciones del fósil de Misliya». En suma, se requería «el diagnóstico de otros investigadores».

Con tal fin consultaron con María Martinón-Torres y José M. Bermúdez de Castro, ambos con gran experiencia en antropología dental. Tras diversas indagaciones, llegaron a la conclusión de que «morfológicamente este fósil pertenece inequívocamente a un representante de Homo sapiens […]. Puede que Misliya sea un H. sapiens algo primitivo, pero sin duda es de nuestra misma especie». En otra ocasión, la especialista María Martinón-Torres, opinaba ante la pregunta: «¿Hay alguna diferencia entre el sapiens hallado en Israel y nosotros?», que «básicamente somos iguales, pues no les falta ningún rasgo que tengamos nosotros. Quizás la única diferencia es que eran más robustos y menos gráciles».

Para confirmar el importante dato de la edad del fósil se realizaron tres dataciones distintas. Una de ellas fue llevada a cabo en Burgos por el doctor en Geología y Geocronología, Mathieu Duval, responsable del Laboratorio de Datación ESR (Resonancia Paramagnética Electrónica) en el CENIEH. Sus resultados, aplicando esta novedosa técnica, corroboraron que la mandíbula de Misliya tenía entre 177 000 y 194 000 años de antigüedad.

Valga subrayar que María Martinón-Torres, José M. Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga, José M. Carretero, Rebeca García-González, Laura Rodríguez, Carlos Lorenzo y Mathieu Duval, forman parte del equipo que firmó el acreditado artículo publicado el 26 de enero de 2018 en Science.

Señalemos para terminar que la relación de la profesora Mina Weinstein-Evron con los investigadores de Burgos es una colaboración que suma ya varios años. Prueba de ello es que el 27 de junio de 2017, por acuerdo unánime, la Fundación Atapuerca le entregó uno de los «Premios Evolución». Se trata de galardones creados en 2009 para reconocer la labor de aquellas personas o instituciones que han apoyado al Proyecto Atapuerca de forma relevante. Se conceden cada dos años, y en su quinta edición se adjudicó a Mina Weisntein-Evron por su labor científica y su compromiso con los yacimientos internacionales.

Según quedó reflejado en diversos medios de comunicación, la científica «se mostró muy orgullosa y agradecida por recibir un galardón que le recordaba la gran experiencia que vivió en Atapuerca desde que conoció los yacimientos hace ahora diez años». Añadiendo además «sentirse como en casa en unos yacimientos que sigue en su país desde hace una década, dada su importancia en el contexto internacional».

Nos interesa terminar haciendo hincapié en que la colaboración entre distintos equipos internacionales de investigación, al igual que entre científicas y científicos, nos revela lo positiva y fructífera que puede llegar a ser una ciencia inclusiva atenta al talante y al talento.

* Queremos advertir y preservar ante quienes nos leen, que cuando nos referimos a lugares de Israel, a sabiendas que hay un contencioso en ese territorio con Palestina, lo hacemos en respuesta a cómo  aparecen en la bibliografía que citamos. Nuestro interés está en el contenido pues no tenemos dominio referencial especializado sobre «el continente» y dicho contencioso.

Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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