Agnes Meyer Driscoll, la criptoanalista que descifró los códigos japoneses antes de la Segunda Guerra Mundial

Agnes Meyer Driscoll. Wikimedia Commons.

Agnes Meyer (su apellido de soltera) nació en Illinois, Estados Unidos, en 1889, en un momento en el que el movimiento sufragista que reclamaba derechos políticos para las mujeres estaba empezando a despertar y a hacer sus primeras reivindicaciones. Ella misma, que cumpliría 31 años antes de poder votar por primera vez, llegaría a convertirse en un ejemplo de que las mujeres merecían un lugar en todas las esferas de la vida pública, incluida la militar y bélica, dedicando sus conocimientos y su talento a la criptografía naval.

Fue hija de un profesor de música del Otterbein College, en Ohio, la tercera de ocho hijos, y ella misma completó sus estudios en matemáticas, música, física y lenguas extranjeras, aunque desde el principio de su vida académica siempre prefirió y obtuvo muy buenas notas en las asignaturas que versaban sobre materias técnicas. Tras graduarse en 1911 en la Universidad Estatal de Ohio se mudó a Amarillo, Texas, donde se convirtió en la directora del Departamento de Música de una academia militar local y después en la presidenta del Departamento de Matemáticas de un instituto de la zona.

Las mujeres se alistan en la Armada

Con Europa enzarzada en la Primera Guerra Mundial (y Estados Unidos ya implicados en ella tras declarar la guerra a Alemania en 1917), Meyer sintió que sus capacidades podían ser de más ayuda en otro sitio y el 22 de junio de 1918 se alistó en la Armada de Estados Unidos. A principios de ese mismo año, la rama naval del ejército estadounidense se encontró falto de manos y trabajadores ya que los esfuerzos bélicos se habían llevado a los hombres disponibles a la batalla. En ese contexto, el secretario de la Armada, Josephus Daniels, tomó la atrevida decisión de permitir que las mujeres se alistaran, y ellas respondieron.

Meyer no recibió instrucción sobre el terreno sino que se formó en tareas técnicas como reconocimiento de huellas, ensamblado de proyectiles, telegrafía o estenografía entre otras. Dadas sus habilidades fue asignada a la sección de Códigos y Señales de la Dirección Naval de Comunicaciones. Allí fue donde comenzó su carrera como descifradora de códigos y criptoanalista gracias a sus conocimientos científicos y matemáticos. Sin embargo, por entonces y hasta entrados los años 20, los esfuerzos de la Armada en este campo iban orientados más bien a crear códigos que protegiesen sus propias comunicaciones, y todavía no se trabajaba en la práctica para captar, analizar y descifrar los códigos ajenos.

Descifrando códigos japoneses

Terminada la guerra en Europa, el trabajo de Meyer, ahora como civil pero dentro de la misma sección, siguió siendo relevante de cara a una nueva fuente de tensión que Estados Unidos enfrentaba en el Pacífico: la emergencia de Japón como una potencia beligerante, interesada en conquistar territorios a su alrededor para suplir su falta de recursos naturales y así alimentar a su industria en crecimiento. Como todos los demás países, Japón utilizaba códigos secretos para coordinar su expansión militar. El trabajo de Meyer en los años 20 y 30 fue crucial para descifrar muchos de esos sistemas cifrados y así dar la ventaja a su país frente al adversario.

Máquina de cifrado de Hebern (1918). Imagen: Wikimedia Commons.

Antes de eso, en 1921, la carrera de Meyer en el campo de la criptografía tuvo un curioso episodio. Respondió a un desafío público para intentar desentrañar un mensaje en teoría indescifrable creado por una máquina que su inventor, Edward Hebern, promocionaba como inexpugnable. Es cierto que era la primera máquina de cifrado que funcionaba con un rotor y lo había enviado a la Armada para que considerarse adoptarla para su uso. Pero Meyer descifró el mensaje para consternación de Hebern. En 1923, él la contrató para que le ayudase a mejorarla. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos la máquina de Hebern no podía proporcionar la seguridad inquebrantable que su inventor prometía. En 1924, una evaluación cuidadosa desveló las vulnerabilidades del invento de Hebern, la Armada perdió el interés, la empresa del inventor cerró y Meyer volvió a su empleo en el ejército.

Fue varios años después, en 1939, cuando Agnes Driscoll (se había casado en 1924 con el abogado Michael Driscoll, de quien adoptó el apellido) hizo su contribución más importante al campo del criptoanálisis: el descifrado del código JN25, el código más complejo dentro de los utilizados por la armada imperial japonesa para sus operaciones militares. Driscoll fue la primera que acometió el descifrado de este código y que encontró en él los primeros patrones numéricos que permitieron terminar descifrándolo por completo. Esta fue, entre otras cosas, la clave que dio a Estados Unidos la importante victoria naval en la Batalla de Midway en 1942, ya durante la Segunda Guerra Mundial.

Un accidente de coche que marcaría su carrera

En ese momento, el declive de Driscoll ya había comenzado. En 1937 sufrió un grave accidente de coche que le rompió la mandíbula y una pierna que nunca se recuperó del todo, lo que le obligó a caminar con un bastón el resto de su vida. También cambió su personalidad en un momento en el que estaba consiguiendo grandes avances profesionales. El año de retiro supuso un importante retroceso en su carrera y que la superasen compañeros menos preparados y con menos talento.

Agnes Meyer Driscoll (1958).

A menudo tenía que hacer frente a comentarios ácidos y envidias de sus colegas masculinos, que acuñaron entonces el mote de Madame X. Además de su competencia profesional, Driscoll llamaba la atención por sus formas refinadas, producto de la educación recibida en su casa, porque no llevaba maquillaje (se decía por entonces que las mujeres atractivas trabajaban en el ejército solo para buscar un marido) y por utilizar palabrotas y expresiones malsonantes, algo atribuido a que trabajaba en un “mundo de hombres”.

A la vuelta tras su accidente se fue haciendo cada vez más evidente de que su trabajo había empezado a decaer. Fue la época del ataque del puerto de Pearl Harbour por parte de Japón, pero ella fue destinada a otras tareas y no intervino más en los esfuerzos contra el país oriental. La destinaron a los trabajos para descifrar la máquina alemana Enigma, aunque allí no pudo hacer grandes contribuciones, en parte porque Estados Unidos se negaba a colaborar con Inglaterra, que ya había conseguido adelantar gran parte del trabajo, y en parte porque la propia Driscoll se había quedado retrasada en sus métodos y no quería ponerse al día: la tecnología en el campo del descifrado había ido avanzando pero ella seguía prefiriendo hacerlo todo a mano, como haría durante el resto de su carrera. Eso le permitía tener absoluta confianza en sus resultados, pero también la hacía insosteniblemente lenta.

Driscoll terminó retirándose y dedicó sus últimos años a viajar con su marido y, tras la muerte de este, a cuidar de su hermana, con la que trabajó muchos años y convivió al final de su vida en la misma residencia para ancianas. Murió en 1971, a los 82 años.

Referencias

Sobre la autora

Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista.

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[…] a finales del siglo XIX en Estados Unidos, Agnes Meyer Driscoll es una más de las mujeres con grandes contribuciones a la humanidad injustamente invisibilizadas. Agnes vivió en una época de grandes cambios […]

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