El caso de Arlene Blum

Arlene Blum.

Las decisiones públicas en política a menudo se basan en una ciencia compleja… En nombre de la objetividad, los científicos se han retirado del debate político… Pero pienso que es importante para ellos volver a la consultoría política. Si no lo hacen ellos, lo harán los grupos de presión.

Arlene Blum

Nuestra protagonista Arlene Blum escribió en 2009 que su “nueva aventura en la ciencia y en la política es el mayor y más importante reto de mi vida y me siento afortunada cuando miro el horizonte y veo hileras de montañas a escalar.”

Une, en este texto, su interés por la ciencia y la montaña. Nació en 1945 en Davenport, Iowa, y se graduó y doctoró en la Universidad de California en Berkeley y, desde muy joven, gustó de la montaña. Por ejemplo, para su tesis de graduación escaló el volcán Mount Hood, en Oregón, para tomar muestras y analizar los gases que emitía a la atmósfera.

Sin embargo, su afición a la montaña y su preparación científica no la libraron de la discriminación por ser mujer. En 1969 intentó unirse a una expedición a Afganistán, pero el jefe del grupo la rechazó con una carta que decía:“una mujer y nueve hombres me parece que no es una situación agradable en el hielo, no solo por las situaciones excretoras sino por el fácil compañerismo masculino que es vital para el disfrute de la expedición”.

Su tesis en Berkeley, en 1971, era sobre química biofísica. Después, se embarcó en lo que llamó “un invierno sin fin” y dedicó más de un año a escalar por todo el mundo.

En esos años organizó varias expediciones solo con mujeres. Lideró una expedición al monte McKinley, en Alaska en 1970, y participó en un asalto al Everest en 1976, aunque no alcanzó la cima. En esta expedición al Everest, alcanzo el Campo IV, a 7500 metros de altura, y durante un tiempo fue el récord de altura para una mujer de Estados Unidos. También viajó por el Gran Arrecife de Australia.

A woman’s place is on top”.

Quizá su salida más famosa es la que organizó al Annapurna. Fue en 1978, de nuevo solo mujeres, y a una cima que solo habían conquistado ocho hombres, y ninguno de ellos de Estados Unidos. Entre las campañas que organizó para conseguir fondos estaba una camiseta con el texto “A woman’s place is on top”. Consiguió reunir 80 000 dólares, y la camiseta todavía se vende en la página web de Arlene Blum.

En octubre dos miembros de la expedición, Irene Miller y Vera Komarkova, alcanzaron la cima siendo las primeras mujeres que lo conseguían y, también, las primeras estadounidenses. Pero, en el segundo intento de llegar a la cima, Allison Chadwick-Onyszkiewicz y Vera Watson murieron.

Arlene Blum participó en más expediciones y trekkings en el Himalaya y en Europa. Cruzó los Alpes desde Yugoslavia hasta Francia con su hija Annalise en una mochila a su espalda.

Volvamos a Berkeley en los setenta. En esos años descubrió el riesgo de provocar cáncer de varios compuestos retardantes de fuego que se utilizaban en pijamas para niños. Los retardantes son compuestos que inhiben la combustión cuando se aplican sobre materiales combustibles. Después de muchos incendios con víctimas en Estados Unidos, las autoridades marcaron un reglamento para disminuir la posibilidad de combustión de muchos productos, desde materiales de construcción y del hogar hasta diversas ropas y textiles. Y se consiguió con los retardantes de fuego.

Son productos químicos, a menudo pinturas y barnices, que se aplican sobre el material cuya combustibilidad se quiere disminuir. Los hay con varios tipos de funcionamiento. Algunos llevan cloro, bromo o flúor en la molécula y aíslan los productos inflamables del oxígeno de la atmósfera e impiden la aparición de llamas. Hay otros retardantes con componentes inorgánicos como aluminio, magnesio, boro, zinc o estaño, que liberan agua o gases no inflamables. Y, finalmente, otros llevan fósforo que impide la liberación de gases inflamables.

Era enero de 1977 cuando Arlene Blum y su director Bruce Ames publicaron en Science la revisión sobre los retardantes de fuego y su posible capacidad de provocar cáncer. Comienzan constatando un hecho que todavía no se ha corregido en la actualidad: “Miles de productos químicos a los que la especie humana se ha expuesto se han introducido en el ambiente sin ensayos toxicológicos previos”.

En Europa, con los protocolos REACH, esta carencia se comienza a corregir pero, en Estados Unidos, la situación sigue igual, según afirma Arlene Blum en declaraciones recientes. Los fondos que el gobierno de Estados Unidos dedica al estudio de productos químicos nuevos han caído más del 50% entre 2000 y 2015. En consecuencia, menos del 1% de los artículos publicados en las revistas de ecología más prestigiosas tratan de los efectos de los productos químicos sobre los ecosistemas. Además, una de las razones que le animaron a dedicarse a la montaña fue la llegada de Ronald Reagan a la Presidencia en los ochenta y conocer que la regulación de productos químicos potencialmente peligrosos no estaba en su programa.

Para Arlene Blum, los retardantes de fuego son “un buen ejemplo de innovación tecnológica cuyos efectos ambientales adversos pueden superar algunos de sus beneficios.”

Estructura química del tris-(2,3-dibromopropilo) fosfato.

En su revisión, ensayaron el compuesto llamado tris-BP o, en extenso, tris-(2,3-dibromopropilo) fosfato, que se utilizaba como retardante de fuego en los pijamas de los niños, y que los autores consideran que puede ser mutágeno.

Los productos químicos cercanos a la piel se pueden absorber y entrar en el organismo, y más una prenda tan íntima y cercana como el pijama que, además, permanece varias horas pegada al cuerpo. Arlene Blum calculó que algo más del 10% del peso de la prenda era tris-BP y que, a medio y largo plazo, la mitad de ese porcentaje podía ser absorbido. Así, un pijama infantil, que pesa unos 200 gramos, tiene unos 10 gramos de tris-BP en la superficie pegada a la piel del niño.

Los autores ensayaron la capacidad de provocar mutaciones con el test de Ames, desarrollado por uno de ellos, que detecta la capacidad mutágena en cultivos de la bacteria Salmonella. El resultado es positivo, y el tris-BP provoca mutaciones. Mencionan que, también, causa daños en el ADN humano en estudios in vitro. El producto final que se utiliza como retardante lleva impurezas como resultado del sistema de fabricación y, por lo menos, una de ellas es carcinógena.

En conclusión, el tris-BP utilizado como retardante de fuego en pijamas para niños supone un riesgo potencial de mutaciones y cáncer.

Y, después de estas investigaciones, Arlene Blum marchó a la montaña, al McKinley, al Everest, al Annapurna,…. Volvió a la ciencia y a la política ambiental treinta años después, en 2006, cuando su hija comenzó el colegio (su hija Annalise se graduó en Stanford en 2010 en Ingeniería Medioambiental). O eso se cuenta. Además, le animó asistir a un congreso sobre un campo emergente que le interesó profundamente: la química verde.

Además, descubrió con sorpresa que su tris-BP de tres décadas atrás y que creía prohibido, todavía se utilizaba en California como retardante en sofás y productos para niños. Declaró, años más tarde, que “es obvio que investigar sobre los retardantes de fuego no es suficiente para influir las decisiones políticas…. Decido ser, a la vez, científica y asesora política.”

Al año siguiente, en 2007, fundó el Green Science Policy Institute, con una página web que merece la pena visitar. Su objetivo era, y es, encontrar y difundir resultados científicos e influir en decisiones políticas para proteger la salud humana y el ambiente. Arlene Blum continua en la actualidad como directora ejecutiva del centro.

Portada de la página web del Green Science Policy Institute.

Entonces Arlene Blum escribió en Science que “aunque los incendios están disminuyendo con rapidez en Estados Unidos, la regulación sobre inflamabilidad puede añadir decenas de millones de kilogramos de retardantes potencialmente tóxicos a la ropa de cama, almohadas y colchones… Los productos químicos retardantes en nuestros hogares pueden suponer un gran riesgo para nuestra salud y para el ambiente mayor el que suponen los incendios que previenen.”

Entre la investigación que en los años siguientes promovió el Green Science Policy Institute hay trabajos sobre retardantes con fósforo y halógenos en almohadas, sillones, sofás, colchones e, incluso, en el polvo de un laboratorio insonorizado y en los hogares. En 2011, analizó de nuevo productos para niños, y de ciento una muestras, ochenta llevan retardantes. Son sillitas para llevar niños en el coche, cochecitos, manteles, almohadas o colchones para el carrito,… También llevan retardantes el 85% de los sofás.

Además, después de medio siglo de uso masivo de retardantes, aparecen en los sitios más insospechados. El grupo de Arlene Blum los encuentra en zonas industriales, campos de tiro militares, plantas de depuración de aguas e, incluso, en el agua que bebían seis millones de personas en Estados Unidos en 2016, con niveles superiores a los que el gobierno supone que son un riesgo para la salud.

Y, no solo en el agua, también se detectan en los envases de la comida fast-food, tanto en el papel que está en contacto con los alimentos como en los cartones del embalaje. De 407 muestras, tienen retardantes el 46% del papel y el 20% del cartón.

Y la industria, cuando se prohíbe un retardante concreto, lo sustituye por otro del que se desconoce si supone un riesgo potencial.

Fue durante un congreso en 2014 sobre dioxinas, celebrado en Madrid, cuando se aprobó la llamada Declaración de Madrid, redactada por catorce científicos de todo el mundo, liderados por Arlene Blum, y firmada, para 2015, por más de 250 expertos. Trataba del uso de productos con flúor como retardantes de fuego. Demuestra que hay un consenso de los científicos sobre el potencial riesgo que suponen estos compuestos. Por ello, la sociedad democrática debe decidir sobre su uso, riesgo y control.

Referencias

Sobre el autor

Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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