Marthe Louise Vogt: “La neurocientífica más destacada del siglo XX”

Marthe Louise Vogt.

“Una niña recoge insectos junto a su padre en un área verde cualquiera de Berlín”.

Esta estampa, que para cualquiera de nosotros significaría un juego entre un padre y su hija, era la base de un experimento científico. La forma que tenía aquel padre de recolectar material genético para sus investigaciones. La forma que tenía aquella niña de acercarse, poco a poco, a la ciencia.

Supongo que, aunque no es un requisito indispensable, nacer en una familia rodeada de una atmósfera intelectual y llena de debate es un buen aliciente para el desarrollo de un científico. O al menos lo fue para la pionera que nos ocupa hoy. Hija y hermana de científicos. Una de las neurocientíficas más destacadas del siglo XX: Marthe Louise Vogt.

Marthe Louise Vogt nació en Berlín el 8 de septiembre de 1903. Su padre, Oskar Vogt, y su madre Cécile Vogt-Mugnier, eran considerados los neurólogos/neuroanatomistas más importantes de la época. Su madre fue una auténtica pionera. Una luchadora. Una de las patólogas más reconocidas de su época y una de las pocas mujeres admitidas para poder estudiar medicina a principios del siglo XX. El síndrome Vogt-Vogt, la alteración de la atetosis que ocurre en la infancia, recibe su nombre gracias a las investigaciones del matrimonio Vogt-Mugnier. La hermana de Marthe, Marguerite Vogt, también fue una afamada genetista. En definitiva, los Vogt fueron una familia de ilustres científicos.

Aplicada estudiante de química, física y matemáticas, Marthe comenzó sus estudios de química y medicina en la Universidad de Berlín en 1922. Se licenció en 1927 y posteriormente preparó su Máster en Medicina realizando prácticas en un hospital berlinés y en el laboratorio de sus progenitores. Realizó su tesis doctoral en el Kaiser-Wilhelm-Institut für Biochemie estudiando química orgánica y trabajando en el metabolismo de carbohidratos bajo la dirección del gran Carl Neuberg. Posteriormente trabajó con el profesor Paul Tredelenberg en el Departamento de Farmacología de la Universidad de Berlín, realizando estudios de endocrinología y técnicas farmacológicas experimentales. Por aquella época Marthe estaba en la treintena y ya era considerada una de las mejores farmacólogas de Alemania.

En 1931 empezó a trabajar en el Kaiser-Wilhelm-Institut für Hirnforschung que dirigía su padre, primero como asistente de investigación y posteriormente como responsable de la División de Química. Realizó estudios electrofisiológios del cerebro y estudió la distribución de fármacos en el sistema nervioso central.

La vida de Vogt comenzó a cambiar a raíz de la llegada al poder del nazismo. Dicen que la lectura del Mein Kampf le horrorizó de tal manera que cuando Hitler llegó al poder, decidió marcharse de Alemania. Gracias al Rockefeller Travelling Fellowship pudo irse a Inglaterra, al laboratorio de Sir Henry Dale en el National Institute for Medical Research. Allí estudió la liberación de acetilcolina y las transmisiones químicas del sistema nervioso junto con Wilhem Feldberg. En 1937 se fue a Cambridge para trabajar con Ernest Basil Verney y realizar investigaciones en el ámbito de la hipertensión. En ese mismo año se unió al British Pharmacological Society, siendo la tercera mujer en formar parte de esa organización.

Marthe Louise Vogt y su hermana Marguerite Vogt,
neurocientífica y genetista, respectivamente.

Desgraciadamente la II Guerra Mundial hizo que la vida y las investigaciones de Marthe sufrieran un vuelco desagradable. Debido al endurecimiento de la política contra extranjeros, especialmente alemanes, los servicios de inteligencia británicos investigaron a Vogt. Descubrieron que era miembro del Frente Alemán del Trabajo y, en consecuencia, fue clasificada como Enemigo Extranjero de Categoría A. Cabe mencionar que Marthe era miembro de esa organización en contra de su voluntad. Fue arrestada, juzgada y condenada a prisión, aunque gracias a los numerosos apoyos que recibió, y a que ilustres científicos intercedieron por ella, fue puesta en libertad.

Después de aquel parón en su carrera, en 1941 comenzó a trabajar en la Pharmacological Laboratories of the Pharmaceutical Society of the Great Britain el en Bloombury Square de Londres. Aquel lugar, conocido como “el Square”, era la base donde se desarrolló parte de la Pharmacopeia Britannica. Marthe centró sus estudios en la glándula suprarrenal y en la relación entre la adrenalina y el estrés.

Posteriormente se trasladó al Departamento de Farmacología de Edimburgo donde su culminó su carrera como neurocientífica. Fue allí donde escribió los que muchos consideran su publicación más importante “La concentración de simpatina en diferentes partes del sistema nervioso en condiciones normales y después de la administración de fármacos”. Aquel estudio determinó que la simpatina se distribuye de forma heterogénea en el cerebro, y concluyó que esa substancia debía de tener un comportamiento transmisor entre las células del cerebro. También estudio el rol de otros neurotransmisores, como la epinefrina, serotonina y reserpina. Muchos de los tratamientos actuales contra la depresión y otras enfermedades mentales se tratan en base a la presencia y actividad de estos neurotransmisores, lo que hace que las investigaciones de Vogt sean tan importantes.

En su vuelta a Cambridge se convirtió en jefa de la unidad de Farmacología del Agricultural Research Councill, donde siguió trabajando en el estudio de los neurotransmisores, en este caso, animales. Aunque se jubiló en 1968, siguió investigando hasta 1980, demostrando una pasión y una entrega sin límites.

Marthe Louise Vogt.

Por suerte todo el trabajo que Marthe realizó obtuvo su reconocimiento; fue elegida miembro del Royal Society en 1952, siendo la novena mujer en conseguir tal reconocimiento. En 1981 le concedieron la Royal Medal de esa organización y su trabajo también fue reconocido cuando la nombraron miembro Honorario de la Academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos.

Marthe Louse Vogt murió un día después de cumplir cien años, el 9 de septiembre de 2003, en La Jolla, California, donde vivía con su hermana Marguerite.

La comprensión del papel de los neurotransmisores del cerebro que tanto estudió a lo largo de su vida es su mayor legado y los tratamientos derivados de sus investigaciones una de sus grandes aportaciones a la humanidad.

Referencias

Sobre la autora

Aitziber Lopez (@lopez_aitzi) es doctora en química por la UPV/EHU.

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