Primatólogas, en España y en el mundo

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Los papeles de género acabarán desapareciendo porque es algo inventado.

Gloria Steinem

El estudio del comportamiento de los primates, la primatología, constituye una disciplina amplia y compleja que en la actualidad goza de gran vigor. Quienes a ella se dedican proceden del ámbito de la biología, la psicología, la veterinaria, la antropología o la medicina.

A lo largo de los últimos 60 años las investigaciones sobre los primates han experimentado un gran desarrollo debido, en gran parte, a que las célebres primatólogas pioneras, Jane Goodall, Dian Fossey y Birute Galdikas, despertaron con sus novedosos y metódicos trabajos de campo un enorme interés, ligado en buena medida al impacto mediático causado por abundantes y exitosos documentales, videos y películas. Lo cierto es que popularmente derivó en un «efecto National Geographic», el cual ha sido una fuente estimulante de inspiración para generaciones de jóvenes interesados en la vida animal.

Entre los múltiples primatólogos de diversas nacionalidades que hoy despliegan su profesión por todo el mundo, las mujeres constituyen un notable contingente. Y, concretamente, las españolas no han perdido este tren. También aquí se han formado numerosas primatólogas impulsadas por la clara vocación de estudiar el sorprendente mundo de los primates. Muchas de ellas son científicas que no han tenido reparos en viajar hasta lugares muy recónditos, superando todo tipo de obstáculos. No pocas han alcanzado con su trabajo un considerable prestigio en la comunidad científica internacional.

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Copito de nieve.

La profusión de primatólogas españolas se debe, en una elevada proporción, a dos importantes escuelas: una catalana y otra madrileña. En Barcelona, el científico catalán Jordi Sabater Pi (1922-2009), considerado un acreditado especialista mundial en el estudio del comportamiento animal, fue quien introdujo e impulsó con gran acierto la primatología española. Este investigador está entre los primeros que decidió viajar al continente africano (Guinea Ecuatorial) para estudiar gorilas y chimpancés. Su carrera fue muy prolífica y altamente respetada por sus colegas, tanto españoles como de otros países. A nivel popular, Sabater Pi se hizo conocido entre el gran público por el hallazgo de un célebre gorila albino, «Copito de Nieve», al que encontró en Guinea Ecuatorial y trasladó al Zoo de Barcelona para salvarle la vida, ya que por su falta de pigmentación no hubiera podido sobrevivir en libertad.

En el departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona, este notable científico creó un importante grupo de investigación, núcleo de atracción para numerosos estudiantes interesados por la primatología. De aquí salieron muchas de las mejores primatólogas españolas que hoy forman parte de centros, institutos o fundaciones de gran prestigio internacional.

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Magdalena Bermejo.

Una de las principales autoridades mundiales en gorilas, Magdalena Bermejo (nacida en Madrid en 1962), ha reconocido en diversas ocasiones la gran influencia que Jordi Sabater Pi tuvo en su formación profesional. En una entrevista concedida a la primatóloga Patricia Teixidor, la científica comentaba: «Las conversaciones con Sabater lograban mantener mi motivación en un campo que era sumamente difícil de desarrollar en España. Mi referencia o modelo a seguir en esa época fue él, una persona que, a pesar de las dificultades, consiguió lo que se propuso. Recuerdo que siempre me insistía en la enorme dificultad del trabajo de campo, y creo que es importante tener eso claro».

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Laia Dotras.

En el mismo sentido la bióloga Laia Dotras (nacida en Barcelona en 1980) del Instituto Jane Goodall España, señala que lo largo de su vida ha intentado seguir los pasos de Jane Goodall, Biruté Galdikas, Dian Fossey o de la española Magda Bermejo. Igualmente subraya la importante influencia de Jordi Sabater Pi y el papel clave que jugó cuando la joven Laia Dotras decidió desplazarse por primera vez a África para estudiar chimpancés en su entorno natural.

Hemos mencionado a estas dos primatólogas de generaciones distintas y formadas en el equipo de investigación de Jordi Sabater Pi sólo a título de ejemplo. Integran parte de un elevado grupo de científicas que están desarrollando diversos proyectos de investigación en África, Latinoamérica y en centros de España.

Por su parte, la Universidad Complutense de Madrid también es una gran escuela de primatología. Una institución donde se han formado notables primatólogas. Este influyente centro de investigación se constituyó en torno a la figura de profesor Fernando Colmenares, uno de los primatólogos de referencia en el país, ya que formó parte destacada de los fundadores de la Asociación Primatológica Española (APE) en 1993 y que presidió durante muchos años. Actualmente es catedrático de Psicobiología y Etología de la Universidad Complutense de Madrid y es Director del Grupo UCM de Estudio del Comportamiento Animal y Humano.

Alejandra Pascual-Garrido.
Alejandra Pascual-Garrido.

De este equipo procede, por ejemplo, Alejandra Pascual-Garrido, primatóloga que recuerda, «empecé el doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, gracias al Profesor Fernando Colmenares, quien me abrió las puertas y me apoyó para poder continuar mis estudios allí. […]. Realicé mi tesis doctoral bajo la colaboración de UCM y el University College London (Universidad de Londres), con chimpancés en Nigeria». Tras la lectura de su tesis, Alejandra Pascual-Garrido ha trabajado con primates en diversos sitios que van desde la Amazonia peruana hasta África. En la actualidad tiene una interesante especialización, arqueología de primates, lo que la ha convertido en una notable experta sobre el uso de herramientas, derivado de los análisis de útiles encontrados in situ. Al respecto afirma «quiero estudiarlas [las herramientas] en el lugar donde se encuentran porqué así logro obtener el máximo de información.»

La alta valoración y el considerable interés que despierta el trabajo de las primatólogas españolas ha quedado reflejado, por ejemplo, en el monográfico especial recientemente publicado por Darwin News (Nº13-2016), un excelente  y amplio artículo escrito por Montserrat Ubach y Raúl Cabrera. Esta obra contiene las reflexiones de diversas investigadoras sobre sus experiencias profesionales; consta, además, de un valioso material compuesto de fotografías proporcionadas por las propias primatólogas protagonistas. Su lectura es altamente recomendable.

Entre las diversas opiniones vertidas por las primatólogas en torno a su trabajo, destacan sus reflexiones con respecto al número relativamente elevado de mujeres en la disciplina. De hecho, este tema ha sido, y sigue siendo, motivo de intensos debates en diversas publicaciones.

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¿Es la primatología una disciplina igualitaria?

Desde que hace unas décadas comenzaron los estudios sobre género y ciencia, el llamativo número de mujeres dedicadas a la primatología no ha dejado de generar casi tantos puntos de vista como autores. El argumento más frecuentemente esgrimido para justificar esa presencia femenina relativamente alta se ha apoyado en la convencional idea de que las mujeres son «naturalmente» más sensibles a los animales, al poseer un temperamento mucho más paciente e inclinado a la ternura y a la empatía. Unos supuestos no exentos de dosis estereotipadas.

Ciertamente, diversas estudiosas no están conformes con tales razonamientos. Así por ejemplo, con lúcido acierto, la respetada primatóloga Alison Jolly (1937-2014) señalaba hace unos años que «podría haber algo de cierto en esto [la mayor empatía femenina], pero creo que más bien sería debido al modo en que hemos sido educados. Un punto de vista totalmente opuesto, igualmente importante y racional, demuestra que lejos de ser gentil y paciente, el tipo de mujer que es capaz de lanzarse al campo para hacer ciencia revela su autonomía».

Primatólogas tan destacadas y prestigiosas como Donna Haraway, Sarah Bluffer Hrdy o Linda Fedigan, han publicado principalmente en las décadas de 1980 y 1990, importantes estudios centrados en el asunto de la elevada representación femenina entre los primatólogos, sobre todo si se compara con su presencia frente a otras disciplinas biológicas análogas. Con sus resultados, han alimentado encendidos debates donde resaltan distintos argumentos que van desde la defensa de un temperamento más observador y paciente en las mujeres, hasta sostener que el gusto por el trabajo de campo no es un rasgo propio de los hombres ni de las mujeres, sino un rasgo propio de los naturalistas.

Un hecho que llama la atención ha sido, por ejemplo, el que las mujeres suelen permanecer más tiempo que los hombres investigando in situ. La filósofa de la ciencia belga, Vinciane Despret, ante la cuestión «¿por qué las mujeres se quedan más tiempo?», apunta que la respuesta debe ser muy matizada. Algunas primatólogas explican que, en muchos casos, trabajan durante períodos más largos en el mismo lugar por falta de alternativas. Normalmente, los puestos de trabajo cualificados están ocupados por hombres y, por tanto, hay pocos disponibles para ellas. Este hecho podría impulsar a que algunas científicas de campo planifiquen sus proyectos con unas estancias algo superiores, aunque ello quizás no represente su primera opción sí les ofrece más garantías. Para alguien que le guste su trabajo es una estrategia que permite satisfacer su querencia profesional.

En el año 2012, las investigadoras italianas Elsa Addessi, Marta Borgi y Elisabetta Palagi, publicaron un interesante trabajo sobre la percepción generalizada de que las mujeres están más representadas en primatología que en ámbitos similares. Las autoras plantean si realmente es cierto que esta disciplina puede considerarse como un modelo de «igualdad de oportunidades».

Elsa Addessi y sus colegas empiezan reconociendo que hoy resulta evidente que, a lo largo de las últimas décadas, la representación de las mujeres en ciencia se ha incrementado notablemente; asimismo, admiten como cierto que la primatología atrae a más mujeres estudiantes que a varones. Sin embargo, no es menos verdad que en los niveles académicos más elevados y en los puestos directos de proyectos, los miembros masculinos superan significativamente a los femeninos. Esta última observación las lleva a sostener que la primatología está lejos de ser una disciplina de «igualdad de oportunidades» y, por tanto, sufre del fenómeno de «techo de cristal» al igual que tantas otras ramas de la ciencia.

Recordemos que en los estudios de género, por techo de cristal se entiende una limitación invisible, compuesta por prejuicios sociales, culturales e institucionales, que determinan la marginalización creciente de las mujeres a medida que se asciende en una organización. El resultado evidenciable es que la participación femenina en puestos de máxima responsabilidad sea mínima.

Los datos procedentes del IPS (Sociedad Internacional de Primatología) analizados por Addessi y sus colegas revelan que en la distribución por género entre los estudiantes y los graduados, las mujeres suelen estar representadas en una proporción algo más elevada que los varones (en torno al 58%). Su número, sin embargo, desciende progresivamente a medida que se asciende en la carrera académica, con el conocido corolario de que la presencia femenina se vuelve cada vez menor en comparación con la masculina.

Al analizar con detalle los datos, estas científicas detectan que desde muy pronto los hombres publican un número mayor de artículos científicos que las mujeres. Lo mismo ocurre con el número de becas conseguidas o con el logro de patentes. Todo ello induce a una subrepresentación femenina en los altos cargos académicos y en las instituciones de prestigio, configurando una especie de «círculo vicioso». La menor productividad impide el acceso a los recursos necesarios para generar trabajos de alta calidad, y si no se dispone de recursos suficientes, el rendimiento será  menor.

Sin embargo, las científicas también han detectado que, pese a la llamativa diferencia de género encontrada en términos del número de publicaciones, ese hecho no se refleja en el índice usado para medir el impacto de producción científica; esto es, el número medio en que cada artículo es citado por los expertos. De hecho, según los datos analizados por Elsa Addessi, Marta Borgi y Elisabetta Palagi, los hombres y las mujeres no difieren significativamente en el índice de impacto que alcanzan.

Un resultado de estas características podría indicar que las primatólogas producen artículos de un impacto científico más elevado del esperado, dado que su productividad es más baja. O lo que es lo mismo, aunque los hombres publican más que las mujeres no hay a priori diferencias de género significativas en el número de veces en que unos y otras son citados.

En suma, el metódico estudio realizado por estas investigadoras italianas da un vuelco a la visión de que la primatología es una disciplina «con igualdad de oportunidades», como, insistimos, tan a menudo se ha proclamado en distintos medios. En los niveles altos de la carrera académica, concluyen Addessi, Borgi y Palagi, las mujeres primatólogas están tan subrepresentadas como en muchas otras disciplinas científicas.

Además, sostienen las autoras de este trabajo que la existencia de un techo de cristal es una causa probable, pero podría no ser la única para explicar la baja presencia de las mujeres en los niveles elevados de la carrera académica, tanto en el caso de la primatología como en el de diversas disciplinas científicas. No obstante, y así lo advierten esas autoras, no hay dudas de que, por el momento, se requieren más investigaciones para desenmarañar este intrincado tema. Lo que es seguro en balances de este tipo, es que no serán meras excepciones las casuísticas que ofrecen paradojas y contingentes exóticos con clara influencia en el efecto conjunto.

Referencias

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Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

2 Comentarios

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Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Ciertamente Carlota, estas valientes mujeres nos están permitiendo aprender muchas cosas.
Un saludo
Carolina

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