Recordando a Rosalind Franklin

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El feminismo será necesario hasta que la igualdad pueda ocupar su lugar.

Amelia Valcárcel

rosalind-franklinEl 25 de abril de 1953 la prestigiosa revista británica Nature publicaba el célebre artículo titulado Una estructura para el ácido desoxirribonucleico, firmado por James Watson y Francis Crick. Aunque sólo ocupaba una página, revolucionó el mundo de la ciencia de aquellos años porque describía la molécula que almacena y transmite la información hereditaria en todos los organismos vivos, desde las bacterias a los seres humanos.

A partir de esa fecha, los autores del trabajo alcanzaron gran popularidad y reconocimiento por parte de la comunidad científica. Tan es así que unos años más tarde, en 1962, fueron recompensados con el más valioso de los galardones, el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. No obstante, pese a tan destacado éxito, el brillo del triunfo escondía una lamentable intrahistoria de engaños, enemistades, ambición, afán de protagonismo, y sobre todo, una apreciable dosis de misoginia y machismo.

En el artículo del 25 de abril no se reconoce que en este hecho singular jugó un papel decisivo Rosalind Franklin, notable científica cuya contribución permaneció injustamente en la sombra durante más de veinte años. Gracias a los esfuerzos de diversas historiadoras e historiadores de la ciencia hoy las cosas han cambiado, ahora la mayor parte de profesores y alumnos de bachillerato y universitarios, al igual que el público curioso en general, saben de la participación de esta estudiosa en uno de los avances más trascendentales de la ciencia del siglo XX. Pero la pregunta flota en el aire: ¿qué pasó para que se tardara tanto tiempo en reconocer el papel de Franklin?

Para despejar algunas de las sombras que enturbiaron aquellos acontecimientos, es imprescindible citar el célebre libro de James Watson La doble hélice que relata el gran descubrimiento. Como no podía ser menos, Rosalind Franklin está incluida, pero lo sorprendente es que se la describe de manera injusta y hasta cruel. Aparece representada como un personaje que no coincide en absoluto con la extraordinaria trabajadora científica que fue. Se realiza una descripción estereotipada de una mujer grotesca, poco atractiva, rígida, agresiva, altiva, inflexible, nada femenina y algo «marisabidilla».

En ningún momento de esta obra se hace justicia a las valiosas aportaciones de Franklin. Watson simplemente pretende resaltar dónde, según él, deben estar las mujeres con respecto a la ciencia: fuera de ella. El autor evidenció que su fama de arrogante y misógino no era injustificada.

Recordemos que en 1950, cuando los estudiosos comprendieron que averiguar la arquitectura del ADN resultaba primordial para la biología del momento, Rosalind Franklin era una joven y brillante físico-química, graduada y doctorada en Cambridge, que acababa de pasar tres años en Francia aprendiendo una compleja especialidad: el uso de la cristalografía de rayos X para determinar la estructura tridimensional de macromoléculas biológicas. Su excelente formación la colocaba entonces en una inmejorable posición para enfrentarse al ADN.

Franklin se incorporó King’s College de Londres formando parte de un proyecto de investigación para elucidar la molécula. Pronto logró obtener una foto clave, posteriormente considerada entre las más trascendentes conseguidas hasta la fecha, que reflejaba la estructura helicoidal de la molécula. Esta foto, a través de un compañero de laboratorio, Maurice Wilkins, llegó a manos de James Watson y Francis Crick, que lograron así completar su investigación y publicar el célebre y premiado modelo de doble hélice.

Tras la muerte de Franklin en 1958, su trabajo quedó, como sabemos, menospreciado y arrinconado durante largo tiempo. Cuando tuvo lugar la concesión del premio Nobel, los tres ganadores, Watson, Crick y Wilkins pronunciaron sendas conferencias, como es de rigor, pero no mencionaron a Rosalind Franklin. La opinión hoy dominante es que si Rosalind Franklin hubiese vivido probablemente podría haber compartido el premio Nobel por uno de los descubrimientos científicos más grandes del siglo XX.

Afortunadamente, a partir de la década de 1970 empezó a ver la luz un creciente número de publicaciones, hoy englobadas bajo el nombre de Estudios con perspectiva de género, que pusieron de manifiesto el claro sesgo androcéntrico presente en el discurso científico. Es precisamente en esta línea donde nos es tan grato recordar a la figura de Rosalind Franklin, y asimismo agradecer los innumerables esfuerzos realizados por quienes lucharon por sacarla a la luz.

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

7 Comentarios

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Teresa Valdés-Solís (@tvaldessolis)Teresa Valdés-Solís (@tvaldessolis)

¡Hola!
Me encanta este artículo sobre Rosalind Franklin, por la que tengo especial predilección. Lo cierto es que yo siempre había leído que ni Watson, ni Crick ni Wilkins la mencionaron en sus discursos del Premio Nobel, pero hace unos años me hicieron notar que estaba en un error, pues lo cierto es que Wilkins la menciona directamente: “Rosalind Franklin (who died some years later at the peak of her career) made very valuable contributions to the X-ray analysis.” http://www.nobelprize.org/nobel_priz...ecture.html
Un cordial saludo

Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Hola Teresa,
Me alegra que este breve recordatorio a Rosalind Franklin te haya gustado. Y muchas gracias por tu información, desconocía que Wilkins hubiese dicho esas palabras, pero de todos modos debemos reconocer que son muy pobres en comparación con lo que ella hizo (y seguramente en esto estarás de acuerdo). Mi opinión sobre ese punto concreto la he basado en una obra muy interesante, el libro de Anne Sayre (que está recomendado en este blog) quien fue amiga personal de Rosalind, casada con un cristalógrafo (no recuerdo ahora el nombre) y que conoce muy bien la intra-historia del penoso hecho de falta de reconocimiento.
Un cordial saludo.
Carolina

Teresa Valdés-Solís (@tvaldessolis)Teresa Valdés-Solís (@tvaldessolis)

Hola Carolina. Precisamente os lo señalaba porque a mí me pasó lo mismo. En el artículo que escribí en Naukas sobre RF me lo señalaron y al comprobar la fuente original vi que era cierto. Es un error que se repite por casi todas partes y en mi cruzada particular se asemeja a un poco a asociarla exclusavamente con el ADN. Es cierto que es un comentario de pasada, pero al menos es un reconocimiento en ese momento. Un cordial saludo,
Teresa

Carolina Martínez PulidoCarolina Martínez Pulido

Hola Teresa,
No había visto tu último comentario. Me ha gustado porque nos permite evitar errores. Muchas gracias.
Un cordial saludo,
Carolina

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