Elisabeth Daynès, fructífero encuentro entre arte y ciencia

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La rama de las ciencias naturales que se encarga de interpretar el pasado de la vida en la Tierra a través de los fósiles, esto es la paleontología, ofrece una interesante expresión artística conocida como paleoarte. Los paleoartistas son profesionales que mediante dibujos, pinturas y modelos en tres dimensiones, interpretan y representan organismos desaparecidos a lo largo de la historia de la vida; en muchos casos, también incorporan a su trabajo las particularidades del medio ambiente en que aquellos seres habitaron.

A pesar de que son los científicos los que hacen los descubrimientos, los que proporcionan información sobre diversos aspectos del organismo fósil y los que aportan datos geológicos y ecológicos para la reconstrucción del hábitat, los paleoartistas cumplen también una función muy valiosa: de su creatividad depende que una teoría se materialice en una imagen. La colaboración entre científico y artista es imprescindible para dar a conocer diferentes hallazgos. De hecho, consiste en un proceso de aprendizaje mutuo que genera ricos debates, suscita ideas y en ocasiones inspira novedosas maneras de contemplar los fósiles.

El paleoarte ha tenido, y tiene, una gran relevancia para interpretar y conocer mejor la historia evolutiva humana. La profesora de antropología de la Universidad de New Brunswick, Canadá, Melanie G. Wiber, lo ha explicado con notable claridad «las reconstrucciones son literalmente actividades que implican añadir carne a los huesos y poner herramientas en las manos de nuestros antepasados». Los dibujos, pinturas o esculturas de homínidos, continúa esta científica, son «teorías condensadas que tienen un enorme impacto». Por su parte, el paleoantropólogo de la Universidad sudafricana de Witwatersrand Lee Berger apunta que la iconografía «da vida a algo del pasado de un modo que las palabras no pueden igualar y permite que buena parte de la literatura más especializada pueda captarse de una forma sintética y accesible».

La primera representación científica visual de un ser humano prehistórico apareció en una popular revista británica (Harper’s Weekly) el 19 de julio de 1873, bajo el título de «El hombre de Neanderthal», y mostraba a un varón musculoso de pie en la entrada de una cueva, vestido con pieles y con un hacha en la mano, acompañado de una mujer que duerme y de dos perros. Tras esta y otras imágenes iniciales vinieron las tridimensionales: numerosas esculturas de homínidos, muchas de tamaño natural.

Ernest Griset (1844-1907)
Ernest Griset (1844-1907), The Neanderthal man, Harper’s Weekly, 19 de  julio de 1873.

En la actualidad, los paleoartistas forman una comunidad de expertos altamente especializados imprescindible para interpretar, debatir y dar a conocer los variados descubrimientos sobre nuestro pasado. Entre estos profesionales destaca con nitidez la escultora francesa Elisabeth Daynès. Nacida en 1960 en Francia (concretamente en Béziers), hoy es reconocida como una de las mejores expertas en la reconstrucción de homínidos a partir de huesos fósiles, y la calidad de su obra es tan valorada que se exhibe en museos de todo el mundo. Daynès ha sido recompensada con numerosos premios, algunos entre los más acreditados de su especialidad.

En el año 1996 fue galardonada por Geo magazine exhibitions (National Geographic) como la mejor artista europea de reconstrucción hiperrealista de los primeros humanos. Cuatro años más tarde, en 2010, Elisabeth Daynès ganó el J. Lanzendorf PaleoArt Prize en la categoría de Arte Tridimensional, el premio más prestigioso concedido a un artista por un trabajo relacionado con la paleontología.

Esta singular experta comenzó a trabajar en 1981 creando máscaras para una compañía de teatro (Théâtre de la Salamandre en Lille). En 1984 fundó en Paris su propio estudio, Atelier Daynès, y muy pronto estableció interesantes contactos con diversos laboratorios científicos. Poco después, en 1988, el Thot Museum, situado en Montignac cerca de las célebres cuevas de Lascaux, le solicitó que esculpiese partir de restos óseos a un mamut de tamaño natural junto a un grupo de homínidos que vivieron hace unos 11.000 años. Tras el éxito alcanzado con este proyecto inicial, Daynès encontró su vocación: «Inmediatamente después de mi primer contacto con el campo [de la ciencia] comprendí lo infinita puede ser la relación entre la investigación científica y la creatividad», revelaba en 2014 a Helen Thompson, escritora especializada en ciencia y cultura de la revista Smithonian.

Elisabeth Daynès se presenta a sí misma como una escultora especializada en prehistoria, con vocación por revelar los secretos de huesos antiguos que nos hablan del pasado, ponerles una cara, darles una identidad y traer al presente su humanidad. Con tal objetivo, a su considerable formación artística ha sumado largos años de estudio sobre la evolución humana, en colaboración con diversos expertos. Fruto de ello, su trabajo comprende investigación científica, innovación tecnológica y grandes dosis de arte con lo que logra obtener reconstrucciones tan realistas que parecen devolver a la vida a nuestros antepasados. El efecto es magnífico y demuestra el profundo compromiso de esta artista con la tarea de recrear a homínidos que vivieron hace millones de años. Daynès afirma al respecto que «mi arte es una síntesis entre la observación científica y la imaginación».

Australopithecus afarensis (Fotografía: 1997, Sumari). Fuente: Cosmocaixa, Barcelona (GNU Free Documentation License, Version 1.2).
Australopithecus afarensis. Fuente: Cosmocaixa, Barcelona.
Fotografía: 1997, Sumari (GNU Free Documentation License, Version 1.2).

Del conjunto de restos fósiles de homínidos lejanos destacan los de una pequeña hembra perteneciente a la especie Australopithecus afarensis de 3,2 millones de años de antigüedad. Hallada en Hadar (Etiopía) en 1974, se bautizó con el nombre de Lucy y a partir de sus fósiles se han realizado numerosas reconstrucciones. Posiblemente, la mayor y más valiosa producción de esculturas de Lucy proviene del arte de Elisabeth Daynès. Son tallas excelentes con un aspecto tan realista que, aún sin conocer sus orígenes, es fácil detectar la incipiente humanidad que transmiten. La autora ha reconocido a Helen Thompson que la reconstrucción de Lucy fue excepcionalmente difícil y le requirió más de ocho meses de intensa dedicación.

Las figuras de Lucy fueron realizadas bajo las indicaciones de Yoel Rak, investigador en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv, uno de los expertos en anatomía más famosos del mundo. «Sin su ayuda no habría sido capaz de colocar los músculos en un esqueleto tan distinto del nuestro», ha confesado Daynès. Aunque ha añadido que también se ayudó de largas observaciones de los chimpancés bonobos del zoológico de Amberes.

Con relación a su método de trabajo, Elisabeth Daynès ha explicado en distintas entrevistas que su objetivo es ser lo más fiel posible a la información científica existente: «Tengo que ser rigurosa por eso trabajo con moldes obtenidos directamente de los cráneos originales que utilizan los investigadores». A partir esos moldes y con técnicas asistidas por ordenador, la escultora consigue datos craneométricos que le permiten modelar la arcilla y dar forma a los músculos, a la piel y a las características del rostro. Seguidamente elabora otro molde, esta vez de silicona, que será la piel, a la que colorea y añade pequeños detalles como venas o lunares.

Para el pelo suele usar cabello humano en los miembros del género Homo, pero si se trata de homínidos más antiguos suele mezclarlo con pelo artificial para dar un efecto de mayor espesor. Prótesis dentales y de ojos completan la escultura. Para decidir el color del pelo y de los ojos se inspira en la literatura científica: por ejemplo la evidencia genética sugiere que los neandertales eran pelirrojos. La colaboradora del Atelier Daynès, Peggy Martin, ha subrayado que esta original artista siempre consulta con expertos científicos, en cada etapa del proceso de reconstrucción, y no deja nada al azar.

Daynès ha revelado que para añadir carne a las caras y los cuerpos fósiles de las diversas etapas de la evolución humana, algunas de hace millones de años, también recurre a la colaboración de los investigadores judiciales: «Mi trabajo, en parte, está hecho como las pesquisas de los forenses, esto decir, parto de moldes de cráneos que he reconstruido siguiendo las mismas técnicas que sigue la policía para elaborar sus esbozos. […]. Las medidas antropométricas -continúa la escultora- también proporcionan una rica información sobre aspectos como la edad y el sexo».

En 1998, Daynès realizó la difícil reconstrucción del neandertal de La Ferrassie. «Era la primera vez que, en colaboración con un antropólogo forense, incorporamos los valores del espesor de los tejidos blandos, calculados a partir de la extrapolación de su grosor en un humano muy fuerte. El trabajo con esa figura duró más de 700 horas».

No obstante, la información recabada de fuentes tan distintas como la paleoantropología o la ciencia forense, a juicio de Daynès, no resulta suficiente. La reconstrucción «es también un reto artístico, porque hay que crear un impacto emocional y transmitir vida». Por encima del realismo y de la precisión científica, continúa la experta, está la dificultad de recrear «una presencia». «Descubrimos a los demás a través de la mirada. Al hacer una escultura, trabajo intensamente en este punto y concentro mis esfuerzos en el área que rodea los ojos y las arrugas de expresión […].Trato de dar la oportunidad al público de encontrarse cara a cara con seres que vivieron hace millones de años, un encuentro con un tipo diferente de humanidad».

La prestigiosa escultora también hace referencia al componente intuitivo que tiene su obra. Explica que por ejemplo no existe ningún método científico que permita predecir qué grado de asombro, de enfado o de afecto podía ofrecer el rostro de Homo erectus. Para lograr expresiones faciales debe combinar conocimientos científicos e intuición artística.

Elisabeth Daynès ha referido que los semblantes de los humanos actuales la inspiran en su trabajo: «Recorto de las revistas fotos de rostros con diferentes expresiones que me hayan impactado y pienso que puedo usarlas para un individuo específico». De esta manera, a partir de una foto de dos soldados americanos en Vietnam obtenida de la revista Life, modeló un neandertal que mira impotente a su compañero herido en un accidente de caza. Esta escultura está expuesta al público desde el año 2005 en el Museo de la Ciencia CosmoCaixa de Barcelona, junto a otras cinco reconstrucciones de los primeros humanos realizadas por ella.

Este procedimiento, sin embargo, no es válido para especies muy antiguas, mucho más simiescas, en las que el modelo de referencia suele ser el chimpancé común o el bonobo. No obstante, cierto grado de incertidumbre es inevitable y tanto los investigadores como los paleoartistas son plenamente conscientes de que cualquier intento de reconstrucción siempre entraña un forzoso componente de subjetividad.

Elizabeth Daynès refleja en toda su obra un voluntarioso esfuerzo para evitar los estereotipos que muestran a los antiguos homínidos como seres violentos, brutos, estúpidos o inhumanos. Sobre el tema declara: «Me siento muy orgullosa si puedo librarlos de preconcepciones comunes. Cuando esto sucede, experimento una gran satisfacción, es la promesa de que quienes los contemplen se maravillarán de nuestros orígenes».

El Museo de la Ciencia de Barcelona no es el único con el que esta excelente escultora ha colaborado en España. También lo ha hecho con el Museo de la Evolución Humana de Burgos que, entre sus atractivos más importantes, ofrece al público bellas esculturas de varias especies de homínidos creadas por Elizabeth Daynès. La última, realizada es una magnífica reconstrucción de la especie Homo antecessor, descubierta en Atapuerca.

Como explica uno de los directores del proyecto de investigación de la sierra burgalesa, José María Bermúdez de Castro, «los restos se encontraron en el nivel TD6 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina en un estado muy fragmentado» y, continua el científico, «para Elizabeth Daynès es más sencillo trabajar con especímenes completos, por lo que durante mucho tiempo eludió el encargo de realizar una escultura del llamado chico de la Gran Dolina [Homo antecessor]».

Bermúdez de Castro, sin embargo, dedicó bastante tiempo a enviar datos a la artista quien, con toda esta información y asesorada por el científico, aceptó finalmente realizar una escultura del chico de la Gran Dolina. En el año 2014, cuatro años después de su inauguración, el Museo presentó la escultura hiperrealista de Homo antecessor, que se sumaba a otras nueve reproducciones realizadas por la acreditada escultora.

Elizabeth Daynès, con su magnífico arte y su formación científica, ha estimulado la imaginación de los especialistas y del público en general «devolviendo a la vida» a muchas de las especies que han recorrido el largo y complejo camino de la evolución humana.

 Referencias

Sobre la autora

Carolina Martínez Pulido es Doctora en Biología y ha sido Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la ULL. Su actividad prioritaria es la divulgación científica y ha escrito varios libros sobre mujer y ciencia.

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