Ecos del pasado… luces del presente: Manuela Garín

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Un tanto española, otro más, cubana. Madre mexicana. Bella, bellísima; como Ingrid Bergman. Haga de cuenta que la está admirando en Casablanca. Es Manuela Garín.

Fragmento de “Panorama Norteamericano” por Eduardo Valle, Periódico El Universal, columnas, 13 de mayo de 2006.

Como lo habíamos prometido, Ecos del pasado… luces del presente vuelve otra vez y está dedicada a una gran mujer: Manuela Garín Pinillos. Manuela Garín es considerada pionera de las Matemáticas en México como alumna y como investigadora. Como alumna porque vivió la construcción de la carrera de Matemáticas de la UNAM cuando eran unos cuantos alumnos y la Facultad de Ciencias aún era una pequeña escuela ligada a la Facultad de Ingeniería. Fuimos abriendo brecha con el machete en la mano. Algunos cursos se daban por primera vez (ver [3]). Como investigadora en Matemáticas Aplicadas porque se incorporó al Instituto de Geofísica de la UNAM en sus inicios y realizó trabajos sobre modelos matemáticos del geomagnetismo.

Su labor como promotora de las Matemáticas y como gran maestra también dejó huella.

Como promotora de las matemáticas por su valioso trabajo con profesores para fundar escuelas de matemáticas como en la Universidad de Yucatán, por su trabajo como fundadora y primera directora de la Escuela de Altos Estudios de la Universidad de Sonora así como su participación en varias juntas directivas y en la organización de Congresos de la Sociedad Matemática Mexicana.

Como maestra por su dedicación a la carrera de matemáticas que ofrecía el Tecnológico de Monterrey; por el interés mostrado hacia las clases y hacia los alumnos de la Facultad de Ingeniería de la UNAM que culminaría con el nombramiento de Profesor Emérito y por su incansable labor con maestros en servicio para ayudarlos al reto de los cambios de programa de la escuela primaria.

Como autora de libros de texto por su participación en la elaboración de aquéllos con los que se instrumentaría el cambio de programas de la Secretaría de Educación Pública en los años setenta.

Una mujer así no pasa desapercibida.

Desde que ingresé a la Facultad de Ciencias de la UNAM había escuchado hablar de “la maestra Garín” pero no sabía quién era ni por qué había tantas aécdotas alrededor de ella. Un día por curiosidad revisaba las listas de las Juntas Directivas de la Sociedad Matemática Mexicana y me llamó la atención observar que Manuela además, había participado en varias de ellas entre 1957 y 1969. Supe también que organizó los Congresos de la Sociedad en 1966 y 1968. Con curiosidad aún quise saber más sobre ella y su legado.

Una vez que había leído cuanto estaba a mi alcance le pregunté a María Emilia Caballero por Manuela Garín y me respondió: a sus 92 está mejor y más lúcida que muchos que conoces. Así que con su ayuda le solicité una cita a la maestra Garín para platicar y afinar un poco algunos datos que en mi búsqueda no me habían quedado claros.

En efecto, el 16 de agosto de 2006, con puntualidad llegué a su casa y con toda seriedad y profundo respeto la saludé comentándole el honor que era para mí estar ahí. Manuelita con una cara amable y una linda sonrisa, yo creo que un poco riéndose de mi formalidad, me dio un beso y me dijo: “pasa y siéntate”.

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Antes de que pudiera empezar a hacer algunas preguntas la maestra Garín me hizo varias a mí. El lugar común evidentemente fue la Facultad de Ciencias y ahí iniciamos la conversación, misma que se desarrolló en desorden. Hablamos de muchas cosas a la vez, sin precisar mucho ni datos ni fechas. A continuación presento buena parte de nuestra plática. Confieso haber ordenado el material para que la lectura fuera más fácil.

Claudia Gómez (CG) ¿Cubana o española?

Manuela Garín (MG) Mi hermana y mi hermano mayores y yo, nacimos en España, yo el 1ero de enero de 1914, pero mis papás se vinieron cuando la guerra y nos registraron en Cuba como nacidos ahí, como ocurrió con mis hermanos menores. Mi papá venía contratado para trabajar en unas minas de cobre que hay en la zona occidental de la isla. Cuando nosotros empezamos a hacer estudios, más adelante, pudimos asistir a la escuela, porque teníamos el registro de Cuba. Cuando yo quise sacar mi acta de nacimiento, no aparecía porque era de una mina. Tuvimos algunos problemas, yo tuve algunos problemas para la nacionalización aquí.

(CG) Hablando de México, ¿cómo se da su llegada aquí?

(MG) Nosotros salimos de Cuba, huyendo de Machado, entonces una amiga de mi mamá nos sacó pasaportes falsos, como si fuéramos de nacionalidad española. Porque en Cuba no dejaban salir a estudiantes por toda la revuelta que había contra Machado. De manera que para poder salir nos dieron pasaportes de españoles, de hecho, algunos lo éramos y todos salimos.

(CG) ¿Qué edad tenía?

(MG) Diecisiete años, entonces ya aquí en la escuela decía, nací en Pinar del Río en Cuba porque eso era lo que tenía de documentos.

(CG) Siempre hay sabores, olores, comidas que son los que nos regresan a la infancia. Para usted cuáles son ¿los cubanos? ¿qué tal cocina usted maestra?

(MG) Pues yo la verdad, mal… pero doy recetas (risas). En cuanto a la comida, la carne de cerdo es la gran maravilla. Para los cubanos la carne de cerdo es la carne, no hay otra, y a mí me encanta la comida cubana… arroz blanco con frijoles negros, con plátanos fritos y lechoncito…

(CG) ¿Se adaptó rápidamente al llegar de Cuba?

(MG) Cuando llegué a México por diferencias de planes de estudio, me regresaron atrás y me mandaron a primero de secundaria y entonces tuve que entrar a una escuela privada, a la Motolinía, para de esa manera poder adelantar y entonces en un año presenté todas las materias de secundaria, de primero, segundo y tercero. Las pagué todas y por cierto que ahí pasó también algo muy simpático porque, como no más estuve un año en la escuela, pues entonces pasé sólo un año de deportes y de orfeón aunque en todos los años había estas materias. Cuando pedí mi certificado de secundaria para entrar a la preparatoria, me dicen: ‘No, porque debe dos años de deportes y dos de orfeón’. Yo dije ‘¡No!. Yo soy muy rebelde, ¿cómo me voy a poner ahí a cantar sola? o, ¿qué cosa me van a poner a hacer?, yo eso no lo presento’. Acababa de caer Machado en Cuba, entonces le dije a mi mamá: si se ponen así aquí, yo me regreso a Cuba. Entonces mi mamá le habló al que estaba de embajador de Cuba y le dice: ‘No, pues tengo un problemón porque mi hija no quiere presentar esas materias por rebeldía y no le van a dar el certificado de secundaria’. El embajador habló con el Secretario de Educación que estaba entonces y mandó la orden de que fuera cual fuera la materia que me faltara que me dieran el certificado de secundaria. Pero cuando me estaban revisando para el título dije: ‘Ahora sí que vayan saliendo con que debo dos años de orfeón y dos de deportes y me regresan a secundaria…’

(CG) Pero era un poco absurdo que la detuvieran en sus estudios por eso ¿verdad?

(MG) Pues no sé, muchas veces son cosas burocráticas ¿no? En la casa mi mamá y todos estaban muy nerviosos pensando en que yo me iba a regresar a Cuba. Mi hermano mayor que yo, era muy guasón y un día nos comentó: ‘Pues yo fui y les dije, bueno pero si ella pasó dos años de secundaria en Cuba y en esos dos años todos los lunes y todos los viernes cantó el himno nacional para poner la bandera y para quitarla, ¿por qué no le toman eso por el orfeón? Y también hacía deportes, así es que…’. Claro que se enojaban los que estaban ahí en la Secretaría de Educación Pública. Decían que estaba tomando a guasa materias tan importantes de la secundaria.

(CG) ¿Le gustaban los deportes?

(MG) Yo hice muchos deportes, fui muy mala, muy mala en los deportes pero me gustaban…

(CG) Pero como cuál, por ejemplo.

(MG) Ya más en serio, jugué basquetbol y en una ocasión nos tocó ser campeonas de distrito. Esto ya aquí en México, claro entonces no se jugaba como se juega ahora, era más bien recreativo. Cuando me fui a trabajar a Monterrey, llegamos al Tecnológico de Monterrey, que estaba apenas iniciándose y nos metíamos en todos los deportes y organizábamos partidos de todo.

(CG) Ah, eso le quería preguntar porque en algún lugar leí que usted y su esposo habían sido fundadores, ¿en qué sentido? ¿es que fueron de los primeros profesores?

(MG) No fuimos precisamente fundadores, pero sí llegamos como unos cuatro años después de fundado el Tecnológico. Estuve entre los primeros profesores de la carrera de Matemáticas que ofrecía el Tecnológico de Monterrey y nos tocó ser fundadores en algunos aspectos. Nos reunimos dos o tres matemáticos de aquí de la Facultad, estaba Remigio Valdés, él era el jefe de matemáticas; estaba Morales, estaba Carlos Quezada.

(CG) ¿Se refiere a Rodolfo Morales?

(MG) Sí, a Rodolfo Morales, y entonces hicimos un grupo. Luego como nuestra actividad era estar ahí en el Tec, dijimos ¿por qué no damos clases especiales de matemáticas a los alumnos que les veamos que tienen facultades? Y a varios les dijimos ¿qué están haciendo en ingeniería?, vénganse pa’cá y les damos clases de matemáticas… Todavía me habla por teléfono para el 15 de mayo uno de los alumnos que rescatamos.

(CG) ¿Es que él terminó como matemático?

(MG) Varios terminaron como matemáticos, pero muy poco tiempo se dio la carrera de matemáticas en el Tec, y después la quitaron.

(CG) ¿Ya usted se había recibido para ese entonces?

(MG) No, pues yo me recibí muy tarde porque en ese entonces no había una preocupación por sacar…

(CG) Por el título…

(MG) No, y no se lo exigían a uno en ninguna parte, entonces andaba uno por la libre ¿verdad? Por todos lados. Además yo me casé presentando los últimos exámenes del cuarto año y la tesis se había quedado pendiente. Estuve viviendo en Sinaloa, porque ahí se fue a trabajar mi esposo. Luego me fui a Ensenada, ahí nació mi hija Tania. Entonces yo venía así por ratos. Luego me fui a trabajar al Tecnológico de Monterrey y hasta que regresé en el cincuenta y tantos, fue que hice la tesis.

(CG) Sobre Probabilidad ¿verdad?

(MG) Si, con Remigio Valdés.

(CG) … y al ingeniero Raúl Alvarez (su esposo) ¿cómo lo conoció?

(MG) Lo que pasa es que yo fui compañera de mi esposo, él estudió ingeniero civil y yo estaba en la escuela de Ciencias que existía en esa época como apéndice de la Facultad de Ingeniería de la UNAM. En el primer año y en el segundo, nos metían todas las matemáticas y las físicas que llevaban los ingenieros, para no pagar maestros para tres alumnos que éramos nosotros y así que fuimos compañeros y amigos desde entonces… ahora estoy sola, por desgracia, que no acabo de consolarme pero bueno…

(CG) ¿Después de cuántos años?

(MG) Sesenta y cuatro años de casados cumplimos y menos de un mes, veinte días después, falleció. ¡Sesenta y cuatro años!, todavía mi cuñado nos llevó un pastel y lo festejamos… él no sabía que estaba tan grave, yo se lo oculté hasta el último…

(CG) Hábleme de sus hijos. Tania y Raúl. Usted alguna vez influyó en las decisiones de su vocación. Es decir, sé que Tania empezó a estudiar matemáticas, ¿era usted la que orientaba eso? Raúl también estudió matemáticas…

Manuelita y su hijo Raúl
Manuelita y su hijo Raúl

(MG) Tal vez fui dictadora. Mis cuñadas decían que yo era muy dura con ellos, pero Tania, por ejemplo, decía que ella quería estudiar filosofía y entonces yo le decía, ‘bueno hija, es una carrera muy bonita, pero yo tengo la idea de que para meterte a filosofía, antes debes estudiar otra carrera para que tengas una formación ya universitaria, una formación en alguna rama, y ya después te metes a filosofía y entonces vas a ver las cosas con más facilidad’. Entonces dijo ‘bueno, me meto a estudiar astronomía’, le dije ‘pues se me hace muy bonito que estudies astronomía y luego si quieres pásate a filosofía’, pero entonces para estudiar astronomía tenía que entrar como matemática y empezó matemáticas. Se le facilitaba mucho pero ella siempre fue loca por el baile, entonces cuando estaba en segundo año iba bastante mal en la escuela y entonces yo le dije, ‘bueno mira mi hijita, si tú me pasas el año yo te mando a estudiar baile a donde quieras, te mando en las vacaciones’. Entonces pasó el año y se fue a Cuba, allá estuvo tres meses, y la invitaban a que se quedara en el ballet de Alicia Alonso, pero estaba muy chiquilla y en eso se hizo la convocatoria para formar el ballet clásico de México en Bellas Artes; se examinó, la aprobaron y dejó la Facultad de Ciencias y se dedicó por completo al ballet. Todavía en eso sigue.

(CG) Yo veo que usted ha sido una mamá que siempre los ha apoyado, por ejemplo en las actividades de Raúl, como líder en el movimiento del 68, ¿fue duro para usted? ¿cómo lo vivió?

(MG) Yo creo que a veces uno tiene que presentarse como muy fuerte ¿verdad? aunque por dentro las cosas no vayan tan bien, yo quedé afectada del corazón después de todos los problemas del 68 en donde yo parecía como una mamá muy sin corazón, porque me presentaba muy dura y jamás les pedí por favor nada a ninguno de la cárcel, ni en ningún lado porque, en eso estábamos de acuerdo Raúl y yo, es una cosa de dignidad. Me decían no entra, no entraba; sí puede pasar, pues sí pasaba. Pero nunca, nunca les pedí nada por favor. Viví situaciones muy duras, por ejemplo cuando nos llamó el secretario de Gobernación Mario Moya Palencia para ofrecer una solución para que los muchachos salieran de la cárcel. A mí me tocó recibir el ofrecimiento del secretario y gestionar la salida de ellos de la cárcel. Me citó en Gobernación. Llegamos, ‘mucho gusto señora’, ‘señor’. … jamás dije ni licenciado, ni ministro, ni nada: señor. Entonces me dice: ‘pues mire usted señora, hay una solución para resolver este problema y es que los muchachos digan que van a estudiar en el extranjero los dejamos salir, y entonces no se qué y no se cuánto’ … mi cuñado y yo –mi esposo no estaba en México– mudos. Volvió a empezar: ‘mire usted que si salen al extranjero, que si no sé qué’. Cuando lo iba a repetir por tercera vez le dije: ‘mire señor, yo no puedo decidir nada, ni mi cuñado tampoco, porque nosotros no somos los presos, los que están en la cárcel son los que tienen que salir y los que van a estudiar en el extranjero, o si no quieren, no. Ellos son los que tienen que decidir’. ‘Bueno, mire señora, –eso era lunes– vaya usted a hablar con su hijo y propóngale que me haga una lista de los que aceptan esta propuesta y entonces arreglamos las cosas para que salgan al extranjero’. ‘Bueno, yo se lo voy a decir mañana porque hoy no me toca ir a la cárcel’.’¡No señora! –cogió el teléfono y habló con el director de la cárcel– La señora Manuela Garín de Alvarez puede entrar a cualquier hora’…

Toqué por la puerta principal. Pase usted y me llevaron al centro de ahí de Lecumberri y llamaron a Raúl y fueron Raúl, Gilberto y no me acuerdo quién más de los chicos de la crujía…

… pensé en mi madre, Celia Espinosa, y en Manuela Garín. Una maestra; una científica. Ellas se querían. Cuando en la prisión de Lecumberri se encontraban, a la hora de visitar a sus hijos encarcelados, podían dialogar con toda confianza. Eran iguales. De bravas e inteligentes. Y vaya si eran bonitas.

Domingo tras domingo llegaban nuestras madres a la cárcel. Con comida y alegría. Las revisaban a la entrada del penal, a veces con faltas de respeto. Ellas aguantaban. Y se burlaban de estos líos: como debe ser. Incluso el 1 de enero de 1970, cuando nos atacaron los presos comunes. Al otro día, ahí estaban.

Fragmento de “Panorama Norteamericano” por Eduardo Valle, Periódico El Universal, 13 de mayo de 2006.

(MG) … estuvimos Bety Gispert y yo más de diez días tratando de conseguir la visa, porque ellos queían salir a Chile, donde estaba Allende. Pero el embajador de Chile en México no daba la visa, a pesar de que habíamos conseguido que le hablaran al entonces presidente de Chile: Allende quien estaba de acuerdo. Por otro lado tenía que arreglar pasaportes de todos los que iban a salir; unos tenían cartilla, otros no tenían cartilla como mi hijo, en fin, se cometieron montones de irregularidades, igual que se cometieron para meterlos a la cárcel, igual.

(CG) ¿No le daba miedo?

(MG) No.

(CG) ¿No tiene miedo verdad?

(MG) No, no, pues si pasamos lo de Cuba…

(CG) ¿En Cuba no tuvo miedo siendo tan joven?

(MG) Allá sí, sí teníamos miedo. Porque nosotros íbamos de Pinar del Río a la Habana y de la Habana a Pinar del Río y a veces nos encargaban: llévate esto. Y el coche que tenía mi papá era de lujo de aquella época y era de los primeros, que tenían cajuelita, y entonces los policías no sabían que traía guantera y ahí metíamos nosotros las cosas que nos encargaban que lleváramos.

(CG) ¿Esto era independientemente de su padre?

(MG) Por supuesto porque mi papá temblaba de miedo de que nos cogieran, porque ahí sí, si lo cogían, lo mataban a uno.

(CG) Entonces su actividad política empieza prácticamente de adolescente en Cuba.

(MG) (risas) Sí, y a escondidas de mi papá y de mi mamá, por supuesto. No más con mi hermano mayor. Lo que hacíamos era: recoger el paquete en la Habana, quien sabe qué llevaría, y se lo entregábamos a cierta persona en Pinar del Río y esos ya se encargaban. Porque la actividad opositora propiamente, era principalmente estudiantil, como ocurre siempre. Los estudiantes son los que se dan cuenta de las injusticias y se lanzan a la lucha ¿no? y en Cuba pues también fueron los estudiantes. Se cerraron las secundarias, yo estaba en secundaria, se cerró la Universidad de la Habana, así como otras universidades que había en Cuba. Y entonces, claro, cerradas las escuelas pues mayor efervescencia entre todos los jóvenes.

(CG) Ahí hubo miedo pero cuando le toca ayudar a su hijo Raúl usted no tuvo miedo alguno.

(MG) Yo creo que no hay miedo… hay una idea en tu mente de que lo que estás haciendo es correcto, de que tú estás haciendo algo para beneficio de otros, no solamente tuyo, sino más que tuyo para otros. Y no hay miedo, no hay miedo, de veras. Eso así es, afortunadamente a ustedes no les ha tocado enfrentarse a situaciones así graves, pero cuando uno tiene la convicción de que estás haciendo las cosas que se tienen que hacer, que se deben hacer no, no te da miedo y no es que sea yo muy valiente…

(CG) Yo creo que sí es muy valiente maestra, claro que sí.

(MG) No, no. No es que uno sea muy valiente, no. Es que tú te sientes segura y feliz de estar haciendo algo. … ellos estaban en la cárcel. Como iba a decir: no, porque si me cogen. No, vaya ni siquiera lo piensa uno. Ellos estaban en la cárcel. Yo creo que se dan cuenta cuando uno tiene la mirada… ‘¿qué me vas a hacer? ¡mátame si quieres!’ pero tú sabes que estás cometiendo una cosa injusta ¿no? Y francamente yo creo que no es ninguna cosa especial, ya que hay tantas mujeres, hombres, niños que han luchado y que siguen luchando porque haya justicia. Pero si uno está haciendo las cosas, uno tiene que ser muy firme en sus convicciones. Eso es lo primero que se debe tener, si no, no tienes nada.

(CG) Retomando un poco lo que usted mencionó de los estudiantes, yo veo en su trabajo, un gran esfuerzo y dedicación por los estudiantes por echar a andar escuelas, fundando aquí y allá, trabajando para Yucatán*, trabajando para Sonora. ¿Me puede platicar un poquito de eso? ¿Qué es para usted la educación?

(MG) A mí, te diré, las matemáticas me gustan, me gustan mucho y francamente yo gozaba estudiando cosas de matemática; pero precisamente por eso mismo que hablábamos, como que siempre sentí la necesidad de transmitirle a otra gente los conocimientos que tenía, porque yo pienso que es mucho egoísmo que te quedes con las cosas, además realmente a veces no es fácil que te encuentres con maestros de matemáticas que tengan buena formación. Entonces yo decía: ‘bueno, a la mejor yo no soy muy buena pero como sí sé matemáticas, lo que voy a enseñar lo sé, entonces pues lo voy a hacer bien, no sé nada de pedagogía, nunca estudié pedagogía, pero si tú vas a transmitir una idea, lo que necesitas es tenerla muy clara ¿no? Si la tienes muy clara pues a la mejor al principio te dicen que no te entienden pero tú buscas la forma de hacerte entender y que esa idea se transmita a otra gente’. Yo tengo la convicción de que la gente que sepa razonar como se razona en matemáticas, no la pueden hacer tonta. Entonces, un chico que sepa matemáticas, le cuentan una historia y se da cuenta en dónde está la falsedad y dice: ‘no me la trago’. Actualmente, bueno, no actualmente, ¡siempre!, la gente tiene que estar muy preparada, muy lista para no dejarse engañar. Para ser crítico, para entender lo que te quieren hacer creer. Si toda nuestra gente tuviera una preparación matemática, no muy amplia, pero sí fundamental, –lo básico, que supiera cómo se razona en matemáticas para hacer una teoría, que utilizas pura lógica– entonces lo demás cogería su libre camino. Puedes estudiar e ir adquiriendo conocimientos e instrucción. Pero la matemática es la que te da esa formación y esa arma para que tú puedas desarrollarte. Por eso me gustó enseñar. Siempre me gustó enseñar.

(CG) Vayamos un poco más atrás. ¿Cómo se dio su encuentro con las matemáticas?

(MG) Mi papá era ingeniero de minas y nosotros vivimos en minas en Cuba hasta que llegamos, casi terminando la primaria, a Pinar del Río, allá sí fui a una escuela. En la mina, pues ¿qué nos enseñaban?: matemáticas, a leer y a escribir. Léete ese libro y léete este otro y apréndete esto y apréndete esto otro. Mis papás fueron mis maestros hasta quinto de primaria. Yo traía una buena base de matemáticas por mi papá y entonces en Cuba la secundaria tenía solamente cuatro materias por año. Pero una de ellas era matemáticas, diario, diario. Tenía muy buenos maestros, de manera que cuando yo llegué a México pues se me hacía muy fácil lo que se enseñaba aquí porque ya traía bases. Un poco como le pasó a Emilio Lluis. Que cuando llegó aquí pues venía con muy buena base de matemáticas y entonces era la estrellita de la facultad (risas).

(CG) ¿Cuándo decidió que quería ser matemática?

(MG) El que me inclinó a que yo entrara, entonces no era Facultad, a la escuela de Física y Matemáticas, fue Alfonso Nápoles Gándara, que fue mi maestro en la preparatoria. También fue mi maestro Carlos Graef. Pero fue Nápoles el que me dijo que entrara. Yo estaba estudiando el bachillerato para ciencias químicas, porque mi mamá quería que estudiara química, pero a mí no me gustaba. No me gustaba en el sentido de que el laboratorio me parecía como una clase de cocina que no tenía nada que ver con la clase teórica, en finn, que no me atraía por ahí. En cambio las matemáticas eran muy fáciles y pues me parecían lo mejor del mundo porque eso era muy facilito… (risas).

(CG) ¿No se quedó con ganas de especializarse más en matemáticas?

(MG) Probablemente sí, no te digo que no. Por supuesto que me hubiera gustado especializarme y más que yo soy pionera en el sentido de que los planes de estudio se iban haciendo con mi generación. Muchas materias nuevas se dieron después, a nosotros no nos tocaron. De manera que en realidad la preparación, o lo que a nosotros nos enseñaron, no fue una gran cosa, pero teníamos los fundamentos, eso sí. Sí me hubiera gustado especializarme en algo, seguir profundizando en alguna área. Pero mira chiquita… deportes, paseos, porque mi marido trabajaba fuera y cada vez que venía era para pasear, teníamos que hacer días de campo y paseos; además los hijos, los problemas en que se metían los hijos, la casa… ¿cómo y dónde me especializaba? Inclusive perdí empleos y perdí oportunidades por andar siguiendo a mi esposo. Hasta que llegamos aquí, a este multifamiliar, donde trabajó mi marido y aquí nos quedamos.

A fines de 1964, llegó a la Universidad de Sonora como primera directora de la Escuela de Altos Estudios y jefa de su Departamento de Matemáticas la Maestra Manuela Garín de Alvarez y puso orden en el caos. Al igual que los misioneros y los pioneros que, sin importar distancias abrieron los caminos de Sonora a la civilización, la Maestra Garín dejó familia, esposo e hijos, dejó colegas y amistades y vino a construir los cimientos de una obra educativa que ya fructifica.

Palabras pronunciadas por Jorge Ontiveros en el homenaje que se le rindió a la maestra Manuela Garín durante la ceremonia de clausura del XXXI Congreso Nacional de la SMM en Hermosillo.

(CG) De Sonora ¿qué me cuenta? Cuando usted echó a andar la carrera allá ¿dejó a la familia acá?

(MG) Bueno, dejé a la familia porque Raúl se había casado pero Tania no, porque Raúl se casó muy jovencito. Entonces estaba Tania con mi esposo aquí, pero entonces mi mamá me dijo, yo voy y te atiendo la casa y entonces ya me fui. Y yo le decía al rector, el doctor Canale** muy linda persona, le decía: ‘Mire doctor, yo me entusiasmaría, estaría feliz echando a andar esa escuela, pero mi familia ¿qué hago con ella?’ “Traígasela pa’ Sonora”, yo le consigo trabajo a todos. Pero no, Tania se dedicaba al ballet y no, no podía ser. Entonces por eso me dio permiso el rector de la UNAM, que era Ignacio Chávez, porque el doctor Chávez había sido maestro de Canale, ambos eran cardiólogos, y entonces me comisionaron de la Universidad a que fuera a dirigir la Escuela de Altos Estudios. Yo le decía al doctor Canale: ‘Mire doctor, yo feliz de la vida, encantada de la vida, no discutamos más, pero está la carrera de Letras, y yo de letras a duras penas me sé el abecedario’ (risas) y me decía el doctor Canale: ‘El secretario de la escuela tiene dos doctorados, uno de la Universidad de México y otro de la Complutense de Madrid, España, –era un muchacho joven que todavía está aquí en Filosofía–, y así lo que tenga que hacer usted, una carta que tenga que hacer, le dice a él, hágame una carta así y así, usted no se preocupe’. Fueron muy cariñosos conmigo allá en Sonora.

(CG) Pero eso quiere decir que no nada más daba las clases sino que organizó el programa completo.

(MG) Fui la directora, y tuve que hacer los planes de estudio y presentarlos al Consejo Universitario, un trabajazo. Pero estuve muy contenta, vivía cerca de la Universidad y las clases eran en la tarde. La escuelita que me dieron era una secundaria que había habido allí, me dieron ese edificio y lo organizamos muy bien. Yo le dije: ‘Oiga doctor –al rector– pero yo quiero poner una cafetería, porque yo a media mañana necesito ir a tomar un café con una dona porque si no se me acaba la batería’, me dice, ‘Pero señora aquí los directores de las escuelas no quieren tener cafeterías’. ‘Yo me comprometo a que mi cafetería va a ser con mucho orden doctor.’ Y entonces esa escuelita tenía un salón donde organicé mi cafetería, ahí puse la puerta por fuera para que pudieran entrar y salir libremente. Estuve muy contenta ahí. Entonces se daba: Física, Matemáticas y Letras. Lo de Letras se ocupaba el secretario de la escuela, pero muy linda persona, siempre me consultaba todo. En cuanto a Física y Matemáticas, me ayudaron mucho Román Alvarez mi sobrino y Carmen Varea, su esposa, que acababan de recibirse y a quienes yo me llevé de maestros para allá. Se fundó la escuela aunque después se separó, porque la Universidad se agrandó muchísimo, como es natural en todas partes. Entonces en lugar de la Escuela de Altos Estudios, se fueron: el departamento de Matemáticas por un lado, el de Física, por otro y ahí en ese edificio quedó Letras. Cuando me hicieron el homenaje, me fueron a buscar al hotel unos jóvenes y me dijeron: ‘Nosotros somos de letras y queremos también hacerle el homenaje’. ¡Ay qué lindo! De veras que me emocionó. Una nochecita fuimos ahí y en una parte de lo que era la escuela organizaron la fiesta, me recitaron los poemas que ellos habían compuesto, bueno, ¡no sabes qué bonito homenaje me hicieron! Luego, pues el otro homenaje, fue muy emotivo.

(CG) ¿Se refiere usted al Congreso de la Sociedad Matemática Mexicana?***

(MG) Sí, me lo hicieron en el auditorio porque fue clausura del Congreso y mi homenaje. Muy bonito estuvo. María Emilia mandó un discurso muy bonito, guiado por el cariño, no por la verdad (risas).

(CG) Hasta donde me he enterado sé que usted siempre ha tenido muchos amigos. ¿Así fue siempre, inclusive cuando en su carrera eran pocas mujeres?

(MG) Sí, pero yo era muy mayor al lado de mis compañeros, por eso yo era mayor que mi marido, porque éramos compañeros pero yo entraba vieja a la Facultad, ya traía vejez (risas), de los años que había perdido en Cuba. Enriqueta también, porque Enriqueta mi compañera, primero estudió para ser maestra en la Escuela Normal, después ya estudió la preparatoria y finalmente entró a la Facultad.

(CG) ¿Enriqueta? Se refiere a Enriqueta González Baz.

(MG) Sí. Enriqueta González Baz fue mi compañera, cuatro años los pasamos juntas.

(CG) Yo he oído que eran las niñas estudiosas de la escuela ¿no?

(MG) En las escuelas de Ingeniería entraban muy pocas chicas. Fue compañera también de nosotros, de generación, Angela Alessio Robles, pero ella estudió ingeniería y ella fue una ingeniera muy destacada.

(CG) ¿No se sentían incómodas por ser mujeres entre tantos hombres?

(MG) La verdad yo no (risas) y volviendo a tu pregunta de que si yo era amiguera, bueno, siempre he tenido muchas amistades, muchas amigas, amigos y en cuanto a la época de mi carrera, realmente era no usual aquí en México, que una chica pudiera tener muchos amigos hombres y yo, pues sí tuve muchos amigos. Inclusive me siento muy orgullosa de haber sido amiga de Carlos Graef, de Alberto Barajas, pero verdaderamente amigos así, que me hablaban y me decían ‘¿qué vas a hacer hoy?’ ‘Pues no tengo nada en especial’. ‘Bueno, pues nos vemos en tal parte y vamos a comer’. Graef sobre todo, era una persona tan humana y tan linda. Muchas cosas de ellos, se me pegaron a mí también, porque ellos eran gente verdaderamente muy valiosa… y Nabor Carrillo también era muy lindo. ¡Se hacían unos chistes! … cuando estábamos así los del grupito, de la palomilla, se hacían unos chistes pero verdaderamente tremendos, Nabor, Graef, Barajas y Barros Sierra. Pero Barros Sierra era como más… mesurado, pero todos de un crítico que ¡qué bárbaros! Había que tenerles miedo. Pero conmigo siempre fueron muy cariñosos… y sobre todo después que los chicos estaban presos, Barros Sierra que era rector de la UNAM empezó a decirme “mater dolorosa”. Me decía y me trataba con mucho cariño. En fin tuve la satisfacción de tener esos amigos.

(CG) … ¿y actualmente?

(MG) Sí… realmente sí tengo… Y lo curioso es que la mayor parte de los amigos, después de que fallecieron, mis buenos amigos Graef y Barajas, son mucho más jóvenes que yo, son como de la edad de mis hijos (risas).

(CG) Maestra, pero es que usted se ve muy joven y es muy alegre.

(MG) (Risas) ¡Pero tengo 92 años! Yo creo que la vida ha sido muy generosa, muy generosa. Sí de veras: buenos compañeros, buenos amigos, alumnos… en la facultad de ingeniería me aprecian mucho. Cuando a principios de los 80 fui a la UNAM a solicitar clases dije: me voy a Ingeniería en donde me conocen y ahí llego con el que estaba de director del anexo y entonces le digo: ‘vengo a que me den una clase porque me siento mal y el doctor dice que esto me hará mucho bien’ y dice: ‘pues la que quiera maestra, la clase que quiera y a la hora que quiera porque apenas estamos haciendo los programas¡. ‘¿Así, así?’, ‘sí así, así’. ‘Ah, bueno, pues quiero venir tales días a tales horas y qué clases tiene y pues ya me apunté en la que me pareció más agradable’…

(CG) ¿Qué es lo que le gustaba dar?

(MG) Pues la verdad es que en ese entonces, se había cambiado el programa de álgebra en Ingeniería y habían introducido una serie de temas que son importantes para computación y todo eso, el álgebra lineal y ese tipo de temas, que antes no se daban en ingeniería, entonces me pareció agradable porque era un curso diferente…

(CG) Sé lo importante que es usted para esa Facultad, por ejemplo es profesora emérita por la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

(MG) Si, sí, por ellos (risas).

(CG) Pero sé también que tenía fama de ser gran maestra y muy paciente ¿verdad?

(MG) Pues no te creas, no te creas. Yo realmente en la clase era muy estricta. Saliendo de la clase lo que fuera, pero en la clase siempre fui muy estricta. Yo decía, ‘Mira: no paso lista porque el que no quiera venir, es porque no tiene interés. El que tenga interés, pues que venga a la clase. Ahora yo voy a dar explicaciones y por lo tanto necesito que todos estén poniendo atención porque si no, no van a entender. Si no entienden levantan la mano y me dicen: “no entendí maestra”, yo se los explico de otra manera, no me canso de explicarlo, les doy todos los ejemplos que sean necesarios para que entre bien claro todo el concepto y todo lo que ustedes quieran. Si ustedes quieren hablar, levantan la mano, yo les doy la palabra. Es más, si a media clase se les ocurre un chiste, levantan la mano: “maestra, ¿me permite decir un chiste?” Si, dígame, nos reímos todos porque la temática es muy dura y muy seria, no hay manera de tener alegría en la clase porque es muy rígida. De manera que sí, les permito todo, pero pidiendo la palabra, como si estuviéramos en una asamblea. Pero si se ponen a hablar entre ustedes, se me salen de la clase. Se me salen’. Y a uno que se puso as en plan de malcriado, de subir los pies arriba de la silla le dije: ‘¡Oiga usted!, si en su casa son tan mal educados que les permiten hacer eso, es en SU casa, pero aquí estamos en la Universidad y a la Universidad se le respeta y a mí me respetan porque yo los respeto a ustedes. De manera que fui muy dura.

(CG) ¿Qué significó para usted el nombramiento de profesora emérita?

(MG) Ay, mira: yo un día salía de clase y ya estaba yo jubilada. Y la única clase que estaba dando era en Ingeniería y daba también asesoría.

(CG) ¿En la Facultad o en el Anexo de Ingeniería?

(MG) En el anexo, donde se dan las matemáticas. Entonces lo de la asesoría era una cosa bella, porque yo me metía al cubículo y se ponía así como panal. Y decía: ‘¡Todos callados! A ver ¿quién fue el primero?’ ‘Yo, maestra’. ‘A ver, ¿cuál es tu duda?’ ‘Ésta’. ‘Bueno, te voy a explicar’, y explico en alta voz y haciendo todo porque si hay otro por ahí que tiene la misma duda, se me van dos en lugar de uno y ahí estaba. Había un estudiante que no era alumno mío, que llegaba el primero corriendo y se ponía cerquita de mí y todos los días ahí estaba él. ‘Bueno ¿y usted qué duda tiene?’ ‘No, yo ninguna maestra, yo no más estoy oyendo las explicaciones’. Un día llegó con una cajita que conservo en Malinalco, preciosa, así chiquitita, con unos dibujitos naive, preciosos. La mandó hacer con su abuelito, –que se entretenía en eso–, porque lo quería muchísimo y yo tenía muchos rasgos como los de él.

Un día llegó un maestro que todavía está en el Anexo, que es muy buen maestro y un chico muy serio, muy trabajador y me dijo: ‘Maestra, quiero que me acompañe’, ahí donde estaban los maestros de matemáticas. Yo fui, y me encontré con un ramo de flores grande, precioso y un pastel y yo dije, ‘Bueno, pues será el santo de alguien’. ‘Maestra, le queremos decir –estaban todos los de matemáticas–, que nos da mucha pena porque es muy difícil, tiene muchos inconvenientes y a lo mejor no resulta, pero le queremos decir que nosotros vamos a proponerla para maestra emérita’. Entonces, yo les dije, ‘Bueno miren, ya sé que son muchas las dificultades, además yo no soy ingeniero, ni siquiera soy de la Facultad. A lo mejor me rechazan a las primeras de cambio,… pero por el hecho de que me hayan traído ese pastel, que nos vamos a tomar con café y esas flores tan preciosas, ya me siento completamente halagada y agradecida con toda la facultad’. Bueno –te digo que la vida ha sido buena conmigo– y tuve la suerte de que el noventa y tantos por ciento de los profesores de carrera que eran los que tenían que firmar, firmaron. El Consejo Técnico de la Facultad de Ingeniería lo aprobó pero encantados de la vida y en el Consejo Técnico que sigue, el otro, de Ciencias, lo aprobaron. Luego pasó a otra cosa que nombra la Junta, y ahí tocó que estuviera Arturo Azuela que siempre me adora y donde quiera que me ve me da mi abrazo, fue alumno mío también, entonces pasó. En el Consejo Universitario, donde nada más era cosa de que ya se aprobara, porque la rutina es que dicen van a ser eméritos fulano, sutano y mengano y la gente levanta la mano y ya, cuando me nombraron se levantó el director de la Facultad de Ciencias, Juan Manuel Lozano, quien era consejero y dijo: ‘Bueno, aunque no se acostumbra, yo quiero explicar al Consejo Universitario quién es la maestra Manuela Garín a la que vamos a hacer emérita. Dicen que se echó un discurso precioso. ¿Dime si no tengo que estar agradecida con la vida?

(CG) Maestra usted participó en los libros de texto del programa que se instrumentó en los años setenta ¿no es así?

(MG) Fue un trabajo que también me gustó mucho. Trabajé con Carlos Imaz papá. Cuando entró Luis Echeverría, en los años setenta, yo trabajé con Carlos y con su grupo, también estaba Manolo Meda, en los libros de primero y de segundo año.

(CG) Para primaria ¿verdad?

(MG) Sí para primaria, y fue muy interesante porque teníamos una maestra que había venido de Venezuela en donde se había hecho una reforma ya. Estaba aquí el pleito de que si los conjuntos y los no conjuntos y que si la teoría de conjuntos y que si la no sé cuántos. Yo había dado la lucha, junto con otra maestra, en la Normal Superior para que se empezara a estudiar conjuntos de esta forma, no era teoría de conjuntos, era una simple álgebra de conjuntos, una cosa muy simple nada más para que se fueran entendiendo los conceptos. El concepto de número, y cosas de ese tipo. Hicimos un bonito libro para primero y segundo, con bonito libro también para el maestro. Pero bueno, lo íbamos a poner a prueba. Entonces a mí me mandaron por la Costa. Me tocó Mazatlán, Sonora y yo dije, ‘Bueno como yo tengo familia en Ensenada yo me prolongo hasta Ensenada por mi cuenta’. …¡qué experiencia!… A mí me invitaron para darle muchos cursos a los maestros.

estrellas

Le agradecí profundamente a la maestra Garín su tiempo y el esfuerzo de platicar de tantos temas a la vez. Habíamos conversado durante más de dos horas y ya no quise preguntar sobre la época en que trabajó como matemática en el Instituto de Geofísica. Sólo comentó que fue contratada por el ingeniero Ricardo Monges López, quien fue su fundador y que en ese momento era el director, y sus primeros trabajos en Geofísica, sobre modelos matemáticos del geomagnetismo, los hizo con Anselmo Chargoy. Como mencioné al principio no hay duda que estos trabajos la colocan también como pionera de las matemáticas aplicadas en México.

Nos despedimos y me fui al tiempo que recreaba en la memoria las palabras con las que Patricia Saavedra y Max Neumann la describieron y que yo acababa de constatar:

Manuela es una mujer pequeña, delgada, con ojos muy vivos y sonrisa a flor de labios. Es una mujer cálida, abierta, de opiniones claras que revelan la fuerza de su carácter.

P. Saavedra y M. Neumann. Una pionera de la Matemática en México. Carta Informativa SMM. No. 12, primavera de 1997.

Quiero expresar mi profunda admiración por la maestra Garín y mi agradecimiento por su tiempo, pero sobre todo por compartir sus experiencias y emociones con nosotros. Le agradezco también su paciencia conmigo en la revisión de la edición de nuestra conversación. La revisó con mucho cuidado en enero de este año. Agradezco también a María Emilia Caballero por haberme ayudado a conocer a la maestra Garín. Estoy agradecida con Pablo Bosch Gómez quien pacientemente y con gran curiosidad grabó nuestra conversación y tomó las fotografías. La ayuda que recibí con el impresionante trabajo de transcripción de las grabaciones que hizo Alejandra Sierra Moncayo me deja en deuda eterna con ella. Quiero agradecer a Ernesto Pérez Chavela por haberme animado a publicar esta parte de la entrevista que tuve con la maestra Garín. Asimismo agradezco los comentarios y sugerencias de César Luis García.

Notas

* La maestra Garín también estuvo en Mérida dando unos cursos que organizó la Sociedad Matemática Méxicana para preparar a los profesores de ingeniería de la Universidad de Yucatán, para que abrieran su licenciatura en matemáticas.

** Se refiere al doctor Moisés Canale Rodríuez rector de la Universidad de Sonora (1961-1965).

*** Durante la clausura del XXXI Congreso Nacional de la SMM en Hermosillo, Sonora se le rindió un homenaje a la maestra Garín.

Referencias

[1] Ontiveros, Jorge. Manuela Garín en Sonora. Palabras pronunciadas en el homenaje que se le rindió a la maestra Manuela Garín durante la ceremonia de clausura del XXXI Congreso Nacional en Hermosillo. Carta Informativa SMM. Diciembre 1998. pp.4-5.

[2] Valle, Eduardo. Panorama Norteamericano Periódico El Universal, México. 13 de mayo de 2006.

[3] Saavedra, P. y M. Neumann. Manuela Garín. Una pionera de la Matemática en México. Carta Informativa de la SMM, número 12. Primavera 1997. pp 7-9.

Sobre el artículo original

Ecos del pasado… luces del presente: Manuela Garín fue publicado en la revista Miscelánea Matemática 47 (2008, págs. 67-85) de la Sociedad Matemática Mexicana.

Un especial agradecimiento a la autora del artículo y a la directora de la revista por permitir su reproducción en Mujeres con ciencia.

Sobre la autora

Claudia Gómez Wulschner estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México y obtuvo el Doctorado en Matemáticas por Washington State University (EE.UU.). Desde el año 2000 es profesora del Departamento de Matemáticas del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Sus artículos de investigación son principalmente en el área de Análisis Funcional aunque también ha escrito para público en general.

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