Mercedes Lacort Garrigosa. Científica vocacional y entrañable profesora

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Merche Lacort, mi profesora de bioquímica, inició su labor docente e investigadora en la universidad de los años 70, cuando las mujeres reivindicábamos una presencia más numerosa en las carreras universitarias y en la vida social. Ella, como otras profesionales, fueron nuestros modelos de referencia y abrieron camino a las generaciones posteriores, contribuyendo con diferente visibilidad y sensibilidad a la producción del conocimiento científico.

Peculiar, estudiosa, inteligente, rigurosa, afectuosa, cercana, modesta hasta la médula, y excelente compañera son algunas de las cualidades, que mencionan, quienes ha compartido con ella un buena parte de su vida laboral.

Poco amiga del papeleo y la meritocracia, priorizó la dedicación sostenible a su labor docente, investigadora, y a su familia, frente a una carrera académica de mayor visibilidad.

Acompañada de su perro Ron me recibió en el salón de su casa. El lugar invitaba a la conversación sosegada y reflexiva. El espacio, repleto de libros, cuadros y testimonios fotográficos de su vida, resultaba armonioso y envolvente.

Respondió amablemente a todas y cada una de las preguntas, con precisión, con asombrosa memoria y exquisita prudencia en sus apreciaciones. Nada interrumpió nuestra conversación, solamente algún plácido resoplido de Ron nos recordó el pasar de las horas y la finitud de la tarde.

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Mercedes Lacort en el centro, tercera por la izquierda,
junto a J.M. Odriozola en los años de formación investigadora en Madrid (1970).
Foto cedida por cortesía de la profesora.

Donostia: ciudad natal

San-Sebastian
Cartel turístico. Manolo Prieto, 1930

Nació en el año 1933, en Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa) y reside desde hace más de 40 años en la localidad vizcaína de Las Arenas.

Hija de un abogado donostiarra, D. Agustín Lacort, y Dña Soledad Garrigosa, ama de casa, culta, de procedencia catalana. Creció en el seno de una familia con recursos económicos e intelectuales que estimularon su interés por el estudio y facilitaron, el acceso al conocimiento. Su universo infantil se fue conformando entre numerosos y variados libros de poesía, de historia, cuentos fantásticos y obras enciclopédicas que leía con gran afición y mayor interés que las tertulias infantiles del Alderdi Eder.

Primaria: su biblioteca particular

No fue una niña cursi, ni engreída, más bien una niña solitaria que disfrutaba de la lectura y la visualización de hermosos dibujos a plumilla, y láminas de ilustraciones, que alimentaron su imaginación, marcando un cierto carácter romántico y soñador. Hasta los 10 años recibió exclusivamente clases particulares en su domicilio, a cargo de un profesor y dos profesoras, personas represaliadas por el franquismo y acogidas por su padre. Una de ellas hija del pintor vasco Pablo Uranga, transmitía a Mercedes, además, el gusto y la sensibilidad por el arte. Con la otra profesora adquirió un perfecto dominio del francés y el interés por los idiomas que hoy día sigue cultivando.

Secundaria: el instituto de Peñaflorida

Por decisión de su padre, completa esta formación con su ingreso en el Instituto de bachillerato Peñaflorida. Compartió clase con otros chicos y chicas entre los que menciona al actor Alfredo Landa. Fue feliz en este centro, y agradece que le llevasen allí, y no a un colegio de monjas, porque cree que le hizo más abierta.

Se describe a sí misma como buena alumna. Etiquetada de niña diez por sus excelentes resultados académicos, minimiza el éxito personal atribuyéndolo más a las condiciones favorables de su entorno familiar que a sus cualidades o aptitudes. Así mismo comprende la diferencia con su compañeros y compañeras de aula, quienes vivían en entornos socio-familiares y geográficos menos favorables. Añade al respecto que “si se pudiera pesar la inteligencia de ellos y la suya, tendrían un peso similar”.

Educación superior: La universidad complutense de Madrid

No quiso estudiar derecho, ni medicina, le asustaba tanta responsabilidad. A ella le encantaban las matemáticas, pero no la física, ni el modo tan descriptivo-taxonómico de estudiar las ciencias naturales. Le hubiera gusta hacer letras, no obstante, desconociendo la razón, decidió hacer la carrera de Químicas.

Es consciente de no haber recibido orientación universitaria para labrar su futuro, y añade “vas como tonta a la universidad”, “nada tiene que ver la educación de los años 50 con la que reciben actualmente en los institutos” reflexiona.

Tras 7 años de bachillerato se presentó al examen de reválida en el distrito universitario correspondiente (Valladolid) obteniendo la calificación de notable. Estudió la carrera de Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, licenciándose en junio 1957 cuando tenía 24 años.

La carrera le resultó inicialmente poco atractiva, pero en 4º y 5º cursos se interesó verdaderamente por la química orgánica y una parte de química biológica, que años más tarde conformarían la carrera de bioquímica. Recuerda con asombro la evolución del conocimiento científico, “cuando finalizó su carrera aún no le habían hablado del ADN”. Efectivamente, quien fuera científica crucial en el descubrimiento y comprensión de la estructura helicoidal del ADN, Rosalind Franklin, moría en el 1958, en medio de la controvertida publicación y reconocimiento de la autoría de dicho hallazgo.

Obtuvo el título de Doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Bilbao, en mayo del 1975. Su vida profesional había dado unas cuantas vueltas, y graves acontecimientos familiares reclamaron su vuelta al País Vasco.

Su primera experiencia laboral: los análisis clínicos

Al finalizar la carrera, y orientada por el Dr. Madinabeitia (expatriado republicano) a quien había expresado su interés por una química relacionada con la vida y no con los plásticos, inició su experiencia laboral en el Servicio de análisis clínicos de la clínica La Concepción, dirigido por el Dr. Villasante. Aquí trabajó en calidad de ayudante, y sin remuneración durante un par de años .El ambiente era agradable y se sintió apreciada. Aunque su familia se lo hubiera podido pagar, Mercedes pensaba que debía trabajar, y por medio de unos amigos de la familia conoce al Dr. Ignacio Uriarte, jefe médico del Laboratorio de análisis clínicos, del recién inaugurado Hospital provincial de Guipuzcoa. Valoró positivamente los conocimientos y experiencia adquiridos por Mercedes y le contrató para trabajar en el citado servicio. Estuvo allí desde el 1961-69.

Durante esos 8 años trabajó con interés y curiosidad por las nuevas técnicas analíticas; consciente de sus grandes lagunas teóricas, siempre que podía profundizaba en el conocimiento de la bioquímica. Siendo una experiencia que valoró muy positivamente, y aún disfrutando de la confianza de su jefe (hoy amigo íntimo) ella sentía que en aquel servicio, no siendo médico, era un poco profesional de segunda. Decidió entonces irse a Madrid a hacer la tesis doctoral.

Vuelta a la complutense: el Profesor Martín Municio, Odriozola y su primer proyecto de tesis

Con el apoyo y orientación de su red de amistades y familiares se entrevistó con el prestigiado Prof. Ángel Martín Municio, catedrático de bioquímica y biología molecular de la Universidad Complutense de Madrid. Este le incorporó a su laboratorio en calidad de acompañante, para formarse, junto a dos doctorandos, uno de ellos, el actual presidente de la Federación Española de Atletismo José María Odriozola, con quien ha mantenido siempre una buena relación. Recuerda de Odriozola su capacidad de sistematizar los procesos, y los cuadernos de laboratorio en los que registraba las experiencias investigadoras –eran de exposición– comenta. En el laboratorio del profesor Municio disfrutó del aprendizaje, adquirió experiencia docente, actualizó su formación en bioquímica realizando los dos cursos de especialización de la nueva licenciatura e inició el primer proyecto de tesis doctoral. Esta vivencia guiaría el resto de su carrera investigadora.

Durante su estancia en Madrid, la vida de Mercedes dio un giro inesperado. Su cuñada, mujer de su único hermano, tras una larga enfermedad murió, dejando un hijo de 3 años. Para poder ayudar a su hermano, con la crianza del pequeño, decidió trasladarse al País Vasco. Continuaría su tarea investigadora en la Universidad de Bilbao.

Recomendada por el Prof. A. M. Municio se entrevistó con el profesor J.M. Gandarias, director del Dpto. de Fisiología y Bioquímica de la Facultad de Medicina, entrando así a formar parte del profesorado de la Universidad de Bilbao. Cambió el proyecto de tesis iniciado en Madrid, comenzando uno nuevo bajo la dirección del citado profesor.

Cuando apenas llevaba un año acompañando a su enviudado hermano, y adaptándose aún al encargo de la nueva tarea investigadora, de manera repentina, falleció su hermano, quedando su sobrino huérfano de madre y padre. Mercedes decidió entonces hacerse cargo del menor, durante el resto de su vida. Al respecto comenta “nos ayudamos mutuamente”.

En estas circunstancias fue desarrollando su carrera investigadora. Junto a la licenciada en Farmacia, Blanca Fernández, de inteligencia brillante, como ella le describe, montaron las técnicas, compartieron experimentación y Mercedes defendió su tesis obteniendo el título de Doctora en mayo del 1975.

Durante el desarrollo de la tesis comenzó a dar clases como profesora de bioquímica en la licenciatura de medicina. Eran años de masificación de ésta carrera. La Facultad llegó a admitir 1000 alumnos por año. La tarea docente era ímproba. Fue entonces cuando conocí a la profesora Merche Lacort.

Recuerda que la idea de dar clases inicialmente le “horrorizaba”, “tienes que saber mucho para contar poco y bien”. Sin embargo, comenta que ha sido una tarea muy gratificante. Estudiar, compartir conocimiento, resolver dudas y recibir un feed-back muy positivo del alumnado, le han llenado de satisfacción profesional y personal.

Se jubiló a los 68 años, tras una larga carrera docente e investigadora.

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Su actividad científica: rigor, actualización y perseverancia

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Captura de pantalla de Doctores 1971-1992 Doktoreak (ZTFNews)

Inició su carrera científica con un estudio experimental observando las rutas metabólicas de la glucosa, en los estadíos evolutivos de un tipo de mosca (ceratitis capitata) bajo la dirección del profesor Martín Municio en la UC de Madrid (1969-71).

Instalada en el País Vasco, la nueva tesis doctoral que inició fue fruto de su investigación con roedores centrando su interés en las hormonas esteroideas y metabolismo lipídico. Su actividad científica postdoctoral se centrará en el estudio del papel regulador de las hormonas sexuales femeninas en el metabolismo del colesterol. Como consecuencia de estos trabajos, ella y sus colaboradoras, la mayoría mujeres, abrieron líneas de investigación muy novedosas, también hoy en día, como es el estrés oxidativo.

Pero, previamente cabe destacar otra aportación de la Dra. Mercedes Lacort a la investigación. Consciente de las lagunas metodológicas con las que realizaban los experimentos decidió poner a punto una innovadora técnica de aislamiento de hepatocitos, técnica que sólo se aplicaba en 2 ó 3 centros de España. En estrecha colaboración con su primera doctoranda, la licenciada en bioquímica Mª Begoña Ruiz Larrea, muy hábil en el laboratorio y con una sólida formación, llevan a cabo el proyecto, publicando los resultados en el trabajo de tesina Aplicación de la técnica de aislamiento de hepatocitos al estudio de la colesterol ester hidrolasa en noviembre del 1983.

La puesta a punto de ésta técnica supuso un hito en la investigación que se llevaba a cabo, no solo en la Facultad, sino también en la Universidad del País Vasco. Se amplificaron y diversificaron las posibilidades de observar experimentalmente el papel de las biomoléculas en la fisiología animal, y por extensión, en la fisiología humana. Consiguieron, gracias a ello, diversos proyectos de investigación, y consolidar un modelo de experimentación más preciso y riguroso.

Mercedes consiguió aglutinar a las nuevas generaciones de científicas que se incorporaban al Departamento y compartir el desarrollo autónomo de sus carreras profesionales. La Dra. en Ciencias Químicas María Begoña Ruiz Larrea es hoy investigadora principal del grupo UPV/EHU Free Radicals and Oxidative Stress in Human Physiopathology Research Team (FROST) que desarrolla una extensa y reconocida actividad investigadora. Una de sus primeras y más cercanas compañeras la Dra. en Ciencias Biológicas Begoña Ochoa Olascoaga ha compartido con Merche esfuerzo, interés, conocimiento y ha despuntado con una importante carrera docente e investigadora llegando a ser la Directora de Política Científica, Educación, Política Lingüística y Cultura. Ella fue también nuestra jovencísima profesora de bioquímica, hoy en día compañera de trabajo, e igualmente modelo referente de desarrollo profesional.

Extensa producción científica

Desde el 1968 con el Dr. Uriarte (en su laboratorio de análisis clínicos) hasta el 2009 con las nuevas generaciones de investigadores e investigadoras, su producción científica, en términos cuantitativos comprende casi medio centenar de artículos indexados, más de 80 contribuciones a Congresos nacionales e internacionales, participación en 10 líneas de investigación vinculadas a otros tantos proyectos bianuales y plurianuales.

Ha sido miembro activo de diversas sociedades científicas como la Sociedad Española de Bioquímica (1993) y la de Toxicológica (1995), la Society for Free Radical Research (1993), la American Oil Chemist Society (1996) y miembro del Comité Editorial de la Revista Española de Fisiología (1995).

Habilidades profesionales

El éxito de esta científica radica, fundamentalmente, en su interés por el estudio continuado de la bioquímica, en su responsabilidad para llevar a cabo los proyectos planteados, y muy especialmente, en el rigor metodológico con el que los ha desarrollado. Sus colegas destacan, además, su permanente actualización, “siempre estaba al día, siempre mirando hacia delante”

Ha sido meticulosa en su trabajo, sistemática, intuitiva y estudiosa. Ha estado abierta a la incorporación de las nuevas generaciones, aprendiendo de ellas, y con ellas, reconociendo su preparación académica, y posibilitando el crecimiento profesional de las mismas. No se atribuye mérito especial alguno. Pero tal vez su mayor mérito sea “hacer bien las cosas” sin arrogancia ni falsa modestia . Los testimonios recogidos de sus colegas así lo corroboran. Y añaden que Mercedes es una investigadora con un profundo conocimiento de la bioquímica, dotada de gran inteligencia, también para otras áreas y poco amiga de los nombramientos, reconocimientos y honores. Quienes trabajaron con ella destacan su saber y su humanidad.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Qué obstáculos tuvo que superar dicha científica tanto en su formación como para tener éxito o reconocimiento en el mundo científico, académico, profesional, intelectual?

En la etapa preuniversitaria menciona como obstáculo la falta de orientación que había en los años 50. Como ella dice “vas como tonta a la Universidad”, y reflexiona sobre la diferente orientación que recibe actualmente el alumnado en los institutos.

Fue afortunada al poder estudiar en Madrid, en aquellos años, y especialmente formar parte del laboratorio del profesor Martín Municio.

Su profesión le parece apasionante aunque llena de huecos y escollos. Comenta que nadie le ha puesto trabas personales pero la investigación es un camino difícil. En cuanto al reconocimiento científico piensa que los obstáculos tienen más que ver con las decisiones personales, que los condicionantes externos. Otras compañeras, de su mismo departamento, y con hijos de muy corta edad, salieron al extranjero y han optado por carrera profesionales más visibles o de mayor notoriedad.

Valora la honestidad en la ciencia. Solo siente como merecido aquello en lo que ha trabajado. No le gusta figurar sin habérselo ganado. Nunca ha sentido discriminación alguna. Por el contrario, ha sentido el aprecio de sus compañeros y compañeras. No ha visto que se ha promocionado a los hombres más que a las mujeres. Y si en alguna ocasión puedo ver alguna desventaja hacia ella, posteriormente obtuvo lo que cree merecido.

2. ¿Qué factores propiciaron/favorecieron la incorporación y el reconocimiento de las aportaciones de esta científica a sus distintos campos de conocimiento?

La oportunidad de investigar en el Dpto. de Fisiología le permitió labrarse un camino propio. Aunque el modelo de investigación que se realizaba difería del que ella había aprendido en Madrid, los conocimientos adquiridos y la libertad de aplicarlos, propició la apertura y consolidación de las líneas de investigación en las que trabajó y que han tenido continuidad hasta el momento actual.

3. Actividades, intereses y aficiones sociales y culturales: Indicar su conexión con el mundo científico e intelectual

La lectura ha sido siempre una de sus grandes pasiones, y junto a ella, compartir el conocimiento con otras personas intelectuales. La vida de esta profesora de universidad ha transcurrido en un período convulso de la historia de España. Nació durante la segunda república, pasó por su tierna infancia la devastadora guerra civil y después la postguerra de represalias y estrecheces. Durante sus años universitarios conoció los movimientos estudiantiles y la lucha por las libertades. Aprendieron a ser demócratas, a vivir con las fronteras abiertas, y a respetar la idiosincrasia de las Autonomías. Todo ello ha forjado, en Mercedes, un carácter resistente, adaptativo, dinámico, un pensamiento plural y abierto.

Frecuentó círculos culturales y políticos, críticos con el régimen. Asistió a reuniones clandestinas entre las que participaron quienes años más tarde fueran líderes políticos de la izquierda (Tierno Galván). Su pareja de antaño, un licenciado en Físicas, colaboró, junto a otros como José Luis Abellán, Javier Muguerza, Fernando Sánchez Dragó, en la génesis de la revista Aldebarán (1955/56). Revista de poesía, crítica literaria y cultura, seña de identidad de una generación universitaria que reaccionó críticamente frente al Franquismo, entre otras formas, a través de la literatura.

Ella piensa que vivía esos momentos históricos sin ser del todo consciente de su trascendencia. Cree que era poco combativa. Reconoce su sensibilidad y adhesión política aunque también es consciente de su formación limitada. Ahora sabe lo que quiere y lo que le gusta. Tal vez su intensa dedicación al estudio científico le llevó una buena parte de su energía intelectual. Aún siendo así, los acontecimientos históricos que vivió, y la amistad con otras personas, más implicadas en la transición y en la consolidación de la democracia, le formaron como persona, que como ella dice, “es quizás más importante que ser otra cosa”.

Nota final

La  anterior información biográfica ha sido obtenida tras entrevistar personalmente a una de mis primeras profesoras de medicina, Merche Lacort que impartía la asignatura de bioquímica, por el curso 77-78 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bilbao.

Junto a esta información he recogido breves testimonios de algunas de sus compañeras de trabajo con las que compartió proyectos, ideas, docencia y amistad como Begoña Ochoa, Mª Begoña Ruiz Larrea, Mª José Martínez y Begoña Arechaga. Todas tienen un excelente recuerdo de ella.

Agradecimiento

Quiero expresar mi sincero agradecimiento a la profesora Merche Lacort, por su colaboración en este ejercicio, por la amabilidad y cercanía con la que me ha tratado, y por darme una lección más.

Sobre la autora

Elena Díaz Ereño doctora en medicina, profesora del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV/EHU. Estudia el perfil genético y ambiental de la obesidad colaborando con el grupo de investigación "Genética y Salud" de la FCYT, promueve la visión de género en la investigación sanitaria y participa en la incorporación de metodologías activas en la enseñanza universitaria.

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